La locura de lo incierto
Ya casi es Septiembre y no estaba contenta. El por qué tiene un nombre tan difícil de olvidar. Sin embargo, otras veces se ha encontrado con diferentes sentimientos contrariados y aún así éste mes la llena de emoción. Ahora no será el caso, lo cual la tiene en profunda tristeza y es que es su temporada favorita. A partir de Septiembre todo es color, comida, festejos y buenos momentos. Nada más empieza la temporada de la granada y se le hace agua la boca un chile en nogada o tres, antojo al que no se puede dejar de sucumbir aunque no se sienta la más dichosa, son placeres que pueden más que uno. En verdad que platillo tan delicioso se inventaron esas monjitas poblanas, su absoluta devoción a semejante creatividad culinaria. Ya casi comienza el mes patrio y después el delicioso Octubre con sus lunas redondas, grandes y sabrosas como pocas y con frecuencia le resulta más bello porque nada mejor que el pretexto para celebrar la vida, que aún sigue dando vueltas en este mundo loco que casi siempre la maravilla y la espanta con la misma intensidad.. qué pasa entonces? Es que éste año por fin le pegó la crisis de la existencia, está indecisa en si cumplir años es motivo de celebración, el inicio de una nueva década en la vida debiera ser un parteaguas, algo emocionante que llene las expectativas del asombro, pero aquí está con más penas que glorias a punto de cruzar la línea de los 30’s y no tiene nada significativo que presumir aparte de dadas las circunstancias personales actuales,su heroica capacidad de seguir convirtiendo dióxido de carbono en oxígeno. Hoy, para alegrar su congoja, una buena y alegre amiga le decía que cada uno tenemos un “huso horario” distinto, que cada persona tiene un reloj interno que va cumpliendo con su proyecto de vida no como lo estipula la sociedad si no en su perfecto momento, ni un minuto antes, ni un segundo después; que bonito sintió en verdad, primero por su afán cariñoso de alegrarla y luego por la idealización de alguna maravilla de esa índole. Ojalá fuera real y pudiera ver su reloj, conocer el estilo y color, seguramente sería un precioso reloj antiguo y eso explicaría porque tiene esa inexplicable tendencia a añorar épocas pasadas como si las hubiera vivido y a las cosas cursis como el amor, los atardeceres, las luciérnagas, los pingüinos, las noches estrelladas, los besos largos y la Luna, por nombrar unas cuantas. Le gustaría conocer en que tiempo se encuentra ese reloj, para no pensar como el conejo blanco que va tarde a todas partes, quisiera pensar que está en el tiempo de “La Oportunidad” de ser y hacer, que es al mismo tiempo exquisita e intimidante. Vive en una época donde una puede aspirar a ser presidenta, astronauta, científica, bailarina de pole dance o amante en su casa (porque ama de casa, jamás...no es lo suyo)…cuantas posibilidades. ¡Qué felicidad! Y al mismo tiempo cuanta complicación, con tantas opciones una se confunde y termina queriendo salir a jugar con los gatos y sonreírle a los extraños. Mejor sería que una luz se encendiera cada vez que alguien sonríe por su culpa, al menos así podría decir que esporádicamente se gasta menos electricidad gracias a ella, y es que aunque su pasión laboral está centrada en la salud y la alimentación, su devoción está en el corazón, irónicamente en el suyo no, porque por el momento se encuentra en zona de derrumbe, lo demolieron sin previo aviso y se está evaluando la posibilidad de repararlo o de plano ir en busca de uno nuevo, menos frágil y más centrado. Que complejas son las emociones, afortunadamente no se ha hecho psicóloga, bastante tiene ya la pobre con sus múltiples personalidades y fantasmas como para todavía lidiar con los ajenos. Lo que sí desearía es un poder mágico para poder volver a ser funcional cuando lo único que quisiera es esconderse indefinidamente y soltarse a llorar.














