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Aquella noche colapsé entre expectativas e ilusiones, con malos recuerdos y decepciones.
_mjavy_
Desearía poder besarte una última vez más. Desearía solamente poder dormir una vez más CONTIGO.
- adathk666
"Quiero saber si mi nombre cruzó tu mente alguna vez, si te importo un poco, si tú también me extrañas, si fuimos más que un triste final."
– I. M. Castro
“Sigues siendo tú”
—
Pensé que eras vos, porqué me tocabas y a mí se me calentaba hasta el alma. Pensé que eras vos porqué contigo todo dolía menos. Pensé que eras vos porqué puta que si te amaba; Sin embargo, aún pienso que eres tú, porqué te sigo esperando.
- Daniel Wilches.
Decido dejarte, porque estar contigo es un riesgo demasiado grande, para la frágil estabilidad emocional que (no) logro mantener.
Superflua
Mi viejita, ya no estamos para amores inconclusos, danzas en valles indeseados y áridos, el arte no se debe perder entre la oscuridad, que penumbra ha de borrar los colores, pero sin luz nada es, nada permanece.
En silencio se marcan los últimos pasos, desbordando hacia el abismo, quien cuenta ovejas de seguro no sabe donde fueron a llegar esos vagos artefactos de imaginación.
Desdén al momento de estar a mitad del lago congelado, los pies son una extensión que aborda todo el peso de la larga marcha entre glaciares que bien descalzos causaban dolor.
La melodía que hacía juego al ritmo daba círculos en el recorrido de aquella silueta, la media luna al fin da un blanquecino espectáculo, indica donde seguir, en continuidad fluía, fluía, torpe tropezaba contra un muro de hielo, levantaba y volvía al explayar.
uno, dos, tres y uno, dos, uno, dos, tres y uno, dos.
Brinca y salta, la noche aún no acabó.
uno, dos, tres y uno, dos, uno, dos, tres y uno, dos.
Baila y danza feroz.
Y sangrando en el frío, como pétalo calló.
frío
frío
¿Dónde... dónde está el sol?
Quizá no es suave el tacto, o ya no sé si he de cambiar ¿Cambiar lo que nunca he sido? Es difícil el cuestionamiento, difícil la acción.
¿Muere mi alma o muere el cuerpo? Correlativos, más no ante los ojos de Dios.
Carne y espíritu en continua rebelión, quién da más, hagas rotar las apuestas.
Solo es un respiro lo que pido, pero es tan difícil de tomar ¿Cuánto más ha de soportar mis ojos hasta volverse agua? ¿Hasta cuándo el colirio ha de tornarse rosas floreciendo alrededor del lago en infinito negro?
Mi más sentido pésame juventud que llegaste y te fuiste, quizá me retengo demasiado de ese llamado de desorden en mí día a día.
¿Cómo me han de pedir dejar algo que no tomé?
¿Estoy haciendo bien al despedirme de algo que todos tuvieron y me niego en constante fulgor?
No quiero dar más, y aun así insisto en explotar cada santa gota blanca que quedara en aquel capullo podrido y expirado.
Pertenencia de nada, permanencia de nada ¿Qué quieres? ¿Quieres seguir o estás buscando excusa abrupta para terminar tu trabajo ya completado? ¿Qué fue lo que hice tan mal?
Perdón por ser yo tan tosca y ciega en el hablar, en el comunicado de siempre me he trabado en la misma vocal que nunca existió dentro de la frase. Quizá saqué de contexto el felices por siempre estimando que era ventajoso creer lo que no existe. Quizá sobrevaloré algo que no estaba ahí realmente.
¿Qué deseo? Deseo banal y carnal, estado vegetal de todo lugar en mi historia.
¿Necesito realmente esto?
Conoces este sentimiento…
¿Es el fin?
“Desgraciadamente pienso que el amor trae más pesares que placeres. Ahora claro que la felicidad que da el amor es tan grande que más vale ser desdichado muchas veces para ser feliz algunas. ¡Es también una cuestión de estadística! Yo creo que todos nosotros hemos sido muy felices con el amor alguna vez y también creo que todos hemos sido muy desdichados muchas veces. El amor le ofrece a uno esa incertidumbre, esa inseguridad del hecho de poder pasar de una felicidad absoluta a la desdicha; pero también de poder pasar de la desdicha a la brusca, a la inesperada felicidad.”
— Jorge Luis Borges
Una fantasía
Era tarde. Revolcaba mi cabello con la almohada, la libre adopción de patrones en mi cabeza creaba un infinito margen de situaciones que podrían (llegarían a) pasar en algún momento.
Parpadeo.
La oscuridad del milisegundo sin luz me ayuda a creer que todo es posible, incluso, volver a tenerte cerca.
Un respiro.
Vuelta a la realidad… versátil, extraña, confusa.
Doy vuelta hacia la pared. ¿En qué fallé? Es que ya no encuentro la razón de porqué seguir acá si estoy vencida, pero insisto en creer que puedo volver a tomar el ritmo.
Segundo respiro.
Doy vuelta hacia el otro lado de mi cuarto. El silencio envolvente se hace un gran aliado para pensar mejor lo que estoy haciendo, diciendo. Es que quizá no estoy tan mal, en realidad solo no me he tomado el tiempo de recrear a esa antigua faceta sonriente y extrovertida para tomar fuerzas y energías.
Tercer respiro.
Salto de mi cama, camino hacia la puerta, se cierra de manera estrépita. Muy abrupta para tan poco, quizá la necesidad de ese ruido era para volver a poner todo en orden. Uno, dos, tres, cuatro pasos, vuelco a la cama.
Suena el teléfono.
“Estoy afuera.” El mensaje comienza a tomar más vida que el espacio en este lugar. En mi mente resuena con promesa.
Uno, dos pasos, frente a mi armario tomo lo primero que encuentro, lo primero color negro, y voy a la entrada. Bajo las escaleras rápidamente, doblo enseguida hacia la izquierda, la puerta me espera impaciente para abrirla.
Tomo la manilla.
Cuarto respiro, hondo, fuerte, excitado. Salgo y casi me tiro a tus brazos.
“Vamos”, voy.
El frío recorre mi rostro, los labios resecos se encuentran en clara desventaja frente a ti. El cielo toma ese tono azulado que indica que la puesta de sol se ha ido y comienza a oscurecer rápidamente, mientras te sigo el paso hacia nuestro último destino.
La camioneta se encuentra cerca. “No te preocupes ma belle” con un acento que me causa gracia. Reímos. Ya vamos por la carretera y el paisaje envuelve de apoco nuestros rostros entumecidos. Los árboles son cada vez más altos y tapan la totalidad de la luna, su luz blanca y radiante son la compañía durante el resto de la jornada.
Llegamos a un bosque, a una colina, al lugar prometido, con una hermosa vista al río que acompaña el paisaje en toda su extensión. Parece mágico.
Miro la hora, 11:12 pm, sin señal.
Sacamos toda la artillería para olvidar por un momento donde estamos.
De un lado la carpa, del otro, la manta, adentro, los sacos de dormir.
Extiendes tu mano para ofrecerme un vaso de café.
Acerco lentamente el líquido a mis labios con ambas manos, caliente, amargo, perfecto. Te veo sonreír, tus ojos lanzan una chispa de luz a los míos, y es que entendemos por ello, que no hay mejor que el silencio. Me acerco a la manta en la que te encuentras sentado y lucho por un lugar entre tus brazos, sentándome entre tus piernas. Como por reflejo me abrazas fuertemente y apreciamos juntos la sombra que se toma por completo la luz en desdén.
Doy media vuelta y cruzamos miradas, tan cercanos los rostros uno del otro que casi puedo adivinar que hay en tu mente, casi puedo palpar la mirada penetrante.
“¿Por qué tardaste tanto?” Te reprocho.
“Porque no me dejabas seguir” Me Acusas.
Mis dedos recorren junto a mis ojos tu rostro en pausa. Desde ese cabello que asoma en tu frente, bajan sinuosamente por el borde de tu mejilla, y hacen un quiebre brusco hacia tu labio superior, en continuidad, baja hacia el mentón… lo recojo hacia arriba.
“Lo entiendo” Casi sin aliento, en voz baja, como si la soledad nos fuera a acusar.
Retiro mi mano y comienzo el diálogo ineludible.
El cómo estás, el qué has hecho, el espero que mejor, diálogos simples, pero profundo en significado, sólo si piensas cuanto esconde en cada silaba, en cada intersticio.
Ponemos pausa al momento y encendemos la radio. Algo simple, blues y jazz en la lista de reproducción. Vuelves. En posición de indio uno frente a otro.
“Sirve más café” al compás de una conversación ahogada. De muchos pensamientos y pocas palabras, de mucho que decir en contraste a lo oculto. Quizá psicología, quizá política, quizá amor, quizá desamor. Nos detenemos un leve momento, y solo escuchamos las melodías que nos envuelven. Ese juego de miradas es lo que promete más que ninguna otra acción.
“¿Caminas junto a mí?” Prosigue perderse entre las altas y densas arboleadas, el umbral hacia la más completa oscuridad comienza a encerrarnos, comienza el recorrer la más completa umbra.
En medio del paseo, en medio de unos árboles, es momento de recostarse, es ahí donde envuelta en ti, termino reconfortada. Miro el celular, 3:15 am, cierro los ojos.
El frío me despierta.
Un leve brillo me da a entender que alguien miraba mi sueño.
Un susurro al oído indica que es hora de partir.
Al llegar nuevamente a la colina que habíamos dejado perdida, subimos todo de nuevo, se desarma, se va de mi vista.
Subimos nuevamente a la camioneta, jamás había brillado tanto, como aquella noche. El tránsito de vuelta a la ciudad pasa como tres otoños en un día, lentamente, de forma tardía…
Último respiro.
Llegamos. 4:37 am.
Bajo lentamente, cierro la puerta. Miro el interior y sin pensar ya estoy al otro lado, abro la puerta, y extiendo mis brazos para rodear el cuello de aquel frente a mí.
Entre lágrimas, gracias, no había tenido un mejor día (¿o noche, o madrugada?) que hoy.
El beso cierra el telón y paso lentamente por el pasillo hacia la entrada trasera. Subo las escaleras, y paso la entrada a mi cuarto, me saco mi ropa y doy entrada a la vieja polera de la esquina. Dos pasos, miro hacia la ventana. Un salto, llego a mi cama. Me tapo, cierro los ojos…
Amanece…
El celular, 10:00 am, quizá nunca realmente sucedió.
Cuando alguien me interesa, realmente pongo toda mi atención durante un tiempo a esa persona. Pero si el trato no es recíproco, la llama va directo a la extinción. No pretendo ser molestia para alguien que pude llegar a querer.