“Pues, llevo 27 años, una vida sana, y he vivido cómodo con eso, no definiría eso como algo que pueda llevarme a la muerte, vivir incomodo en la propia piel pretendiendo algo que no es o con problemas típicos de la cultura emo como depresión leve o ansiedad, eso es algo que si mataría, en mi opinión.” Encogió sus hombros, conocía varios casos de futuros gobernantes con problema como el no querer asumir su cargo o presentando una rebeldía a lo que eran por nacimiento, caso que no correspondía con Frederick que se mostraba bastante firme y en completa entrega con su poderío. Relamió sus labios, el hombre tenía un punto a favor, pero Frederick estaba ya considerando el primer punto en contra. “Por tu acento determinaré que eres príncipe de España, ¿cierto? Te preguntaré, ¿qué prefieres? ¿Agradar a un centenar de tele-videntes por mostrar descontrol y bastante libertinaje, o agradar a una población como la tuya, de más de 46 millones de habitantes, por afianzar los valores inculcados en casa, y el mostrar que eres digno gobernante de tu tierra? España ha colonizado naciones desde tiempos inmemorables, creo, que como el deber ser de un gobernante de esa tierra, lo correcto sería imponerse ante los demás, mostrar una actitud firme y correcta.” El rubio encogió sus hombros mientras se atrevía a tomar algo de comer, había llegado hacía un par de horas y estaba seguro de que se moriría de hambre, además, que era un pequeño gesto de su ansiedad latente al no saber como actuar ante aquella situación, era notorio que aquel hombre estaba ante la espalda y la pared al no conocer como mantenerse en el nivel de despreocupación que la mayoría mantenía.