Extendió su brazo para pedir por la botellita de desinfectante que la muchacha acababa de sacar, aún cuando parecía que no tenía verdaderos deseos de entregársela tan fácilmente.— Eso es porque no lo has educado como se debe… estoy seguro de que es del tipo de perritos que rompe tus papeles y sacude tus almohadas —observó al animal como si de ese modo pudiese ver en él lo que se encargaba de afirmar. Recibió el desinfectante que la holandesa le ofrecía, y sin pensarlo dos veces colocó un poco en su mano para masajear la zona en la que el cachorro lo había lamido.— Puede ser, puede ser… Todo dependerá de las enfermedades que me den por su causa —pronunció, y aún así, ni una parte de su actuada reacción podía o debía ser considerado algo serio. Le devolvió su botella.— En lo absoluto, sólo soy increíblemente pulcro —y una vez más, se encontraba mintiendo. Se cruzó de brazos, y observó a la joven con interés.— ¿Qué clase de V.I.P. eres en este campamento? Es decir, tienes a un cachorro y se supone que no podemos tener mascotas —
---¿Qué no lo he educado como se debe? Está muy bien educado, ---se defendió, aún sin dar ningún argumento válido para que se le creyese. ---Si no lo estuviera, de seguro te mordería o qué se yo, cosas de perros mal educados ---. Marcó aquella palabra final, como dividiéndola por sílabas. ---Él no me ha roto nada ¿cierto, bebé? ---Y aquella cuestión claramente iba en dirección al can. Negó varias veces, no pretendía tomarse las palabras ajenas en serio, pero sentía la necesidad de defender a su cría. ---Le tengo todas las vacunas al día ¿ok? ---Y una sonrisa apenas visible ocupó el lugar de sus antiguas muecas de frustración y demás. ---¿No se supone? Mi abuelo me dejó ---. Aquel tono que la muchacha empleaba, era típico de una chica a la que le cumplían todos los caprichos.








