De acuerdo, creo que tendré que pedir el día libre.
No, creo que me daría mucho sueño y no me gustaría dormirme en este lugar. Sólo quiero descansar mi cuerpo —asintió levemente.— Blossom, no tienes que preocuparte por nada, ¿de acuerdo? Sólo porque no me duerma, porque no me droguen y porque no me muera —la observó con el semblante serio.— Estoy seguro de que ya comenzaré a sentirme mejor. Tú… sólo toma asiento y… no lo sé. Háblame de algo.
Lanzando un bufido que no tardó en convertirse en risa, la muchacha llevó su mano derecha en dirección a su cien, mientras sus dedos índice y anular señalaban la misma; luego, a los pocos segundos, realizó un pequeño saludo. — Entendido, capitán malcriado. Llevaba razón al no obsequiarte un chocolate la última vez... No imagino el monstruo en el que te hubiera transformado —bromeó, acomodándose luego en el asiento que había posicionado cercano al muchacho. — Todo esto me incita a pensar en escenas donde las madres leen o inventan cuentos para sus hijos... Pero no te asustes, no lo haré. Por cierto, tu nariz se ve muy bonita desde aquí, y te encuentras más pálido de lo que había notado.. De acuerdo, una charla, lo sé. ¿Sabes? Últimamente no he podido coincidir con nadie en los pasillos, y todo se encuentra demasiado tranquilo. Me resulta demasiado extraño que todo se encuentre así, apagado... ¿No te pasa a ti? Desearía que pudiéramos realizar algún viaje, o que incluso nos visiten nuestros familiares otra vez. Tal vez pedir algunas clases como las que se dan a los príncipes, o realizar alguna locura con las demás —divagó de forma tranquila, colocando sus codos sobre las rodillas para así posicionar su mentón encima de sus manos. — Y lo siento por tanta chachara, pero lo has solicitado.















