Te celebraré toda la vida, mamá
Durante casi 34 años de mi vida le celebré el cumpleaños a mi mamá, tal vez no los 5 o 6 primeros años ya que la edad no lo permitía, pero desde ahí siempre le dedicaba unas palabras, ya sea en una carta mal pintada con grafos, después en una carta mejor dibujada y escrita, unas flores, un regalo, una llamada, un ponqué, más regalos, pero siempre acompañados de abrazos y besos para ella porque el final de celebrar unos cumpleaños es hacer que se sintiera amada, respetada, querida, que se sintiera la reina del mundo, que no hiciera nada más que recibir solo buenas cosas. Con mi familia hacíamos lo que estuviera en nuestras manos para que este día fuera muy especial. Incluso ya hace un año cuando sabíamos de su cáncer y lo avanzado que estaba, cáncer que se la llevaba de a pocos cada día.
Este 15 de mayo de 2022 no dudo en maquillarse, ponerse sus anillos, sus collares, una blusa elegante, se veía esperanzada, con ganas de seguir, con ganas de darlo, de arrebatarle más días o meses a la muerte, de querer saltar a pesar de estar postrada en la cama. La rodeamos, la felicitamos, le compramos un pastel y celebramos su día, le cantamos el feliz cumpleaños y nuevamente la abrazamos, todos contagiados por su sentimiento de esperanza, todos contagiados de su amor y de sus ganas de vivir más, a pesar de saber la verdad, a pesar de que la muerte solo nos la iba a prestar 7 días más sin saber esto último, aún.
A un año de este su último cumpleaños aquí en nuestro plano, seguiré celebrando su vida, lo que me dio, lo que me habló, lo que me enseñó, lo que me predicó, lo que me consintió, lo que me cocinó, lo que me aconsejó, todo esto en su sabiduría, en esa que le dio la vida, al igual que su mamá, en esa sabiduría que adquieren las mamás cuando se transforman en ello, en una sabiduría personalizada y única que nos da una pequeña guía en este camino largo que es la vida. Seguiré celebrando sus caricias, su compañía, que me enseñó a montar en bicicleta, que me enseñó a combinar los colores de mi ropa, que me enseñó a tender la cama, que me enseñó a hacer arroz, que me enseñó la seguridad y respeto del hogar y aquí me podría quedar con un sinfín de enseñanzas, con una infinito de consejos.
Celebraré un infinito de su rostro en mi mente, en cada una de sus épocas, con el flequillo noventero que tuvo, con sus crespos vallunos, con su acento sevillano muy propio del pacífico, son su tes trigueña la cual heredé, con sus bluejeans de Lec Lee que amaba, con su "tumbao", con su cautela a la hora de comer fuera, con su gusto por la salsa aunque no lo aceptara, con sus almuerzos especiales cuando cumplíamos años, por su gusto por el blanco a la hora de decorar, con su creatividad y emprendimiento. Celebraré todos sus detalles, toda su esencia, toda su vida, la que nos dio, la que compartió con nosotros, conmigo, celebraré lo que me dejó, lo que nos dejó a quienes compartimos con ella, celebraré su existencia aún cuando no la vea físicamente, aún cuando pensar en ella me cuesten lágrimas, la celebraré porque siempre fue alegría, porque siempre fue sabor, porque siempre había cotorreo, siempre habían chistes y momentos serios, muy cortos porque siempre había gracia, siempre había una sonrisa al final, donde fuere o como fuese.
Este es un pequeñísimo homenaje a mi mamá, a quien le dije muchas cosas, la abracé lo que quise, le di los besos necesarios, la acompañé a donde quiso cuando se podía, la exalté, la honré, la felicité, todo siempre cuando estuvo aquí conmigo, pero que siempre amaré y respetaré hasta que el último diástole, hasta que me quede el último respiro, el último pensamiento, el último yo.
Te celebraré y amaré siempre, mamá.

















