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Su sonrisa se amplió por sus palabras –Pero qué leal, Darius, hay que verte para creerte– Insistió en su broma a pesar de que no cabía duda en que creía cada palabra emitida por él. –Tienes razón, llegan a ser… Realmente sorprendentes– Admitió con un tono de voz bajo, intentando ocultar el hecho que los humanos podían ser increíbles para su vista. Se carcajeó ante las conclusiones sacadas por su amigo –¿Estás diciendo que hago mal mi trabajo?– Entrecerró sus ojos –Porque soy excelente en ello así que, tendrás que seguir esperando a que te den mi puesto porque no lo tendrás– Le sacó la lengua, acto infantil lo supo, pero no podía si quiera parecer sería por la enorme sonrisa dibujada, consecuencia de la risa anterior.
— Esta podría ser la única ocasión en toda la eternidad, así que no me defraudes. — Advirtió con severidad, tratando de dejar todo en su lugar lo más pronto posible. — No diré mis inconformidades porque las paredes son delgadas y hay oídos en todas partes, pero la mayoría del tiempo creo que olvidan que los humanos son capaces de muchas cosas y que alguna vez llegamos a ser unos. — Se colocó su chaqueta mientras esos pensamientos seguían rondando su cabeza. — Yo no estoy implicando nada, es una simple teoría, nada por lo que ofenderse. — Alzó ambas manos en señal de defensa sin dejar que su sonrisa abandonará su rostro. — No todos fuimos agraciados en el apartamento de estética, así que es injusto, obviamente querían a la cara bonita dirigiendo todo.
Aquellas palabras a pesar de saber que eran todas bromeando, eran lindas de escuchar pues eran escasas las personas que podían llamárseles amigos, al menos entre los vampiros, además del hermano menor de la pelirroja, Darius era uno de ellos. –No tienes por qué preocuparte, nadie va a enterarse porque nadie sabe, así que si algún día sale a la luz, sabré a quién culpar– Canturreó. –Pero si nos ponemos a pensar, son niños menores de trece ¿Cómo unos pequeños pueden sobrevivir solos?– Resopló, era indignante pensar que unos inocentes niños tenían que vérselas por sí mismos. –Pero shhh, es secreto– Quiso parecer seria, sin embargo, rió. –Déjame pensarlo…– Toqueteó su mentón con su dedo índice, pensativa. –Nop, no tengo ningún truco,solo soy mejor que tú, es algo natural, con eso se nace.– Nuevamente, se rió no podía evitarlo.
— Creo que primero dejó que me prendan fuego antes de delatarte, de hecho, me ofenda que se llegue a poner en duda eso. — Comentó con ofensa fingida, retirando con cuidado todas las muestras de sangre para su pronta refrigeración. — Creo que los niños son los más fuertes, tanta energía, tantos lugares que ver desde su perspectiva, olvida lo que digo, ya estoy desvariando, me conoces, no hay día en que los humanos no me sorprendan. — Suspiró con cierto anhelo, lo que daría por conocer más de lo que le es permitido. — Oh, ¿empezarás a despreciar mi trabajo? — Cuestionó con actitud incrédula, totalmente en una dinámica amistosa. — ¿No has pensando que tal vez mi lentitud permite menos errores?, debería checar tu trabajo, me acabas de dar desconfianza, ¿quién sabe?, puede que me den tu puesto, el cuál al principio me negaría por principio pero terminaría aceptando.
–Toda la razón, aunque sabemos que hay alguien superior a nosotros y,– Miró a los lados como si hubiese más gente ahí, se inclinó –No estoy hablando del progenitor– Susurró bromista antes de volver a reír –Es que a estas alturas creí que todos los humanos habrían muerto o están en otras ciudad de bajo el control de otro Progenitor, es difícil creer que aún hay algunos vagabundeando por ahí hasta llegar aquí– Explicó, acariciando sus propios brazos. Cuando escuchó su idea, alzó ambas cejas y frunció sus labios, fingiendo estar recosiderando esa idea. –Oye, ahora que lo dices… Esa sería una buena idea, para pasar el rato ya sabes,– Contestó con tranquilidad a pesar que bromeaba. –Te acompañaré en ese caso, mi guardia se terminó hace poco así que no tengo mucho que hacer.
— Si no piensas como el rebaño entrarás en problemas y déjame decirte que no puedo permitirlo, ¿quién me sacaría de la rutina que constantemente me desagrada?, tú mi querida Irina no puedes dejar este mundo terrenal sin mí, así que deja de exponerte. — Le dijo en tono de advertencia con su característico aire serio, aunque no fuera más que una broma, posiblemente ella era su única amistad duradera en toda la ciudad subterránea. — La creatividad aumenta increíblemente ante la supervivencia, si vienen aquí es porque fue su último recurso, finalmente los dejaron sin opciones. — Comentó con sequedad, era más que obvio su desacuerdo pero no empezaría a arruinar el momento por sus creencias. — Ya sabía que había una salvaje dentro de ti, mi instinto sigue intacto. — La señaló mientras entrecerraba los ojos. — Ahora que lo dices, ¿cómo es que terminas antes que yo?, ¿algún truco que desees compartir con la audiencia?
–Ya no tienes que extrañarme, aquí llegué a molestar– Estiró sus brazos como haciendo referencia que, en efecto, ahí estaba. Seguido fue hasta una de las sillas donde tomó asiento. –Siguen llegando nuevos humanos ¿No es así?– Preguntó a pesar de saber cuál era la respuesta, el hecho que para algunos fuese su primera extracción era clara señal de ello. –Solo estoy feliz porque… Es un bonito día,– Dudó al decir esto. –Me encantaría poder darme ese lujo, Darius, sin embargo, voy a tener que decepcionarte porque si vine es para saber si tú tenías algo entre manos– Se rió –Algo divertido para hacer que no tenga que ver con estar en el hospital
— Mis oraciones han sido escuchadas, aunque en estos tiempos ya nadie cree en ningún Dios. — Reiteró con cierta inquietud. — ¿Te sorprende?, cada día este estilo de vida se hace más imposible, no creo que tengan mucho opción sobre si desean o no extraer su sangre, una norma no impuesta pero bastante obligada. — Guardó alguno de sus papeles con cierto aire triste en sus acciones. — Estaba pensando en traficar con humanos y darle una buena mordida a algunos, ¿qué dices? — Sonrió con un tono divertido, obviamente todo era en el sentido más estricto de la broma. — De hecho tengo que ir a entregar unos “paquetes”, no sé si te interesa venir conmigo y después de ahí podríamos ver que organizamos.
Se adentró a la sala con confianza, siendo ella una de las que trabajaba ahí, conocía bien el lugar. –Soy de tu especie y personal autorizado– Le explicó acercándose hasta donde estaba él con una sonrisita en su rostro, una sonrisita divertida –¿Todo en orden, Darius?– Preguntó –¿Nada interesante para contar? ¿Algún rebelde?– Quiso bromear.
— Ya empezaba a extrañarme que no vinieras a interrumpir el trabajo, Irina. — Bromeó con su tono habitual, prestando su completa atención en ella. — Hasta ahora todo va igual que siempre, un par de humanos se desmayaron por ser su primera extracción, algunos están teniendo algunos efectos secundarios con la cura, lo normal, supongo. — Se encogió de hombros, cruzando sus brazos. — ¿Y tú?, ¿por qué tan feliz?, algo me dice que tienes algo entre manos.
Ya ves , no es como si fuera obligatorio o algo así –murmuró observando a su alrededor tratando de distraer su mente con algo que no fuera la aguja en su brazo, sabía que no importara lo que dijera el vampiro pues el proceso siempre le parecía eterno – ah así que eres el nuevo médico –comentó tratando de ignorar el sonido que hacía la maquina y concentrarse en la conversación– hace un par de meses, creo, no estoy segura el día pero supongo que lo encontrarás en los registros si buscas bajo el nombre de Bradley Blackberry.
— Te entiendo, ¿quién desea una cura para seguir viviendo? — Resopló con total ironía, le parecía divertido reírse a expensas de la organización actual, obviamente cuando nadie estaba expuesto a ser castigado. — Algo así, era eso o traficar con humanos — Contestó con solidez, retirando la máquina de la chica una vez que la extracción había terminado. — Por cierto, eso fue una broma, no traficaría con humanos. — Negó con la cabeza con una ligera sonrisa en sus labios, mientras se fijaba en sus registros. — Bradley Blackberry, entendido, creo que de ahora en adelante yo me encargaré de tus extracciones, espero que eso no te moleste. — Ingresó unos cuantos números en el mueble contiguo a ellos y las puertas eléctricas lograron abrirse para que él fuera capaz de sacar la cura. — La última y la más importante pinchadura. — Declaró, tomando su antebrazo con cuidado para inyectar probablemente la sustancia más importante para los seres humanos. — Todo listo, ¿sientes alguna molestia?, ¿tal vez algún mareo? — Eran preguntas que no estaban en la rutina que le programaban, pero se preocupaba por los efectos secundarios que la cura pudiera tener.
Si había algo que le ponía los nervios de punta a Bradley eran las extracciones de sangre obligatorias a las que tenía que atender periódicamente, la chica no era fan del proceso pero sabía que no podía hacer nada para cambiarlo. Apenas había puesto un pie dentro del consultorio que se le había indicado cuando escuchó las instrucciones del médico por lo que se dirigió a la derecha del consultorio y esperó a que el vampiro terminara de hablar – hmm, sólo vengo a dar mi voluntaria contribución de sangre –dijo sárcastica y esbozo una sonrisa nerviosa–
— En ese caso, tu voluntariado a especies que dominan al mundo es conmovedor. — Sonrió con franqueza, esperaba hacer las cosas lo más fáciles para la chica. — Te prometo que trataré de hacerlo lo más rápido e indoloro posible. — Recalcó, posicionando la jeringa en su delicada muñeca izquierda, movió la gran máquina hacia su dirección y espero que hiciera su trabajo. La peor parte de todo era el distractor sonido de la sangre saliendo del torrente, así que trató de seguir con la conversación para no ponerla más nerviosa. — ¿Cuándo fue tu última visita?, los registros son nuevos para mí y no me encuentro familiarizado con tu historia médica. — Alzó una ceja aún con su compostura tranquila mientras esperaba que el proceso terminara. — En cuanto todo termine te inyectaré la cura.
Respiró profundamente mientras seguía llenando los protocolos de registro, no sabía que tanto tiempo más los humanos podrían soportar tanta extracción de sangre y era un pensamiento que lo preocupaba día con día. Sintió la presencia de alguien más entrando al consultorio, siguió con su actitud profesional y se mantuvo pendiente de los papeles sin levantar la vista. — Necesito que te sientes al extremo izquierdo de la habitación si vienes por tu cura y al extremo derecho si necesito extraer tu sangre. — Siguió llenando algunos datos en los formatos mientras se movía sin descanso por la habitación. — Si eres uno de mi especie, el paso no está autorizado a menos que trabaje en el hospital y recomendaría que me expresará la razón de su visita. — Dejó sus papeles a un lado, levantando la vista hacia la persona de la habitación.
Algo consternado, se acercó con suavidad hacia el cachorro que le gruñía. A veces, cuando ocurrían accidentes en los campos de sembrado y lo llamaban para atender a un herido, veía perros vagabundos asechar en los límites de la ciudad, pero esta era la primera vez que veía un cachorro. Recordaba haber visto unos cuantos de niño, pero este era sin duda el más pequeño y fiero que había visto en su vida–. Tranquilo, no te haré daño –murmuró. Estaba prohibido que entraran perros a la ciudad, o cualquier otro animal. Sin embargo, no quería que lo descubrieran, no quería que le arrebataran aquel tierno descubrimiento. Heath vivía para estos momentos–. Tengo comida, ¿quieres un poco? –sacó de su bolsillo un pedazo pequeño de pan añejo. Era lo mejor que tenía. No obstante, cuando el cachorro pareció bajar la guardia y movió la cola, se oyeron pisadas y el perro comenzó a ladrar y se escapó, escondiéndose debajo de lo que quedaba de un auto oxidado. Heath se volteó con una mueca en los labios–. No es que te culpe, pero arruinaste una futura amistad –comentó sin prestarle atención a la persona que había aparecido.
Seguía recorriendo la ciudad, su turno empezaría en menos de una hora y lo que más deseaba era disfrutar el tiempo que le quedaba antes de volver a encerrarse en el hospital a seguir extrayendo la sangre de los humanos. Iba con su paso tranquilo y sereno, hasta que un estrepitoso ruido llegó a sus sensibles oídos y en lo que sus pensamientos se concentraban en procesar el hecho, él ya se encontraba frente a la situación. — Lo lamento, no era mi intención arruinar futuros lazos emocionales con animales. — Observó atento si postura y su complexión en general, a veces se cuestionaba en qué clase de condiciones insalubres mantenían a los humanos sólo para conseguir lo que necesitaban de forma egoísta, se sentía como un completo hipócrita por necesitarlo tanto como los demás vampiros. — ¿Trabajas en el campo? — Cuestionó con curiosidad, sabía que el contacto con los humanos no era permitido, pero se encontraban en un lugar seguro y siempre se daba ese tipo de excepciones.
Valker, a diferencia de la mayoría, no contaba con un puesto propio. Terminó de hacer la ronda por el mercado, ofreciendo lo que esa tarde había logrado desenterrar de los escombros del sector sur: alguna ropa de abrigo decente y un par de libros. La ropa había sido rápidamente intercambiada, aunque los libros no habían tenido la misma suerte; sus estaban tapas negras de hollín y las hojas arrugadas, como si hubiesen sido expuestos a una larga lluvia. Tomó asiento en un pórtico de lo que alguna vez fue una casa y sacó uno de esos libros. Estaba revisando una de las hojas, tratando de leer un par de letras corridas, cuando sintió una presencia a su lado. —No queda nada para intercambiar, llegas tarde, a menos de que andes buscando dos estúpidos libros prácticamente ilegibles —había levantado la mirada, pero no la había dirigido a la persona. Tomándolo con una mano, lo lanzó deslizándolo por el suelo hasta que tocó los pies ajenos. —Todo tuyo si lo quieres. Si es que estabas buscando algo, claro —agregó luego de un segundo, elevando sus serios orbes azules por primera vez al desconocido.
Había decidido tomar un descanso después de la extracción de sangre durante dos días seguidos, juraba que si volvía a enterrar otra aguja en la piel de otro humano más, iba a arrojar todo por la borda y no lo volverían a ver en meses. Con el sigilo suficiente logró salir de la ciudad subterránea, con la vestimenta correcta para pasar desapercibido mientras recorría las ruinas que querían hacer pasar por un lugar habitable. Tenía que dejar su paquete especial tal y como lo había acordado con aquél humano que había visitado el hospital Lancaster la semana antepasada, le gustaba que todo en su rutina fuera con lo acordado. Casi pasaba por alto los hogares destruidos cuando observó una figura sentada frente a un deshecho pórtico, pensando que podría estar herida se acercó con su rapidez característica. — Y es aquí donde los antiguos poetas y escritores se convulsionan en el paraíso… o infierno si lo deseas ver así. — Sonrió con lentitud, levantando el libro que había arrojado a sus pies. El cuero, el olor de la tinta impregnando las hojas, era una reliquia humana y le parecía maravillosa. — ¿Segura que no deseas nada a cambio de esto?, creo que podríamos llegar a un acuerdo muy beneficioso para ti…