“Todos los hombres odian a los desgraciados. ¡Cuánto, pues, se me debe odiar a mí que soy el más infeliz de los seres vivientes!”
— Frankenstein (Mary W. Shelley)
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“Todos los hombres odian a los desgraciados. ¡Cuánto, pues, se me debe odiar a mí que soy el más infeliz de los seres vivientes!”
— Frankenstein (Mary W. Shelley)
~
Murmullos resonantes,
miradas discretas
oidos sordos.
Blanco infinito,
mesas dispersas
¿verdadera compañia?
Dolor invisible,
melancolia palpable
duda propagada.
¿es el momento
correcto?
Melancolía que recorre el cuerpo y se instala, sentir extraño lo que antes era familiar, humedecer los recuerdos ya secos de olvido, conmoverce, ignorar y silenciar las bombas del pasado, respirar y continuar con otro adiós dolido.
Paisaje húmedo
Suaves gotas de lluvia humedecen las hojas secas que habían caído al suelo, la áspera corteza de los árboles parecía inmune a dicho acto, el viento siempre fresco y acogedor, mecia las grandes y verdes hojas en la inmensidad de su copa; como finos dedos queriendo alcanzar el suave manto gris que ahora se cernía sobre él.
Y las suaves gotas se volvieron grandes y pesadas, las hojas en el suelo pronto estuvieron empapadas y revueltas, la corteza de los árboles cedían ante la feroz lluvia y pronto las hojas de la inmensidad de sus copas, dejaron su ambición por sentir el cielo y pronto sólo quisieron un refugio acogedor, cálido.
Un abrazo forestal.
Teatro de sombras
Una suave oscuridad en la que resaltan algunas siluetas naturales y ansiosas de ser partícipes de un teatro, más que natural, universal. La luna, como principal reflector, pues fugaces luces quieren robar su protagonismo.
Los árboles, con siluetas únicas y retorcidas juegan un papel trascendental e inmediato; pero las montañas tienen un poco más de tiempo en tarima. Suaves siluetas curveadas oscuras en contraste al cielo, pues su color de ébano no se compara con el azul oscuro de este. Alzandose imponentes a cada lado, egocéntricas, tratando de ser las únicas.
Pero la nubes, vaya si parecen de algodón. Un algodón con una oscuridad y forma tan profundas e inimaginables, que sería imposible no sumergirse en el, no sin sentirse angustiado y aterrado ante tales emociónes intensas.
Y es la naturaleza la principal promotora y protagonista del fantástico teatro de sombras nocturno, oscuro, frío y acogedor para el insomnio.
El tratado
A pesar de las cortinas oscuras, la luz escurridiza encuentra por donde entrar, parece un día soleado; no apto para una despedida, es más adecuado para un encuentro emotivo, lleno de sentimientos, miradas cómplices, besos furtivos y caricias silenciosas.
Te diré que está no es una historia con final feliz, porque aún no tiene el final escrito, de hecho hasta ahora está empezando; como estar hasta ahora empacando la maleta para el viaje que aún no inicia. Es estar tanteando el terreno en el que más pronto que tarde, te sumergiras.
Te diré que aún tengo la puerta cerrada pero mi mano se encuentra en la perilla, un poco sudada y nerviosa; como estar en la sala de espera aguardando al bus que te llevará a un grato destino. Pero según dicen el destino no importa, es el recorrido.
Te diré finalmente, que lo que está al otro lado de la puerta, es mi destino, que aún parada en el umbral de aquella espectral y maravillosa puerta no podré cruzarla, sin antes cerrar el siguiente tratado:
La noche será siempre nuestro refugio, pues bajo su manto oscuro y frío, nos sentiremos arder con mayor claridad. Los encuentros aunque cortos, estarán siempre llenos de intensas emociones, tanto así que nos sentiremos ebrios de sentimientos. La lluvia, siempre será el escenario perfecto para cualquier situación, somos inmunes, nuestros espíritus arderán salvajemente, y finalmente, las miradas no podrán ser más sinceras que las palabras. Así, la música desgarradora y el insólito café serán testigos y cerrarán este tratado.
¿aceptaras?
*****
Los inicios pueden ser lo más difícil al escribir, pero en la vida, el inicio puede ser lo más fácil para la mayoría; la niñez, los vicios, las relaciones. Pero ¿qué hay de los finales? O, mejor aún ¿que hay del camino recorrido? La mejor parte, antes del fatídico final y después del maravilloso inicio.
En uno de esos intermedios, puedes estar navegando en café hirviendo; un mar de todo el líquido, majestuoso e imponente, sobre un bote de insomnios, o mejor aún, de sueños. Cosquillas en todo el cuerpo, unas suaves, otras fuertes y otras simplemente devastadoras Que te llevan hasta el final, pero lo disfrutaste, disfrutaste cada sabor, cada olor, cada imagen que hubo durante el recorrido y este es un buen final.
Aún si, ¿qué hay de los desahuciados que no sabe nadar? Aún así, ¿despedirse de algo bueno, no es también doloroso? Aún así, ¿puede ser el final, el inicio de algo?
Algo falta, llega una buena noticia y la recibes con cálida alegría, pero algo falta. Te levantas, te arreglas disfrutas de un tiempo co tigo mismo... auqnue tal vez ya sea en exceso demasiado tiempo con uno mismo, y tal vez el exceso de ese tiempo sea el culpable de mal sanos pensamiento, de mal sanos sentimientos que se van apoderando, que van recorriendo cada parte del cuerpo. Un sentimiento de asfixia, una mano invisible que sujeta tu corazón; oprimiendolo por ratos, cada que está crea conveniente. Al final, tal vez para no sentir la débil angustia, preferimos la mal sana ira, rabia... sentirse furioso después de todo, siempre a sido la clásica manera de ocultar el dolor y la preocupación.
S. V. Ramírez
...
Mi cabello ya descuidado impedía una perfecta vista panorámica de la habitación, aún así, la temperatura era alta; mi cuerpo podía sentirla y reaccionaba ante ella, sudaba. El gato pasa frente a mi, sobre la fría y consoladora baldosa. Tuerto y con su pelaje áspero e incluso algunas partes de su flamelico cuerpo sin el. Pobre animal, tal vez habría tenido mejor vida estando en la calle, involucrado en infinitud de peleas, siendo impredecible el destino de su vida, tal vez está pereciera, y tal vez esto hubiese sido mejor.
La puerta; llevo viendola, admirandola durante mucho tiempo, tal vez días, tal vez meses. Hace falta valor para aventurarse hacia lo desconocido, más aún cuando este te causa pavor. Me pongo en pie, doy un par de pasos y me enfrentó a ella, inerte, a la espera de ser abierta, de ser atravesada. Cumplo su deseo... un aire fresco roza mi rostro y revuelve todo en mi. El gato se alarma ante el chillido de esta y se aleja nervioso. Observo, el movimiento tan sigiloso con el que se abre, temerosa, pero sin vuelta atrás.
Estoy en el umbral... un pasillo sin techo, con grandes paredes imponentes que sólo dan cabida al cielo, oscuro aún y lleno de estrellas. Mi pulso se ha acelerado, mis piernas tiemblan ante el primer paso fuera de la habitación. Respiración acelerada y ojos muy abiertos, atentos a cualquier cambio en el ambiente, más curiosos. Aceleró el ritmo de mis pasos y adquiere un poco de seguridad, hay una vuelta hacía la izquierda en que se tuerce el pasillo, y al final, la verdadera puerta... intento seguir caminando, pero el cuerpo me pesa a medida que me acerco, vuelven sentimientos conocidos.
Temor, angustia, cobardía... Hace frío, pero sudo; el viento roza mi cara, pero siento que me asfixio; está por amanecer, pero siento un velo en mis ojos. Me siento frente a la puerta, la veo la admiro y escucho un maullido, el gato está en lo alto de uno de los muros; sentado también y veo como brillan sus ojos a falta de la luz, segundos, tal vez minutos pasan y por fin se levanta y sigue caminando, erguido, elegante, salta al otro lado de la puerta.
Y yo la veo, la admiro; tal vez días... tal vez meses...
Día sin sentido
Cansancio, pesadez, opacidad... un día cargado de energías neutras. Sin rumbo, sin destino. ¿cómo se continúa, cuando ni siquiera se ha tarzado el camino? Que manera tan descuidada de andar por la vida. Sin emoción alguna, sin alegría o entusiasmo. Mientes, a los demás, aún más importante... a ti mismo. No dormir, trasnochar, pensar. Formas en el techo, sombras y sentir la soledad en medio de la multitud, un cliché.
Al menos llueve, aunque no hay algo... o alguien, que me haga entrar en calor.
Las hojas de los árboles agitadas por el feroz viento, el cielo ya casi cubierto por completo en gris, impidiendo la vista del radiante atardecer. El fin de otro día. Un día lleno de sol y dolor, ambos constantes... y sobrevivir a ambos hasta ahora, el día no acaba. De camino el contraste entre los árboles y edificios, pastales y puetes, montañas y autos. Y ahora constantes tonalidades que acompañan el paisaje. Estoy en camino.
S. V. Ramírez
Sentir que estas dopado de felicidad y Paz, con melodías haciendo presencia en el lugar, nuestras respiraciones sincronizadas al dormir son las más tonales y rítmicas. Somos música con nuestros cuerpos, con nuestros corazones juntos; yo respirando en tu cuello, tu oliendo mi cabello, mis caricias y tus caricias, todo se junta, todo se funde. ¿Somos dos? ¿somos uno?
S. V. Ramírez
¿Cuán poderosos son los sueños, si aún cuando despiertas y estas en la realidad, sigues en angustia?
Despertar resulta pesado cuando no se tiene un propósito en el día y todo se deja en manos de la improvisación... aún así, el sol se ha adelantado; no puede dar más lugar a la luna. Una razón aún mayor, el rugido del estómago pidiendo clemencia. Aún así, el cuerpo pesado, conocedor del destino de su día tedioso, monótono y aburrido. Y es el mismo cuerpo, aburrido, quien busca sentir algo más que todo eso... un golpe en la mano, un pellizco accidental, junto con unas leves quemaduras que provocan ardor y hacen detestar aún más la cocina, primera testigo de la torpeza de sentir algo más. No es suficiente.
S. V. Ramírez
Una paz profunda con el corazón acelerado, sosegado en mayoría pero sintiendo aún el cuerpo palpitar. Evocar el recuerdo y que un corrientazo de energía estremezca el cuerpo... cerrar los ojos, volver al camino que dejó la huella de sus labios, sentir de nuevo las caricias, abrir los ojos... Y ya no apartarlos más.
S. V. Ramirez
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