planepilotss / pasar hielo con la boca, cumplido.
Cada músculo verbal de los presentes parece motivado por la honestidad déspota. Y sonríe, el gesto se le brota naturalmente por la contradicción que representa, que imprime y emana la figura contraria, salida del averno donde reina el pecado y los delirios de los castigados, parece movida por los hilos del nerviosismo o la vergüenza, le da ternura, una inevitable pese a que el momento se crea desde las inventores con objetivos totalmente distintos a los del instánte compartido. “Parece que estás a punto de sufrir un infarto” murmura, es claro que no con burla ni hostilidad, lo suelta sereno, dedicando esas curvaturas que parecen decir que todo está bien. En la búsqueda de equilibrio la diestra se posa sobre la cintura de vestimenta rojiza, un tacto como espejismo, uno casi imperceptible por encima de las telas, narices se rozan y el contacto se vuelve inminente con tal de salvar(la) gélida forma que no para de desprender frías gotas por mentones, usando de rampas cuello y esparciendo una peculiar sensación. Aún con el hielo entre dientes, las comisuras se arreglan para elevarse, queda develado el gesto imposible de evitar cuando son así los niveles de artificial júbilo corriendo por intravenosa. Busca conocerla, por el perfume, por su voz, pero falla “Sin duda no fue como escena de película, pero no somos mal equipo” palabras algo torpes, no por nerviosismo sino por la diminuta mordaza congelada sostenida por su cavidad bucal. Si rompe nuevamente con las distancias es porque le distrae la cantidad de cristalino rastro decorando borde de pétalos y quijada femenina, que borra en un movimiento suave de parte de sus yemas.
Efímero fue el roce de dermis, suave caricia galvánica que se esfuma al son de brisa, labios torpes conocieron confines indebidos por accidente ; intención lejana a lo que podría culminar en algo que volviera aún más loco aquel corazón suyo (todavía sufriendo por la cercanía, por los nervios que semejante tarea habían ocasionado). Sin embargo, espectral es la curva taimada que se bosqueja sobre azabaches fauces, lienzo que fue prontamente conquistado por las palabras trabajadas. “Si… fue tonto — perdón. La próxima prometo hacerlo mejor.” Dibuja sobre porvenir un nuevo encuentro del cual poco consigue hacerse idea, ¿volvería a pasar? Probablemente no, porque incluso con tanta ebriedad encima logró razonar que el momento compartido no fue uno de los mejores de la noche (polvera de vergüenza y timidez) y que, por lo tanto, la evasión a circunstancia similar con quién se ocultaba bajo el anonimato era lo que esperaba. “Supongo.” Ríe nuevamente, nervios abandonando cuerpo, gracejo suave que fue irrumpido con el nuevo roce, con esa caricia no pedida que llegó afable, brindado calor a mejillas y propagando el silencio de su parte. Copia gesto, sus propios dígitos ascienden hacía la frescura que recorre su mentón, como si quisiera barrer rastros de hielo diluido, como si no hubiera bastado con ayuda masculina. Captura cristales negruzcos, lentes que llaman la atención femenina sin cuidado en eso que una curva vuelve a formarse, pequeña, no hay palabras porque entonces desconoce sobre cómo proseguir mas el silencio que alberga no se torna insoportable, solo… sutilmente incómodo / vergonzoso para quién había sido conquistada por tonalidades escarlatas.



















