Sostenía de aquella pequeña como si se tratase de su vida, firme y fuerte sin alguna señal clara de que fuese a soltarla porque, literalmente, ella era su vida. La única que podía hacerlo sentir de esa forma na mezcla entre locura, ternura y amor al mismo tiempo era ella y no quería desprenderse de ese sentimiento jamás. Acariciaba su largo cabello, desde la raíz hasta la punta y así sucesivamente en un vago intento de hacer que las lágrimas de la morena dejaran de inundar su rostro, más a juzgar por la cantidad de lágrimas que salían por sus ojos, ella necesitaba eso, limpiar todo el dolor acumulado en su interior mediante sus ojos. Le dolía verla de esa forma pero era lo mejor para ambos, no era la mejor escena de ver, ambos llorando mientras se aferraban la otro, pero era lo mejor para, lo que quedaba, de su relación. En cuanto las palabras temblorosas de la chica recorrieron su oído, su ceño se frunció negando repetidas veces con su cabeza, acunó la carita de la chica entre sus dos grandes manos, retirando a la vez las de ella de su rostro, asegurándose de que o mirara atentamente. --Maddie no digas eso-- su esfuerzo de que su voz no saliera temblorosa había fallado épicamente pero tenía que demostrar su punto, no soportaba que la italiana se echara toda la culpa cuando todo era la de él. Respiró profundamente asegurándose que cada palabra que fuera a decir no arruinara su relación, o lo que quedaba de ella. --Nada de esto es tu culpa, es sólo mía, amor. No es tu culpa que yo haya sido un puto huracán que tomó terribles decisiones tratando de buscar algo de lo que tu me hacías sentir, acostumbrarme a dormir a tu lado durante años y que de la nada tu te hayas ido fue casi insoportable para mi. Pero tu estabas siendo feliz estudiando ¿cómo decirte que no fueras? Maddie mi felicidad depende de la tuya y siempre será así-- concluyó acariciando lo pómulos contrarios con sus pulgares, era un hombre desesperado por tener su mundo junto de nuevo. --Maddie, ya perdí todo una vez cuando papá murió, estoy a punto de perderlo todo de nuevo sin tenerte a mi lado, no me hagas tener que despedirme de ti-- susurró, ahí estaba de nuevo, rogando ante la única mujer que podía mover su mundo, darle un giro de 360 grados y él aún estaría bien con eso.