Capitulo Uno: La maldición
Las guerras tienden a ser un tema curioso de verdad. Cada persona lucha con gente con la que cree tiene mayor compatibilidad, enfrentándose a otras que consideran enemigos comunes por su diferencia de creencias o porque los demás les dicen que deben hacerlo. Hay algunos pocos que prefieren mantenerse al margen de los demás, sin ser capaces de elegir un bando, ya que los ideales de ninguno se asemejan a los propios.
Aquella guerra no era la excepción, mientras los villanos tenían un fuerte unido, ya que todos sentían la amenaza demasiado cerca como para quedarse al margen, los héroes eran otra historia. El consejo formado por Aurora, Blancanieves, Cenicienta, Ariel y Tiana estaban seguros de sus decisiones, pero les hacía falta ayuda que no habían podido conseguir fuera, además de la Reina Blanca de Wonderland, que les ayudaba en secreto, los demás se habían rehusado a participar.
Hubieran podido tener un ejército más fuerte con la ayuda de Bella y Elsa, lo mismo que si Mérida hubiera aceptado, pero estas princesas conocían demasiado bien lo de ser juzgados sin tener la historia completa que la sola idea de ser participe de la condena de inocentes no les parecía adecuado, si, habían tenido roces con todos estos villanos en algún punto de su vida, pero tomar venganza contra los descendientes sin culpa alguna no les parecía correcto ¿Qué culpa tenían aquellos niños de las acciones de sus padres? Ninguna, no, no pensaban apoyar a ningún bando, para ellos era mejor dirigir sus propios reinos que preocuparse por guerras ajenas.
La desesperación se apoderaba de cada rey y reina ¿Qué pasaría si aquella guerra quedaba en nada? Y fue en aquella desesperación que alguien les ofreció una alternativa, Flora, Fauna, Primavera y Ayla, el Hada Madrina de Cenicienta, se habían reunido a expensas del consejo con personas que sabían podían ayudarlos; se trataba de nada menos que de Evangeline, el Hada Azul, el hada más poderosa de todas y Merlín, aquel hechicero cuyo poder era legendario.
Aquellas 4 hadas expusieron cada una de las ventajas, de los desafíos y de lo que podría pasar si no los ayudaban. Evangeline y Merlín se encontraban escépticos, para ambos ser partícipe de una guerra similar no era lo más adecuado, teniendo que discutir entre ellos lo que harían a continuación, aquel debate duro días, viendo pros y contras y, al final, fueron los contra los que ganaron, no podían arriesgarse, los villanos involucrados eran demasiados, algunos con poderes que ni siquiera ellos mismos conocían, por lo que la alianza se formó. Las hadas madrinas no tardaron en darles la noticia a los demás, pero aun con esa ayuda nada parecía menguar la guerra, la habían detenido por un momento, sí, pero no sabían que tanto tiempo podría durar aquello, por lo que no tardaron mucho en buscar alguna manera de que las cosas terminaron de una vez por todas, Evangeline y Merlín buscaron en cada libro de magia antigua, en cada leyenda, pero nada era lo suficientemente fuerte para su propósito, no podían encontrarlo, buscando ayuda en cada ser mágico, las sirenas, las brujas y al final, las hadas fueron las elegidas.
Las hadas de varita menor, las de varita mayor y solo quedo una especie de hadas a las que preguntarle, las hadas de Nunca Jamás. Merlín dudaba que ellas supieran algo, su magia era muy diferente de las demás hadas, pero Evangeline insistió, después de todo, Nunca Jamás era único en su clase, tantos secretos guardados en esa isla ¿Qué tal si lo que necesitaban se encontraba ahí?
La reina Clarión los recibió con la amabilidad que la caracterizaba, escuchando con atención, negando con la cabeza cuando la explicación termino--Lamento decirlo, Evangeline, pero sabes que esa magia no es la que tenemos aquí-- Merlin estuvo a punto de hablar, pero un suave ulular lo interrumpió. Madre Paloma, una legendaria criatura mágica encargada de las hadas, se había hecho escuchar, queriendo negar las palabras de la reina Ree-- Clarión, sabes que hay alguien que puede ayudar-- en los ojos de Clarión se reflejó miedo y angustia, sin poder creer que Madre Paloma pudiera revelar aquella delicada magia, negando con la cabeza para pedirle que no hablara-- Cariño, se que es un riesgo, pero si no se hace podría haber peores consecuencias-- los ojos de Madre Paloma mostraban aquella dulce severidad que servía de regaño, aquella usada para que las hadas la obedecieran.
La reina no tuvo más remedio, suspirando y mirando a sus invitados aun con aquella angustia oprimiendo su corazón-- Hay alguien que tal vez pueda saber algo… Kyto, es un dragón encerrado en las montañas, es muy anciano y sabe mucho acerca de magia antigua, pero no es confiable, no pueden creer que los ayudara del todo-- sin importar aquella sugerencia, ambos aceptaron, pero Ree no permitió que fueran a interrogarlo, conocía algunos de los trucos de Kyto, y aunque aquellos dos seres tenían mucho más poder del que ella conocería jamás, era preferible que tomara el asunto en sus propias manos y ser ella quien confrontara al dragón.
La reina Clarión fue hasta aquella montaña tan rápido como sus alas se lo permitieron, el miedo presente, pero siendo capaz de ocultarlo y enfrentarse a la bestia como su rango lo requería. Llegando frente al dragón y hablando con la mayor convicción que fue capaz de evocar-- Kyto, necesitamos de tu ayuda, hay una guerra entre los villanos y los héroes y queremos saber si conoces alguna manera de terminarla-- la voz de Kyto no se escuchó, solo una risa profunda y sarcástica antes de que una voz gutural rompiera el silencio que siguió-- Oh querida reina Clarión, tan valiente, tan ingenua ¿Qué te hace creer que los ayudare? Después de tantos años pensé que sabrías que la caída del mundo poco me interesa, no me intereso la perdida de magia de Nunca Jamás, no me importara que el mundo vaya a terminar-- la reina no se inmuto, respirando profundo y controlando sus impulsos, la furia amenazaba con apoderarse de ella pero sabía que tenía que controlarla. Recordaba tan bien aquella vez, como la magia de no envejecer estuvo a punto de extinguirse, como pidieron ayuda a Kyto y como este los traiciono casi llenando todo de oscuridad, este recuerdo quiso hacerla retroceder, marcharse, no podía haber nada bueno en un trato con ese dragón, pero tampoco podía irse, había prometido ayudar y no quería hacer enojar a Madre Paloma-- Lo recuerdo, Kyto, y como en esa ocasión, te daremos algo a cambio de tus conocimientos, más objetos para tu botín, incluso más raros que los anteriores, solo si la información los vale-- aquella espantosa risa sonó de nuevo, provocando un escalofrió en el hada-- Clarión, Clarión, por supuesto que mi información vale un par de objetos, te diré cuales son los que quiero y espero que los traigas, porque si, conozco una manera para terminar esa horrible guerra y ustedes cuentan con dos personas que podrían conjurarlo sin problemas, pero el precio a pagar tal vez no sea de su agrado…no diré nada más que eso, cuando traigas lo objetos, tendrás la información faltante-- Pasaron un par de días y los requisitos solicitados fueron llevados; la zapatilla de Cenicienta, la rueca que hizo dormir a Aurora fueron los adelantos al pago, una vez que los villanos fueran encerrados, más objetos serían entregados.
Kyto coloco todo cerca de su botín y viendo a Clarión asintió-- Bien, el libro con el hechizo no es difícil de encontrar, esta más cerca de lo que imaginan, pero no es en los estantes donde deben buscar, sino entre los muros donde lo podrán encontrar, alguien lo escondió de Merlín, temiendo que algún día lo pudiera utilizar, pero dudo mucho que el costo sea algo que les vaya a gustar-- la reina frunció el ceño, detestaba cuando las personas no hacían lo que habían prometido y que fuera principalmente Kyto quien lo hiciera la ponía de peor humor, adelantándose un poco, pero la voz del dragón se escucho de nuevo --Reina Clarion, la magia que quieren evocar es muy antigua, muy poderosa y sobre todas las cosas, muy oscura, tanto, que el precio a pagar es demasiado alto-- pero esas advertencias ya le eran conocidas, solo queriendo que todo terminara y entre más pronto este hablara, sería mejor, alzando la voz y ordenándole que terminara con el misterio-- ¡Dilo!-- la bestia rio en voz baja de nuevo, demasiado divertido por la impaciencia de la monarca-- Si tanto insiste su majestad… todo se basa en equilibrio Reina Ree, la oscuridad no es fácil de manejar, nada fácil, deberán pagar con corazones, vidas, si lanzan esa maldición, deberán tomar los corazones de aquellos que perjudican, la maldición escogerá en que cuerpos jóvenes quedara encerrada y a cuales consumirá, si, majestad, dije jóvenes, los hijos de los villanos serán el objetivo, si quieren arruinar a sus padres, deberán arruinarlos a ellos también y me temo que fuera de eso no sé nada más, solo que consumirá a cada uno de los elegidos entre más sean expuestos a la magia oscura y sus actos crezcan en maldad, pero las consecuencias son hasta desconocidas para mí, nadie se ha atrevido a conjurar algo así, no hay precedentes de dicha magia--El corazón de la reina se había detenido, teniendo que contar la información que sabía, no podían hacerlo, no debían hacerlo, debería haber otra manera y esperaba que ese precio a pagar no fuera siquiera tomado en cuenta.
Pagar con vidas de niños inocentes, incluso siendo hijos de villanos era demasiado cruel, no podían hacer aquello, mientras ella marchaba con el peso de la noticia sobre ella, Kyto no dejaba de reír en su cueva, de nuevo había engañado a Clarión, de nuevo podría hacer de las suyas y esta seria su hazaña mayor, el dragón había mencionado el equilibrio, oscuridad por oscuridad, esa había sido su lógica, tan seguro del shock en la reina que no notaria algo más, la oscuridad necesita luz para existir, la maldición no tomaría solamente a aquellos seres propensos a las tinieblas sino también a los que toda su vida habrían conoció la bondad, tomaría los dulces corazones de los pequeños príncipes, hijos de los héroes, consumiéndolos también en el proceso, Kyto no sabía cómo se desarrollaría aquello, que decisión tomarían, pero fuera la que fuera, sabía que disfrutaría con escucharla.
El consejo de los seres mágicos se reunió, la reina Clarión expuso lo que sabía, causando conmoción en los que se encontraban en el lugar, el precio era tan horroroso para ellos, no podían llevarlo a cabo, simplemente no podían hacerlo, tenían que encontrar otra manera, al menos eso pensó la mayoría ya que, con una guerra de por medio, la filtración de información no tardo en darse.
Los reyes suplicaron a Merlín y Evangeline que conjuraran el hechizo, pero ellos estaban renuentes, el peligro, la condena hacia seres inocentes los tenía alejados de la simple posibilidad de llevar todo acabo, los monarcas discutieron y fue cuando una revelación dio lugar: “Habían dicho que la maldad crecería siempre y cuando se viera expuesta a magia y malos sentimientos, si, podía ser que lo segundo no pudieran evitarlo, pero si lo primero ¿Y si se deshacían de toda la magia cuando capturaran a los villanos? Sin magia aquella oscuridad terminaría por crecer a un ritmo demasiado lento, tanto así que las consecuencias jamás se verían” esa era la lógica, a eso se aferraban para convencerse de que sus actos no serían despreciables, pero Evangeline y Merlín veían la falla en el plan, necesitarían más magia para ese cometido, más corazones que deberían tomar para cumplir, si, tal vez fuera así, pero sin magia no habría consecuencia para esos corazones extra, todos estarían a salvo, no habría de que preocuparse.
El conjuro se llevo a cabo, aquellos dos seres tan poderosos, estaban tomando, sin saber toda la verdad, corazones de varios descendientes, en cada uno de ellos un poco de oscuridad se fue anidando, pero ni siquiera con eso la maldición resulto como ellos querían.
La maldición era tan poderosa y tan inestable, que la barrera no fue capaz de ser perfecta, dejando una grieta que permitiría que cada corazón se fuera oscureciendo. El consejo de reyes estaba satisfecho, sin nada de qué preocuparse, después de todo, aunque hubieran sabido la verdad de sus hijos, esos niños se encontraban a salvo de la maldad, o lo estaban hasta que aquellos mismos niños, quisieron terminar la injusticia, no había niño que no conociera esa historia, un cuento fantasioso, como todos, donde les repetían ese famoso conocimiento, el bien vence al mal y evita que este se esparza, si, algo muy conveniente, no había niño que no creyera en eso, como sucede con los niños, no se busca lógica en las historias, pero esto cambia cuando son mayores.
Entre más escuchaban y más repetían la historia, nada parecía tener sentido, muchos de ellos terminaron por hacer indagaciones, buscando cada registro que pudieron encontrar, pero todos se encontraban a la mitad, o bien, habían dejado de existir ¿Cómo era posible que documentos sobre una guerra tan importante no existieran o desaparecieran? Aquella pregunta no tardaron en hacérsela a sus padres, en realidad, muchas preguntas vinieron a continuación, y con cada respuesta puesta en duda, los jóvenes no tardaron en preguntarse si lo que habían hecho había sido correcto, las investigaciones daban detalles nuevos, familias separadas, niños viviendo en las peores condiciones, personas inocentes que terminaron pagando por crímenes que no cometieron, y eso solo acrecentó que su desacuerdo fuera notorio, que las investigaciones fueran en aumento y eso solo no fue del agrado de los mayores, el nerviosismo había sido tan palpable en todos, lo mismo que el miedo, no podían decir la verdad, sus hijos no podían conocer aquello que habían hecho, simplemente no podían ¿Qué pensarían de ellos?
Entre barullo y conmoción, los consejos se unieron de nuevo, queriendo encontrar una manera de evitar aquello, sin saber que Evangeline y Merlín, perseguidos por la culpa de sus acciones, se habían dedicado a investigar una manera de romper aquel hechizo y liberar los corazones de los jóvenes, aún sin éxito pero si con algo que podría detenerlos, al menos durante un tiempo en lo que descubrían quiénes eran los afectados, los reyes no confiaban en aquello ¿De verdad seria bueno arriesgarse tanto? Pero el hada y el mago mostraron una lógica que no pudieron rechazar, con aquellos jóvenes ahí sería más sencillo disolver sus acciones, hacer como que no pasaron y nadie, además de ellos, sabría la verdad, los reyes no tuvieron más remedio que aceptar, sin tener idea de lo que podrían provocar.