LETS TAKE A CLOSER LOOK INTO SUBIN’S FUTURE
Cosimo Galluzzi

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LETS TAKE A CLOSER LOOK INTO SUBIN’S FUTURE
also no tengo indie pero me pueden encontrar en mi personal @pixages wink wonks
*pops out of nowhere*
kjxemin:
Lo deja purgarse, porque expiar culpas es necesario. Y permanece en silencio, dejando que las palabras se gasten en verdades que Jaemin ya sabe y una vez más comprueba que no hay nada que perdonar. Son humanos, los errores son comunes, incluso necesarios y Subin no era adivino para saber lo que al propio cobrizo atormentaba. Si alguien tenía culpa por no expresar su sentir, ese era Jaemin. Así que sonríe, con últimos restos de cristales salados siendo retirados de su rostro con su puño izquierdo. “Creo que yo también tengo un poquito de culpa. Y-yo debí decírtelo antes que estaba… bueno, bastante enamorado de ti. No debí esperar hasta ahora y menos hacerlo aquí.” Siente que ha arruinado su velada y está avergonzado. Fue él quien arrastró al contrario lejos de sus amigos. La fiesta era para divertirse y terminó iniciando una discusión. ¿Qué tanto podría culpar a la lejía vertida en sus labios secos? No mucho, la verdad. Es el nombre de su amiga una nueva estocada, porque la terminó involucrando sin querer realmente hacerlo. “Soy un idiota y no debí decir nada de eso. Nunca he creído ninguno de los rumores que hay sobre ti, Subin. Porque te conozco…” Un pequeño suspiro revolotea en su pecho y sus lastimeros orbes buscan el reflejo de las luces neones, fundiéndose en los hoyos negros que posee su compañero. “Yo te perdono si tú me perdonas a mí.” La declaración se acompaña de la sombra de aquello que pretende una sonrisa. Aunque las cosas amenazaron con salirse de control y el inmenso candelabro estuvo a punto de estrellarse contra el piso, esparciendo cristales que estaban destinados a herir lentamente la carne, de alguna manera evitaron la colisión. Y más que sentirse feliz, Jaemin está aliviado. Su pecho se siente más ligero. Así que se deja guiar entre los murmullos y los cuerpos sudorosos. La salida del laberinto se abre ante ellos y pronto el susurro de la noche busca reclamarles. El revoloteo del conocido invierno les recibe con brazos abiertos. Una vez fuera, es Jaemin quien comienza a guiar. Sabe perfectamente a dónde quiere ir, recuerda el camino trazado una noche parecida aquella, cuando la estación estaba iniciando y una primera cita fue aceptada. Fue aquella también la primera vez que sujetaron sus manos, la primera vez que el menor descubrió que puedes descubrir secretos y encontrar mundos en palmas ajenas. Y Jaemin aprieta con fuerza la unión que ahora mantienen, porque aquel se ha convertido en uno de sus tactos favoritos. Aunque el silencio acompaña sus pasos, el trayecto se vuelve corto y más temprano que tarde, la verja oxidada se eleva contra el manto nocturno y ahí, metros más adelante, se alza majestuosa la casa vieja, el lugar seguro que el menor no ha pedido permiso de invadir.
El aire fresco tiene sobre él un efecto amortiguante, casi relajante. Curativo cuando entra por sus fosas nasales y le llena los pulmones de su helada frescura. Y de pronto no se siente tan mal, de pronto puede ver la situación desde otro foco, como si hubiesen pasados un par de años y él recapitulara su vida. Y se da cuenta de que, a pesar de todo, de la amargura y la desesperación del encuentro, ha sido éste vitalmente necesario. Porque ni Jaemin ni él parecen ser capaces de decir las verdades cuando se deben o de desvelar sus sentimientos cuando se amerita. Porque parecieran acumular y acumular las energías negativas sin descanso hasta que no queda otra solución que explotar de manera hiriente y escandalizasnte. Desastrosos. Sin embargo, Subin piensa que ha aprendido su lección… O eso quiere creer. Lo intentará, el saber cuándo hablar con sinceridad. Se deja guiar entonces sin imponer resistencia alguna, antojado de sufrir sorpresas. Camina tras él sin emitir palabra, con el corazón trotándole raudo porque reconoce el camino bastante bien, porque la acción se le antoja dulce, cálida, como el despertar con el cantar de las cigarras luego de una noche fatídica, o mirar al cielo y encontrarlo llorando estrellas. O Jaemin en sí, en su más puro estado; con su sonrisa, su risa, el universo que resguardan sus pupilas, su tacto y el rosado de sus labios—. No creí que recordaras el camino —se atreve a romper el cómodo silencio que se había adueñado de su pequeño mundo cuando la reja se alza frente a ellos, soberbia—. Estaba preparado para darte indicaciones pero mira, hemos llegado —habiendo recuperado un poco de su ánimo juguetón, se atreve a darle un pequeño empujón con el hombro y separa la unión de sus manos. Escala entonces aquella reja sin mayor dificultad, así como lo ha hecho un centenar de veces tiempo atrás, y espera hasta que Jaemin se encuentre de su lado para emprender la subida hasta la casona. La última vez que se vio obligado a pasar la noche en este lugar fue hace algunas semanas atrás, cuando la cotidianidad de la universidad terminó por agobiarle y, suponiendo que no pasaría mucho antes de volver, decidió agregar la llave que ocultaba entre la maleza a su llavero. Ahora mismo agradece a su yo ligeramente deprimido del pasado porque se ha ahorrado unos valiosos minutos. Sin gastar segundos de más, abre la puerta y le franquea el paso a su compañía—. Bienvenido sea nuevamente a mi mansión. Por favor pase y póngase cómodo.
thecngs:
Difícil le fue esconder su nueva y sutil sonrisa, teñida de su propia picardía y esa sensación de triunfo que se traía encima; una parte de él, la que más espacio ocupaba, había estado deseando que esa fuese su decisión final. “Confío en tu palabra.” Así, con la voz enronquecida, aceptó el trato y se reclinó en su asiento, expectante a la siguiente movida del muchacho. No lo admitiría en voz alta, pero no tenía de qué esperar de él y eso le tenía ansioso.
Le devuelve la sonrisa, siendo la suya amplia, triunfante y complacida, mientras abandona su asiento y acorta la distancia que existe entre él y el opuesto. Se mantiene unos segundos, indeciso, de pie a su lado hasta que decide ocupar lugar sobre su regazo. ¿Qué le va a hacer? El descaro parece ser un rasgo distintivo de su personalidad—. A pesar de que me complace tu confianza en mí —comienza a hablar, enredando los brazos alrededor de su cuello—, deberías tener un poco más de cuidado. Tómalo como un consejo para aplicar en el futuro —se hunde entre sus hombros con desinterés y entonces parte sus labios, dejándole ver cómo crecen sus colmillos.
kjxemin:
Es el abrazo correspondido el que le transporta lejos. De pronto, ya no se siente a mitad de una multitud que se mece al ritmo de la música, vuelve en el tiempo a un lugar más apacible, más personal, donde la primera confesión salió expuesta, donde las caricias se tornaron íntimas palabras que adoraban el cuerpo. Están en el prado, con la vigilante Selene brillando en lo alto, luego de la fogata donde Like a Virgin aún puede sonar en sus cabezas. Porque, al igual que en aquella, Jaemin comprende la dulzura de deshacerse en recíproco sentir. Y escucha, como si fuera la primera vez que lo hace realmente, porque suena como la melodía más bonita que ha oído. Y el también prueba las palabras que, raudas, han decidido escaparse. “También te amo.” Las saborea y el descubrimiento es verdaderamente encantador. ¿Cómo dos palabras pueden contener tanto y no explotar con destructiva fuerza? ¿cómo consiguen ser suaves y traer paz y dar, al mismo tiempo, un candor placido en el pecho? Ese es el secreto, supone el castaño, de porqué el amor es indefinible y extraño. Sin embargo, la disculpa le toma por sorpresa. “¿Por qué te estás disculpando?” y pide en susurros cálidos cuando consigue separarse un poco y acuna en sus manos el etéreo rostro, como si tuviera el universo ahí mismo. “No hay nada que perdonar.” Porque Jaemin no encuentra ni una sola cosa por la cual Subin necesite redención. Quizás solo una, ¿acaso se disculpa por amarle? Porque si es por eso, el cobrizo definitivamente lo golpeara esta vez. Y aquello le hace gracia, porque aunque sus violentos pensamientos aseguran querer dar un golpe, la verdad es que sólo quiere abrazarlo con fuerza y nunca soltarlo. “¿Crees que podríamos…?” Son sus mechones claros los que señalan una salida. La fiesta ya ha dejado de tener sentido para él y, aunque se ha mantenido alejado del estupor briago, siente que necesita un poquito de aire. Para bien o para mal, el consumo de alcohol de Jaemin excedió su límite, pues había creído necesitar valentía líquida. Lo cual, ahora, parecía absurdo y casi se sentía arrepentido. Además, la noche siempre había sido su protectora y los astros su guía. Quizás Jaemin y Subin podrían ser el ejemplo perfecto de los principios reales del platonismo, dónde es la fuerza cósmica quien sirve de tracción al juntar a los amantes; inevitable, poderoso. Ahora más que nunca quería compartir la vista de las estrellas con Subin. ¿Qué cosa había mejor que mostrarle el universo a tu universo?
Las palabras se derraman en sus canales auditivos como cascadas gélidas y él suspira pesado, pegando un pestañeo largo cuando se estremece. Agridulce. De ese modo le sabe la confesión recíproca. Porque su mentalidad no puede cambiar durante unos cuantos minutos, aun así piense él que tiempo es relativo. Sin embargo, el alivio es evidente. Y no es como si no hubiese supuesto los sentimientos de Jaemin con anterioridad, pero, tal como dicta su creencia, ahora que las letras se han unidos unas a otras para formar así tan hermosa frase de significación monumental, es que encuentra una base cierta a la cual aferrarse para intentar, con todo de sí, no fallarle. Aquel le parece un punto de partida válido. Y le hace feliz. Ladea el rostro acunado por la calidez de sus manos, cerrando sus párpados para disfrutar del tacto como se debe. Respira hondo, hilando frases elocuentes en su mente antes de responder, porque se ha dado cuenta que en situaciones como la presente puede que su espontaneidad sea su enemiga. Menea un par de veces su cabeza en un gesto negativo y se hunde entre sus hombros, sonriendo con cansancio—. Sí hay —contradice con voz suave—. Así que déjame disculparme, lo necesito —silencia un momento, libera sus pupilas de la negrura—. Perdón por hacerte pasar este mal momento. Y supongo que un montón de otros más. Desconocía cómo es que en realidad te sientes respecto a… esto —engloba en aquella palabra la relación, por demás confusa, que mantienen—. Perdón por la incertidumbre y la inseguridad. Y respecto a lo de Mina —bufa casi con diversión, quizá hasta incrédulo—, nunca pasó nada. Nunca ha pasado nada con nadie desde esa fiesta —confiesa cerca del umbral de la timidez y sus ojos le miran con expectación, anhelando una respuesta, fuera verbal o corporal, que le indique que sí cree en su palabra. Relame sus labios resecos y enfoca entonces la salida al otro extremo del salón. La verdad es que ha deseado huir de la fiesta desde que comenzó tan desagradable escena minutos atrás y, a pesar de que todo pertenezca ya a las garras del pasado, sigue de igual manera sintiéndose sofocado, abrumado por el ambiente, la música y el poco espacio. Además, ansia un poco más de soledad—. Deberíamos —acuerda, haciéndose de la diestra de Jaemin y enlazándola a su zurda. Y no puede creer que estuvo a un solo silencio de distancia de no ser capaz de tomar sus manos nunca más, de sentir su adictivo tacto una vez más. Jala entonces de la unión, abriendo paso entre los obstáculos gente bebiendo, bailando y su grupo de amigos que ha decidido por el momento ignorar, a pie de permisos y empujones distraídos, urgido por abandonar el lugar.
A savage desire for strong emotions and sensations burns inside me: a rage against this soft-tinted, shallow, standardized and sterilized life, and a mad craving to smash something up, a department store, say, or a cathedral, or myself.
Hermann Hesse, Steppenwolf (via wordsnquotes)
skryo:
Se dio cuenta de que su mal humor se estaba escapando. Era la forma en que se movía y en que miraba a su alrededor, pero en especial en su voz. No quería que lo vieran así, y ahora que sabía que el humano no vendría, se preguntó si sería buena idea salir esa noche a alguna fiesta a probar suerte. Seúl era grande, pero no estaba muy seguro de si podría llegar a la noche con la cordura intacta. “La prefiero tibia y fresca” contestó como si esa fuera la explicación más lógica. Se lo habían sugerido hace años, pero Ryouta tenía los recursos para pagarle a alguien. Tampoco es que le molestase compartir, pero había aprendido a las malas que eso no siempre era lo más higiénico.
Chasquea la lengua sintiendo un poco de molestia—. Ah, pero qué exquisito eres —se queja en voz alta, inclinándose hacia el frente—. El asunto es llevarte algo a la boca. Además, si la quieres tibia siempre puedes sentarte sobre la bolsa y hacerlas de gallina. Dos de uno no parece tan mal, ¿no es así? Mira que si piensas que puedes tenerlo todo en la vida tarde o temprano vas a terminar muy decepcionado—siquiera sabe por qué intenta convencerle con tanto ahínco. Quizá aquello de la solidaridad entre especies de verdad existe. Silente, se entretiene paseando la vista por sus alrededores, estudia a las pocas personas desparramadas por la cafetería y las que pasan tras los vidrios también—. Puedo facilitarte una bolsa —ofrece, desinteresado.
milkystardvst:
No deja de mirarle con desconfianza ni siquiera cuando le es ofrecido aquel pañuelo, uno que mira por un rato antes de descansar de nuevo los ojos en él. Desconocía qué conclusión sacar de todo o si, por el contrario, confiar en ella… Pero es mejor prevenir que lamentar, ¿no decían así? “¿Amiguitos como tú?” habla y hasta se detiene sin siquiera pensar, no atreviéndose a ir a ningún lado mientras él le siquiera; su sexto sentido le había sacado las patas del barro en demasiadas ocasiones como para no confiar en él aun si era pura paranoia infundamentada. Y aquello por infundamentado no precisamente brillaba. “Lamento haberte interrumpido en tu camino, pero puedo continuar sola.” Segunda advertencia.
Un bufido socarrón se le escapa, sintiéndose, en partes iguales, irritado y divertido por la actitud que ofrece la opuesta. Sin embargo, no puede culparla, supone él que ser un simple humano ubicado en un mundo de bestias debe ser… jodido—. Sí, amiguitos como yo —enfatiza el pronombre sin reparos, sin importarle de descubrirse ante ella pues en los cazadores muy pocas veces se toma la molestia de reparar—. Pero sin mi control —agrega. Y vira los ojos, acercándose a ella con velocidad y tomando su brazo herido sin previo consentimiento. Envuelve el pañuelo alrededor de la herida, ajustándolo con la suficiente fuerza para evitar que de ella siga manando sangre. Se relame los labios y no va a mentir, la tentación en aquellos momentos es demasiada y es sólo el hecho de haberse alimentado hace algunos días lo que le facilita, en gran manera, la contención. Unas vueltas más, amarra ambos extremos de la prenda para asegurar su trabajo y se aleja un paso hacia atrás, alzando ambas manos en un gesto de inocencia—. Ya está, señorita —anuncia con voz animada, tomando una pose más relajada—. Ahora eres libre de correr por los pasillos y rezar que no se aparezca uno de mis amiguitos hambrientos —silencia unos segundos, guiando sus pupilas hacia un lateral en lo que frunce los labios—. O dejar que te acompañe.
thecngs:
“Eso es un alivio.” Una sonrisa queda se asomó por sus comisuras. “No sé lo suficiente sobre ti como para hacer estimaciones.” Entonces inclinó el rostro y enumeró ofertas mentalmente mientras le observaba, humedeciéndose los labios por mera inercia. Poco después, comenzó a verbalizarlas. “¿Comida? ¿Dinero? ¿Un retrato gratis? A little treat?” Se tocó un par de veces el labio superior con la yema de su índice.
Ladea el rostro con delicadeza, agudizando el escrutinio sobre el opuesto mientras agradece la visualización de sus gestualidades. Se toma unos cortos segundos para sí, como si de verdad estuviese considerando sus opciones y no hubiese decidido desde un primer instante qué iría a escoger. Relame su labio inferior con sugerencia y sonríe sin mostrar los dientes—. A little treat —canturrea con voz fina y no tarda en agregar: —Pero de mi elección. ¿Está bien así? Prometo no dolerá —agrega, juguetón.
kjxemin:
¿El aire se ha estancado o es el mundo en el que se ha detenido? Otorgando instantes que se antojan eternos y se alarga en cámara lenta. Y el mundo sigue bullendo, el caos reina alrededor, pero Jaemin no nota nada de eso, porque ha dejado de respirar. Lo escuchó con tanta claridad que parece irreal. ¿No está su mente jugando de nuevo, haciendo que escuche lo que quiere oír, lo que más desea? Son las mismas palabras que han quemado en su garganta desde hace unas semanas. Desde que se dio cuenta que su corazón pendía de un hilo y que los pocos días que no lo vio durante el Chuseok habían sido un martirio; una tortura para el pobre ángel que se había enamorado del diablo. Y cuando sus pulmones exigen aire éste quema y el cobrizo no se ha dado cuenta que lleva varios segundos en silencio, sin moverse para nada. Es hasta que sus labios se abren y tiemblan y vuelven a cerrarse, que la vida le susurra de nuevo. No hay distancia cuando es Jaemin quien lo apresa en sus brazos. No hay distancia cuando es Jaemin quien le acaricia el rostro, junta sus frentes y sonríe a esos ojos atormentados. Y ahora de verdad quiere pegarle, porque los dos son unos idiotas. Y busca una posición donde las lagrimitas traidoras no sean tocadas por la luz. Porque Jaemin llora por las cosas más tontas, pero aquello le parece tan importante que no hacerlo suena a blasfemia. Y el contenerse no es una opción. Ya se han reprimido bastante tiempo. ¿No pueden, ahora, dan rienda suelta a eso que grita en el pecho? Pero el amor es una cosa complicada, justo como ellos. Y ninguna verdad le supo más dulce y más amarga a la vez. Ahora ya no podía irse. Ya no podía dejarlo e ignorar el egoísmo sórdido que apresaban sus manos, guiaba su boca y movía sus acciones. Y ahí, en medio de una fiesta dónde todos ocultaban su identidad, Jaemin se sentía más real que nunca. “¿Por qué haces que sea tan complicado amarte, Bang Subin?” La pequeña queja acompaña a un triste sonrisa, porque el menor sabe que le gusta amar a ese laberinto, que le encantan las piezas de rompecabezas que conforman al contrario. Y no puede ayudarse, Jaemin también está bastante jodido. Quizás por eso susurra quedo, cariñoso, anhelante. “¿Puedes decirlo de nuevo?”
A la espera de una respuesta, anhelante de ella a pesar de sus inclinaciones, los segundos corren sobre él con la lentitud fatal que poseen los minutos. La noche luce hoy llena de ironías; él, quien siempre ha deseado la detención del tiempo, detesta el estancamiento temporal al cual se ve sometido. Y cree entonces que lo ha logrado, que se ha salido con la suya una vez más, que por fin todo ha terminado y puede al contrario liberar. Está todo bien. Empero, ¿por qué siente tan desbastado? Drenado de energías y con un nudo en la garganta amenazante con ahorcarle en cualquier momento, su pecho baja en una inhalación severa de aceptación. Amarga, mucho más de lo que creyó. Irónico, ¿quién habría pensado alguna vez que el chiquillo a cual encontraba en salones que no eran suyos y pasillos de nadie, apenas intercambiando ambos un par de palabras, lograría crear morada muy profundo dentro suyo? Transcurre el tiempo en que se demora la flor desprendida del árbol caer con fatalidad hasta quebrar contra el pavimento, siendo de algún modo así como se siente él, con la sangre de sus venas congeladas mientras se avecina hacia abajo envuelto por un largo silencio, absoluto y abismal, hasta que decide que ha tenido suficiente de tan dolora visión. Preparado para girar sobre sí y emprender la ida, las piernas flaquean y las emociones invaden cuando el abrazo le ciñe. Descolocado, se siente perdonado por los dioses. Un suspiro trémulo de alivio abandona sus labios partidos y no sabe qué hacer, de qué modo responder. De momento se le antoja envolverle entre sus brazos también, aferrarse a él con las fuerzas que el miedo a perderle le provoca, así que lo hace. Porque en realidad nunca estuvo dispuesto a dejarle, nota. En el transcurso de un parpadeo logra divisar por su pómulo una gota deslizarse, más en voz alta no dice nada. Pero hay culpabilidad. No quiere hacerle llorar, no importa que la causante sea la confesión o la retención de emociones que la discusión ha dejado atrás, aún vivas. La respuesta a su inquisitiva se le atora en la garganta, siquiera sabe si en realidad existe alguna y la pregunta termina por apenarle. ¿Acaso tendría algo más que situaciones complicadas para ofrecer? Espera entonces poder algún día superar su complejidad por él—. Te amo, te amo, te amo —labios buscando su oído, repite sus palabras porque, ahora que las ha dicho, no le parece tan terrible, sino que… correcto—. Te amo. Perdóname —no puede evitar agregar en un susurro arrepentido porque se siente como un capullo, porque no se merece Jaemin sus vacilaciones ni verse envuelto en las montañas rusas que crea su mente.
baseball baek
207/365 edits of my shining light
the professor arrived for class 5 minutes ago, and has said nothing. we’re just sitting here as he eats a sandwich and looks at his papers.
UPDATE: HE WAS NOT THE PROFESSOR THE ACTUAL PROFESSOR WALKED IN, LOOKED AT HIM, SAID “Can I help you?” AND THE GUY JUST GOT UP AND LEFT
lcdybvg:
“Compartir sangre para los humanos tiene que ser una especie de taboo, ¿No?” preguntó un tanto extrañada, ladeando el rostro mientras examinaba al vampiro “Seguro un acto de suma confianza en quién tiene tu vida entre sus labios” aseguró, ella no sabía exactamente aquello porque muchas veces se le había dicho que era difícil, casi imposible matarlas. Su vida era un ciclo, claro, pero volvía al agua y todo comenzaba de nuevo, su cuerpo, su alma, todo estaba conectado a su elemento. La muerte no resultaba aterradora, ni siquiera inesperada “De todas formas, es un acto bastante —aclaró la garganta— intimo” y así fue como terminó su pequeño discurso, caminando un par de pasos hacia atrás “No suelo entrar en situaciones de riesgo normalmente” explicó “Los contactos parecen molestos, ¿No lo crees? De por si no me he acostumbrado a la ropa en todos los años que llevo aquí, no podría imaginarme agregar más accesorios a mi cuerpo humano”
Subin parpadea un par de veces, frunciendo el entrecejo. Cuando cruza los brazos sobre el pecho piensa que nunca ha ahondado en cómo será para los humanos compartirles un poco de su sangre. ¿Eso habla mal de él? Nunca ha tenido la necesidad, de todos modos conseguir donadores nunca ha sido una tarea complicada y no supone para él nada más que un trámite, así como tratar con quien atiende el local de comida rápida favorito—. Pues ahora que lo dices tiene sentido —accede. Tirarse a los colmillos de una criatura que con facilidad podría perder el control parece una actitud descabellada—. Pero, ¿no es eso lo que lo hace excitante? —inquisitivo, arquea ambas cejas. Debería de serlo, después de todo siempre se halla cierta en gracia en despojarse de todo control y verse a la deriva—. ¿Fue así tu… reciente experiencia? —sus labios se extienden hacia un lado, sonriendo de manera socarrona. No puede olvidarlo, el cuerpo contrario todavía lo siente entre sus brazos—. Te acostumbras —se encoge de hombros con desinterés—, somos todos animales de costumbre, después de todo. Además prefiero cargar con la molestia de unos contactos que con cazadores tras mi espalda —va a seguir hablando, pero una sonrisilla se le escapa por debajo de los dientes, ahí donde muerde su labio—. ¿Así que no estás acostumbrada a llevar ropa encima? Es un dato… interesante.
kjxemin:
Una, dos, tres respiraciones profundas. El latir de su corazón. Sus ojos que absorben y miran vacíos al firmamento porque su mente está mucho más concentrada en el magnífico ser que se acuna en sus brazos. Y finge interés en el fenómeno celeste, aunque difícilmente puede registrar algo más que los astros muertos que desfilan en las periferias de su visión. Deja que el ámbar adaptado en sus ojos se acostumbre a la penumbra Espera, porque cree que las balas llegaran pronto y está dispuesto a recibirlas, pero las interrogantes no aparecen y el silencio despega sus garras, acogiendo a ambos bajo su sombra. Y el pequeño pelinegro está genuinamente sorprendido cuando el castaño se desliza de su abrazo, grácil, y sigue sin decir nada. ¿Por qué no dice nada? ¿Por qué no le pregunta qué fue eso? ¿Por qué no luce… sorprendido? Mas sorprendido luce Jaemin que el propio Subin ante la muestra de la naturaleza salvaje que se esconde debajo de su piel. Y pronto se siente culpable, porque se está perdiendo aquel maravilloso espectáculo por estar atado a sus tonterías mentales. Así que decide prestar atención a las Oriónidas durante su viaje. Cuarzos y esmeraldas que pintan el lienzo nocturno a kilómetros de distancia. Que muertas, siguen brillando y parecen más vivas y reales que la foresta que les cobija. Y vuelve a ser secuestrado por la hermosa fuerza de las mensajeras de orión. Se deja seducir por la melodía insonora, pero su cautiverio poco dura. Bien sabe Jaemin que no puede prestar verdadera atención cuando aquel que tiene su completo interés descansa acuclillado a su lado. Y sus esferas medianoche al fin buscan, cual brújula al norte, la silueta de Subin recortada entre sombras. Y su nombre es cantado por labios ajenos cuando lo tiene, un parpadeo más tarde, frente a su rostro. Apenas puede echar una mirada al obsequio y la cajita de terciopelo que descansa en la palidez de las palmas contrarias. Y la plata brilla reluciente y elegante bajo sus estrellas guardianas cuando el pendiente pasa a adórnale. El menor no sabe cómo reaccionar correctamente ante las sorpresas, porque no está acostumbrado a los regalos, porque no está acostumbrado a los dolorosos torrentes de cálida alegría que buscan explotar en sonrisas. “¿P-por eso me preguntaste sobre la perforación?” Su zurda vuela inconsciente y acaricia las figuras unidas a su piel. ¿El contrario utilizaría el derecho? En esos no comprende la ironía encerrada en el crucifijo de plata que adorna su lóbulo, pero las volutas de felicidad no tienen contención y ríe al silencio, bajito, casi tímido, cuando echa los brazos a los hombros ajenos y se aloja en el nacimiento del cuello. “Gracias.” Su voz acaricia la piel. “Me encanta. De verdad, de verdad…” y muere sofocada. Sabe que, posiblemente, nunca se vuelva a quitar aquel arete, al menos cuando la humanidad se aferre a su conciencia. ¿Qué importaba si decían que era femenino? Ahora era suyos y lo portaría con el orgullo férreo que le quemaba el pecho. Pero una partecita de Jaemin no le dejaba disfrutar por entero del costoso presente, porque él no tenía nada con qué remunerarlo. “Pero yo no tengo nada para ti.” Suelta a media voz, con la sombra del culpable puchero en sus carmines
Recibe a Jaemin en sus brazos con cálida familiaridad, como si llevase él ocupando aquel lugar entre sus brazos desde tiempo inmemorables, incluso vidas pasadas. Y se pregunta entonces si acaso es su romanticismo taxativo el que le orilla a pensar de manera tan melancólica o si es, en realidad, la persona de Jaemin y la capacidad que tiene para sobrecogerle las emociones y el pensamiento de tal nefasta e increíble manera—. Ajá. Fue por eso —admite con vergüenza, una vergüenza que no recienten sus manos: una va en busca de su cintura y la otra forja su agarre entre las hebras medianoche. La verdad es que no hubo caído en la cuenta de su compra sino hasta que llegó a casa de su abuelo y la bolsa que contenía la pequeña caja aterciopelada le tiraba con su peso la mano hacia abajo. Impulsivo, no considero nada más que su anhelo por ver al menor vistiendo las joyas, pasando por alto el detalle de su ignorancia acerca si poseía o no el otro perforaciones o, aún peor, que su compra había sido nada más y nada menos que crucifijos de plata. Y lo recuerda de nuevo. Los ha tocado con sus manos desnudas y no ha sentido nada; pero no se alegra y eso es porque sabe que aquél es uno de los tantos efectos que Jaemin sirve sobre él. Curioso, pronto cesa las caricias sobre la coronilla del opuesto y alza su mano hacia los cielos donde su mirada no tarda en encontrarla: lucen sus dedos pintados de colorete ardiente, quemados levemente. Se mantiene observando la herida, abstraído en lo grotesco de la visión, e ignora así el espectáculo que siguen las Oriónidas presentando allí en el azul inmensidad, desinteresadas del tifón en el cual se ha convertido la mente del vampiro. Y es él mismo quien termina por ignorar los vocablos que Jaemin pronuncia mientras divaga en los pavimentos cubiertos de flores cadavéricas de su mente, alcanzando a percibir aquella última frase que ha muerto al ser expulsada al aire, bajo el cielo que llora cristales. Abandonado como está, tarda unos segundos en volver a la realidad y conectarse con el presente. Procesadas las palabras, ríe entonces con ganas y vuelve a acariciarle, pronto hallándose completamente enternecido—. Tienes, sí —contradice en un bisbiseo—. Tu compañía es el mejor regalo, ¿sabías? Además, no te estoy dando este obsequio con la intención de recibir algo a cambio —topa con la urgencia de aclarar y, para ello, acuna su rostro y le obliga a salir de su escondite—. Siquiera tuve en mente obsequiarte algo. Vi los pendientes en el mostrador y dije: estos son de Jaemin, ¿qué están haciendo aquí? —frunce los labios y los muerde, reprime una sonrisa. E inclina su cabeza hacia atrás, apreciando cómo luce Jaemin siendo adornado por la alhaja y sin poder creer, una vez más, que tal ser muestre afecto por él. ¿Tiene eso algún sentido? ¿Se habrá equivocado cupido?—. No puedes verlo, pero definitivamente son tuyos. Y ya está, vamos a finalizar el tema porque no quiero peros que oír de tu parte. Son tuyos, te los obsequio con todo mi cariño y no espero por ellos nada a cambio.