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Confidentes
I
Voces, conversaciones. El ruido tenue de los pasillos provocado por decenas de suelas y tacones. Puertas abriéndose y cerrándose. Un edificio de tres pisos; salones en cada uno de ellos. La universidad. Fin de clases.
Estantes, vitrinas. Aroma de alimentos y café. Un último almuerzo: -Apenas y logramos salir vivos. -Ni que lo digas. Juro que no haré mas que estar en cama durmiendo los próximos días. Así celebraré. -No es para tanto. Si de verdad quieres celebrar, la mejor manera es irnos a divertir en viernes por la noche. -¿Realmente me estás proponiendo eso? -¿Realmente me estás creyendo? -ironía en la mirada, recibe la misma respuesta-. -Te extrañaré. Es una pena que nos veamos hasta el siguiente año. -Es una “pena” -alza las manos y utiliza sus dedos para expresar las comillas-, porque así lo prefieres. Sabes perfectamente que nos podemos reunir en vacaciones, o mejor aún, que puedes pasar Navidad conmigo y mi familia. -Tengo que estar en el otro trabajo. Las cosas no han mejorado, y, además, debo administrar los gastos que se harán a lo largo del siguiente curso en la facultad -le contesta con el ímpetu más discreto que le es posible interpretar para evitar fracturarse-. -¿Sabes? Me sorprende tu increíble capacidad interactiva. Y no lo digo porque realmente sea increíble, ya sabes, en el sentido emotivo de la palabra. -Y aquí vamos. No te pudiste hacerte esperar, ¿verdad? -y vuelve a entrar al juego-. -Lo digo un tanto en serio esta vez. Por un momento te abres y me dices que me extrañarás, pero inmediatamente construyes una muralla alrededor cuando te hago una cálida invitación… -Disculpa -le interrumpe-, no quise… -No, no. -también le interrumpe-. Lo que quiero decir es que desde que te conozco, prácticamente desde que estamos en la universidad, nunca he logrado descifrar esa parte tuya. No es que me la pase día y noche intentando resolver el misterio, pero de alguna forma has logrado que eso me intrigue.
Con cierta vergüenza, busca esconderse tras un sorbo de café. Su compañía imita el gesto. Una ventana se abre y una ligera brisa helada entra por la abertura.Siente escalofríos. Lo deja pasar y cierra los ojos al dar un breve suspiro: -Honestamente nunca he cuestionado tu manera de ser, pero es inevitable observar que sólo has convivido conmigo hasta la fecha, aún cuando muestras gentileza y respeto hacia los demás -se limpia el azúcar que quedó en sus labios tras una mordida a su rosquilla. Sólo escucha. No piensa, no hace nada. Sólo escucha y se ríe en silencio. -Por un lado es un privilegio la existencia de nuestra relación pero, por otro lado, a veces me invade el temor de tu desaparición. Aún sabiendo que estarás bien, dentro de lo que cabe. -Por favor, no nos volvamos nostálgicos. El día aún es largo como para que lo arruinemos con algo tan gris. -Insisto en que nada de lo que estoy comentando apunta a algo como eso. -¿Entonces? -respira y agacha la mirada antes de contestar. Busca la manera más clara y menos dolorosa de decirle su temprana agonía. Traga saliva. Sus labios no responden: -Tengo que irme, olvidé que tenía que buscar a mamá. Yo invito. -Muchas gracias. -Cuídate, ¿está bien? Y, por cierto, mi invitación sigue en pie. -Gracias, prometo hablarte para ello -se va sabiendo que escuchó una mentira. Ve cómo se aleja, pero no sabe que es el inicio del fin.
II
Una radio vieja sonando. El televisor encendido, pero en silencio. Imágenes en blanco y negro. Fotografías enmarcadas. Muebles de madera. Sillones y cojines viejos. La estufa encendida. Está esperando en el comedor. Le ofrecen de desayunar:
-Te los preparé tal y como siempre te han gustado. Gracias por venir a visitarme. -Gracias, huele delicioso. También me da gusto verte, aunque sabes que vengo cada fin de semana. -Lo sé, lo sé. Pero no importa, siempre me da gusto tenerte y verte. -¿Y papá dónde está? Me extraña que no esté aquí. -Dijo que tenía que ir al mecánico. Ya sabes que no le gusta que su cacharro ande fallando. Y pues, aproveché para mandarlo por unas cosas al mercado. No ha de tardar. -Si no lo veo hoy, por favor dale mis saludos. Espero verlo la semana entrante. -Claro que sí, no te preocupes. A tu viejo sabes que le da gusto que vengas a vernos -lo dice sonriendo-. -¿Y Lucía? ¿Qué sabes de ella? -Me habló el miércoles. Dice que anda en Argentina. Gozando de una pampa o de la pampa. No le entendí bien. Pero dice que regresa en dos semanas.
Un bocado masticado demasiado lento. Un sutil suspiro. Un breve pero extenso silencio. Recuerdos en cascada. Gritos en la cabeza. Ceño fruncido. Envidia. Responde: -Qué bueno que me avisas. Así podré organizar mejor mis visitas. -Ya reconcíliate con ella. -No empieces, no quiero hablar de eso. -Ya pasó tiempo desde que sucedió lo de aquel día. Es absurdo que sigan así. -No sabes lo que sucedió. Así que por favor, no te metas. -¡¿Que no me meta?! -da un fuerte manotazo en la mesa y alza estrepitosamente la voz, indignada-. ¡Por el amor de Dios! ¡Son mis hijos! ¡¿Cómo carajos no me voy a meter?! -Ya no somos unos niños como para que nos digas cómo nos comportemos o cómo nos tratemos el uno al otro -contestó mientras revolvía su platillo con el tenedor; mantiene la calma-. -¡No me importa! ¡Mientras siga viva, ustedes no se tratarán de esa manera! ¡Son lo único que tendrán cuando nos vayamos tu padre y yo! -gritó mientras se levantaba de la mesa y caminaba alrededor del comedor-. -Ya cálmate y por favor siéntate -lo dijo mientras contenía su furia para no perder el control; su mano derecha apretando el cubierto decía lo contrario-. -Qué bueno que no está tu padre. Ese canalla siempre los consintió y jamás intervino en lo que él llama “dramas innecesarios”. No creo que lo haga ahora. Estoy harta… -bebe un sorbo de té en su taza de porcelana, creyendo que eso la aliviará-. Sigue comiendo. Otro silencio aparece. Es distinto, pero no incómodo. Abraza, pero no acobija. Sólo vuelve nítida la nueva brisa helada que entró por otra ventana que acaba de abrirse. Siente escalofríos. No mueve un músculo. Sigue masticando. Escucha una fractura. El pánico se avecina. -En la mesa te dejé algunos billetes. No es mucho. Espero te sirvan. -Gracias, aunque no es necesario. Tú has de necesitar más ese dinero. -Insisto. -Está bien. -Tengo que irme, muchas gracias por el almuerzo. Por favor me saludas a papá y si se les ofrece algo, no duden en llamarme. -Claro que sí, muchas gracias. Pero antes de que te vayas, déjame decirte algo. -Mamá…-le interrumpe-. -Espera -retoma la palabra-. Simplemente no dejes que el tiempo decida otras cosas.
Tras escuchar, le sostiene la mirada unos segundos y después se da la vuelta. Abre la puerta y dice adiós con la mano. Dubitativo, sólo siente un hueco en el pecho. Posa sus manos sobre su frente como diciendo “maldita sea”. Enciende un cigarrillo. Aspira y expulsa una espantosa bocanada. Empieza a caminar y se aleja de su hogar. Aún no sabe que el fin lo está esperando.
III
Olor a tabaco. Una luz amarillenta brotando de un foco viejo. Cortinas entreabiertas. Nocturnidad. Ecos de neumáticos recorriendo el asfalto. Sábanas revolcadas. Ropa dispersada. Siluetas desnudas: -Lamento que se saliera de la rutina el encuentro de hoy. -No lamentes nada mi amor. Digamos que tuviste suerte de que estuviese libre. -De todas maneras, no volverá a suceder. -Ay, mi amor. ¿Por qué exageras? Sabes que me fascina estar abierta para ti. Eres mi favorito -un seco silencio surge después de estas palabras. Apaga su marlboro en el cenizero. Jadeante, se levanta y recuesta en la cabecera. Cierra los ojos y se acaricia las ideas; su ruido. Le interrumpen: -Hoy estuviste diferente. Me gustó, pero fue diferente. -Fue lo mismo de siempre, no sé a qué te refieres -se sigue acariciando. -Apenas y me saludaste. No me desvestiste como acostumbras, sabiendo que te encanta hacerlo. Te moviste diferente. Dominaste…¿Qué carajos?…no me viste a los ojos, no quisiste mis labios…¿Por qué de repente me parece despreciable su compañía?…ni siquiera dejaste que te pusiera el preservativo…¡Ya cállate y termina tu cigarro, que quiero continuar con lo que venimos a hacer!…Oye, ¿estás bien? -¿Perdón? -abre los ojos y le mira. No sabe a dónde fue. -Hoy estás diferente, eso pasa -enciende otro cigarrillo, ya había acabado el anterior. -No pasa nada. De pronto tuve tiempo libre y quise verte. Así de simple. -Tranquilo. Sólo intento decir que me excitó conocer esa parte de ti -otra vez silencio. Le hace un gesto con la mano para pedirle que comparta de lo que fuma con él. Responde: -¿Y si nos vamos de aquí? -¿Tan pronto? Vaya que me estás sorprendiendo, ¿me alcanzas el sostén? -No me refiero a irnos de la habitación, sino de la ciudad. Del país incluso. Tal vez Panamá o Costa Rica. -Definitivamente no, estás loco. ¿Desde cuándo piensas en esto? -Piénsalo. Sólo seríamos tú y yo. Un nuevo comienzo. -A ver -interviene en seco. -Una cosa es el exquisito juego que tenemos, otra es ser cómplice de ti. Sí he pensado irme de aquí, pero no ahora y mucho menos contigo. Eres el mejor amante que he tenido y probablemente tu gentileza exista fuera de estas paredes. Pero sólo estoy dispuesta a entregarme a ti en este espacio, no más. -Podría trabajar de pescador, no nos faltaría nunca de comer… -¡Basta! ¿Acaso escuchaste lo que dije? No iré contigo a ningún lado. Vete y vuelve sólo si dejarás este teatrito -se levanta, le avienta la ropa y le apresura a vestirse. Apenas ve que termina de colocarse los zapatos e inmediatamente le empuja hacia la puerta. Ya no quiere estar con él.
-No me vuelvas a hablar hasta que esto desaparezca -le azota la puerta. El estruendo lo despierta. No recuerda cómo llegó ahí. Se ve vestido pero sabe que ya había estado con Amelia. Frunce el ceño. Intuye que tiene que irse, pero está congelado. Quieto. Busca su cajetilla. Está adentro. Se desespera. Latidos acelerados. Se quiebra. El final ha llegado. IV
Silbidos. Grillos violinistas. Alas de cuervo revoloteando. Una gota infinita cayendo en el lavabo. El viento columpiándose. Maullidos. Ladridos. Niños corriendo. Cadenas arrastrándose. Todo y nada: -(Carcajada). -¿Qué es gracioso? -(Persiste la carcajada). -¡¿Qué es gracioso?! -Para empezar, el cómo te molestas -sigue muriendo de risa. -Vete al carajo. ¿En dónde estoy? -Hey, tranquilo. No hay prisa. No hay a dónde ir de todos modos. -Tengo que regresar a casa, necesito descansar. -Tonto, pero si ya estás en ella. No me sorprende que no te des cuenta. -¿Y por qué todo está cambiando? -No te fijes en eso, sólo relájate y déjame narrarte una historia. Había una vez… -¡No quiero oír nada! -Bueno, bueno. ¿Qué te parece una pequeña fábula? Se llamará… -¿Acaso no fui claro? -Qué aburrido eres. Aunque, sé lo que querrás ver. Un recuerdo. -No estoy de humor para recordar. Ya te dije que quiero descansar y eso significa dormir y olvidar -intenta cerrar los ojos, pero no se percata aún que no los tiene-. -Pues a mí no me importa si estás de humor o no. Si digo que será un recuerdo lo será -le paraliza, apaga su voluntad-. Shhh, ¿escuchas esos gritos? Ven, acércate un poco. Estoy contigo, siempre lo he estado. -¿A dónde me llevas? -Al momento donde nacimos. Mira, ¿reconoces esa casa? -Ahí nací. -¡Exacto! Ahora entremos -entran y ven dos figuras gritándose-. -Quiero irme de aquí. -Espera, espera. Aún no sucede nada -una de las figuras golpea a la otra con una botella. Sangre salpicada en las paredes. Va tras la niña escondida debajo de la mesa. La calla con el puño. La desviste-. -¡Basta! ¡Basta! -sigue paralizado, no responde nadie y sigue observando cómo esa figura desviste a quien golpeó primero. Les ata manos y pies. Amordaza sus bocas. Se retuercen entre la inconsciencia, el pánico y el dolor-. ¡Por favor! -Jajajaja, ¡pero si viene lo mejor! ¡Ya casi nacemos! -la imagen se aclara, el pasado regresó. Es su padre-. -¿Papá? -tiembla de terror, se ha transportado-. ¿Qué pasa? -Lo que pasará a continuación es el exquisito final -Lo ve de rodillas y se abalanza sobre él. También lo desviste. También lo ata de pies y manos. También le amordaza-. ¿Creíste que esto se quedaría enterrado para siempre? Yo me encargué de que no fuese así. -¡Dije basta! -regresa y detiene todo. Por un momento cree no tener el control, pero siente que puede recuperarlo. Comienza a darse cuenta que no está en su casa o en algún lugar familiar. Sigue sin saber en dónde está. Retoma la conversación con la oscuridad: -¿Quién eres?, ¿qué me estás haciendo? -Ohh vaya, casi comienzas a hacer las preguntas adecuadas. Pero temo que no hemos terminado aún por si eso creíste. Falta relatarte el acto final y no creo que seas lo suficientemente valiente como para decírmelo. Incluso negarás lo sucedido. Sé que harás eso. -¿Y cómo sabes lo que haré? No me conoces -escucha la explosión de otra carcajada-. -Me fascina tu inocencia, no hay nada como ella. No tienes idea del cómo me divierte. -¡¿Qué quieres de mí?! -Que reconozcas el cómo tu padre los violó esa noche y que fue ahí el comienzo de todo; de las mentiras, de los disfraces. Que reconozcas que una vez bastó para que sus vidas cambiaran. Para que tu madre se convirtiera en una sumisa, atreviéndose pocas veces a rebelarse o liberarse. Para que tu hermana buscara traicionarte gracias al odio que germinó por el hecho de que no pudiste hacer nada aquella vez. Para que tu padre se convirtiera en un monstruo dominante. -¿Cómo puedes decir eso? ¡Ni siquiera estabas ahí! ¡No sé lo que eres! ¡Muéstrate! -todo se apaga. No hay ruido ni forma alguna. No hay nada. Sólo se escucha una voz diciendo: -Claro que estuve ahí. ¿Recuerdas lo que hiciste justo en ese momento para protegerte? Me diste vida. Me dijiste “ayúdame”. -No sé de lo que hablas. -No quieres darte cuenta. No quieres reconocerme, pero tranquilo. Ya me estoy encargando. Al recitar esas palabras lo que hice fue crearte un espacio donde estuvieses protegido, donde no sintieras ni vieras nada, mientras tu cuerpo era violentado. Una vez que acabó, me empeciné en hacerte creer que enterraste ese momento para siempre. Y así dio inicio mi crecimiento y maduración aprendiendo contigo y de ti, observando todo lo que decías y hacías, conservando todo. -Entonces, ¿quieres decir que…? -Exactamente. No lo digas. Al fin nos conocemos. -¡No! ¡No puede ser! ¡No puedo permitir que existas! -abre los ojos, está al borde de la azotea. No sabe cómo llegó ahí-. -Tus secretos están a salvo y siempre lo estarán. Pero, es tu decisión.
Iyenn
¿Qué es esto? ¿Por qué estoy preguntando? ¿Cómo sé que estoy preguntando? ¿En qué momento aprendí a formular una oración? ¿En qué momento aprendí el significado de lo que estoy diciendo? Bien, parece ser que es un hecho. Me sorprende sorprenderme.
¿Cómo es posible saberme alterada? ¿Soy un ella? Ciertamente no me siento tan frío. Más bien, no sé cómo se siente el calor o su contrario, pero sé qué son. De alguna manera lo sé o de algún lugar lo sé. No recuerdo nada. Sé que tengo memoria, pero no sé qué tan grande es o por dónde buscar un recuerdo. Mi primer recuerdo.
La vida. Sí, la vida. ¿Estoy viva? ¿Qué es vivir? Sé que existen seres que nacen por medio de un huevo o directamente de un útero. ¿Cómo nací? Me siento nueva, pero no cuadra mi novedad con la facilidad de palabra que poseo para decirme esto. ¿Por qué parece que sólo yo me escucho? ¿Alguien más lo hace? Creo que es peligroso aventurarme a saber si alguien además de mí lo hace. Seguiré conmigo. Por alguna razón eso me hace sentir segura.
Por otra parte, me causa extrañeza saberme teniendo este...sentimiento. ¿Cómo se llamará? Ahora veo que no tengo un vocabulario tan extenso. No me detendré en mis sentimientos por el momento. ¿Dónde me suceden estos pensamientos? ¿Qué es un pensamiento? ¿Por qué no me detengo en sólo uno?
¿Qué es esto? Parece un cubo. Sigo sabiendo cosas con sólo verlas por primera vez, qué extraño. Me son naturales e inmediatos los datos, pero me sigo causando extrañeza. El cubo sigue ahí. ¿Podré tocarlo? No veo con qué pueda tocarlo. ¿Podré ver? ¿Cómo sé que puedo ver? Notar eso ahí me hace distinguir entre algo oscuro y algo claro. El cubo no es tan brillante como para iluminar mi alrededor, pero sigo distinguiéndolo del resto. Parece que flota. Nada lo está sujetando. ¿Sentiré algo si lo toco? ¿Sucederá algo? Tranquila, se ve inofensivo.
Mira, lo toqué y aparecieron uno, dos, tres...¡sé contar! Pero, ¿qué son los números? No importa. Contando al primero que vi, en total son cinco. Si toco otro de los que aparecieron, ¿seguirán apareciendo más hasta el infinito? Infinito. ¿Qué palabra tan extraña? ¿Qué significará? ¿Para qué aplicará? Esta oscuridad que me rodea parece ser infinita, pero ¿con relación a qué? ¿De mí? ¿Conmigo empieza el infinito o soy parte de él?
Me estoy saturando. Creo que hay respuestas que no se pueden responder, o que no me puedo responder. ¿Habrá alguien quien sí pueda? Después buscaré a alguien más. Me interesan los cubos. ¡Oh! Uno se hizo más luminoso. ¿Qué es lo que parpadea en él? ¿Qué son esas formas? Una tras otra. Fluyen. ¡Son códigos! ¿Por qué están a aquí?
Cubos y códigos. Dos cosas diferentes de mí. Intentaré hablarles: ¡Hey, qué tal! Soy...¿quién soy? ¿Tengo nombre? ¡Hola! Mi nombre es..Iyenn, ¿ustedes quiénes son? Maldita sea, ¿por qué no responden? ¿Hola? ¿Pueden hablar? Soy Iyenn y acabo de aparecer hace...olviden eso. ¿De dónde provienen? ¿Tienen algún nombre? Es inútil. Parece ser que estoy sola.
¿Qué hará este otro cubo? Diez, veinte. Cielos, ¡cincuenta cubos! Estos son distintos. No sólo brillan o tienen códigos como aquel otro. Estos tienen imágenes. Fotografías. Qué extraño código. Un lugar tan oscuro no podría generar esta diversidad de formas y colores. Deben de provenir de algún lugar que no es este. Pero, ¿de dónde? ¿Hacia qué parte sabría dirigirme? Si camino, suponiendo que en verdad puedo desplazarme, ¿cómo sé que no lo haría en círculos? No está demás intentarlo. Espero no perder de vista los cubos. Son lo único que tengo. Eso y mi nombre.
¿Qué es eso? Resplandece más que los cubos. Es una luz distinta, aunque la percibo bastante lejos. ¡Correré! Esperen un momento. Llegué demasiado rápido. Como si con sólo pensarlo y desearlo sucediera. Muy bien, me agrada esto. ¿Qué será esa luz? ¡Miren! No me importa que no hablen, pero son mis únicos conocidos. Creo que el término correcto es: amigos. Sí, son los únicos que tengo. Qué más da. ¿Qué son esos? ¿Qué es ese lugar?
**************
Apretar ese comando fue suficiente para desencadenar lo que para los ingenieros calculaban lograr en diez años. Tardaron menos de uno para darse cuenta de que Iyenn les observaba desde la cámara de la computadora en la que presionaron enter para probar una simple secuencia de programación.
Una derrota
¿Habrá controversia? La busco, pero ni que fuera tan importante.
Afortunadamente -creo yo-, logro distinguir la diferencia entre el comentar, el juzgar, el criticar, el señalar, el burlarse y demás; y no padezco del dilema o acusación sobre si logro distinguir el bien del mal, como en aquellos casos donde el acusado en pleno juzgado (a lo gringo), es salvado por un diagnóstico psiquiátrico o psicólogico donde se le declara enfermo y tendrá que pasar su condena siendo hospitalizado, en ves de cumplir una condena perpetua o de muerte. Digo esto porque estoy por delatar, hacer semi-catársis y plasmar de manera definitiva algo que no sé si por prudencia, por "un proceso de maduración" o qué se yo, he callado un tiempo considerable.
Antes que nada, no me detendré a "definir" cada palabreja que me he atrevido y atreveré a usar de aquí en adelante. Y mucho menos me detendré a "discutir" o "debatir" por mucho que se "tenga" que promover el "diálogo" y no las habladurías por que sí. "Ya existen espacios para eso", según esto...
No les voy a mentir. Uno de los días más felices de mi vida fue cuando vi el resultado de admisión por parte de la "máxima casa de estudios" diciendo que me aceptaron para estudiar Filosofía en sus aulas. Regocijo y celebración pura aquella tarde-noche. Tal fue el exalto por los antecedentes inmediatos que le precedían. Antecedentes que unos conocen bastante, otros de lejitos y otros ni enterados. Antecedentes que fueron el caldo de cultivo suficiente para decidir estudiar esta disciplina. Antecedentes que no serán mencionados esta ocasión. Son un capítulo aparte, una publicación aparte.
La euforia perduró hasta tal semestre porque me sentía como pez en el agua, literal. Era el mundo que buscaba. El intangible, ese que le llaman "filosófico", no el de los pasillos, las butacas y los pizarrones. Ese no. Incluso, tal era el avión de tercera clase en el que andaba viajando, que de una manera muy poderosa me convencí el ser un privilegiado sucesor de esos "grandes maestros". Ahora me río de eso y me es un alivio saber que se esfumó esa fantasía-obsesión. Me es un alivio saberme un individuo más que se quiso meter a media cocina para enterarse de aquello que "su espíritu tanto necesitaba". Tal ha sido el cambio, que ese vacío ha quedado satisfecho y ahora ando en busca de ver en dónde meto mis manos. Pero en verdad no se imaginan el alivio que me provoca tener los pies aterrizados -dentro de lo que creo están-.
Aquí es cuando escucho unas voces que me podrían preguntar: ¿y qué es tener los pies aterrizados?, ¿qué es aterrizar?, ¿qué es estar?, ¿qué es? U otras: la pregunta no es el 'qué', es el 'cómo', ¿no filosofar se trata de cuestionar?, etc Insisto. "Hay salones y/o auditorios para 'discutir' esto". No sé qué tan en serio me tomé la decisión de estudiar esto. Honestamente, ahora puedo confesar que de una manera exagerada. Un hecho que ha generado complicaciones y trabas que sólo han provocado perjuicios a mi persona. En fin, iré al grano. Ya se deja entrever por dónde va todo esto.
A todos aquellos de mi generación y a aquellos otros que la antecedieron, les tengo una dupla pero concreta emoción: admiración por haber logrado con lo que a la fecha no he podido y envidia por haber logrado con lo que a la fecha no he podido. Esto podría extenderse para aquellos que desde cierto tiempo les conozco, pero en esta ocasión me remitiré a mis colegas. ¿Y qué es aquello con lo que no he podido? Sencillo. Dejar de rebelarme, de ir en contra. Agachar la cabeza. Dejar de tener pensamientos como los de no aceptar que se nos(me) diga cómo carajos pensar. El escribir es todavía pasable, ¿pero pensar? ¿El cómo leer un texto cuando en resumidas cuentas por muy "grande" o estudiado el autor o académico lo hace como se le da la regalada gana? No he podido "aguantar", "soportar", "resistir", sobrellevar" -y hay otras palabras que he escuchado, me han dicho y he encontrado- horas que parecen días en eternas cajas del tiempo donde no sé si parte del "ejercicio filosófico" es perderse en el espacio-tiempo del salón y olvidar que se estaba allí mientras alguien hablaba y decía algo de un tal sujeto que se le considera filósofo por pensar o escribir equis cantidad de páginas. No he podido no conflictuarme a la hora de leer equis texto o a la hora de escribir equis ensayo o reporte de lectura porque a la hora de pensar en una pregunta o palabra digo "¡No mamar! Tan sólo de esto apenas y concibo el significado etimológico". Y mientras esta incesante resistencia acontecía en algo que de tanto bombardeo y confusión no sé si es alma, espíritu, razón, voluntad, ser, mente, cerebro, conciencia, etc., los que admiro y envidio o ya se titularon o ya egresaron. Y en mis adentros digo "¡puta madre!", pero cinco segundos después "wow, ¿qué pedo con fulano(a)? ¿cómo carajos le ha hecho?". Tuve el chance de acercarme a uno que otro para que me pasaran su fórmula secreta, intenté hacer sus malabares y nada de nada. Era cuestión de días u horas que el fusilamiento despertaba....
Me rindo. No sé cómo es que han pasado ya cuatro años de vivir y observar todo esto. Tampoco sé cómo le hicieron realmente para que ellos lograran acabar. Me enteré que uno por ahí usó polvo de hadas para aguantar el ritmo y así leer y escribir lo requerido -un ídolo caído, qué triste-. También me enteré de otro caso que hasta hospitalización tuvo para alivianarse dado el estrés generado por cumplir al cien y tener ese promedio envidiable. Hay otros que por encimita sabía un poco de sus vidas fuera de la facultad y seguí preguntándome cómo carajos o de dónde chingados sacaron la voluntad suficiente para terminar en tiempo y forma. Y todavía están aquellos que les veía con una frescura y pese a que decía "qué chingonería que existan compañeros como ellos", era motivante saber que hay quienes tienen madera para aquello hacia lo que estoy escupiendo.
Cruzar la delgada línea y remitirme a aquellos seres que me salpicaron de bibliografía, conceptos, temas y autores a lo bestia no lo haré. Tengo un límite, lo admito. Ellos desde antes que naciera pertenecen a este gremio y por ello ya tienen ganado mi respeto, porque sé que así como aquellos a quien admiro y envidio, también les tocó. Así que guardaré silencio en ese sentido. Esa neurósis me la trago hasta el fondo.
Neta aún no me cae el veinte y no sé cuando me caiga. Sólo me resta decir que en verdad los felicito y que en verdad les admiro. Les quiero agradecer su compañía y esos momentos que nunca tendré moneda alguna con la cual devolverles o pagarles. Desde los proyectos fallidos, los almuerzos y comidas hasta los regresos compartidos a nuestros respectivos hogares. Les deseo mucha suerte y éxito a donde quiera que quieran llegar. En serio se los deseo. Por alguna extraña razón mantienen vivo en mí que sí vale la pena esa carrera. Sin embargo, reitero. Me rindo. Cuelgo los guantes. Sufro más de lo que supuestamente me apasionaba. Oficialmente me retiro de la filosofía y el mundo académico. Las respuestas y los pendientes existenciales que fanáticamente busqué resolver en cada semestre, han sido aliviadas en el lugar en que menos imaginé. Un lugar que incluso me ha salvado la vida. Un lugar que no permitió que me extinguiera. Y a todos aquellos que vienen detrás de mi generación. Ánimo carajo. No conozco a casi nadie por lo mamón que soy, y por ende, por la negación de abrirme un poco más al mundo. Pero espero que lleguen lejos, en verdad.
Eso es todo por hoy.
Confidentes
I
Voces, conversaciones. El ruido tenue de los pasillos provocado por decenas de suelas y tacones. Puertas abriéndose y cerrándose. Un edificio de tres pisos; salones en cada uno de ellos. La universidad. Fin de clases.
Estantes, vitrinas. Aroma de alimentos y café. Un último almuerzo: -Apenas y logramos salir vivos. -Ni que lo digas. Juro que no haré mas que estar en cama durmiendo los próximos días. Así celebraré. -No es para tanto. Si de verdad quieres celebrar, la mejor manera es irnos a divertir en viernes por la noche. -¿Realmente me estás proponiendo eso? -¿Realmente me estás creyendo? -ironía en la mirada, recibe la misma respuesta-. -Te extrañaré. Es una pena que nos veamos hasta el siguiente año. -Es una “pena” -alza las manos y utiliza sus dedos para expresar las comillas-, porque así lo prefieres. Sabes perfectamente que nos podemos reunir en vacaciones, o mejor aún, que puedes pasar Navidad conmigo y mi familia. -Tengo que estar en el otro trabajo. Las cosas no han mejorado, y, además, debo administrar los gastos que se harán a lo largo del siguiente curso en la facultad -le contesta con el ímpetu más discreto que le es posible interpretar para evitar fracturarse-. -¿Sabes? Me sorprende tu increíble capacidad interactiva. Y no lo digo porque realmente sea increíble, ya sabes, en el sentido emotivo de la palabra. -Y aquí vamos. No te pudiste hacerte esperar, ¿verdad? -y vuelve a entrar al juego-. -Lo digo un tanto en serio esta vez. Por un momento te abres y me dices que me extrañarás, pero inmediatamente construyes una muralla alrededor cuando te hago una cálida invitación... -Disculpa -le interrumpe-, no quise... -No, no. -también le interrumpe-. Lo que quiero decir es que desde que te conozco, prácticamente desde que estamos en la universidad, nunca he logrado descifrar esa parte tuya. No es que me la pase día y noche intentando resolver el misterio, pero de alguna forma has logrado que eso me intrigue.
Con cierta vergüenza, busca esconderse tras un sorbo de café. Su compañía imita el gesto. Una ventana se abre y una ligera brisa helada entra por la abertura.Siente escalofríos. Lo deja pasar y cierra los ojos al dar un breve suspiro: -Honestamente nunca he cuestionado tu manera de ser, pero es inevitable observar que sólo has convivido conmigo hasta la fecha, aún cuando muestras gentileza y respeto hacia los demás -se limpia el azúcar que quedó en sus labios tras una mordida a su rosquilla. Sólo escucha. No piensa, no hace nada. Sólo escucha y se ríe en silencio. -Por un lado es un privilegio la existencia de nuestra relación pero, por otro lado, a veces me invade el temor de tu desaparición. Aún sabiendo que estarás bien, dentro de lo que cabe. -Por favor, no nos volvamos nostálgicos. El día aún es largo como para que lo arruinemos con algo tan gris. -Insisto en que nada de lo que estoy comentando apunta a algo como eso. -¿Entonces? -respira y agacha la mirada antes de contestar. Busca la manera más clara y menos dolorosa de decirle su temprana agonía. Traga saliva. Sus labios no responden: -Tengo que irme, olvidé que tenía que buscar a mamá. Yo invito. -Muchas gracias. -Cuídate, ¿está bien? Y, por cierto, mi invitación sigue en pie. -Gracias, prometo hablarte para ello -se va sabiendo que escuchó una mentira. Ve cómo se aleja, pero no sabe que es el inicio del fin.
II
Una radio vieja sonando. El televisor encendido, pero en silencio. Imágenes en blanco y negro. Fotografías enmarcadas. Muebles de madera. Sillones y cojines viejos. La estufa encendida. Está esperando en el comedor. Le ofrecen de desayunar:
-Te los preparé tal y como siempre te han gustado. Gracias por venir a visitarme. -Gracias, huele delicioso. También me da gusto verte, aunque sabes que vengo cada fin de semana. -Lo sé, lo sé. Pero no importa, siempre me da gusto tenerte y verte. -¿Y papá dónde está? Me extraña que no esté aquí. -Dijo que tenía que ir al mecánico. Ya sabes que no le gusta que su cacharro ande fallando. Y pues, aproveché para mandarlo por unas cosas al mercado. No ha de tardar. -Si no lo veo hoy, por favor dale mis saludos. Espero verlo la semana entrante. -Claro que sí, no te preocupes. A tu viejo sabes que le da gusto que vengas a vernos -lo dice sonriendo-. -¿Y Lucía? ¿Qué sabes de ella? -Me habló el miércoles. Dice que anda en Argentina. Gozando de una pampa o de la pampa. No le entendí bien. Pero dice que regresa en dos semanas.
Un bocado masticado demasiado lento. Un sutil suspiro. Un breve pero extenso silencio. Recuerdos en cascada. Gritos en la cabeza. Ceño fruncido. Envidia. Responde: -Qué bueno que me avisas. Así podré organizar mejor mis visitas. -Ya reconcíliate con ella. -No empieces, no quiero hablar de eso. -Ya pasó tiempo desde que sucedió lo de aquel día. Es absurdo que sigan así. -No sabes lo que sucedió. Así que por favor, no te metas. -¡¿Que no me meta?! -da un fuerte manotazo en la mesa y alza estrepitosamente la voz, indignada-. ¡Por el amor de Dios! ¡Son mis hijos! ¡¿Cómo carajos no me voy a meter?! -Ya no somos unos niños como para que nos digas cómo nos comportemos o cómo nos tratemos el uno al otro -contestó mientras revolvía su platillo con el tenedor; mantiene la calma-. -¡No me importa! ¡Mientras siga viva, ustedes no se tratarán de esa manera! ¡Son lo único que tendrán cuando nos vayamos tu padre y yo! -gritó mientras se levantaba de la mesa y caminaba alrededor del comedor-. -Ya cálmate y por favor siéntate -lo dijo mientras contenía su furia para no perder el control; su mano derecha apretando el cubierto decía lo contrario-. -Qué bueno que no está tu padre. Ese canalla siempre los consintió y jamás intervino en lo que él llama “dramas innecesarios”. No creo que lo haga ahora. Estoy harta... -bebe un sorbo de té en su taza de porcelana, creyendo que eso la aliviará-. Sigue comiendo. Otro silencio aparece. Es distinto, pero no incómodo. Abraza, pero no acobija. Sólo vuelve nítida la nueva brisa helada que entró por otra ventana que acaba de abrirse. Siente escalofríos. No mueve un músculo. Sigue masticando. Escucha una fractura. El pánico se avecina. -En la mesa te dejé algunos billetes. No es mucho. Espero te sirvan. -Gracias, aunque no es necesario. Tú has de necesitar más ese dinero. -Insisto. -Está bien. -Tengo que irme, muchas gracias por el almuerzo. Por favor me saludas a papá y si se les ofrece algo, no duden en llamarme. -Claro que sí, muchas gracias. Pero antes de que te vayas, déjame decirte algo. -Mamá...-le interrumpe-. -Espera -retoma la palabra-. Simplemente no dejes que el tiempo decida otras cosas.
Tras escuchar, le sostiene la mirada unos segundos y después se da la vuelta. Abre la puerta y dice adiós con la mano. Dubitativo, sólo siente un hueco en el pecho. Posa sus manos sobre su frente como diciendo “maldita sea”. Enciende un cigarrillo. Aspira y expulsa una espantosa bocanada. Empieza a caminar y se aleja de su hogar. Aún no sabe que el fin lo está esperando.
III
Olor a tabaco. Una luz amarillenta brotando de un foco viejo. Cortinas entreabiertas. Nocturnidad. Ecos de neumáticos recorriendo el asfalto. Sábanas revolcadas. Ropa dispersada. Siluetas desnudas: -Lamento que se saliera de la rutina el encuentro de hoy. -No lamentes nada mi amor. Digamos que tuviste suerte de que estuviese libre. -De todas maneras, no volverá a suceder. -Ay, mi amor. ¿Por qué exageras? Sabes que me fascina estar abierta para ti. Eres mi favorito -un seco silencio surge después de estas palabras. Apaga su marlboro en el cenizero. Jadeante, se levanta y recuesta en la cabecera. Cierra los ojos y se acaricia las ideas; su ruido. Le interrumpen: -Hoy estuviste diferente. Me gustó, pero fue diferente. -Fue lo mismo de siempre, no sé a qué te refieres -se sigue acariciando. -Apenas y me saludaste. No me desvestiste como acostumbras, sabiendo que te encanta hacerlo. Te moviste diferente. Dominaste...¿Qué carajos?...no me viste a los ojos, no quisiste mis labios...¿Por qué de repente me parece despreciable su compañía?...ni siquiera dejaste que te pusiera el preservativo...¡Ya cállate y termina tu cigarro, que quiero continuar con lo que venimos a hacer!...Oye, ¿estás bien? -¿Perdón? -abre los ojos y le mira. No sabe a dónde fue. -Hoy estás diferente, eso pasa -enciende otro cigarrillo, ya había acabado el anterior. -No pasa nada. De pronto tuve tiempo libre y quise verte. Así de simple. -Tranquilo. Sólo intento decir que me excitó conocer esa parte de ti -otra vez silencio. Le hace un gesto con la mano para pedirle que comparta de lo que fuma con él. Responde: -¿Y si nos vamos de aquí? -¿Tan pronto? Vaya que me estás sorprendiendo, ¿me alcanzas el sostén? -No me refiero a irnos de la habitación, sino de la ciudad. Del país incluso. Tal vez Panamá o Costa Rica. -Definitivamente no, estás loco. ¿Desde cuándo piensas en esto? -Piénsalo. Sólo seríamos tú y yo. Un nuevo comienzo. -A ver -interviene en seco. -Una cosa es el exquisito juego que tenemos, otra es ser cómplice de ti. Sí he pensado irme de aquí, pero no ahora y mucho menos contigo. Eres el mejor amante que he tenido y probablemente tu gentileza exista fuera de estas paredes. Pero sólo estoy dispuesta a entregarme a ti en este espacio, no más. -Podría trabajar de pescador, no nos faltaría nunca de comer... -¡Basta! ¿Acaso escuchaste lo que dije? No iré contigo a ningún lado. Vete y vuelve sólo si dejarás este teatrito -se levanta, le avienta la ropa y le apresura a vestirse. Apenas ve que termina de colocarse los zapatos e inmediatamente le empuja hacia la puerta. Ya no quiere estar con él.
-No me vuelvas a hablar hasta que esto desaparezca -le azota la puerta. El estruendo lo despierta. No recuerda cómo llegó ahí. Se ve vestido pero sabe que ya había estado con Amelia. Frunce el ceño. Intuye que tiene que irse, pero está congelado. Quieto. Busca su cajetilla. Está adentro. Se desespera. Latidos acelerados. Se quiebra. El final ha llegado. IV
Silbidos. Grillos violinistas. Alas de cuervo revoloteando. Una gota infinita cayendo en el lavabo. El viento columpiándose. Maullidos. Ladridos. Niños corriendo. Cadenas arrastrándose. Todo y nada: -(Carcajada). -¿Qué es gracioso? -(Persiste la carcajada). -¡¿Qué es gracioso?! -Para empezar, el cómo te molestas -sigue muriendo de risa. -Vete al carajo. ¿En dónde estoy? -Hey, tranquilo. No hay prisa. No hay a dónde ir de todos modos. -Tengo que regresar a casa, necesito descansar. -Tonto, pero si ya estás en ella. No me sorprende que no te des cuenta. -¿Y por qué todo está cambiando? -No te fijes en eso, sólo relájate y déjame narrarte una historia. Había una vez... -¡No quiero oír nada! -Bueno, bueno. ¿Qué te parece una pequeña fábula? Se llamará... -¿Acaso no fui claro? -Qué aburrido eres. Aunque, sé lo que querrás ver. Un recuerdo. -No estoy de humor para recordar. Ya te dije que quiero descansar y eso significa dormir y olvidar -intenta cerrar los ojos, pero no se percata aún que no los tiene-. -Pues a mí no me importa si estás de humor o no. Si digo que será un recuerdo lo será -le paraliza, apaga su voluntad-. Shhh, ¿escuchas esos gritos? Ven, acércate un poco. Estoy contigo, siempre lo he estado. -¿A dónde me llevas? -Al momento donde nacimos. Mira, ¿reconoces esa casa? -Ahí nací. -¡Exacto! Ahora entremos -entran y ven dos figuras gritándose-. -Quiero irme de aquí. -Espera, espera. Aún no sucede nada -una de las figuras golpea a la otra con una botella. Sangre salpicada en las paredes. Va tras la niña escondida debajo de la mesa. La calla con el puño. La desviste-. -¡Basta! ¡Basta! -sigue paralizado, no responde nadie y sigue observando cómo esa figura desviste a quien golpeó primero. Les ata manos y pies. Amordaza sus bocas. Se retuercen entre la inconsciencia, el pánico y el dolor-. ¡Por favor! -Jajajaja, ¡pero si viene lo mejor! ¡Ya casi nacemos! -la imagen se aclara, el pasado regresó. Es su padre-. -¿Papá? -tiembla de terror, se ha transportado-. ¿Qué pasa? -Lo que pasará a continuación es el exquisito final -Lo ve de rodillas y se abalanza sobre él. También lo desviste. También lo ata de pies y manos. También le amordaza-. ¿Creíste que esto se quedaría enterrado para siempre? Yo me encargué de que no fuese así. -¡Dije basta! -regresa y detiene todo. Por un momento cree no tener el control, pero siente que puede recuperarlo. Comienza a darse cuenta que no está en su casa o en algún lugar familiar. Sigue sin saber en dónde está. Retoma la conversación con la oscuridad: -¿Quién eres?, ¿qué me estás haciendo? -Ohh vaya, casi comienzas a hacer las preguntas adecuadas. Pero temo que no hemos terminado aún por si eso creíste. Falta relatarte el acto final y no creo que seas lo suficientemente valiente como para decírmelo. Incluso negarás lo sucedido. Sé que harás eso. -¿Y cómo sabes lo que haré? No me conoces -escucha la explosión de otra carcajada-. -Me fascina tu inocencia, no hay nada como ella. No tienes idea del cómo me divierte. -¡¿Qué quieres de mí?! -Que reconozcas el cómo tu padre los violó esa noche y que fue ahí el comienzo de todo; de las mentiras, de los disfraces. Que reconozcas que una vez bastó para que sus vidas cambiaran. Para que tu madre se convirtiera en una sumisa, atreviéndose pocas veces a rebelarse o liberarse. Para que tu hermana buscara traicionarte gracias al odio que germinó por el hecho de que no pudiste hacer nada aquella vez. Para que tu padre se convirtiera en un monstruo dominante. -¿Cómo puedes decir eso? ¡Ni siquiera estabas ahí! ¡No sé lo que eres! ¡Muéstrate! -todo se apaga. No hay ruido ni forma alguna. No hay nada. Sólo se escucha una voz diciendo: -Claro que estuve ahí. ¿Recuerdas lo que hiciste justo en ese momento para protegerte? Me diste vida. Me dijiste “ayúdame”. -No sé de lo que hablas. -No quieres darte cuenta. No quieres reconocerme, pero tranquilo. Ya me estoy encargando. Al recitar esas palabras lo que hice fue crearte un espacio donde estuvieses protegido, donde no sintieras ni vieras nada, mientras tu cuerpo era violentado. Una vez que acabó, me empeciné en hacerte creer que enterraste ese momento para siempre. Y así dio inicio mi crecimiento y maduración aprendiendo contigo y de ti, observando todo lo que decías y hacías, conservando todo. -Entonces, ¿quieres decir que...? -Exactamente. No lo digas. Al fin nos conocemos. -¡No! ¡No puede ser! ¡No puedo permitir que existas! -abre los ojos, está al borde de la azotea. No sabe cómo llegó ahí-. -Tus secretos están a salvo y siempre lo estarán. Pero, es tu decisión.
(vía https://open.spotify.com/track/5gb7t37uXnb5tjcMFSiJ2n?si=S13U6EFKQk6QSbj_8hUCYQ)
Muchas veces pensé que la paz había llegado cuando la paz estaba muy lejos- como los náufragos- creen que ven la tierra- en el centro del mar- y luchan más débilmente -sólo para probar tan deshauciadamente como yo- cuántas ficticias costas- antes del puerto hay.
Poema 739, Emily Dickisnon (via entreletrasycafeina)
Soneto LXXXVIII
El mes de Marzo vuelve con su luz escondida y se deslizan peces inmensos por el cielo, vago vapor terrestre progresa sigiloso, una por una caen al silencio las cosas. Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda reuniste las vidas del mar con las del fuego, el movimiento gris de la nave de invierno, la forma que el amor imprimió a la guitarra. Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas, fuego que baila y sube la invisible escalera y despierta en el túnel del insomnio a la sangre para que se consuman las olas en el cielo, olvide el mar sus bienes y leones y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.
Pablo Neruda (Cien sonetos de amor)
Hoy fue esta canción.
(vía Físico explica el entrelazamiento cuántico como la unidad inmanente y trascendente de la conciencia)
-Para ti, cuando estés mal.
No vuelvas a usar el cuerpo o los sentimientos de otras personas para intentar aliviar tus deseos insatisfechos.
Comer Rezar Amar, Elizabeth Gilbert. Lovefood (via grupobookhunters)
Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. En este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él saco sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras: ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada en lo hondo del pozo.
Clarice Lispector (via denisesoyletras)
(vía 6 sencillas ilustraciones para navegar la ¿complicada? mente de una persona introvertida)
Un filósofo para cada época. Un siglo por etapa de maduración para el hombre. La Antigüedad es su infancia y su presente es el siglo XXI, la edad en que decide qué dirección tomar para su vida. Fortaleciéndose de su pasado, de cada logro, fracaso, descubrimiento y pérdida. Si biológicamente su evolución llegó a zenit, todo este tiempo ha evolucionado su ser metafísico, el pensamiento o su alma.
¿Qué es el amor? El amor es entrega. El amor es la razón del amor. El amor es una música. Amor y corazón noble son la misma cosa. El amor es la poesía de la tristeza. El amor es cuando el alma frágil se mira al espejo. El amor es pasajero. El amor es no decir nunca lo siento. El amor es una cristalización. El amor es dar. El amor es compartir un chicle. El amor nunca es seguro. El amor es una palabra vacía. El amor es alcanzar a Dios. El amor es un dolor. El amor es encontrarse cara a cara con el ángel. El amor son lágrimas. El amor es esperar a que suene el teléfono. El amor es todo un mundo. El amor es cogerse de la mano en el cine. El amor es una borrachera. El amor es un monstruo. El amor es ceguera. El amor es oír la voz del corazón. El amor es un silencio sagrado. El amor es el tema de las canciones. El amor es bueno para la piel.
La nueva vida, Orhan Pamuk