Golpeteaba la suela de sus zapatos contra la cerámica de la tienda, esperando impacientemente a que el hombre de la caja registradora terminara de revisar si su tarjeta era valida; la segunda tarjeta que entregaba para que este revisara. Ya habían pasado un par de semanas desde su regreso de la muerte, su gran cambio y el tener que decir a todos que “había estado en Polonia todo este tiempo”, fingiendo indignación ante tal “mal entendido” cuando le decían que todas sus tarjetas habían sido canceladas por defunción. ❛¿TE PUEDES APURAR? no tengo todo el maldito día para esperar a que veas eso.❜ pidió en un tono no del todo amable. Observaba los movimientos del hombre al otro lado del mesón con mirada de pocos amigos, esperando que se apurara y que el molesto sonido de su boca masticando goma de mascar de detuviera. “Tampoco la acepta.” informó al oji verde, quien sentía que estaba a punto de tomar la cajetilla de cigarros y largarse sin pagar. El chico soltó un bufido y aceptó la tarjeta de mala gana, guardándola en su billetera. Tenía tantos tramites que hacer y el puro hecho de pensar en ello le irritaba.
Guardó la billetera y tomó la cajetilla de un tirón, ladeando su rostro para así observar a quien estaba de pie a su costado. ❛¿Tienes cinco dolares?❜ preguntó, dependiendo totalmente de esta persona para pagar de la cajetilla de cigarros. Aunque de igual manera, no era como si de obtener una respuesta negativa dejaría los cigarros ahí y se largaría con las manos vacías. Se llevaría los cigarrillos de cualquier manera, con dinero o sin dinero.
Mary no fumaba. Ni bebía. Ni tenía ningún vicio que costear... Salvo el de los caramelos de limón. Le encantaban. Le chiflaban. Llevaba todo un regimiento en el bolso para cualquier tipo de situación. Sin embargo aquella misma mañana había descubierto que el caramelo que se estaba llevando a la boca... ¡era el último! Inconcebible... Debía de ir cuanto antes a una tienda a reponer provisiones, los caramelos de limón eran esenciales para la supervivencia de la rubia.
Entró en la tienda, cargó todos los caramelos que pudo en sus brazos y se dirigió a pagarlos con total naturalidad -su dentista siempre tenía un buen trabajo con ella, se iba a hacer millonario a su costa. Se colocó detrás de un chico rubio que al parecer estaba teniendo problemas para pagar algún artículo... La banshee no se fijó en lo que trataba de comprar, sino en él... Había algo un poco... raro...
Pero antes de poder averiguar que era, aquel joven volteó, pidiéndole cinco dólares. -Oh. La sorprendió, ya que había estado un poco aturdida por lo que sus instintos habían detectado. Pero enseguida le sonrió con amabilidad. -Claro, no hay problema... Miró sus brazos, era imposible coger la cartera si sostenía los caramelos en los brazos. -Un segundo... Se acercó al mostrador y dejó todo el regimiento sobre la superficie, cuando tuvo liberadas las manos las bajó al bolso y buscó el monedero. Encontró un billete de diez y alzó la vista, apunto de dárselo...
Pero vio los cigarrillos. -¡Ah! Los señaló como si fueran lo peor del mundo. -¿No sabes que el tabaco mata?














