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—Van Gogh, —respondió sin darle muchas vueltas al asunto, pues el enfoque de su atención se encontraba en aquella zapatilla embarrada, arruinada, según los pensamientos fatalistas que siempre inundaban la mente holandesa en momentos de desgracia (aunque fuese una desgracia mínima). —Uh, ¿sabes cómo sacar lodo de la tela de las zapatillas? —esta vez se volteó para enfrentar el rostro contrario. —Eso me sería de gran ayuda, —y una amplia sonrisa le truncó el rostro, bastante neutral.
—Van Gogh —Repitió, pero esta vez en dirección al pequeño animal —Tienes un bonito nombre, —a medida que las palabras se soltaban de su lengua, adoptaban un tono más aterciopelado que el normal, encantada por las reacción del can. —¿Cómo prefieres que te llamen? —Fue interrumpida por la muchacha, buscando una posible solución al reciente problema. —Con un paño y agua, eso creo. La cafetería queda muy cerca, ahí te podrían dar un par de servilletas. ¿Quieres que te acompañe? O no sé si prefieras ir a tu cabaña a cambiarte, aunque la mancha no se ve mal en absoluto, incluso podría ser el inicio de un tema de conversación: Contar tu gran aventura por las instalaciones.
Viniendo del salón de música, con la guitarra en mano y tratándola como si fuera de cristal, la joven estaba sobre uno de los troncos viejos, intentando acordes que solo conseguían frustrarla. —Oye, ¿sabes afinar? —interpeló, esperando no haber espantado a la joven silueta e hizo un ademán con la barbilla hacía el objeto de madera.
—Podría intentarlo, pero no estoy segura de hacerlo bien —Respondió a la incógnita con una suave mueca en los labios, casi con pena. Le gustaba tanto la música como a cualquier ser humano, sin embargo poseía más afinidad para otras ramas del arte tal como la escritura y la pintura, así que sus habilidades eran más bien rusticas. —Si estuviéramos en una banda probablemente sería la chica del pandero, no confiemos tanto en mí… ¿Qué te parece si preguntamos a otro campista? Con el aparato todo es mucho más fácil.
– Es un libro infantil –Informó con una sonrisa. Era unos de los pocos libros que se encontraban en aquella biblioteca, y además de ser el único que le llamó la atención a la rubia, más por las ilustraciones que otra cosa.– En realidad no explica el por qué de su salto… pero creo que fue por que quería jugar con la pata, supongo –Explicó, intentando pensar con un poco de inocencia, más de la común, puesto que era un libro infantil.
—Oh... —Alzó el mentón tratando de ver desde su lugar alguna ilustración que explicara el contenido, pero como era de esperarse falló. —¿Te gusta ese tipo de lectura o fue lo primero que encontraste? —Cuestionó, embozando una sonrisa. —Es un cuento un tanto extraño, creo, en realidad no me entiendo mucho con los niños, supongo que eso les gusta. ¿Por qué no se los lees? Así tendrías un público.
– Y luego el pato saltó… –Leyó en voz alta para después soltar una carcajada ahogada, así llevando su mano a su estómago. La muchacha ya llevaba más de media hora sentada en aquel viejo tronco leyendo un libro infantil, el cual a decir verdad, le causaba bastante gracia.
La mayor se encontraba en las cercanías del perímetro cuando la rubia llegó, sin embargo no mencionó nada pues pensó que la visita era alejarse del ruido del punto céntrico del campamento, ¿y quién se puede concentrar con el parloteo? Pero cuando la otra figurilla comenzó a reír, el desconcierto y la curiosidad salieron a flote. — ¿Qué es lo que lees? —Preguntó, añadiendo también: — ¿Por qué el pato saltó?
El solo mirarse el calzado deportivo le apestaba el ánimo, rodó los ojos. Mientras veía su camino para no tropezarse con nada, mientras sostenía casi en el aire a su perrito francesito, que se había llevado con ella por negarse a dejarle en casa. En eso estaba cuando enterró todo un pie en el barro. –Ay, ¡qué asco! –exclamó, al tiempo que buscaba con la mirada a algún campista. –Eh, tú, –llamó, sin siquiera ver a quién se refería, atenta a su pie embarrado. –¿Te molestaría sujetarlo un momento? –estiró sus manos con el perro entre ellas, esperando la ayuda del contrario.
El andar de la sueca no era el más privilegiado, siempre tropezando incluso con sus propias piernas, por lo que normal resultaba estar envuelta en una situación similar a la que había acontecido con la rubia, pero a que diferencia de ella, al parecer no se lo tomaba de la mejor manera. Estaba decidida a caminar hasta la silueta holandesa y preguntar cómo se encontraba, sin embargo entre tanto lío mental la voz terminó llamándola primero, lo que sirvió como despertador para su propia cabeza —Claro… ¿Cómo se llama? —Una ancha sonrisa apareció cuando el perrito estuvo entre sus brazos, entretenida en acariciarlo. — ¿Quieres que te ayude en algo más?
— ¿Y cual de todos estos robots es más recomendable para sacar el aburrimiento corporal? — cuestionó en referencia a la colección de juegos mecánicos. Después de haber invertido las primeras horas de la feria, en una profunda etapa de sueño, dentro del vehículo de traslado. Mientras aquellas facciones soñolientas no se habían eliminado del todo.
—Depende de todo. ¿Qué es lo que te gusta? —Los iris color azul bajaron hasta encontrar el rostro de la dueña de mechones chocolate, ladeando su sonrisa al culminar la búsqueda. —Está la rueda de la fortuna, los carritos chocones, el kamikaze… —Enumeró las opciones con los dedos de una sola mano, cerrándola cuando tuvo una idea mejor. —¡El regulador de fuerza! Podrías ganarte el premio. ¿O prefieres algo más mecánico? —Indagó, acomodando tras su oreja hebras de cabello.
—¿No te parece curioso?— cuestionó una vez que, en el centro de la casa de los espejos, notó un segundo reflejo extranjero. —Creo que gracias a los espejos comenzó a interesarme la física y todos esos fenómenos,— comentó, entrecerrando sus ojos, volteándose y dirigiendo su vista hacia el lugar exacto donde se situaba la otra persona. —¿Cuál de todos te gusta más, hm?— se vio en la necesidad de preguntar, con una sutil sonrisa curvándose en sus labios.
—Entonces este es un bonito sitio para estar… —Dijo, regalándole una sonrisa. La física, así como cualquier rama de la materia (en este caso la óptica), apenas y despertaban algún tipo de interés, recordaba vagamente lo aprendido en el instinto y todavía no tenía buen razonamiento respecto al asunto. Sin embargo en esa ocasión no se trataba de ella, si no de los gustos del contrario. Escuchar a las personas apasionadas por un tema de su agrado era algo que realmente gozaba. Después de meditar la pregunta, dedicándose a observar el resto de los espejos del pasillo llegó hasta uno y lo señaló. —Aquí, me gusta —La imagen regalada hacía que las figuras se encogieran y la distorsión de los cuerpos antojaba todo más divertido, por lo que no dudó en emitir una pequeña risa . —Le quita la seriedad a absolutamente todo. ¿Tú cuál prefieres?
¿Quién más que ella podría aceptar una inocente competencia de Tiro al Blanco para demostrar su puntería como ex competidora de Badmington? Lo había dejado por obvias razones, esas razones eran que había golpeado a una contrincante durante una discusión en cancha, la habían suspendido por cinco fechas y no pensaba mirar a sus compañeras competir, sentada en el banco, por lo que prefirió abandonar el equipo de todas formas nunca había sido mucho de su agrado. Los primeros dos tiros de los seis habían sido fallidos por parte de la escocesa, que obviamente no entraba dentro de su límite de paciencia o tranquilidad con su propio ego. Así que antes de que tirara su contrincante de turno, le cubrió los ojos, trampa obvia que ocultaba en una simple broma y risas suaves, pero en realidad si deseaba hacer perder a su competencia, o al menos ganarle, que era prácticamente lo mismo — ¿Por qué no tiras ahora? Si eres para este juego, lo harías hasta con ojos vendados — Dijo con tono jocoso tapando su propio enojo consigo misma.
Tomó con inseguridad una de las pelotas, sosteniéndola entre sus manos para tratar de acostumbrarse a aquel mínimo peso, terminando por juguetear con ella para calentar. O un intento, porque la verdad era que no estaba relacionada con ese tipo de actividades. No era la primera vez que asistía a una feria, incluso le encantaban; las luces, las personas, los sonidos y los olores. Todo en conjunto le parecía maravilloso, digno de guardar en su memoria. Pero sí que era la primera vez que se atrevía a tentar a la suerte en un juego como esos, y dejaba aquello a la suerte porque con su nula coordinación si no lastimaba a alguien es que rebozaba de buena fortuna, porque pedir dar en el blanco ya era demasiado. Alzó una de sus manos junto con el objeto, tomó aire y cuando trataba de lanzarlo sintió las tibias manos femeninas cubrir su rostro, impidiendo ver con claridad. —¡Pero yo no soy buena en este juego! —Argumentó con una tenue sonrisa en los labios, despegándose del contacto. —¿Y eso no sería hacer trampa?
"Is that alright with you?"
It’s better to feel pain, than nothing at all The opposite of love is indifference So pay attention now, I’m standing on your porch screaming out And I won’t leave until you come downstairs
WA | Rea
Rea: ...
Rea: Bueno, pero sólo un par de líneas.
Elina: *heart eyes emoji*
Elina: Pero si sólo son dos líneas quiero también un dulce...