Crónica de un enamorado
A raíz de la pandemia que está ocurriendo en la actualidad (año 2020), ha habido bastantes cambios en la cotidianidad, la monotonía, el estilo de vida y hasta en la economía de muchas personas. Es por ello que me tomaré la molestia de narrar uno de esos tantos días que quedarán plasmados por el resto de mi vida, siendo de tal calibre, que se me llenan de lágrimas los ojos, no sólo por las muertes, sino por los efectos a largo plazo que ha generado el aislamiento obligatorio propuesto por el Estado para evitar la propagación del virus COVID-19.
Recuerdo muy bien esa tarde, no habían pasado más de tres semanas del confinamiento cuando decidí por primera vez, después de tanto tiempo encerrado, salir de mi hogar y por ende de la monotonía. Desde la noche anterior había tenido una fuerte pelea por mis padres, pues quería al día siguiente ir a ver a mi novia -la cual adoro demasiado y me hacía mucha falta el tan sólo estar con ella un rato, poder olerla, sentirla, abrazarla o el sólo darle un beso.
A las horas de la mañana ya estaba todo listo para ir a verla (ella vive en Soacha) y mi madre estaba súper enojada, pues temía por que me fueran a multar o porque en su defecto pudiese adquirir el virus y con ello contagiar a mi novia y a su bebé (Santiago). Recuerdo que tuvimos otra pelea por el mismo tema, de hecho, le insistí a mi madre que me diera una plata que le tenía a mi abuelo, pues el vive en el sur y hacia allá es a donde me dirigía; al final no me pasó la plata y me despedí de ella, un poco enojado también, pero siempre he sido alguien bastante orgulloso y por ende decidí no prestarle atención al tema.
Tomé mi bicicleta, mis guantes y la maleta con la ropa para esa semana que estaría allá. Al salir de mi conjunto, comencé a ver el desolador panorama; veía todos los locales que daban en la dirección para tomar la calle 13, cerrados; fue bastante triste el ver que donde antes había gente por montones gastando dinero, haciendo que la economía se moviese, ahora estuviese vacío. Esto me puso algo mal, y desde que vi esto, comencé a preguntarme el cómo afectaría esto a la economía, en el como estarán haciendo las personas que dependían de estos locales para poder vivir y en el como le harán ahora para conseguir los recursos necesarios para su subsistencia.
Comencé mi trayecto por la calle 13, para posteriormente tomar la Boyacá sentido norte-sur y posteriormente finalizar con la auto-sur para llegar a mi destino final, León XIII. Era bastante notoria la diferencia con el tráfico, de 10 autos que veía todos los días para ir a mi universidad, solamente habían unos 2 o 3, un panorama bastante agradable, pues como ciclista, es muy ameno no tener que tragar tanto humo de carro. Recuerdo que iba bastante asustado, pensando en que haría o en que diría si la policía decide pararme o multarme, no me había tomado la molestia de leer el decreto para poder defenderme y únicamente decía en mi cabeza “si me cogen digo que estoy llevando una donación de carácter urgente a una migrante (mi novia es venezolana) que vive en Soacha”. Veía constantemente motos de la policía y seguía mi camino como si nada, después de todo veía otros ciclistas por ahí yendo felices de la vida por la carretera, sería el colmo que me multaran.
Tras una hora de volear pedal como Nairo manda, llegué a León XIII. Debo decir que la “donación de carácter urgente” eran 200.000 pesos que tenía para comprar un portátil, para que mi novia pudiese trabajar desde allí; más que un regalo era una inversión. Al llegar a casa de mi novia, no puedo describir la emoción tan inmensa que me provocó el sólo verla, así desarreglada y despeinada, no me importa, se veía demasiado hermosa a mi parecer. Me lavé las manos y después de ello ese tan merecido y deseado beso. Veía chispas de la felicidad, de la alegría, como si fuera la primera vez que nos besábamos.
Posterior a ese bello momento, me dirigí a hacer el intercambio del dinero por el portátil en una estación de Transmilenio (no recuerdo cuál, pero era por el barrio Boita), igualmente iba asustado, creyendo que me iban o a robar o a multar. Realicé el intercambio y me devolví a donde mi bella novia volando.
Al llegar le mostré el computador, lo cacharreamos y posterior a eso comenzamos a hablar. Me sentía demasiado bien al estar con ella; en el transcurso de la tarde me hizo arepa venezolana con huevo y bienestarina, fue y es demasiado bello cuando me da comida al punto que ya no quiera más. Seguiría con esta crónica, pero posteriormente hicimos el amor y nos quedamos dormidos. Tampoco quiero convertir esta historia algo “romántica” en un relato erótico así que omitiré esos detalles.
Espero haya sido de su agrado y que haya cumplido con todas la expectativas y requisitos necesarios, pues este trabajo en especial lo hice con mucho amor y dedicación.














