Hay días como hoy en los que inevitablemente me pesa el pasado: las decisiones, las personas que ya no están, las sombras de una vida que ya no existe, de una persona que, de alguna forma, ya murió.
Los días como hoy me pesa vivir. ¿Seguiré sintiendo esto toda mi vida? Sinceramente, pensé que era cuestión de tiempo para mejorar, pero a medida que el tiempo pasa, la edad aumenta y los problemas mentales se quedan (e incluso aumentan).
Sigo pensando en lo complicado que es vivir: en vomitar la comida, en no sentirte cómodo en tu propio ser, en odiar lo que te rodea y en no poder agradecer las cosas buenas, que son tantas, ¿o no?
Actualmente, mi vida es buena, casi perfecta, y aun así no logro sentir más que desdicha.
A veces pienso, como decia Fernando Pessoa, que no soy uno solo, que dentro de mí viven demasiadas conciencias cansadas de existir, demasiadas versiones que sienten sin ponerse de acuerdo. Tal vez el dolor no viene de vivir mal, sino de vivir demasiado despierto, demasiado consciente de uno mismo, como si existir fuera una tarea que nunca termina de aprenderse, y es confuso, porque el aprender es algo que podría disfrutar, pero aprender a vivir es el tema que nunca comprendí.
En fin, cuanta razon tenía Emil Cioran, cuando dijo que las personas no se quitan la vida por la vida misma, sino por la idea que se hacen de ella.














