Para ti,
para nosotros,
para lo que fuimos:
Hubo un tiempo en que soñé con que volvieras. Que te arrepintieras. Que me eligieras.
Quise ser indispensable para ti, la única, la incondicional. Pensé que si daba todo, tú cambiarías, y con eso bastaría. Pero no cambiaste. Y con el tiempo entendí que tampoco debía intentarlo.
Me aferré a la idea de lo que podríamos ser, y no a la realidad de lo que éramos.
A veces te escribías en mi cabeza como una historia posible, pero con cada promesa rota, cada silencio, cada herida, la historia se fue desgastando. Me aferré a una versión tuya que vivía más en mis esperanzas que en tus acciones.
No niego que te amé. Te amé mucho.
Y, de alguna forma, me dolió más darme cuenta de que aún amándote, tenía que irme. Porque me estaba perdiendo. Porque dejé de elegirme. Porque me volví una sombra de mí para sostener algo que ya no me sostenía.
Durante mucho tiempo pensé que el amor era sacrificio.
Que si yo era suficiente, perfecta, buena, tú me elegirías.
Pero aprendí que el amor no se mendiga. Que no se gana ni se fuerza.
Que no puedo quedarme donde tengo que empequeñecerme para ser querida.
Me dolió que me dijeras que no todo se trataba de mí.
Me dolió tu forma de ver la vida, tu necesidad de tener odio para sobrevivir.
Yo solo quería paz. Pero esa paz se volvió imposible si yo misma no me daba la voz, si solo uno contenía al otro, si el equilibrio se sostenía en mi tristeza.
Fui leal a la imagen de que podía salvarnos, pero me olvidé de mí.
Hoy, no te odio.
No me arrepiento de amarte, pero ya no me duele tu ausencia.
Solo espero que algún día sepas —aunque sea en silencio— que alguien te amó de verdad. Que alguien te miró cuando tú no podías mirarte. Y que ese amor, aunque ya no esté, fue real.
Hoy te dejo ir. Sin rencores. Sin fantasías.
No porque no fuiste importante, sino porque yo también lo soy.
Y porque por fin, después de tanto, entendí que amarme a mí misma no es egoísmo.
Es supervivencia. Es dignidad. Es libertad.
Gracias por ser parte del camino.
Ahora es tiempo de caminar sin ti.
—Dalia.






















