¿Mal día? Correcto. Normalmente, Amber tenía ataques de amargura y rabia todos los días, pero aquel día el amargue había llegado a su tope. No quería cruzarse ni a su compañera de habitación, porque no estaba como para lidiar con nadie. Sin embargo, tendría que calmarse para no tratar a todo el mundo como en realidad no se lo merecían, así que obligó a sus pies que se movieran con rapidez hasta encontrar un aula desocupada que pronto se convertiría un desastre de humo y olor a cigarro “¿Se puede saber exactamente qué demonios estás haciendo aquí?” Preguntó al escuchar que alguien se adentraba a la habitación, después se encendió un cigarrillo.
Si pudiese compararse con alguien, sería la mismísima alma en pena que rondaba por todos los pasillos de la universidad. Sin embargo, pudo encontrar un aula vacía y pronto, estaría comiéndose lo que lo convirtió en adicción; un dulce de leche. La exclamación de aquélla mujer le hizo estallar de la risa.---Demonios, ¡eso estuvo bueno!---Le señaló, aún riéndose.---¿Te molesta que esté aquí?---Por imprudencia, comenzó a empujar las sillas del salón, causando un ruido molesto. Sonrió amplio.---¿Te sigue molestando?---







