¿Contamos un cuento?
La señora que discutía con las nubes, era un personaje de esos que se hacen conocidos solo por no guardarse lo que son. Vivía en mi pueblo y podíamos encontrarla todas las mañanas, después del termo de mate con burrito, de cara al cielo propiciando agudos y - a los ojos de algún que otro mal pensado- absurdos comentarios.
- Esa no es la forma del elefante! Te tenés que unir con aquella otra, así te forma la trompa!
Decía el lunes cuando el cielo, además de celeste, estaba copado de colchones nubosos.
- Vos, alejate, dale. Viento vení! Llevatela! Mirá, le tapa la cola a la sirena que sale del acantilado!
Agregaba el martes cuando ya no había colchón y alguna que otra nube se animaba a dar espectáculos ante la doña.
- ¡No puede ser! Todo despejado! Así no se hace chiquito! Vos! Cielo! qué te crees? qué podés decidir cuándo darme nubes y cuándo no? Mirá yo te voy a explicar...
Así nos sorprendió ese miércoles, cuando para alegría de muches no solo había dejado de llover, sino que resplandecía el sol.
Para el jueves la doña estaba dale que te dale. Creo que ni había dormido esa noche.
- Vos, cielito lindo, así todo celestito… en realidad no existis ¿Sabías? Para ser cielo tenés que ser vacío primero, y completado de nubes después. Tu mejor momento son las tormentas, pues ahí definitivamente estás lleno.
Un grupo de vecines que oían tamaña declaración, dejaron sus celulares, olvidaron la pava en el fuego, y como quien no quiere la cosa, armaron rondita alrededor de la señora. Cuando llegó el viernes, la historia ya estaba siendo leyenda.
- Al cielo le das colores y obtenés a cambio recuerdos, paisajes, una imagen con la que volver a ese momento en que creíste tocarlo con la punta de los dedos. Pero vos no sos cielo, no ves que estás todo celeste? A vos quién te dijo que así se hace cielidad? Al cielo le hacen falta chubascos, como el primer trago amargo de café, para después tener arcoiris, como el calorcito en la espalda que te avisa que se te acostó el gato encima… Al cielo lo hace cielo que los ojos al mirarlo encuentren dibujos, mensajes, constelaciones, la cara de alguna madre o la respuesta a la noche de insomnio.
Todes al inicio habían creído que a la doña le rengueaba la cordura, pero siendo ya sábado y tras cinco días de conversación con el cielo, algo cobraba sentido. El pueblo entero estaba ahí, incluso se habían acercado les curioses de los pueblos vecinos. Nadie se atrevía a meter bocado en la conversación entre la señora y su infinito. Te digo más, vi un par que llevaron agendas y anotaron alguna que otra cosa y hasta te miento si no te digo que algunes la volvieron dibujo. Y así, sin que nada pudiera volverse más importante, llegó el domingo. En cadena nacional se transmitió. Era ella, la señora que le gritaba a las nubes, siendo felíz pues nuevamente el colchón blanco copaba los techos del mundo cercano.
- Así, claro! Así si! Ya sé que soy una simple humana y que vos estás ahí, tan inmenso escuchandome cada día decirte cómo tenés que ser, qué tenés que hacer. Pero la verdad es que no te importa, vas y te despejás o me encandilás con los rayos del sol… Ya me di cuenta que sos cielo, que realmente lo sos. Si, incluso esos días que me dejás sin nubes con quien charlar. Ahora, ¿Te das cuenta? Hizo falta que me plante acá para que esta manga de giles, se atrevan a cuestionar lo que ven!















