de pequeña solía creer que las estrellas guardaban mensajes para cada persona.
no tenía idea de astronomía (y sigo sin tenerla), pero para mí esos puntitos brillantes en el cielo eran un consuelo. para una miedosa que le huía a la oscuridad, era como tener un cielo dispuesto a salvarme con sus luces intermitentes. porque las estrellas brillaban para mí, para que yo esté bien.
el cielo era mío. tan mío que el sol no me abandonaba durante el día y la luna me perseguía por las noches, porque después de todo existían porque yo así lo quería.
ser una niña sin idea de nada era dulce, o bueno, en varias ocasiones lo era.
la adolescencia no era dulce, o bueno, al menos yo no la recuerdo de esa manera, pero debo admitir que mi cariño por el cielo se mantenía. era consciente que ese cielo no era tan mío como creía y que las estrellas no eran focos encendidos para que yo no me asustase ante el vacío, pero supongo que siempre fui esa persona que le atribuía un significado a todo lo que la rodease.
las estrellas entonces eran oportunidades. estaba bien si cometía un error porque si esa noche se asomaban cien estrellas, entonces es que tendría cien oportunidades para rectificarme. y si no funcionaba, pues quedaban noventa y nueve chances. no eran mías, pero eran para mí.
alcancé la adultez en algún punto y de pronto el cielo y yo nos volvimos desconocidos. tenía la cabeza llena de lo que sea y olvidé por completo el pequeño placer de apreciar los puntitos brillantes que estaban ahí, demostrando toda la lealtad que yo parecía no corresponder.
y es que el cielo seguiría ahí, pero mis responsabilidades no. habían cosas de las que debía encargarme y metas que necesitaba alcanzar, y en mi mundo (mal llamado) ideal no podía permitirme un descanso, porque sería perder el tiempo y una vez gastado, jamás volvería a tenerlo. si desgastarme aseguraba el éxito, entonces lo haría sin dudarlo.
cuando se llega a la adultez, por más que uno se crea maduro, la verdad es que sigue siendo un imbécil consumido por estándares que se esparcieron como rumores.
puedes seguir los pasos indicados, pero el resultado nunca será garantizado. tal como una noche estrellada. sabes que al final de cada día llegará la noche, pero no puedes asegurar que habrán cientos de estrellas plasmadas en el cielo o si te verás inmiscuido en la más grande penumbra.
las condiciones y el producto no son estables. no pueden darse por sentado. pero lo que siempre estará ahí será quien lo vive. una noche oscura no significa que las estrellas se hayan apagado, al igual que un fracaso no significa que el final haya llegado.
no siempre harás las cosas bien y no siempre lograrás lo que te propones. y es algo que te jode, porque si te esfuerzas y esmeras para conseguirlo, lo mínimo que deberías tener es una recompensa. pero no.
sé que eres una persona tan fuerte como frágil, tan dulce como arisca y tan inteligente como torpe. no hay nada de malo en eso. eres todo lo que te llena de orgullo y también eso que te avergüenza. no eres perfecto y la verdad es que nunca lo serás, y eso está bien. no necesitas medirte con la vara que alguien más decidió que era la adecuada, e incluso habrá ocasiones en las que no encajes con la silueta que tú mismo creaste. y estará bien. estarás bien, Santi.
tal vez esto no parezca una carta de amor, pero creo que lo que intento decir es que está bien tomarte un respiro cuando las cosas no marchan tan bien. está bien si fracasas, si cometes errores, si lastimas o si eres lastimado. y no, no me refiero a que debas conformarte con eso, pero sí a que está bien ser humano. permitirte ser humano.
tus malos días no te definirán, ni ahora ni nunca.
sobreviviste a cada uno de tus peores momentos, y eso es algo que yo admiro profundamente.
aunque las cosas se hayan tornado oscuras y difusas, aunque tu piel se haya lacerado y tu cabeza te gritara blasfemias a mil por hora, tú, valientemente, pudiste con todo eso.
estoy orgullosa de ti como tu novia, pero también lo estoy como persona. estoy enamorada de ti, pero te admiro y aprecio por quién eres, indiferente a la relación que tenemos.
estoy orgullosa de mí, porque sobreviví y pude coincidir con alguien que me enseñó una lección que, al mirar atrás, sé que mi yo pequeña y adolescente agradecen: las estrellas sí fueron hechas para mí, porque te tengo aquí y sé, de primera mano, que brillas a pesar de toda la oscuridad que pueda haberte rodeado. el cielo representa el paraíso gracias a ti.
te amo por ser esa persona.