¿Mal día, Celine?
c-lageant :
“Siempre es un mal día, solo tienen sus momentos de felicidad.”
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@c-lageant
¿Mal día, Celine?
c-lageant :
“Siempre es un mal día, solo tienen sus momentos de felicidad.”
x-judelageant:
“En mi defensa, nunca me había quedado de cabeza tanto tiempo, sentí que me saldría el corazón por la boca…” exageró… a medias. De verdad ese pensamiento cruzó su mente cuando una atracción decidió dejarlo en el aire por más de diez segundos. “¿Un recibo?” Preguntó, tomando el papel para examinarlo, hasta que descubrió el número de una… chica. Sus ojos se encontraron en automático con los ajenos, sorprendido. Era incapaz de creer aquello que estaba desenvolviéndose frente a sus orbes, incluso las palabras de la contraria le cortaron la respiración. Tantos años de ocultarse, de odiarse por tener esa orientación, de desprecio hacia sí mismo pasaron factura en él, rompiéndolo. La presión, el miedo y la inseguridad revolotearon fuera de sí, dejándolo tan increíblemente liviano que no pudo evitar llorar. No le importó estar en la calle, de igual forma no habían muchas personas allí. Sin embargo, se inclinó, pasando los brazos bajo los opuestos, acercándola para abrazarla. Enterró el rostro en la curva de su cuello y se desahogó, igual no era como si pudiera evitarlo.
Puedo ver, en el segundo antes de que ocultara su rostro en un abrazo, como sus murallas se deshicieron, derrumbadas por una demoledora de un solo golpe. Entonces comprendió, mientras que arrojaba los brazos alrededor de la parte alta de su espalda. Logró entender todo lo que significaba para Jude que lo ACEPTARA tal y como era, sin falsas de por medio, con cada carta de la baraja sobre la mesa. Murmullos tranquilizadores como ‘va a estar bien’ y ‘cálmate, corazón’ salieron de los labios de la mayor, apretando más de su agarre con cada palabra, intentando demostrarle que realmente saldría bien parado de la situación e increíblemente AMADO; individual de su preferencia sexual y sentimental. Era el siglo XXI, quería aclarárselo de una vez, era una sociedad abierta. Además, él no la juzgaba por revolcarse con cualquier persona que se le cruce, ¿por qué debería ella hacerlo por querer buscar cariño en los del mismo género?
yoonwoow:
¿Oh? Pero, pero, pero estoy en mi descanso. ¿Es necesaria la ayuda justo ahora?
”No sé y no me IMPORTA, solo me mandaron a buscarte.”
Salió de la cafetería lo más rápido que pudo hasta llegar al callejón más cercano, llevándose por delante un bote de basura hasta caer contra la pared más alejada de la calle. Veía sus manos cubiertas de sangre, sintiendo el olor a pólvora invadirlo por cada uno de sus poros; sentía los gritos de su madre junto al disparo de un arma. El líquido rojo manchaba su camiseta y sus pantalones, desparramándose desde sus manos temblorosas. Era una pesadilla en vida. La voz de la mujer resonaba en su mente a la vez que la de su padrino. “Basta” Murmuró, casi sin aliento, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a correr por sus ojos. “¡Basta!” Gritó, dándole un puñetazo a la pared antes de apoyar la cabeza allí.
Aún podía escuchar las súplicas, las amenazas. Aún podía sentir la calidez de la sangre contra su piel. Aún podía ver en su mano la pistola que había acabado con la primer vida que había tomado. Se puso en cuclillas, agarrándose la cabeza y sintiendo cómo todas las sensaciones se mezclaban entre sí, invadiéndolo, haciendo que su respiración aumentase. No era consciente de que todo aquello no era más que otra de las malas pasadas que su mente provocaba.
Tampoco era consciente de que no estaba solo en aquél callejón.
Ondas de cabello anaranjado de escapaban de la media coleta que intentó hacerse de camino al departamento, despeinadas, sueltas al viento igual que sus pensamientos. Su mente estaba a la deriva, volando como una cometa entre las nubes que cubrían el cielo, impidiéndole a la gente observar las brillantes estrellas que normalmente lo habitaban. Números, todo eran números. La luz, el gas, el internet y los celulares. Las preguntas de cómo demonios iba a hacer para pagar todo eso, más la comida para ellos y Blackjack. En más de una ocasión se planteó en abandonar la universidad de una jodida vez, conseguir unos cuantos empleos extra con el fin de no molestar a su hermano con las cuentas. Él, quien ya tenía suficiente los estudios que tanto le gustaban, no merecía cargar con esas cosas.
Los alaridos de una voz sumamente familiar le hicieron voltear la cabeza con rapidez, haciendo que sus pasos se apresuraran a encontrar la fuente de estos, esperando encontrar una pelea desarrollarse frente a sus ojos. Se sorprendió al ver a un Scott delirante en una calleja lúgubre: reconocía un ataque de pánico cuando lo presenciaba.
Y el humor de la pelirroja no iba a aguantar tales mierdas a esa hora. El caminar de Céline fue decidido hasta arrodillarse frente a la figura del muchacho, retirando las manos de su rostro con cuidado: para luego cruzarle la cara de una BOFETADA, directa a su mejilla, dura y con toda la fuerza que tenía. Seguramente le dejaría una marca, pero no le importaba en momento. “¿MEJOR? ”
‘No hay de que..’ Respondió con una sonrisa. ‘Entonces, ¿la llama por qué?’ No podía evitar su curiosidad, era incapaz de dejar el tema en el aire y seguir con lo suyo, aunque probablemente sería lo más sensato. Por suerte para él, no había demasiada gente en la cafetería y no podía decirse que estuviese siendo negligente en el trabajo.
”¿Porque... Me gustan las llamas?” concluyó, entrecerrando los ojos mientras que movía la cabeza a ambos lados. Pensó que había recalcado lo obvio. Después de mirar por encima del hombro las pocas personas que ocupaban las sillas del lugar, volvió a enfocarse en el muchacho. “¿Tienes a ALGUIEN que te cubra?”
Naima se llevó un dedo a los labios y liberó una risita, encantada con el gesto curioso presente en el rostro de Céline. Le era remotamente familiar. “Se supone que no debo contarte, de lo contrario no se cumplirá,” explicó como si de una importante lección se tratase, meneando su cabeza en negación. A veces tenía la mala costumbre de tratar a otros tal como a su pequeña Sami; pasaba sin que se diese cuenta, de manera natural. “pero… Puedo darte una pista: Tiene que ver con tu sonrisa.”
”No se CUMPLIRÁ igual, Nai-Nai” repitió. Realmente no estaba de humor para todas las cuentos de hadas y damiselas en castillos lujosos esperando por el amor incondicional de un príncipe ricachón. A menos que Campanita hiciera un baile delante de su nariz, la rocíe con sus polvos mágicos y la llevara al país de Nunca Jamás, no existirían para Céline. Solo eran historias para que los niños no se concentren el que el coco iría a devorarlos por la noche. Una sonrisa desganada apareció en sus labios. “¿Esta? Ya la viste.”
”Sí, YA SABES, contarles cuando vomitaste en la feria de hace unos años” en su defensa, esa había sido una de las anécdotas favoritas de su vida, e igual que siempre, Jude era el protagonista. Sorprendente, como una persona podía volverse el CENTRO de la vida de otra sin siquiera quererlo, metiéndose debajo de su piel para no salir jamás. Nada, ABSOLUTAMENTE NADA, en el mundo cambiaría el afecto infinito que tenía para con su hermano. Suspiró, sacando un papel del bolsillo del jean, tendiéndoselo al chico: un recibo, sí, con un celular y arriba el nombre de Annabel Beuvale, junto con un pequeño corazón. “ —— ¿De verdad pensabas que no me gustaban las chicas también?” negó con la cabeza, deteniéndose en la mitad del camino. Sus manos tomaron las de él y buscó encontrarse con aquellos ojos que tanto conocía. “Estaría FELIZ que encuentres amor donde prefieras, sin importar que.”
No quería responder esa pregunta, porque al hacerlo, lo que saldría de sus labios no sería verdad. Introdujo las manos en los bolsillos delanteros de su jean, mostrándose renuente a contestar. Sin embargo, Céline poseía una interesante habilidad para conseguir aquello que deseaba, y si Jude aclarando su duda estaba en la lista, no habría divinidad que lo salvara de la situación. Soltó un suspiro, encogiéndose de hombros. “¿Yo? No tengo nada en contra de las relaciones” empezó, deslizando la mirada hacia al frente. “Simplemente no me llaman la atención, es todo.” Mintió casi con descaro.
Oh, sí, eso era pura mierda y ella lo sabía. Le mentía como si no hubiera pasado cinco años bajo su cuidado, el tiempo suficiente como para conocerlo y saber que, cada vez que quería esconderle algo rehuía a verle a los ojos, igual que un niño pequeño cuando la madre descubría que había roto un objeto de valor sentimental para la familia. Eso la molestaba. “Si TEMES que te avergüence enfrente de una chica o un chico, es verdad —— PROBABLEMENTE lo haga, pero no te marcará de por vida” concluyó. Claro que iban a haber fotos implicadas en todo eso, pues a Céline le gustaba presumir cuan bonito Jude había sido un poco más joven.
“Huh, pues no con esa actitud,” le regañó afectuosamente, sorprendida por la postura que adoptó la joven ante su juguetona sugerencia. Acto seguido, cerró sus ojos y sopló la pestaña con delicadeza, fingiendo haber deseado algo muy secreto. “Ya está, lo pedí por ti para no desperdiciarlo,” cambió su previa expresión ceñuda por una sonrisa y frotó su pulgar contra su índice, cerciorándose de que ya no hubiese nada allí.
”Es la ÚNICA que tengo” se encogió de hombros, su rostro sin inmutarse mientras que la pelinegra seguía su juego infantil. No obstante, era bastante adorable a la vista, acción que la hizo reprimir con todas sus fuerzas una sonrisa. “¿Qué pediste?” preguntó con un poco de curiosidad, inclinando ligeramente la cabeza, igual que hacía su mascota cuando quería algo. Le hacía ver bonito, y esperaba que funcionara igual para ella.
“Tienes razón, pero ¿estás segura de que tiene dinero? Imagínate terminas liándote con alguien pobre”
”Tiene un auto y suficiente para pagar las clases, eso basta para mi.”
Negó diversas veces con la cabeza, aunque estaba seguro que de todas maneras el tema saldría a flote, y no tenía forma de evitarlo. “No, por favor, simplemente no” casi rogó. Conocía a su hermana como la palma de su mano, y a veces se le iba la lengua con todo aquello relacionado al sexo. Aún trataba de olvidar la conversación sobre preservativos que sostuvieron el otro día. “Ya, para ti no es nada del otro mundo” soltó, y aunque podría tener doble connotación, la verdad era que si los papeles fueran inversos, quizá no sería tan normal. Tragó con dificultad ante ese pensamiento y se encogió de hombros, tratando de lucir como si por su mente no hubiera pasado nuevamente el temor de que ella se enterase de su orientación. “Prefiero no entenderlo.”
Dio un suspiro. Últimamente se había vuelto una experta en expresar sus sentimientos con aquella acción, este suspiro denotaba una completa desesperación, incluso un poco de irritación. “Dios, ¿qué es ESO que tienes c o n t r a las relaciones?” cuestionó, cruzándose de brazos a la altura del pecho. Siempre adaptaba esa esa actitud defensiva cuando se trataba no solo del sexo, sino también del noviazgo en sí y la verdad nunca le había visto una novia, novio o siquiera una jodida muñeca inflable. Le parecía demasiado extraño y estaba al tanto de que probablemente el menor quisiera empezar a experimentar con todo ese ángulo de su vida cuando llegara a la universidad, pero la curiosidad de la pelirroja simplemente no quería dejarlo ser.
‘¿Por qué? ¿Él parece una llama?’ Cuestionó con confusión. No comprendía como había iniciado aquella conversación y porqué habían llegado al tema de la llama cuando se supone que él sólo estaba haciendo su trabajo. ‘Aquí está tu café, por cierto.’
”Ni remotamente” solo había sido la primera fotografía que encontró en la galería de su smartphone. ¿Y porque tenía una llama? Misterios de la vida. Tenía imágenes de conejos también, incluido Buggs Bunny. “Gracias, dulzura” le guiñó el ojo, tomando entre sus manos la taza que este le ofrecía.
“Espera, quédate quieto/a,” le pidió a la persona frente a ella, y con sumo cuidado deslizó su pulgar sobre uno de sus pómulos para remover una pestaña que allí yacía, solitaria. “Tenías una pestaña en la mejilla, ¿ves? Ahora te toca pedir un deseo,” le enseñó la evidencia que aún estaba adherida a su dedo.
”¿Un DESEO?” aún extrañada por la pequeña caricia proveniente de la contraria. NADIE aparte de su hermano la había tratado con tal delicadeza desde hace mucho, pero sabía que Naima era una madre —— estaba en su n a t u r a l e z a. “No creo en esas PORQUERÍAS, jamás se van a cumplir de todas maneras.”
hvnnahchoi:
“Ya quisieras” Le guiñó un ojo, soltando una pequeña carcajada antes de cruzar su brazo con el ajeno. “Entonces, detalles” Pidió, refiriéndose a la persona con la que se encontraría, tirando el pequeño palo de plástico en un cesto mientras caminaba.
“Detalles...” repitió en un susurro, rascándose el puente de la nariz con la mano libre, aprovechando a levantar un poco sus anteojos de descanso. “Castaño, ojos azules, recién está empezando a ir a mis clases de kickboxing, tiene lo suyo.”