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nxvakchw:
‘He ahí otro problema. Parece que mucha gente aún teme a la educación, o no tiene acceso a ella, es lamentable.’
"No comprendo por qué temen a la educación” Confesó. “La falta de acceso se puede solucionar juntando voluntarios que den clases gratuitas.”
nerdytalks:
❛ ¿Tienen DIFERENCIAS en la forma de los OJOS, ¿no, Scott? Por desgracia, nunca visité ninguno de aquellos países como para decirlo con seguridad.❜
“Mayormente, sí” Asintió levemente con la cabeza. “Aunque también en los labios y en la forma de la cara, por lo general. Además que el idioma es distinto y con prestar un poco de atención se pueden notar las diferencias.”
x-judelageant:
Una vez afuera de la cafetería, el menor se regaló al menos dos segundos para recuperar la compostura. Aún tenía miedo, su corazón no colaboraba con él, y seguía sintiendo los labios ajenos contra los propios. Su calidez, su textura…
Quiso golpearse. Seguramente después del teatro que montó un momento atrás el mayor no tendría muchas ganas de volverle a ver. ¿Por qué debía ser tan pesimista? Su mente tampoco le ayudaba mucho a calmarse. Jude no se arrepentía del beso, ni de nada en lo absoluto. Pero sí de haber huido de esa forma.
Una parte de sí se tentó en dar la media vuelta y regresar, pero estaba avergonzado. Así que, tragó con dificultad, y empezó a marcar su trayecto a casa, arrastrando los pies. Tuvo la impresión, a medida que caminaba, que alguien iba detrás. Sin embargo, no le dio mucha importancia. No creía que fuera muy relevante.
Su sorpresa fue grande cuando descubrió que se trataba de Scott.
Quizá fue su petición, o tal vez el matiz presente en sus ojos que Jude se quedó en silencio por unos instantes, y la razón no se debía a que el varón desconociese qué responder —de hecho, era claro que aceptaría su compañía—, sino la acción que quería ejecutar era lo que le mantenía así, en neutro, sin poderse mover.
Decidió mandar todas sus preocupaciones y cavilaciones al Tártaro, o cualquier lugar lejos.
Entonces, tomó la mano ajena con la propia y comenzó a caminar, dándole un leve tirón. No deseaba dar una respuesta vocal, y esperaba que aquello fuera suficiente para mantenerlo a su lado, al menos hasta llegar a casa. “Lamento eso” murmuró, en voz bastante baja —temía que se diera cuenta de lo quebrada que esta se encontraba si el volumen fuera más alto—, refiriéndose a su poca valentía, claro. “Es… complicado.”
Su corazón se saltó un latido al sentir el tacto de la mano ajena con la suya, sintiendo que el primero comenzaba a bombear sangre a mayor velocidad; parecía que en cualquier momento iba a salir volando de su pecho. Aquello que no había tenido el coraje de hacer, Jude lo había cumplido. Guardo su mano libre en el bolsillo, bajando la cabeza para que no se notase la sonrisa de, sí, idiota que llevaba pintada en el rostro. Siguió los pasos ajenos, provocados por el tirón que sentía en su brazo por causa del contrario, sin resistirse en momento alguno.
De todos modos, no quería hacerlo.
“No te preocupes” Le respondió, finalmente alzando la vista y observándolo hasta detenerse nuevamente. Se colocó frente al contrario, sin atreverse a soltar su mano por miedo a que no quisiese tomarla de nuevo, y entonces comenzó a soltar un discurso comprensivo como el que habría dado dos veces en su vida, ambos para Jade. “Fue algo repentino de mi parte, lo siento” Comenzó, rascándose la nuca, un hábito que tenía, indicativo de que se encontraba nervioso en ese momento. “Pero no pude evitarlo” Lo miró de reojo, con la cabeza baja, antes de soltar una pequeña risa desganada; no podía creer que estaba haciendo algo como aquello.
No podía creer que se estaba confesando (¿era esa la palabra correcta?) a alguien.
“¿De verdad voy a decir esto?” Se preguntó a sí mismo en un murmuro, aún incrédulo por sus palabras. Tomó un respiro y alzó la vista, tratando de no fijar su mirada en los ojos ajenos ya que eso causaría que su mente se pusiese en blanco. “Me gustas, Jude” Confesó, finalmente. “Tanto como me podrías gustar. Y realmente quiero conocerte más” Apretó los labios en una fina línea; no se reconocía a sí mismo. Tal vez todas aquellas cosas que Jade le había dicho alguna vez eran ciertas. Tal vez lo que había leído y visto era cierto.
Tal vez sí eras una persona diferente cuando estabas con la persona que te gustaba.
Recordó las primeras veces que había ido al Lège y cómo le había llamado la atención un chico con rasgos distintivos, que ocupaba una o a veces hasta dos mesas con libros mientras hacía tareas; le había recordado a él cuando había comenzado la universidad. Recordaba haber pensado que era un estudiante de su año, tal vez en otra carrera, hasta que notó que a veces llevaba el mismo conjunto de ropa puesto (su uniforme). Recordaba que era un chico bastante amable y sociable, y que había quedado anonadado con el aura de atracción que desprendía; era total y absolutamente lo contrario a él. En parte lo envidiaba, pero por otro lado se sentía curioso por saber quién era.
Aún se sentía curioso por saber quién era.
“¿Hay algún problema con que lo haga, Jude?” Preguntó, refiriéndose a lo último que había dicho.
everydayymusicc :
VIXX - Hyde
c-lageant:
Ondas de cabello anaranjado de escapaban de la media coleta que intentó hacerse de camino al departamento, despeinadas, sueltas al viento igual que sus pensamientos. Su mente estaba a la deriva, volando como una cometa entre las nubes que cubrían el cielo, impidiéndole a la gente observar las brillantes estrellas que normalmente lo habitaban. Números, todo eran números. La luz, el gas, el internet y los celulares. Las preguntas de cómo demonios iba a hacer para pagar todo eso, más la comida para ellos y Blackjack. En más de una ocasión se planteó en abandonar la universidad de una jodida vez, conseguir unos cuantos empleos extra con el fin de no molestar a su hermano con las cuentas. Él, quien ya tenía suficiente los estudios que tanto le gustaban, no merecía cargar con esas cosas.
Los alaridos de una voz sumamente familiar le hicieron voltear la cabeza con rapidez, haciendo que sus pasos se apresuraran a encontrar la fuente de estos, esperando encontrar una pelea desarrollarse frente a sus ojos. Se sorprendió al ver a un Scott delirante en una calleja lúgubre: reconocía un ataque de pánico cuando lo presenciaba.
Y el humor de la pelirroja no iba a aguantar tales mierdas a esa hora. El caminar de Céline fue decidido hasta arrodillarse frente a la figura del muchacho, retirando las manos de su rostro con cuidado: para luego cruzarle la cara de una BOFETADA, directa a su mejilla, dura y con toda la fuerza que tenía. Seguramente le dejaría una marca, pero no le importaba en momento. “¿MEJOR? ”
Había sangre real, ya no era parte de su ilusión; sus nudillos comenzaban a dejar un rastro de aquél líquido espeso por el frío cemento mientras la mente de Scott comenzaba a tornarse color carmesí. Comenzaba a cegarse por la ira que lo había vuelto un asesino en aquél momento. Sí... podía sentir el terror que desbordaba de los ojos de su padrino, podía sentir el miedo por ver el fin de su vida venir de manos de aquél que había visto crecer. Le gustaba.
Era un monstruo y, en ese momento, no le molestaba.
Entonces todo sucedió muy rápido: las manos destapando su rostro y luego la bofetada que dejó su mejilla palpitando. Sus ojos, más oscuros que de costumbre y con la pupila dilatada, se fijaron en la pelirroja. La parte de él que seguía consciente, una minúscula que estaba a punto de extinguirse, la reconoció: era Cèline, la hermana de Jude. Si la situación hubiese sido otra, probablemente su presencia lo hubiese calmado, al recordarle al menor.
Pero no, ella había decidido abofetearlo.
Con un grito de enojo y toda la fuerza que Scott no sabía que tenía, le dio un golpe para apartarla de su lado. Se levantó, su rostro húmedo por las lágrimas y sus ojos rojos por la sed de venganza que lo invadía de tiempos pasados; pateó el bote de basura cuando pasó, quitándolo de su camino hacia la pelirroja, a la que terminó por tomar del cuello para alzarla por sobre él en cuanto pudo atacar, mirándola a los ojos.
Y se quedó sin hacer nada.
Sus facciones europeas le recordaban a su madre. Le traían flashbacks de cuando se había girado a verla después de asesinar a quienes habían querido hacer lo mismo con ella. Sus ojos, espantados ante su propia creación, se apartaban de él al igual que su cuerpo a medida que Scott se acercaba a ella; Scarlett no reconocía a su hijo en los ojos de aquél asesino.
Entonces soltó el agarre de su mano (el que había comenzado a presionar) y retrocedió un par de pasos hasta dar otro puñetazo a la pared; más fuerte, logrando hacer que un par de trozos de ladrillo cayeran al suelo al mismo tiempo que varios tajos de piel se daban a lugar en su mano. Volvió a tapar su cara, como si aquello hiciese que el panorama desapareciese.
Ahora por sus manos corría su sangre.
fykimtaehyung:
© VIVID BLACK | Editing allowed, must credit. (1,2)
Salió de la cafetería lo más rápido que pudo hasta llegar al callejón más cercano, llevándose por delante un bote de basura hasta caer contra la pared más alejada de la calle. Veía sus manos cubiertas de sangre, sintiendo el olor a pólvora invadirlo por cada uno de sus poros; sentía los gritos de su madre junto al disparo de un arma. El líquido rojo manchaba su camiseta y sus pantalones, desparramándose desde sus manos temblorosas. Era una pesadilla en vida. La voz de la mujer resonaba en su mente a la vez que la de su padrino. “Basta” Murmuró, casi sin aliento, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a correr por sus ojos. “¡Basta!” Gritó, dándole un puñetazo a la pared antes de apoyar la cabeza allí.
Aún podía escuchar las súplicas, las amenazas. Aún podía sentir la calidez de la sangre contra su piel. Aún podía ver en su mano la pistola que había acabado con la primer vida que había tomado. Se puso en cuclillas, agarrándose la cabeza y sintiendo cómo todas las sensaciones se mezclaban entre sí, invadiéndolo, haciendo que su respiración aumentase. No era consciente de que todo aquello no era más que otra de las malas pasadas que su mente provocaba.
Tampoco era consciente de que no estaba solo en aquél callejón.
x-judelageant:
Su mano se deslizó por su cuello como si tuviese vida propia. Sus dígitos buscaron el nacimiento de su cabello, tratándose de un delicado roce que no contaba de segundas intenciones. Jude no tenía ni el más mínimo indicio de qué debía hacer a continuación, tampoco poseía algún conocimiento sobre si aquellas acciones ejecutadas eran correctas, pero no le importaba.
Tampoco era capaz de pensar con cierta lógica si los labios opuestos presionaban contra los suyos en un tacto tan suave y delicado como ese.
No deseaba moverse. La impresión de que aquello rompería el momento le frenaba, y le obligaba a mantenerse en ese estado neutral. Su corazón, por otro lado, ignoró el estado total de quietud en que el varón se encontraba, latiendo cada vez más rápido con el transcurrir de los segundos. El azabache era incluso capaz de sentir el palpitar de su órgano vital en diversas zonas del cuerpo, sobretodo el pecho.
Entonces, las manos ajenas encontraron su posición sobre su cuello, provocando una oleada de emociones fuertes en él. La dificultad que presentaban para ser procesadas era inmensa, dándole la ilusión de estar en el Paraíso. Tal vez exageraba. Quizá no.
Cuando la distancia predominó en ambos por cuenta nueva, Jude pestañeó, creyendo que lo sucedido allí fue producto de su imaginación voluble. No obstante, el mayor aún permanecía sentado a su lado, mirándole, sonriéndole. Y, joder, se sintió muy real.
Tanto como el peso de la realidad sobre sus hombros.
Reparó en su entorno y en los pares de ojos fijos en ellos con diferentes matices; de reproche, sorpresa, resignación…
Algo que a Jude se le imposibilitaba manejar era la vergüenza que ocasionaba ser el centro de atención. Además, muchos allí le conocían por ser el hermano de Céline, quién también trabajaba ahí. Era indiscutible que ella se enteraría —y no por su propia boca, sino por un tercero—, y no se encontraba preparado física ni emocionalmente para enfrentarse a lo que eso conllevaría.
Ignoró la repentina necesidad de llorar. Otra cosa con la que no lidiaba era el miedo. Solo… no. Tragó sin facilidad, y tomó su mochila, levantándose del asiento. “Y-y-y-yo…” se odió por no vocalizar una simple oración correctamente. Inhaló con profundidad, buscando tranquilizarse y no tener un ataque de pánico en plena cafetería, o frente a Scott. No quería alejarlo con una situación así. “D-debería irme y-ya.”
Aún podía sentir la sensación del beso en sus labios y le parecía perfecto: en ese momento no se arrepentía en absoluto de haberse dejado llevar por sus impulsos. Sintió una especie de libertad en el pecho que no había sentido... ¿nunca, tal vez? Probablemente. Y felicidad, si es que aquello era felicidad; después de tanto tiempo había olvidado lo que era sentirse realmente feliz. Pero algo tan simple como que el joven le correspondiese fue suficiente para alivianar la carga que llevaba en su pecho, incluso si era por un efímero momento.
Fue una lástima para nuestro joven adulto que viese el horror pintado en los ojos de aquél al que anhelaba tener entre brazos. Sintió que su mundo y su felicidad desaparecían, como si hubiesen sido ni más ni menos que una ilusión, un sueño del que acababa de despertar; algo diferente a las pesadillas que solía tener.
“Vale” Carraspeó, asintiendo levemente con la cabeza. Con la vista baja, miró sus pies hasta que sintió que el menor se iba de su lado, inmóvil. Entonces se levantó repentinamente, tomando su morral y fulminando con la mirada a todos los que seguían a ambos con la mirada, sobretodo a Jude, indicándoles que no les convenía juzgarle a menos que quisieran vérselas con él.
Con el paso firme pero lo más silencioso posible, Scott se acercó a la figura del menor, capucha tapando su cabeza y vista baja predominaban como características obvias de su aura intimidante al salir de la cafetería. Apuro un poco el paso para caminar junto a él. “Deja que te acompañe a tu casa” Pidió, mirándolo con ojos suplicantes, los cuales no recordaba que hubiesen aparecido antes en su rostro.
Quería asegurarse de que no la había cagado por completo.
“Así no te molestará nadie” Excusó, sonriendo muy levemente, pero esta vez era una sonrisa forzosa que no hizo más que morir a los segundos. Él simplemente quería hacerle saber que lo protegería de cualquier cosa que le causase daño.
Suspiró aliviada: había esperado algo mil veces peor, y casi se echó a reír, Scott había hecho tanto problema por nada. Sin embargo, el asunto de verdad parecía acongojar al menor y que ella se burlara de sus tribulaciones era lo último que necesitaba. “¿No entiendes qué te pasa?” le acarició el cabello, peinándolo de nuevo. “Tú, amigo, estás enamorado” declaró con una sonrisa. La escena le parecía adorable, y de alguna manera, lejana. Casi parecían gente normal. “Por más increíble que parezca, sé un par de cosas sobre eso. A mi manera, claro” rió. “No creo que vayas a cagarla, al menos no más que yo” concluyó, bromeando.
Arrugó la nariz. “¿Enamorado?” Cuestionó, como si el término le fuese ajeno; la verdad no lo era, solamente creía que un monstruo como él, con tanta sangre corriendo por sus venas, no podría conocer nunca ese estado de felicidad. O, incluso peor, podría conocerlo y simplemente terminar como cierta persona con la que no quería asociarse. “¿Y si termino como mi padre?” La pregunta salió de entre sus lados a modo de susurro; Jade había sido la única en la que alguna vez había confiado lo suficiente para contarle sobre su pasado. Ella, más que nadie, sabía lo aterrado que estaba ante esa idea. “No quiero lastimarlo” Murmuró por lo bajo, ahora avergonzado, como si se tratase de un niño pequeño que no quería admitir que le gustaba una chica. Incluso quitó la mano de su rostro, apartó la vista e hizo un pequeño puchero, algo para nada común en él.
nxvakchw:
‘Será cuestión de paciencia, entonces.’ Expresó. Tal vez si alguien se esforzaba lo suficiente era posible lograr un cambio, pero de algún modo él seguía viéndolo como una perdida de tiempo. ‘Enseñarles desde pequeños sería lo ideal, así no se crean ningún tipo de prejuicio.’
"Lo único que se necesitaría es conseguir convencer a las personas de alguna manera para educarlas de adultos y lograr que dejen que sus hijos sean educados de igual forma.”
Le pareció que sonaba algo abatido y frunció el ceño, quizás estaba siendo demasiado brusca con él. Se sentó a su lado e inclinó la cabeza. “Sabes que no me importa si te gustan los varones o no” le dijo con suavidad, apartando el almohadón de su cara. “Si no quieres, no se lo diré a nadie” le aseguró con una sonrisa comprensiva. “Solo quiero lo mejor para ti, por eso necesito saber qué demonios te pasa” explicó. “Eso y porque me gusta meterme en los asuntos de los demás”.
Bufó. “No es por eso” Respondió, ya dándose por vencido. Nunca le había importado lo que los demás pensaran sobre su orientación sexual, no desde aquél día; muchas cosas que antes le preocupaban ahora ya le parecían detalles insignificantes. “Chismosa” La acusó, aunque con un leve tono bromista. Cruzó sus brazos y cerró sus ojos hasta contar hasta diez para volver a abrirlos. “Está en el bachillerato todavía, ¿vale? Y tiene una hermana mayor” Frunció el ceño. “Tuve suficientes experiencias contigo para saber que las hermanas, cuando se enojan, son bastante intimidantes” Se pasó una mano por el cabello, despeinándolo, antes de taparse el rostro con la misma. “Apenas lo conozco realmente y ya no quiero cagarla, Jade, no entiendo qué me pasa.”
“Ignoraré lo que acabas de decir si me cuentas lo que está pasando” dijo alzando la voz y cruzándose de brazos. No le había gustado su comentario en lo absoluto, pero la curiosidad y la preocupación por saber qué demonios sucedía en la vida de Scott eran más fuertes que el descontento que le habían provocado tales palabras. “¿Por qué no quieres contarme? ¿Qué puede ser tan malo?” refunfuñó, frunciendo el ceño. “Dímelo… ¿es una chica?” inquirió, entrecerrando los ojos. “¿Un chico?”
“Ignóralo si quieres” Respondió; había tenido una largo semana en la universidad y ya se estaba empezando a quedar sin energías para discutir con ella. Entonces empezó a usar sus tácticas de interrogatorio en las cuales era tan buena; estaba jodido. “No te interesa” Contestó a la última pregunta, tal vez demasiado bueno para que pasase como un comentario más. Al terminar de pronunciar esas palabras procedió a taparse el rostro con el almohadón nuevamente.
x-judelageant:
Muchas cosas llamaron su atención ese día.
Primero, la forma en que logró generar tal revolución en su forma de pensar, y en comportamiento. Cosas que creyó no pensar de alguien un día, sucedieron en la compañía con el opuesto. Tampoco imaginó que desearía no volver a casa para pasar más tiempo con otra persona, y, sí, aconteció.
Segundo, notó el claro cambio de posición. Ya no estaban de frente, y no podía detallar bien sus facciones de esa forma. Aunque, vamos. No lo necesitaba. Su memoria era capaz de recrearlas con una facilidad que hasta el mismo Jude se extrañó.
Lo sentía más cerca, más real. Era claro que no forzaría un cambio.
“Es que es mucha información” admitió, con voz baja, cohibido de pronto. “Se supone que Roma tomó muchas características de otras civilizaciones para formarse y crecer. Se enfocaron mucho en Etruria, porque era lo que más cerca tenían. El problema es que la cultura etrusca, idiomas, y demás es muy desconocido, no se entiende. Por eso el origen de Roma es igual de oscuro, porque creo que para entender correctamente cómo comenzó Roma, tendría que saberse de Etruria. Se conoce el arte y alguna que otra cosa, pero no es suficiente…”
El volumen en sus palabras fue disminuyendo, hasta no ser más que un susurro. Sus ojos estaban fijos en los ajenos, lo que equivalía a perder la concentración de la información que intentaba transmitir, del tiempo y espacio también.
Entonces, todo pareció suceder en cámara lenta. Los movimientos del varón se ralentizaron —aunque estaba seguro que era imaginación o perspectiva suya—, y no debía ser un genio para saber cuál era la intención oculta en tal reducción de distancia.
Pudo alejarse.
Pero no quería hacerlo.
Al contrario, se mantuvo en el lugar. Una parte de su mente, quizá, suponía que Scott volvería a su posición inicial, diría que fue una broma, y todo quedaría en el olvido. Sin embargo, cuando el contacto se dio, sintió que su corazón se saltaba un latido.
El peso de la realidad llegó a él, pero no como un balde de agua fría. Fue una experiencia cálida, que alivió cada inseguridad que dirigía hacia el contrario y hacia sí mismo. Sus ojos se cerraron, dejándose llevar. Su mano, por otra parte, se dirigió hasta el cuello ajeno.
Era un gesto sin fuerza, delicado. Lo suficiente como para hacerle saber a Scott que aquello le gustó.
Además, no quería que se alejara tan pronto.
Que Jude le correspondiera el beso había sido, seguramente, la mejor experiencia que había tenido en años. La sensación que recorrió cada centímetro de su cuerpo, causando que la piel se le erizase, era una que no había tenido antes; una buena, lo cual no era común para Scott, quien estaba acostumbrado a miseria tras miseria.
Sintió un contacto en su cuello, el cuál no habría notado de otro modo, ya que se habían cerrado casi automáticamente al tener los labios ajenos en los propios sus ojos. Al parecer, todo había incluso mejor de lo que había pensado; aún no podía creérselo. ¿De verdad no se había molestado? ¿No era otra cruel ilusión de su mente?
Presionó un poco más, aunque con delicadeza, sin querer arriesgarse demasiado. Sus manos encontraron su camino a la nuca del menor, ayudándolo a aplicar aquella leve presión que anhelaba ser mayor. No quería que ese momento se terminase jamás, realmente no lo quería.
Entonces algo hizo que se separase.
No sabía si era la repentina corriente de energía que sentía por parte ajena o el que sentía que lo observaban demasiadas personas; odiaba llamar la atención.
“Lo siento” Murmuró luego de carraspear. Pero, aunque lo intentó, no pudo reprimir completamente la sonrisa que había en su rostro. Cuando volvió la vista a la mesa se encontró con que la camarera les había dejado la cuenta, aunque el canadiense no tenía idea de en qué momento lo había hecho. “Yo pagaré” Le indicó a Jude, sin darle tiempo siquiera de hacer una objeción o sacar su billetera; le dio la cuenta paga con una pequeña propina a la primer empleada que pasó cerca de la mesa.
Miró al de cabellos color azabache por unos segundos antes de bajar la vista a sus manos, las cuales colgaban agarradas entre sus piernas mientras jugaba con sus pulgares; no sabía que hacer en ese momento, estaba completamente confundido.
Lo único que sabía era que, en algún momento del beso, había querido tomar su mano.
Bufó, el chico era un caso perdido. Sabía que insistir con que hiciese vida social como una persona normal no le serviría de nada, y aunque se había rendido, aun guardaba la esperanza de que tuviese amigos. Sin embargo, ni ella ni Scott eran precisamente gente normal, pero al menos podían pretender que sí. “Dije que estamos cerca de París, no en París. Además, los franceses no son mi tipo” discutió, siguiendo los movimientos y las expresiones faciales de Scott con atención, buscando una señal que lo delatase. “¿Y por qué no me miras a la cara? Te conozco, si estuvieses siendo sincero no te cubrirías el rostro” tomó asiento a su lado, de verdad estaba intentando ser paciente y obtener una respuesta por las buenas. “Deja de mentir. Además yo también tengo un par de cosas que contarte…” anunció, bajando la mirada a sus manos. No sabía qué diría el otro cuando se enterase de que nuevamente había perdido su empleo, pero el intercambio de información siempre era la manera más fácil de obtener respuestas. “Pero claro, no te lo diré a menos que tú me cuentes la verdad primero” declaró, volviendo la mirada a Scott y sonriendo ladinamente.
“Nadie es tu tipo” Rectificó, seguro en un gran porcentaje de sus propias palabras. Mas se retractó de haberla atacado verbalmente hasta ese momento cuando ella descubrió que ocultaba algo, ¿debía decírselo? Probablemente sí, después de todo era como su hermana, casi podría decirse que habían sido separados al nacer. “Tengo sueño” Mintió; casi se había dado por vencido, pero había recordado la magnitud que tendría aquello que le escondía. “No tengo nada para contarte.”
eyxs-widx-open:
“Así es, además muchas personas no se encuentran con alguien de esa parte del mundo”
"Aun así, he visto asiáticos de diversas nacionalidades en más de un lugar.”
boosanghee:
“Eso es cierto. Sé que el coreano es el que tiene los circulitos, rayitas, todo es bastante simple. Pero a nivel costumbres, personalidades, y eso, ¿hay alguna diferencia?”
"Los coreanos escriben en hangul y los japoneses en kanji” Corrigió, sin verdaderas malas intensiones, aunque tal vez su rostro normalmente serio no diese la misma sensación. “Los coreanos son más abiertos y alegres, sobretodo a los extranjeros, mientras que los japoneses son más fríos y serios” Comenzó a contestar. “Los japoneses tienen sus tradiciones más definidas mientras que Corea del Sur sufrió muchas más invasiones e interferencias con otras culturas, por lo que hay aspectos como la educación que los adaptaron de otros países” Tomó un poco de su bebida, pensando en qué más debía decir. “También tienen características físicas que los diferencian, como que los japoneses tienen ojos más grandes y los coreanos tienen bocas más pequeñas” Se cruzó de brazos. “¿Quieres que siga?”