La castaña se había puesto algo ansiosa, pues deseaba ver de nueva cuenta al cancerbero que debía de cuidar. Le parecía fascinante y lleno de energía, justo lo que necesitaba para su ánimo. Se dijo a sí misma que, cuando tuviera algo para ella sola y se graduara de Hogwarts, adoptaría a un animal con ese nivel de entusiasmo; pero, por ahora, trataría de enfocarse en dar su mayor esfuerzo en el pequeño animal. Se apresuró a llegar a la sala común y sonrió en cuanto los vio a ambos.—¡Ted!—saludó, sentándose al lado de él para acariciar al pequeño, que de inmediato intentó morder su mano.—…. Parece una piraña y no cancerbero, en serio.—comentó, negando con la cabeza, pero cediendo ante una pequeña sonrisa.
Agradeció escuchar la voz de la fémina cuando entró en la sala, que sin duda sería una buena madre para la criatura. Se iba a poner en pie cuando ella se sentó, por lo que permaneció en el sitio—. ¡Hola Aly! —devolvió el saludo, animado—. Todos los perros muerden cuando son cachorros, pero este abusa de poder. —acompañó sus movimientos de negativa con la cabeza, aunque era francamente inevitable sonreír con el animal por muchos rasguños y dolores de cabeza que causara—. Propongo conseguirle algo para morder, como un hueso o algo por el estilo. Bueno, tres. —se corrigió de forma automática y colocó el animal en el regazo a la castaña, para que lo tuviera un rato—. También puede servir un palo, creo.










