¿Que pueden decir un conjunto de saltos y contactos corporales al compás de la música? Develamos el fenómeno llamado P.O.G.O.
PERIODISMO DE ROCK. Para Rock Para Los Dientes.

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PERIODISMO DE ROCK. Para Rock Para Los Dientes.
Hasta a la ciencia desafiaba. Ni causa ni cura. Nadie podía descifrar la enfermedad que portaba aquella mujer. Moría todos los días. Un lunes a la mañana, un miércoles por la tarde, un viernes por la...
Para Corriendo la voz. Texto para las pibas.
6 años al servicio del under!
PERIODISMO
6 años al servicio del under!
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#PERIODISMO Oskar Schindler, ¿fabricante de la muerte?
El autor no lo pregunta, lo afirma. El lector, lo podrá responder a partir de la lectura de este libro editado por Nuestra América en 2003 y escrito por Alex Szarazgat, un judío nonagenario exiliado en Buenos Aires. Oskar Schindler, fabricante de la muerte es un verdadero trabajo de investigación que busca ofrecer otra visión y en palabras del editor “mostrar al desnudo una gran mentira, porque la búsqueda constante de la verdad y la justicia es lo que hace al hombre y a la mujer seres humanos íntegros”.
Indaga desde su formación en su niñez y expone, según el autor, un “detalle importante que hay que tener en cuenta en el futuro desarrollo del mismo”: “Oskar Schindler estudiaba en una escuela que impartía la enseñanza en idioma alemán pero debido a la realidad geopolítica, cambia su pertenencia de la monarquía austro-hungara y pasa a poseer la ciudadanía checoslovaca. Se sentía alemán, pero terminó incorporado a la República Checoslovaca”.
Otra cuestión que Alex Szarazgat intenta derribar es que Schindler ignoraba la situación de la Alemania nazi. Explica que, en 1935, cuando éste es reclutado por el servicio de espionaje alemán (Abwehrdienst) que dependía de las Fuerzas Armadas (Wehrmacht), “era consciente de lo que estaba ocurriendo”. En ese año, en la Alemania de Hitler, “la furia nazi había eliminado físicamente a la oposición política, los campos de concentración se multiplicaban y el propio gobierno se ocupada de divulgar esa actividad. Oskar, difícilmente podía argüir ignorancia”, remata en las páginas del libro.
Expone datos sobre los judíos que trabajaban en su fábrica “que no era de utensilios de cocina sino de material bélico” como mano de obra esclava. La adquisición de la misma, la corrupción, y “los verdaderos héroes” son otros temas que integran este libro.
Una lectura obligada para todo aquel que se haya emocionado con la adaptación hollywoodense, que implanta una pregunta: ¿acaso un hombre relacionado de forma tan íntima con el poder nazi y que formó parte del contraespionaje alemán, tuvo la bendición de que los cielos se abrieran y convertirse en un santo?. Un trabajo que trae a colación, además, aquello que escribía el poeta salvadoreño Roque Dalton: No olvides nunca / que los menos fascistas / de entre los fascistas / también son fascistas.
#PERIODISMO La sociedad de la desinformación
Todos y todas tenemos derecho a la información. No importa el barrio donde vivas, la edad que tengas, la clase a la que pertenezcas. Lo dice la Ley 27275. Sin embargo, es inevitable abrir un interrogante: ¿accedemos realmente a la información veraz o sólo a un recorte de la realidad?. Es importante encontrar la respuesta porque si la misma no es libre es una farsa y -como ya nos explicó Rodolfo Walsh- el terror, se basa en la incomunicación.
La forma de comunicación más antigua es el rumor. Ésta parte de un emisor y se va trasladando de persona a persona y aún hoy, en el siglo XXI, sigue teniendo vigencia y gran presencia. Los rumores son tan viejos como la humanidad y su propagación como si fueran noticias verdaderas son tan antiguas como la civilización. Hoy, ¿quién podría pensarse como el principal emisor que los instala? los medios de comunicación hegemónicos.
¿Cómo se puede explicar el procedimiento? El receptor se informa a través de la televisión, la gráfica, o los medios digitales -de los grupos interesados en generar información a favor de ellos o para detractar a los contrarios- y luego sin siquiera haber destinado un momento para chequear la veracidad lo repite en los lugares que frecuenta, y de boca en boca, llega a otro receptor que vuelve a iniciar el proceso.
Dicen que el rumor no convence ni persuade, no cambia la realidad de nada, sino que seduce porque se vuelve convincente -no por la veracidad del mismo- sino por la cantidad de personas a las que ha llegado. Y si encima éste es iniciado por una personalidad pública de relevancia tiene un extra de “prestigio periodistico”, que para algunos, lo hace incuestionable.
Así, estos emisores, que nada hacen inocentemente sino con un propósito de fondo, conquistan la victoria de generar una sociedad desinformada utilizando como estandarte la teoría de la aguja hipodérmica contribuyendo a que lo que siga circulando sea la desinformación y el derecho amparado por la Ley 27275 se vea vulnerado.
Imaginá que sos una mujer de 21 años. Estás con tu grupo de amigxs en Córdoba y Florida, a la madrugada, por entrar a un boliche cuando uno de ellos está borracho y se descompone. Pasan los minutos y no se levanta. Le hablás y escupe monosílabos. Vomit...
Para Página12, dedicado a mis amigas y a todas las pibas.
#LITERATURA Apuñalado antes de nacer
Con apenas 7 años me preguntó si quería que me apuñale le di un paquete de galletitas y no alcanzó tal vez le hacia falta un poco de amor le robaron la niñez en cucharita conoció otras armas y no la mejor: la educación lo olvidaron la rabia lo invadió el paco se le presento como una contención le robaron la apuñalada no fui yo.
#LITERATURA A todas las pibas
Hasta a la ciencia desafiaba. Ni causa ni cura. Nadie podía descifrar la enfermedad que portaba aquella mujer. Moría todos los días. Un lunes a la mañana, un miércoles por la tarde, un viernes por la madrugada. Cuando nació, murió a los pocos días. Cuando la vistieron de color rosa y al año le regalaron las muñecas, la cocinita, el set de limpieza y el disfraz de princesa. Cuando quiso jugar a la pelota con sus amigos y se lo negaron. Cuando con una amiga por un chico -porque le dijeron que le tenian que gustar los chicos- y pensó que era su enemiga. Cuando fue a comprar ropa, y terminó llorando. Murió en la adolescencia, cuando conoció a su primer novio y quiso ponerse una pollera para salir y él dijo no y ella hizo caso. Cuando él le controlaba el celular y las redes sociales. Cuando discutieron y él la empujó y le pegó y la amenazó con que si lo dejaba, se suicidaba. Cuando tuvo que coger y no tenía ganas. Murió cuando no gozó del derecho a la noche y a la diversión porque empezó a tener miedo. Cuando le gritaron guasadas en la calle. Cuando la apoyaron en el subte y un viejo baboso la miro en el colectivo. Murió, también, cuando su amiga murió por practicarse un aborto clandestino. Cuando prendió la tele y se enteró que habían matado a otra, y los cara de piedra ahí sentados decían que provocó, que se lo buscó, y ahí, murieron otra vez las dos. Cuando los medios crearon a las malas víctimas. Y cuando hablaban de crimen pasional. Cuando liberaron a otro femicida. Cuando bajaron el presupuesto en violencia de género. Cuando ante la denuncia se te cagan de risa. Cuando la policía está metida en las redes de trata. Y este cuento podría ser infinito. Pero la torta se dió vuelta, y un día encontró las herramientas, o ellas la encontraron a ella. Y ahí, agarrate. Salió a la calle y eran muchas de la mano, y moría la muerte cada vez que se daba cuenta que no estaban solas y estaban juntas. Y la mujer había resucitado, mientras un día de sol, todas festejaban el velorio del patriarcado.
#LITERATURA Héctor Nieves y lxs 7 niñxs
En realidad a mi nunca me gustó ir a catequesis pero cuando tenía 8 años le pedí a mi mamá que me llevara porque todos mis amigos del Cardenal Newman iban. Me emocionaba la idea de que la comunión era como un segundo cumpleaños: vestido, piñata, regalos, torta, amigos, plata. En el grupo eramos 7. Todos los lunes cuando salíamos del colegio pasabamos por el kiosco de Norma para comprar algo para merendar y llegabamos a la Parroquia. Yo elegía un acindor y unas masitas de frutos rojos. A veces el Padre Héctor Nieves nos esperaba en la puerta para recibirnos con un beso baboso a cada uno. Otras, ya estaba adentro, preparándonos la mesa con mantel, vasitos, y si prometiamos que nos íbamos a portar bien, algunos chupetines y caramelos.
El primer día fue casi la antítesis de los siguientes. Esa tarde pensé que el Padre Héctor era un hombre muy parecido a mi abuelo Juan. Simpático, hacía chistes, nos abrazaba y daba amor constantemente. Fue la única vez que todos entramos con nuestros padres o madres y mientras nosotros jugabamos; empezó el palabrerío: “¡Bienvenidos a la Catequesis! Comenzamos una etapa muy importante en la vida de los niños y en las vivencias familiares que marcarán su vida: La Primera Comunión. Nos vamos a preparar para recibir y celebrar los Sacramentos de la Eucaristía y La Penitencia que serán las piernas que nos ayudarán a caminar en la fe, unidos a otros hermanos, para participar en la construcción del Reino de Dios en unión con Cristo”.
Con el tiempo, el lunes se volvió mi día favorito de la semana escolar. Pero con el correr de los meses, por otro motivo, también el de Héctor porque a la tarde se jugaba “zim-bum-pan-pan”. Él ponía las reglas: nos llamaba de a uno, nos hacía confesar, nos sentabamos sobre sus rodillas y terminaba tocándonos y entrelazando sus piernas con las nuestras. Todo quedaba “entre Jesús y nosotros”. Y ahí decía: “Para que seas purificada por Jesús, tengo que hacerte ‘zim-bum’”. Me levantaba la pollera y me tocaba las piernitas. Sonreía, lo disfrutaba. Temblaba. Me felicitaba por cómo me había portado y me regalaba un chupetín. Besaba su rosario, se rascaba la barba, se ponía los lentes, y me mandaba a rezar el padre nuestro. Ahora también rezo todas las noches. Pero lo que pido es que algún día en esta tierra, Dios lo tenga al padre Héctor en un tarro de mierda.
#LITERATURA 30.000 y en democracia
Y yo que me creí que los dinosaurios se habían extinguido
que ya había pasado eso del no está muerto ni vivo, está desaparecido
y un día se llevaron a Miguel Bru, a Jorge Julio Lopez, a Luciano Arruga, ahora a Nadia Rojas
y hace días que el Estado
no nos dice dónde carajo está Santiago Maldonado
y nos juntamos a buscarlos entre la multitud
atrás de las banderas
en casa rosada
en los asientos del Congreso
en los bolsillos de los poderosos
en el silencio complice de los gobernantes
en los fundamentalistas del algo habrán hecho
abajo de la gorra de un gendarme
o adentro de las balas represivas que disparan
en el tole tole que montan
en las barrabasadas que inventan en la pantalla
en una canción
en las paredes
en las celdas
en el sol
y pasan los días
entonces me pregunto
otra vez
¿de qué hablamos cuando hablamos de democracia
si el Estado emplea como política pública la desaparición forzada?
#LITERATURA A Kevin Molina y a Zavaleta
Me desperté por los ruidos. Mamá un día me lo quiso explicar con el calendario que nos dio Pipi la del almacén de la vuelta pero nunca lo entendí. No sé qué día es Navidad. Los miércoles si me los aprendí porque ese es el día que cuando salimos de la escuela vamos a jugar a la plaza con Kevin y Daniela. Mi juego favorito de la plaza es el tobogán y el de Kevin el subibaja. Ahí, cuando jugamos a las escondidas, él siempre elige los mejores lugares pero cuando más nos divertimos es cuando empieza el fulbito a veces nos peleamos porque los dos queremos ser Messi pero Kevin me deja porque a él también le gusta mucho Román. En el barrio somos muchos bosteros y las gallinas corren, eso dice siempre mi papá. Daniela es la mejor arquera de la plaza, casi nunca le podemos meter gol. ¿Ma, cuando son las cinco para ir a jugar?. La hora tampoco la aprendí todavía pero el tío Nacho dijo que para mi cumpleaños me va a regalar un reloj de paw patrol, el de los dibujitos de la televisión. ¿Es navidad hoy, ma? ¡el de al lado se está tirando todos los fuegos artificiales! “Quedate en el baño, Joaco. Llevate el libro del león”. Me encanta esa historia porque me la regaló Rocío, la seño de apoyo. Pero hay muchos ruidos como para leer y no quiero estar encerrado. Si asi es la navidad no me gusta más.
Joaquín no sabía bien qué pasaba pero al mismo tiempo lo sabía todo. Había escuchado tiroteos. A veces, se aprende a diferenciar el sonido de un disparo y un cohete antes de aprender el abecedario. Lo veía, además, en las pintadas y los murales del barrio. Lo escuchaba en las asambleas, a los pibes los mataban todo el tiempo. Desde que la plaza se convirtió en su lugar favorito, la mamá siempre le aconsejaba que se cuide de los de afuera, los marrones y los azules. Le decía, con otras palabras, que si veía que la gorra se alejaba era porque estaban liberando la zona. Joaquín nunca tenía miedo, era pillo, y sabía más o menos como venía la mano. Ese miércoles por la mañana si lo tuvo y se largó a llorar en el momento en el que se dio cuenta: en Zavaleta nadie festejaba. Lo que él escuchó como fuegos artificiales, eran 105 balas perdidas en el aire.
9 llamados al 911 y otra vez la ausencia del Estado y el entramado de las fuerzas de inseguridad liberando la zona. Horas más tarde, la plaza estaba llena. No era por el fulbito. Daniela no estaba atajando. El tobogán estaba vacío. Todo el barrio estaba en ronda. Lloraban, sangraban. Había flores pero todavía no era primavera. El tío Nacho pasaba la boina. Joaquín se acercó, miró y quiso imaginar: estaba jugando. Se acordó que la abuela Norma siempre le decía a Kevin que era muy travieso. Pero nunca pensó que una tarde en Zavaleta, mientras todo el barrio gritaba por una vida arrancada, a su amiguito lo iban a obligar a esconderse en un cajón tan chiquito.