Se dio media vuelta ante la voz femenina que le había hablado en un perfecto español, con un acento parecido al suyo. No quiso asumir nada, así que se limitó a sonreír y asentir —Me di cuenta después del quinto grito. Me encantaría saber que me dijo. Seguro fue cualquier cosa menos linda.
—Sí, deduzco que todas fueron puteadas —asintió con ella—. Argentina es un poroto al lado de los italianos —rió esta vez a causa de su propia broma—. Hablando de eso... Sos argentina, ¿no? Reconozco el acento donde sea.












