Y si me esfuerzo en hablarte, es porque tus palabras me desilusionan más que tus silencios. Me recuerdan por qué me fui, por qué no quiero volver.
AnasAbdin
Mike Driver
Cosimo Galluzzi

⁂

blake kathryn

JVL

Discoholic 🪩

祝日 / Permanent Vacation

Kaledo Art
todays bird

No title available
Three Goblin Art
No title available
RMH

PR's Tumblrdome
Keni
Not today Justin

Origami Around
dirt enthusiast
"I'm Dorothy Gale from Kansas"

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Netherlands
seen from United States

seen from United States

seen from Australia
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Netherlands

seen from Indonesia

seen from Singapore

seen from Malaysia
seen from Chile
seen from Indonesia
@bottomless-letters
Y si me esfuerzo en hablarte, es porque tus palabras me desilusionan más que tus silencios. Me recuerdan por qué me fui, por qué no quiero volver.
Quizás no debería vivir sola.
Me gusta tener mi espacio, un lugar donde esconderme. Olvido que de lo que mas huyo me acompaña siempre de la mano.
Cuando puedo, la pienso como a un cuerpo, oscuro, sin cara, existiendo como una presencia que me acompaña y ocupa mi espacio. Desde hace dos semanas, está sentada en la mesa del comedor y por eso ya no puedo usarla. Ahora como en el escritorio, delante del ordenador, haciendo de todo sin encontrar nada. Le tocaría a ella lavar los platos y limpiar la casa, pero no se mueve. El polvo y las ollas se van acumulando, ahora hay pequeñas montañitas en un estudio que se va achicando. Yo no salía, pero ahora tampoco puedo dejar que nadie entre.
Yo la veo, y lo sé, que está desperdiciando su vida. Pero se queda ahí y por momentos me importa, hay muchos otros que no.
Siempre tengo esta parte de mí, tan sucia, que me acompaña; y es esa misma compañía la que me hace sentir este vacío, esta soledad.
Apagar. Encender. Volver a empezar. Ese era el plan, pero cuando cada vez que te enciendes eres incapaz de iniciar partida, ¿qué haces? ¿Cómo sales del bucle?
Desde hace unas tres semanas que lloro cada noche.
Al lavarme los dientes me quedo con la mirada fija en el espejo, observando como mis ojos cada vez más rojos repiten la rutina del día anterior. Es esa misma memoria la que trae las lágrimas, pues es un recordatorio de que he perdido otro día.
No me preguntes el porqué, no sabré darte respuesta, pero parece ser que he perdido noción del tiempo. Oscurece, siempre, y no tengo recolección de un momento en que no lo haya hecho. Intento pensar en las horas de antes, en esas 23 que se me han perdido, pero no las encuentro. Solo sé que ayer estuve aquí, con un cepillo en la boca y brillo en la mirada, y ahora estoy otra vez, sin saber donde ha quedado todo mi día, mi vida.
A veces me engaño, me digo que no se volverá a repetir la situación, que mañana será un día nuevo, pero de repente estoy de nuevo frente al espejo, habiendo avanzado las hojas del calendario y yo estancada en el mismo sitio.
Esa es seguramente la mejor manera de describirlo, estancamiento, inmovilidad absoluta. Un petrificus totalus, en que la vida avanza a mi alrededor y yo me quedo paralizada, sintiendo la impotencia de estar perdiendo toda una vida mientras mi cuerpo envejece y yo no avanzo.
Y tengo miedo, porque quizás un día de estos me mire al espejo y lo que encuentre en mi cara serán arrugas -memoria de 70 años- y dolor, de aquel que solo encontramos en los ojos de aquellos que saben que han desperdiciado toda una vida.
¿A alguien más le cuesta respirar? Prometieron que crecer ayudaba, que el tiempo curaba, y no sé si mentían o si simplemente se equivocaban. El paso de los días no ayuda, de hecho, parece que todo lo contrario. Antes podía pasar semanas, meses, sin pensar, fingiendo que nada iba mal, ahora no puedo ni viajar en coche sin que me den ganas de llorar.
Hablar con las personas es cada vez más desolador, me crea un vacío y ya no sé si los que están huecos son ellos o yo. Ya ni me importa de quién es la culpa, si mía por no aprenderme el baile o del resto por no haberme avisado de la canción, solo sé que duele, desde hace mucho, y no tiene pinta de que vaya a dejar de hacerlo.
Corazón en mano, presión en el pecho y un nudo en la garganta. Una ecuación sencilla, tres pasos camino a la destrucción. Antes estabas bien, pero ambos sabemos que ya no. ¿Pasado pisado? Nunca, siempre vuelve. Si lo hubieras superado no estarías llorando una vez más en tu habitación, ignorando la ansiedad, corriendo de tu depresión y al límite de la autodestrucción. Deja de engañarte, no estás bien, quizás nunca lo estés, pero siempre puedes sobrevivir en el fondo. ¿Quién dijo que arrastrarse por el barro no es suficiente? Quizás está en nuestra naturaleza ser ese animal navega la oscuridad. Quizás está en nuestra naturaleza no estar bien.
good things will happen 🧿
things that are meant to be will fall into place 🧿
THIS ONE FUCKING WORKS. REBLOG IT.
Si de algo me he dado cuenta es que es en la oscuridad donde más a gusto me siento. Encuentro más confortante el abrazo de las sobras que el de otra persona y me da más calor la lluvia que un rayo de sol. Es en el caos que las cosas me quedan claras, una sonrisa me deja desorientada.
Por eso, por favor, no me saques de mi rincón, tarde o temprano, cuando tú no estés, volveré.
exterminio
Llora. Claro que llora. ¿Qué más va a hacer en un mundo donde se aplaude le ignorancia, donde la muerte fue una realidad, donde destrozar a alguien de dentro afuera es normal, donde la gente se mata con tal de no tener que sufrir otro día más? Pero no, ella es la rara, porque hay que saber aceptar la depresión, la locura, el asesinato, el despedazarnos unos a otros para ver quien se mantiene en pie al final del día.
Este es mi consejo, si llegas hasta aquí, corre. Porque digan lo que digan, lo bueno no supera a lo malo. Es un dolor constante que te seguirá cada instante de tu vida. El peso que sientes en tu espalda, solo acaba de empezar, cada segundo que pasa te aumentan la carga. Y cuando se te rompan las rodillas dirán que la vida no es para cualquiera. ¿Y si esto es vida que lo diferencia del infierno? Mejor no sentir nada que solo sentir esto. Y disfrazaran la tortura con cualquier cosa, llámalo amor, llámalo amistad, es una simple ilusión que te dan mientras la realidad transcurre bajo tu piel, el veneno ya está insertado en tu cuerpo. El momento en que los estímulos se acaben, créeme, morirás. O peor, desearás haberlo hecho.
Por favor, es por tu bien, si lees esto, corre, te van a liquidar.
Existencia.
Y si pudiera, créeme, desaparecería. No porque todo empiece a ser demasiado, más bien porque todo está pasando a ser nada. Así que si me encuentras acurrucada con las manos ensangrentadas, no te preocupes, solo estoy abrazando cristales con tal de sentir algo.
No me considero suicida, tan solo he perdido el sentido de la vida. Créeme, me enrabia más a mi que a ti.
Desahogarse no parece tampoco la solución. Después de todo, hablar de la celda no nos aporta una salida. Ni encogiéndome en el rincón puede pretender que no estoy, son demasiados los ojos que tengo encima. A veces me pregunto si sería posible crear un agujero negro que me absorba desde dentro.
Así que si me encuentras acurrucada agarrando mi propia garganta, no te preocupes, solo estoy intentando suprimir mi propia existencia.
¿Existes?
Día a día escuchamos historias, conocemos vidas y descubrimos anécdotas, y siempre nos queda la gran incógnita, ¿cuánto de lo que dicen es verdad?
He escuchado hablar de amor, esas insoportables mariposas y el abrir de ojos. He oído hablar continuamente de la sensación en el pecho, la incontenible alegría, por fin un sentido para estar vivo. Cada vez que me lo cuentan tengo miedo, temo que sea una mentira y que cuando te encuentre mi reacción no sea suficiente, tengo miedo de estar esperando un amor inexistente.
Por ahora, lo que sé, es que pensándote me vuelvo loca. Ni si quiera te conozco y sé que cuando te vea caeré a tus pies. También no conozco lo que significa amarte, sólo se lo que es que me faltes.
Continuamente quiero acercarme a las parejas felices y preguntarles si es verdad, si ese sentimiento del que tanto he oído hablar existe. Pero soy incapaz, y no es por vergüenza, sino por el miedo de que me digan que soy una ingenua, que todo es una ilusión, una mentira a gritos que nadie se atreve a desenmascarar.
Sé que la ignorancia no es buena, pero tú eres la única esperanza que me queda. Soy horrible, lo sé, pero si me ves, acércate y demuéstrame que todo lo que te pienso puede llegar a ser real. No necesito ni una historia de felicidad eterna, con tal de saber que eres más que un sueño me basta.
Tengo miedo de que el amor no sea real, de un día levantarme con la piel arrugada y un vacío en el interior, de pasarme toda la vida esperando por algo que nunca existió, de descubrir que aquello que soñaba no fue suficiente para completar mi interior.
Tengo miedo de llorar tu muerte sin que hayas pisado la vida.
“Sé que es difícil entender el gran amor que alguien puede sentir por nosotros, sobre todo cuando tenemos miedo de ser nosotros mismos o cuando ni siquiera sabemos con certeza quienes somos. Cuesta creer que la otra persona no nos abandonará.”
— Laurel. Cartas de amor a los muertos.
Llámame.
Es cuando exploto que escucho tu voz. Carcajada o llanto, tú estás ahí, y contrario a lo lógico es entre el ruido que más te oigo. Ahora no pude evitar pensar, cuando el silencio se presenta y la soledad me ahoga, ¿está ahí de verdad o soy yo quien lo imagina? ¿Puede que sin darme cuenta me haya ensordecido a mi misma y haya ignorado tu voz? He de admitir que esta posibilidad me da miedo. No quiero que creas que no te quiero, es simplemente que a veces me hundo demasiado en mí misma, perdóname.
Aún más miedo me da esta opción cuando me doy cuenta que desde mi descubrimiento no te he vuelto a escuchar. Me siento en una encrucijada, una posición en que debo elegir y apostar qué es real y qué no. ¿Qué es lo imaginario, tu voz o el silencio?
Quiero creer que eres más que mi invención, por lo que te he empezado a buscar. Salgo más que antes, en cada ocasión que tengo intento rodearme de gente, incluso si significa sentarme sola en una cafetería dibujando garabatos en una servilleta de papel. Presente en el sitio pero con mente omnisciente, haciéndome la desentendida pero siempre atenta al ruido de fondo, preparada para saltar al instante si en cualquier momento escucho una de tus palabras.
En ocasiones llego a tumbarme en la cama con el altavoz reproduciendo al máximo las canciones que me suenan a ti, esperando que cualquier momento surjas del ruido gritando mi nombre, pidiendo que baile contigo o calmando el más sonoro de mis tormentos. ¿Dónde estás?
Llámame. Sabes que voy con los ojos tapados y que solo nos encuentro cuando murmuras mi nombre. Deja que nos halle y pueda susurrarte la canción que mis labios callan.
Carcajada
Y te ríes. Claro que te ríes, no se como se me pudo pasar por la cabeza que fueras a hacer cualquier otra cosa. ¡Qué ridícula que soy! Es divertido, ¿verdad? No se me ocurre nada más gracioso que yo misma llorando y suplicándote un último beso. Te entiendo, lo juro, si yo fuera tú también me partiría el culo viéndome arrodillada sollozando porque te quedes. ¡Graciosísimo! Si quieres también me puedo partir las piernas para tu regocijo. Puedo torturarme a mi misma para siempre solo para tu diversión. ¿No sueno romántica? Sangraría por ti, y entonces, ¿por qué no te quedas?
Su llanto
¿Ves esa puerta al fondo del pasillo, de color blanco? Ahí está ella, si tú eres capaz y posees la valentía necesaria, por favor, entra. Yo no puedo, y eso me está matando.
Hace horas que estoy aquí sentada, mirándola, con el corazón encogido, tratando de decidir cual debería ser mi siguiente movimiento.
No fui yo la primera en escucharla llorar, a mí me avisaron. Me tocaron el hombre, me alertaron de su llanto y se marcharon. No me dio tiempo a detenerles porque me quedé estática, comprobando si esa confesión era cierta. Obviamente, lo era.
Cuando lo escuchas por primera vez cuesta averiguar de que se trata. Parece un animal herido, un sonido de fondo, algo fuera de tu escenario. Mi mente se bloqueó con la primera impresión, tuve que acercarme a la puerta y escuchar atenta, verificando que no era una ilusión. En esa habitación había una persona destrozada.
El entendimiento no te lleva a la acción. Para tomar parte de la escena conviene formar un plan anteriormente. Pero claro, a mí la creación de este tipo de estrategias no se me da bien. Todas las veces en que he participado en este tipo de misiones he salido malherida, dejando un batalla aún viva.
Y ahí me quedé y aquí sigo. Preguntándome, ¿qué hago?
¿Entro o le dejo su espacio? Y si entro, entonces otra vez, ¿qué hago? ¿Le pregunto si está bien o le abrazo en silencio? ¿Le doy una bebida caliente y le prometo falsamente que todo irá a mejor?
Sé y escucho que detrás de esa puerta hay alguien que acaba de caer, pero no me atrevo a entrar y prestar consuelo. Oigo voces distantes que me aconsejan de diferentes maneras, me aseguran que haga aquella o lo otro. Uno me dice fuera y otra entra. Uno me dice abraza y otra habla. Lo hacen parecer fácil pero nunca he estado en momento más complicado.
En esa habitación no hay un humano, hay alguien en pedazos. Y lo creas o no, este no es como un objeto que pueda reparar con un esquema, un manual y un par de tuercas. Esto se trata de un puñado de cristales entre un mar de espinas.
Yo no puedo ir y abrazar eso, no poseo las protecciones necesarias. Sé que si yo entro, no saldré. No puedo llegar y tocar esos cristales, así no lo repararé. Si hiciera eso sólo conseguiría cortarme los brazos y esparcir mis propios pedazos. No puedo acariciar a alguien roto sin romperme yo también.
Lo sé, llámame egoísta por no arriesgarme. Pero insisto, yo soy muy débil para esto. No soy buena arreglando y ayudando. Y para que engañarnos, también soy cobarde, no quiero mancharme otra vez de sangre. Ya conseguí escapar de ese jardín maldito dos veces, a la tercera iría la vencida y sé que no encontraría salida.
Eso sí, no confundas. No estoy diciendo que me sea indiferente, ojalá así fuera. Pero no, ella me importa, no sabes cuanto. Estoy siempre cerca, velando por ella con la oreja pegada a su puerta. La siento tan cerca y a la vez tan inalcanzable. Mirando desesperada de un lado a otro sin poder gritar, esperando ver a aquel con armadura que pueda entrar y asegurarme que ella sanará.
Así que sí, aquí me quedé y aquí sigo.
Observando su puerta. Llorando su llanto.