1ro de Mayo
¡NO ES CASTA NI PATRIA! ¡ES LUCHA DE CLASES!
Asistimos a otro capítulo de la precarización de nuestras condiciones de vida, dirigido esta vez por el gobierno de La Libertad Avanza. Por un lado, aquellos que tienen un trabajo formal - en promedio - encuentran sus ingresos por debajo de la línea de pobreza, de acuerdo a las estadísticas del mismo gobierno. Por otro lado, trabajadores y trabajadoras que subsisten en trabajos informales o a través de la llamada "economía popular" con ingresos miserables, con la añadidura de la carencia de derechos laborales reconocidos solamente a los trabajadores formales. Por último, tenemos una creciente masa de quienes quedan expulsados del mercado laboral. Este combo da por resultado que una inmensa mayoría de habitantes de esta región nos debatamos hoy entre diferentes niveles de pobreza, con una constante suba de los precios de alimentos, remedios, tarifas de transporte, etc.
El nuevo gobierno ha acelerado e intensificado la licuación de nuestro salario, un proceso que se viene desarrollando desde hace al menos 12 años. Y no es que antes hayamos vivido un periodo de gracia porque hubo un mejor gobierno, más bien esta ha sido parte de la lógica propia del capital, excediendo a la región argentina y dando cuenta de un proceso global1. La tendencia es la pérdida de poder adquisitivo del salario y el consiguiente aumento de nuestra productividad por hora, es decir, mayor extracción de mayor ganancia para la burguesía, interrumpida ocasionalmente por algún rebote de la economía, insuficiente para que nuestros sueldos alcancen niveles anteriores2. Todo esto camuflado bajo el vaivén ensordecedor de diferentes discursos y renovadas demagogias.
La demagogia que hoy nos toca en suerte es la de un pseudo-antiestatismo ¡promulgado desde el mismo Estado! que mientras despide trabajadores de algunas dependencias estatales (trabajadores que nunca fueron formalizados en los gobiernos anteriores) aumenta la cantidad de dinero en el sector que, ante la crisis, es fundamental para la burguesía: la seguridad, la vigilancia y la represión... renovando el juego de la política, donde el discurso importa más que la realidad misma.
El panorama es angustiante, a la precarización e incertidumbre de los medios para conseguir el dinero para el día a día, se suma la desolación de la lucha social, heredada de 30 años de sometimiento de los movimientos sociales a las políticas estatales. Así las cosas, emerge el grito desesperado para pedir que las centrales sindicales representen su espectáculo de mediadores sociales aunque sea a través de medidas de fuerza o simbólicas marchas, que se han convertido en verdaderas peregrinaciones religiosas donde la fe en un cambio se expresa a través de plegarias a fuerzas superiores e inalcanzables: la CGT, la oposición peronista, la oposición izquerdista (ya casi indistinguible del peronismo), la combatividad idealizada de pasadas generaciones militantes, etc; donde nosotrxs mismos en el presente con nuestras necesidades y deseos nunca somos protagonistas y donde la despersonalización y el individualismo propios de esta época, se expresan en la infinidad de selfies con frases de autoayuda de izquierda que parecieran ser el motivo final de las movilizaciones callejeras. Triste postal de la abrumadora fragilidad del simbolismo izquierdoso ante una realidad aplastante. Los sindicatos oficiales, llamen o no al paro, no van a dejar de cumplir su rol histórico: encauzar la fuerza y el descontento de los explotados a través de la conciliación con el poder y, llegado el momento ser, como ya lo han demostrado en el pasado, la represión tercerizada que se encargará de aquellos trabajadores que pretendan salirse del marco institucional de los reclamos.
No escapa a la crítica el rol de las llamadas "organizaciones sociales", que gestionaron la derrota de un proceso que ellas mismas iniciaron en los 90s y que alcanzó su cúspide en el 2001, regentando genuinas demandas y apaciguándolas a través de la institucionalización de la protesta, la administración de las ayudas sociales y la gestión de carencias materiales, haciéndole el trabajo al Estado y adornando con palabras bonitas la autorregulación laboral (autogestión, economía solidaria). Comprendemos que negociar fondos con el Estado se ha convertido en una forma de supervivencia para muchos trabajadores, claro está, pero no compartimos la idea de que esto sea una forma de lucha o que tenga una perspectiva revolucionaria. Pareciera que el gobierno está dispuesto a administrar directamente estas ayudas, dando por terminado el ciclo mediador de las organizaciones sociales. Esta mención no es arbitraria, porque consideramos que la desmovilización social y la poca rebeldía ante este ajuste (y los ajustes anteriores), se deben también a esto.
Por último, observamos la emergencia en la oposición política, de posicionamientos reaccionarios, postulando consignas de vuelta a las raíces del viejo peronismo corporativista, u otras de tinte patriotero y/o nacionalistas, reclamando la vuelta a los “buenos viejos tiempos” del Estado benefactor, constituyente de un orden conciliador entre dominadores y dominados bajo el trapo celeste y blanco, coartando e invisibilizando el potencial transformador de raíz de explotados y explotadas.
Entendemos que este panorama general es la expresión de una guerra constante que la burguesía lleva a cabo contra nuestra clase desde hace muchos años.
Comprendemos también que hace más de 100 años, la lucha de los trabajadores contra sus explotadores era enérgica y fraterna (aunque no carente de tensiones y contradicciones). Hoy pareciera que todo este ímpetu se encuentra neutralizado o encausado. Son momentos aciagos. Pero sin duda, a pesar de tanta adversidad, algo de aquel espíritu solidario y luchador aún vive entre nosotrxs
Porque queda en nuestras manos ejercer la solidaridad, extendiendo las luchas que nuestros/as hermanos y hermanas trabajadores emprenden por mejorar sus condiciones de vida, que son también las nuestras, y en sus revueltas contra los representantes de la misma.
Queda en nuestras manos habitar espacios de debate y de acción con quienes compartimos las mismas necesidades, más allá de diferencias programáticas y reconociendo, al mismo tiempo, que existe el desafío de buscar lo colectivo en una dinámica social que incita a la atomización y la competencia.
[1] Como lo señalamos en el panfleto "A propósito de las revueltas del 2019".
[2] Pese a que "La tendencia es la pérdida de poder adquisitivo del salario y el consiguiente aumento de nuestra productividad por hora", el resultado no ha sido mayor ganancia para la burguesía (ahí está la crisis). Si se ha dado una mayor concentración de ganancia en menos sectores.