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La filosofía de la modernidad y su refracción en Rusia
Por Alexander Dugin
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
El presente texto es un ensayo escrito para uno de los cursos de Daria Platonova Dugina en la Facultad de Filosofía de la Universidad Estatal de Moscú.
La filosofía occidental llegó a Rusia de formas bastante extrañas. No hubo lógica ni secuencia coherente. Tomamos algunas cosas de Occidente, a menudo por casualidad, porque era popular allí, mientras descuidábamos otras cosas más importantes. De ahí la peculiaridad del diálogo filosófico ruso-occidental. A veces, estos fragmentos se han reconciliado entre sí de formas absolutamente exóticas. La lógica se tomó y se convirtió en moralidad y la árida filosofía racional inspiró a escritores y poetas a llegar a conclusiones e imágenes completamente inesperadas.
A pesar de que los pensadores y escritores rusos han interpretado en ocasiones la filosofía occidental de forma completamente arbitraria, incluso distorsionada, han captado algunos de sus aspectos de forma tan penetrante que incluso a Occidente le ha parecido que los rusos habían descubierto algo nuevo e inesperado que se les había escapado.
En general, la correlación entre el pensamiento de Europa occidental y su lectura en Rusia en los siglos XVIII y XIX es un tema aparte. Partiendo de la naturaleza caótica de esta recepción, podemos trazar cualquier número de paralelismos y comparar tanto las fuentes de influencia obvias como las menos evidentes.
Sin embargo, los autores rusos más profundos y originales comprendieron lo que es más importante en la cultura occidental de la modernidad. Vladimir Soloviov se refirió a esto como la atomización de la cultura, la desintegración individualista en fragmentos, y vio en ello el destino de la modernidad europea. Al comienzo de su artículo programático «Tres fuerzas», Soloviov habló de una cultura de unidad forzada que identificó con Oriente y de una segunda fuerza opuesta, la del Occidente moderno. Soloviov escribió sobre la fuerza cultural occidental: “Se esfuerza por romper el bastión de la unidad muerta, por dar libertad en todas partes a las formas individuales de vida, libertad al individuo y a su actividad; bajo su influencia, los elementos individuales de la humanidad se convierten en los puntos de partida de la vida, actúan exclusivamente desde y para sí mismos, y lo común pierde el significado de ser real y esencial, y se convierte en algo abstracto, vacío, en una ley formal, y finalmente se ve completamente privado de cualquier significado. El egoísmo universal y la anarquía, una multitud de unidades individuales que carecen de conexión interna: esta es la expresión extrema de esta fuerza. Si llegara a alcanzar un dominio exclusivo, la humanidad se desintegraría en componentes, la conexión de la vida se rompería y la historia terminaría en una guerra de todos contra todos con la autodestrucción de la humanidad” (1).
De hecho, la civilización europea de la modernidad condujo a este «egoísmo universal y anarquía» y a una «multitud de individuos carentes de cualquier conexión interna». A pesar de que todo comenzó con un racionalismo completamente unificador y universalista —Descartes y, más aún, Leibniz y sus seguidores—, Occidente avanzó hacia nada menos que la desintegración gradual y la descomposición de la sociedad en átomos. Los rusos vieron este proceso en toda su magnitud y se plantearon la pregunta: ¿Quién impedirá que esto siga desarrollándose hasta desmembrar al ser humano como tal? Al fin y al cabo, la fuerza desatada de la civilización supera las capacidades del individuo. Esto significa que, partiendo de la mónada universal y su teleología, llegamos no solo al individuo, sino a fases aún más avanzadas en la fragmentación del ser humano en partes individuales.
Estas consideraciones me han llevado a plantear una comparación entre dos figuras completamente heterogéneas: el pulcro y pedante filósofo alemán Christian Wolff, seguidor de Leibniz, y el genio escritor ruso Nikolái Gógol.
Notas:
1. V. Soloviev, «Tri sily» (1877) [Los tres poderes].
Mohammed Amin al-Husseini (Arabic: محمد أمين الحسيني; c. 1897[a] – 4 July 1974) was a Palestinian Arab nationalist and Muslim leader in Mandatory Palestine.[5] He was the scion of the al-Husayni family of Jerusalemite Arab nobles,[6] who trace their origins to the Islamic prophet Muhammad.
Heinrich Luitpold Himmler (German: [ˈhaɪnʁɪç ˈluːɪtpɔlt ˈhɪmlɐ] ⓘ; 7 October 1900 – 23 May 1945) was a German Nazi politician and military leader. He was the 4th Reichsführer of the Schutzstaffel (Protection Squadron; SS) from 1929 to 1945. He was a leading member of the Nazi Party, and one of the most powerful figures in Nazi Germany.
The Arktogeia manifesto lists 31 “formulas for opposing the modern world” as well as 47 “archetypal personalities which are central to our cause.” Taken together, these “ideological lists”, published as part of Dugin’s first manifesto, are so explicitly telling as to the ideological climate and inspirations of the emerging Dugin and the Yuzhinsky Circle so as to merit reproduction in full:
Suspiria by Hiro Isono
Hirō Isono was the kind of artist who could make you believe in magic - the real kind, the kind you find when you let your imagination wander deep into uncharted places.
THE TRIUMPH OF DEATH
Pieter Bruegel
1562
This painting reflects the social upheavel that followed the Black Death, which devastated Medieval Europe.
#thetriumphofdeath#pieterbruegel
IX — The Hermit (L’Hermite)
Sarah Pidgeon as Carolyn Bessette-Kennedy LOVE STORY Season 1, Episode 3: America's Widow
"Everything passes, but everything remains. This is a cherished thought for me, that nothing goes away for ever, nothing is lost, but somehow, somewhere, stays. Its worth remains, although we cease to perceive it. And our labors, even if everyone forgot about them, remain and somehow give their fruits. And for this reason, although I regret the past, there is a living sense of its eternity. I did not part with them eternally, but only in time. And it seems to me that all people, whatever they might think, feel the same in the depth of their souls. Without this, life would become senseless and empty."
Pavel Florensky, Letters from the Gulag
Fr. Pavel Florensky and family