Dice Monique Witting que las lesbianas no son mujeres. Me sorprendió. Argumenta que la heterosexualidad no es una preferencia sexual, sino una forma de organización política opresora que se basa en la agrupación de clases en torno al sexo.
Las lesbianas, no solo escapan al deseo heteresexual y en consecuencia a su organización polìtica, ademas no se defienden a si mismas en relación al hombre y por eso no pueden ser mujeres.
Para que el patriarcado desaparezca, la noción de hombre y con ella la de mujer deben desaparecer también; por eso —dice— el lesbianismo es la forma más libre de vivir respecto al patriarcado. Pero vamos que es una exageración.
Witting como lesbiana esta habituada a pensar en las mujeres, ama la feminidad aunque no sepa exactamente que sea, especialmente cuando haya que definirla respecto al hombre. Ella y otras como Judith Butler y Judith Halberstam (por qué todas las lesbofeministas se jaman Judith, ¿tendrá que ver con la heroína bíblica que derrocó la opresión asiria asesinando a un heterósexual?) afirman que las mujeres se han definido históricamente en oposición al hombre. Tienen razón en eso. Son el significante sin significado. El género vacío.
Pero se equivocan al suponer que el hombre, la masculinidad, la hombría y la virilidad tienen un significado. Hombre! Soy maricón, vivo del consumo de la masculinidad; es para mi un fetiche inalcanzable, deseo poseerla y que me posea, y no importa cuanto folle, ni cuentos penes me atraviésen, nunca estaré saciado de masculinidad. No la encuentro dentro de mi, y buscarla por fuera parece nunca ser suficiente.
Ellas críticamente se atrevieron a reconocer que la feminidad es una ilusión y que la aniquilación del patriarcado implica la aniquilación de lo que las define como colectivo. Yo también quiero reconocer que la masculinidad es un absurdo y sin embargo le defiendo. No tiene que ver con el poder, ni con la agresividad, ni con el liderazgo, ni con la proveduría.
La masculinidad homosexual no tiene que ver con la procreación, ni con la perpetuación de las estructuras de poder monógamo-familiares, ni con la dominación de un genero sobre otro. Rechazo la perpetuación de la masculinidad hegemónica, pero soy hombre cis y me gustan los hombres, y eso no me hace un hombre un precario, aunque tampoco me sienta del todo cómodo cuando me llaman "hombre" por todo despreciable que supone el termino.
Por otro lado, el masculinismo antifeminista (la manosfera) es sumamente despreciable. Más reaccionario que crítico no termina de comprender las exigencias del feminismo contemporáneo, no puede ni sabe defenderse porque asume que la masculinidad efectivamente radica en la dominiación, lo que es falso.
Quizá seamos los homosexuales quienes debamos emprender la lucha por la defensa de la masculinidad, al final de cuentas somos quienes mejor rendimos le culto, aún cuando no sepamos exactamente que es.