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La mirada que mantenía su hermano mayor sobre el ojiazul, fue suficiente como para hacer reír a la fémina, cosa que era realmente extraña, no era algo habitual en la rubia y bien quien conociera a Amelia Strandford, la identificaban rápidamente por su explosivo carácter, su andar repleto de seguridad pero con ese toque tan enigmático que lo hacia tan de ella, la peculiaridad de su alma manchada por el carmín de los inocentes. “Jer, ¿qué está haciendo Natasha?” Fingió ver a la muchacha, asombrándose de mentiras para que él se girase a observar al lugar donde supuestamente la vio. Saliéndose con la suya, como era de costumbre, se adueñó de la muñeca de su nuevo acompañante y sin más salió corriendo. “Eres de lo peor, Smart, Jerome nos matará.” Carcajeó con fuerza, quedándose sin aire por un instante. “Ese momento fue oro.” Aplaudió al castaño, una vez lejos del Black. “Ahora estamos afuera y estás jodido, porque te quedaste conmigo.”
Al escuchar la pregunta de la rubia no pudo evitar también observar la dirección que Jerome miraba tan preocupado. —¿Qué? —se paró en punta de pie para quedar un poco más alto de lo normal, tratando de descubrir qué hacía Natasha. —Yo no ve... Oh. —susurró lo ultimo al darse cuenta del plan de la muchacha, guiando otra vez su mirada a ella y haciéndole lugar al contrario cuando éste pasó apurado hacia el lugar señalado. Se sorprendió un poco cuando Amy lo tomó de la muñeca, pero no tuvo más remedio que seguirla (tampoco es como si esto fuera una molestia para él) —Que Jerome nos maté es el menor de mis problemas. —coreó su risa mientras corría junto a ella, sintiendo como su estomago dolía, sin saber si era por aquella carrera o por las carcajadas que soltaba. Hacía mucho el castaño no corría tanto, la verdad es que había perdido la costumbre. —Gracias, gracias. —hizo una reverencia al escuchar como le aplaudía. —No sé si jodido sería la palabra. —sonrió tirándose al suelo agotado. —La verdad es que siento que pasar tiempo contigo, mi querida rubia, es una bendición.
dianaangkot-blog:
Quinn: Who’s that guy?
Brittany: He’s Tony. He’s new here,he just moved from England i guess..
Crossover [Skins-Glee / Tony-Quinn]
I have everything but at the same time anything || Self-para
Participa: Eithan Smart.
¿Cuando?: Lluvia de estrellas.
¿Qué deseo? —se preguntaba a si mismo, suspirando una y otra vez, el estrés se hacía parte de su alma. Alzó la mirada al cielo, mordiendo su labio inferior inseguro de las palabras—. Yo no quiero nada, lo tengo todo; Belleza, inteligencia, gracia y tengo una hermosa novia —alzó los hombros despreocupado, sonriendo para él mismo. ¿Estás seguro qué no quieres nada? Pregunto una voz en su mente—. Ehm, no, tengo todo lo qué quiero, como ya lo he dicho antes —dijo confundido, ya creyéndose loco por hablar consigo mismo—. A ver… deseo un yate —se dio la media vuelta, listo para irse, pero esa voz lo detuvo. Tienes confianza o eso aparentas, Eithan. ¿Cómo está tu familia? — ¿Por qué quieres saber de mi familia? Ellos están bien —entrecerró los ojos. ¿Eres feliz? La voz que sonaba en su mente cambio de tema, ¿Por qué estás tan preocupado en qué todos te amen? El castaño bajo la mirada y sacudió la cabeza—. Todos deberían adorarme, digo… soy asombroso —sonrió falsamente. Tienes todo lo que un muchacho desearía, pero no te amas a ti mismo—. Yo me adoro —apretó los labios, intentando ser fuerte—. ¿Por qué crees que no? —paso la punta de sus dedos por ambos ojos aguados. Ya entiendo, no eres nada, pero aparentas ser todo.
La hija de Atenea arqueó ambas cejas, pensando en cierta castaña que hubiese partido cuán alma lleva la mismo demonio por la reciente ocurrencia del masculino presente, sin embargo, la ojiazul se quedó en su lugar, sonriéndole casi al instante. “¿Usarla conmigo? Buen intento.” Rió con amargura, guiando sus pasos hacia el muchacho, sin temor alguno de lo que él fuera capaz de hacer. “Pensé que lo de ustedes eran las espadas y las lanzas.”
—Ugh. —bufó apagando la motosierra y tirándola a un lado, sin importarle mucho cuando la ojiazul se acercó a él. —Pues no. —entrecerró los ojos al escuchar sus palabras, lejos de estar ofendido se acercó un poco más a ella, pero se separó al instante. —Eso lo hacía el abuelo, el viejo loco Black. —mintió, él nunca había sido muy fanático de esas armas. —En fin, arruinaste todo mi plan y toda mi sorpresa, ya no voy a poder hacer lo que tenía en mente.
—¡P-por t-todos los d-dioses! —exclamó Bryan entre tartamudeos, sintiendo como sus mejillas se enrojecían ante tal acto. —D-disculpa, soy un p-poco t-torpe. —volvió a decir, tomando las cosas que se habían caído de la persona con la que se chocó hacía unos segundos. —S-suelo ver p-por donde vengo, p-pero parece q-que hoy n-no es mi d-día. —dicho esto le tendió al contrario los objetos que habían recientemente en el suelo.
“No voy a escaparme ni a perderme por ahí como Caroline y Tanaris, Jerome.” Viró los ojos, recibiendo una severa mirada del más alto, recordando perfectamente que estaba prohibido tocar ese tema, pues hasta donde la mayoría podía tener entendido, sólo podían salir con los guardias, bueno, eso no era así. Se sorprendió gracias a las palabras que brotaron del masculino, arrebatándole un sutil rubor que rápidamente disfrazó, desviando la mirada y torciendo sus carmín. “Dudo mucho que necesites algo de mí, después de todo, él está a cargo.” Señaló al castaño, encogiéndose de hombros. “Él no quiere dejarme pasear por los jardines, Eithan.” Un sutil mohín se posó sobre sus labios, dirigiendo sus avellanados hacia él. “¿Tú crees que eso es justo? Tan buena que soy yo para que desconfíen de esa manera.”
El castaño no dudó en mostrar una brillante sonrisa ante aquel acto de la rubia, acalarandose la voz y acercándose al hombre. —¡Jerry! —comentó abrazándolo por los hombros, intentando verse lo más simpático que podía en ese momento. El carisma de Eithan no tenía final, la mayoría del tiempo era así de suelto con sus conocidos y hasta desconocidos. —Te ves más delgado. —elogió al contrario, picoteandole el estomago una vez con su dedo. —Te sienta bien, en realidad todo te sienta bien. Qué envidia. —negó con la cabeza fingiendo decepción. —En fin, deja pasar a Amy, vamos, la chica es responsable, inteligente y no va a pasarle nada. Vamos, Jerry, di que sí. —tomó aire cuando el sujeto le dio un frio “no” en respuesta. —Son los jardines, las chicas meditan en los jardines, las chicas tranquilizan su enojo en los jardines, ¡Son los jardines, Jerry! —repitió soltándolo al instante. —Si no la dejas salir va a estar enfurecida por tres meses.
“Diablos, me duele admitirlo, pero tienes un punto totalmente coherente.” Balbuceó la morena, con la contradicción totalmente palpable en su rostro. Quizás el pasar demasiado tiempo con “buena” compañía, le había pasado factura. Pero la sangre es poderosa y su naturaleza es algo que no se puede negar. Ahora más que nunca Natasha podía necesitar algo que sólo Jack era capaz de ofrecerle. Así que se acercó a él, tomó su brazo, y esbozó una sonrisa que buscaba complicidad. “Creo que sí te necesito. ¿Qué dices sobre pasar tiempo de calidad con tu hermana mientras buscamos algo que desmembrar con tus juguetes? Seguro que nadie extrañará un par de muertos perdidos en alguno de los campos.”
—Gracias, gracias. —se aplaudió a sí mismo, nada sorprendido cuando aquella castaña le tomó del brazo, ladeando la cabeza bastante complacido. —Oh, hermanita... —empezó acariciando la mano de la contraria que se encontraba enredada con su brazo. —Sabes que me encantaría pasar este tiempo contigo, hace mucho no nos ponemos al día. —dijo con doble sentido en esas ultimas palabras. Jack amaba salir de vez en cuando a hacer “maldades” con Natasha, entre ellos se habían enseñado muchas técnicas nuevas para asesinar y eso al pelirrojo le llenaba el alma y le ponía una sonrisa en el rostro. Sin más tomó su motosierra con una mano y empezó a caminar junto a ella, adentrándose a lo más oscuro del bosque. —Amo venir aquí. —dijo inhalando y exhalando. —El aroma a hojas y troncos es asombroso, imagina como será junto al olor a sangre.
Ya. Dilo. –Masculló el moreno en respuesta de las ‘’suaves’’ palabras de su amigo.– Admite que me has echado de menos.– Aunque quizás, más bien probablemente quien lo había echado de menos más que cualquier otro era él. Nath odiaba mostrar cualquier tipo de sentimientos, más un impulso hizo que se acercase y le diera leves palmaditas en la espalda a su compañero. Más en un segundo se supo incomodar y alejándose rápidamente sonrió rascando su nuca.– ¿Donde rayos estabas, imbécil? Ya no desaparezcas de mi vista.
Sonrió al escuchar las palabras de su viejo amigo, rascando un poco su cabeza y pasando los dedos por su cabello. —Te he echado de menos, y mucho... —confesó, la verdad es que si Eithan no lo hacía le parecía imposible que Nathan vaya a decir o demostrar alguna muestra de afecto, por lo que se sintió feliz al sentir esas palmaditas en su espalda. —¿Que donde estaba? —arrugó la nariz, fingiendo que aquella pregunta había sido difícil. —He estado en todos lados. —finalizó. —Mejor será que tú no desaparezcas, ya sabes, que te vayas con alguna de tus chicas por ahí.
“Es lo que hace al Inframundo encantador, supongo. Al menos no tienes tiempo de sentirte solo, siempre habrá alguien susurrando sus penas en tu oído. En una manera bastante literal.” Una sonrisa, lastimera y forzada, acompañó sus palabras. No quería admitir que había sufrido pesadillas desde la primera noche en aquel lugar. No era la su primera vez en el Inframundo, pero tampoco era uno de sus lugares favoritos, le asfixiaba. “Pero nunca te habías escapado del Inframundo, ¿o sí?” Cuestionó la blonda, casi con sorna. Aún estaba decidiendo si la presencia de Eithan le tranquilizaba o le alteraba, mas estaba agradecida de contar con su compañía.
Alzó las cejas al escuchar las palabras de Sky, éstas parecían tener sentido, por lo que no pudo discutirle nada. El castaño podía sentir que su presencia allí molestaba aunque sea un poco, no entendía si hacía sentir incomoda a la chica o qué, pero la verdad es que él no sabía tanto problema. —Eso es secreto del estado. —comentó guiñándole un ojo a la vez que apartaba los arbustos del camino. —¿Por qué quisiste salir hoy sabiendo que nos pondrían un castigo? ¿Por qué te arriesgaste sabiendo que las cosas te importan mucho? —preguntó un tanto confundido, él no se había hecho esa pregunta antes, pero claro estaba que la presencia de Skyler allí junto a él le sorprendía.
Natasha se sentía plena, ese lugar era su hogar y el estar en casa le daba cierta… ¿estabilidad? Se sentía poderosa y feliz, absurdamente feliz, principalmente cuando veía la molestia en el rostro de los demás dioses. Cierta figura atrajo inevitablemente su atención, su hermanito. Se quedó ahí, dejando que la curiosidad ante la acción que el otro realizaba se apoderara de ella. Mas pronto fue descubierta y no le quedó otra opción más que acercarse. La pregunta fue simple, casi amenazadora, pero a la morena se le antojó adorable y se echó a reír. “Vamos, Jacky. ¿Acaso piensas que los miembros del cuerpo crecen en los árboles?”
La sonrisa de Jack se esfumó con rapidez ante la pregunta de su hermana. Apagó la motosierra y la dejó a un lado, soltando un bufido. —De esa forma se perdería la gracia de matar, ¿no, hermanita? —hizo énfasis en la ultima palabra, volviendo a esbozar aquella sonrisa tan característica que tenía. —Pero bueno, —soltó un suspiro, esta vez haciendo que su expresión fuera más tranquila y no tan dura como siempre. —¿Viniste porque me necesitabas o a ver la preciosa naturaleza? —dijo pasando la mano por aquel árbol que había estado recostado hacía unos pocos minutos atrás.
No tardó más de un segundo en romper en carcajadas, negando con la cabeza. “No creo que quieras usarla conmigo, Jack, terminarás como la última vez” amenazó la rubia, recordando aquel día en el que había escondido la motosierra pues la obsesión de su hermano la tenía harta. Ella procuró esconderla en el mejor lugar, hasta que terminó por aburrirla y se la devolvió. “Aunque te confieso que sería bastante entretenido verte usándola en alguien más”.
Apagó el objeto y lo tiró a un lado ante la amenaza de la rubia. —Te dije que ya no la estoy usando como antes. —mintió, el pelirrojo siempre usaba la motosierra, sea adecuado el momento o no. Claro está que evitaba hacerlo cuando su hermana estaba cerca, siempre terminaba con las manos vacías cuando ella lo descubría. —¿Sí? —sonrió. —Yo estaba pensando justamente lo mismo.
“A doctor at Arkham once described for me The Joker’s state of mind: imagine trying to solve the world’s most difficult math equation while you’re surrounded by six televisions that sit five inches from your face–all tuned to different stations, all rapidly switching channels, all with the volume at full blast. That’s what it’s like to be The Joker.” - Batman: Cacophony
La idea es pasarme.– Soltó algo promiscuo aunque solo demoro un segundo en reconocerlo.– ¿Eithan? ¡Joder! ¡¿Enserio eres tu?! – Había pasado mucho tiempo desde la última aparición de aquel viejo amigo, para el moreno era como alguna especie de hermano que siempre deseo tener. Un perfecto cómplice y el verlo lo encaramelo por completo; Aunque como es de esperarse, suprimió todo aquel signo de alegría en una simple sonrisa amistosa con tal de verse muy macho.
Una sonrisa pasó por su rostro, intentando no hacer ningún comentario fuera de lugar; Pues la verdad es que había extrañado a Nathan. —No, sólo soy su espíritu. —contestó sarcástico observando al enrulado, queriendo darle un abrazo o algo, pero no dejándose llevar por el momento. —Tu cabello está más oscuro y te ves más musculoso. —confesó un poco sorprendido de como había cambiado su amigo. —Eso te sienta bien.
“Es un lugar pintoresco si no te fijas en las piras hasta el cielo y en los gritos de los torturados.” La joven Rose intentaba, en vano, ver el lado positivo de pasar una temporada en el Infierno. Casi era divertido, justo llevaba bajo el brazo el poema de Rimbaud que rezaba el mismo nombre. Había aprovechado para salir de la mansión, que a ella mas le parecía una prisión, tomando como “rehén” a esa pobre alma que se había cruzado en su cuando se propuso escaparse un rato. “¿Crees que nos manden a los campos del castigo si investigamos un poco?”
—Creo que los gritos hacen la experiencia más divertida. —comentó sin prestarle mucha atención a esos perturbadores sonidos. Eithan siempre buscaba la forma de escapar un rato, por lo que se sorprendió cuando encontró a la rubia allí caminando sin rumbo. Claro está decir que ella también se había sorprendido (o eso parecía), por lo que lo más digno que pudo hacer era acompañarla a donde sea que se dirigiera. —No sé y para ser sincero tampoco importa. Digo, yo vivo escapándome y mírame, sigo en todos mis trozos.
“No puedes detenerme.” Espetó con ese característico tono de voz por el cual todos reconocían a la ojiverde de una forma casi inmediata. Frente a ella, se encontraba nada menos que un Black, asignado a joderle la paciencia, en palabras de Amelia, porque se negaba a darle paso. “Jerome, no estoy bromeando.” Murmuró, arqueando una de sus bien delineadas cejas, recibiendo otra negativa que bien estuvo a nada de hacerla rabiar, hasta que existió un tercero en la escena. “¿Necesitas algo o sólo estás merodeando?” Con rudeza cuestionó, sintiendo el carraspeo del mayor por la falta de cordialidad de la rubia.
Había escuchado a la rubia peleando con alguien hacía un par de segundos, por lo que Eithan no dudó en querer meterse en aquella situación. Caminó los pocos metros que habían hasta quedar junto a la muchacha, iba a decir algo para darle más leña al fuego hasta que ella habló, alzó ambas cejas divertido y con una sonrisa ladina. —Estaba merodeando hasta que te encontré a ti y ahí necesité algo. —le guiñó con gracia. —¿Cuál es el problema del grandulón? —preguntó refiriéndose a Jerome, observándolo de pies a cabeza.
Jack se encontraba metido en sus pensamientos mientras limpiaba una de sus cosas más preciadas en el mundo: Su motosierra. Había tenido aquel objeto desde que tenía memoria y de seguro era la única cosa que amaba. Terminó de pasar el trapo por la misma y levantó la mirada, allí vio como alguien lo observaba a unos pocos metros. Se levantó lentamente del césped con motosierra en mano y la encendió. —¿Te gustaría que la use contigo también?