Planeamiento y espontaneidad en nuestras narrativas
Nada es mas emocionante que ver tus historias tomar forma.
Muchas veces las cosas que planeo salen mucho mejor que lo imaginado, otras simplemente no son iguales a lo que pensaba, pero no por eso peores o mejores, son diferentes, y eso me resulta muy interesante. Ni siquiera las mismas historias que uno planea contar detalladamente salen exactamente como esperamos. En mi caso, no importa cuanto la describa, cuantos apuntes tomo en mi cuadernito cuando se me ocurre una buena idea, ni cuanto lo piense antes de ir a dormir. Pero mientras la desviación de mi idea me convenza, creo que es algo perfecto. Da la sensación de que la historia tiene vida propia, y abre su propio camino.
Conozco mucha gente que le dedica horas, días y semanas al planeamiento de sus historias. Algunos inclusive mas, llegando a pasar meses. Yo en general siempre fui mas espontaneo. Creo que eso me permitió hacer mis mejores cómics, porque tenían giros inesperados y momentos super tensos que se me ocurrían en cualquier rato. Lo bueno de esto era el toque inesperado, a veces funcionaba. Otras veces sencillamente quedaba muy incoherente con ciertas historias.
Una vez que me salio bien esto de la espontaneidad fue en una historieta de “El Objetivo”, donde se me ocurrió agregar una escena de análisis teológico que me parecia interesante. En resumen, dos amigos se encuentran después de mucho tiempo, en un mundo dirigido por la dictadura, donde también habitan cangrejos come hombres y muertos vivientes. Después de cenar algunos platos típicos de la zona, se van afuera y discuten sobre la existencia de Dios, si juega algún rol en el fin del mundo, y la posición del Estado en referencia a ese asunto.
Para mi fue una porción de la historia que lleno de seriedad el resto de la narrativa. Dos hombres de ciencia con visiones diferentes respecto a la fe. Me hizo sentir que era capaz de contar una historia con argumentos fuertes, del mundo real. Me hizo poner a prueba mi cosmovisión, y hacer una especie de análisis sobre mis propias creencias. ¿Que me plantearía yo en una situación así? Es el fin del mundo ¿Dios nos sigue ayudando? ¿Porque si? ¿Porque no? Fue realmente interesante y encajo increíblemente en la historia.
Por el contrario, una vez que siento que me salio el tiro por la culata con la espontaneidad fue con una historieta de Metal Boy. Para contextualizar un poco, Metal Boy fue el primer personaje que cree, y fue también mi conejillo de indias toda mi infancia, le hice varias historias originales pero también lo use para representar cosas de series y películas que me habían gustado. En fin, se podría decir que tuvo su propia pubertad mi querido “Metal”. Fue un tiempo extraño. Venia siendo el típico héroe graciosillo que golpea al malo y se queda con la chica, pero en esa época me empezaban a aburrir las mismas aventuras todo el tiempo. Pero estaba muy encariñado con Metal Boy como para dejar de dibujarlo y empezar alguna otra historieta mas seria, así que hice lo mismo que hicieron con Batman en sus películas: lo pase de ser una historia colorida sobre un tipo gracioso y fuerte a ser un héroe mas oscuro, con tramas mas maduras y problemas del mundo real, donde ya no era mas todopoderoso.
Bueno, dicho esto, la cuestión es que una vez me estaba esmerando en hacer una historieta donde pusiera a Metal Boy en una situación jodida con su novia, que en ese momento era Luna, la ex de su nemesis (todo muy turbio). No se me ocurrió mejor idea, en mi super espontanea creatividad, que usar el cliché mas viejo del mundo y de la forma mas incoherente. Agarre a Kira, que era su novia en mis cómics mas viejos, y hacer que aparecía embarazada de el. Metal Boy se iba llorando después de descubrir eso, caía en un basurero y Sol (justamente su nemesis) aprovechaba para atacarlo en su momento de debilidad. Luna se enteraba del embarazo y lo dejaba. Mas que una historieta de héroes maduros, parecía una novela brasilera. ¿Metal Boy embarazando a su novia, sin enterarse? ¿Kira embarazada y sin decir nada? ¿Luna pasando de ser mala, a buena, a indiferente? Estaba tergiversando totalmente a mis propios personajes. No era el superheroe que yo había creado.
En fin... Como contadores de historias, tenemos siempre que tratar de utilizar lo mejor de ambos estilos de trabajo. La espontaneidad muchas veces nos da algo que nuestro instinto nos dice que puede encajar. Algo digno de contar. Pero el planeamiento previo, aunque sea mínimo, ayuda a que no perdamos de foco el trasfondo y el mensaje que queremos dar. Ambas cosas son muy importantes para hacer un trabajo que sea realmente nuestro.
Nuestras historias tienen vida, por eso hay que hacer que tengan la mejor posible. Que sea sana en si misma. Que se pueda disfrutar con el propósito que las hacemos. Y que podamos diferenciar cuando hay que seguir los planes, y cuando podemos improvisar un poco y darle ese gustito especial.












