El hermano brujo
Con el volante en mano me fui a buscar aquella oficina del hermano brujo. Estando en portería, el vigilante hace un gesto descortés, levanta las cejas y las arrugas de su frente para no gastar palabras. Yo le suelto las mías.
– Buenas, vengo para una consulta…
El señor me mira con desdén y decide abrir su boca:
– ¿Consulta de qué?
Y fue cuando me sentí desnudo, como revelándole todos mis…
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