Sufrir como cristiano no es motivo de vergüenza, aunque el mundo no lo entienda y aun lo desprecie. No glorificamos a Dios por el dolor en sí mismo, pero sí lo glorificamos en medio del sufrimiento, cuando decidimos permanecer firmes, confiar y reflejar a Cristo aun en la prueba.
Cada dificultad es una oportunidad para que Su gracia se haga visible en nosotros y a través de nosotros. Que, en lugar de escondernos, podamos levantar la mirada y recordar que incluso en el valle, seguimos perteneciendo a Él — y eso siempre será motivo de honra, no de vergüenza. ✨












