A los cinco meses, el pediatra nos informó que M ya podía ir incorporando nuevos sabores a su dieta de leche materna y nos dijo que podíamos darle un postrecito/yogur una vez al día. Entonces, su todavía nuevo paladar conoció el sabor del Danonino de vainilla.
Contrariamente a lo que pensamos en primera instancia, M quedo encantado con el yogur. Si bien las primeras cucharaditas le dejaron una expresión en la cara cercana al asco, rapidamente se puso feliz y abría la boca pidiendo más.
Había escuchado por ahí que a los bebés les gustas más los alimentos más dulces que los salados, entonces no era tan difícil suponer que el yogur le iba a gustar. Si bien era posible de que no le gustara, las chances eran pocas. Logrado el objetivo de un nuevo alimento, ese mes estuvo tomando leche materna, leche para bebé y yogur.
Al llegar al sexto mes, el pediatra nos avisó que podíamos incorporar todavía más alimentos: pure de calabaza o zanahoria, manzana, banana, vitina, nestum, incluso alguna que otra galletita de vainilla (clásica sin relleno), sin olvidar la leche y el yogur. El desafío ahora era lograr de manera exitosa que M comiera todo eso sin poner cara de asco y sin rechazar ningún alimento. ¿Sería posible?
Lamentablemente la respuesta fue no. Si bien el yogur fue un verdadero éxito, M no soportó la idea de comer algo salado. Por eso, realmente fue una proeza tratar de que comiera calabaza y zanahoria, vitina e incluso las frutas. Las galletitas las devora con gran placer, e incluso pudimos hacer que comiera manzana y banana mezcladas con yogur (aunque no por separado). Algo parecido nos ocurrió con la Vitina, que no fue totalmente de su agrado. El Nestum, por el contrario, le gustó. Abre la boca pidiendo más y se devora la taza que le preparamos. Quizá esto se deba a que es más dulce que los puré y la vitina.
El paladar de los bebés no está acostumbrado a estos alimentos, son nuevos sabores, ya que hay que recordar que sólo han tomado leche materna desde que nacieron, por lo que adaptarse a nuevos sabores puede ser realmente difícil. De todas maneras, esto no significa que nunca le vaya a gustar. Posiblemente, con un poco de insistencia, finalmente adopte las nuevas comidas.
El tema pasa, y este es el verdadero desafío, que a mi me angustia mucho que no coma. Su rechazo lo veo como una especie de derrota. Cada vez que le acerco la cuchara, cierra la boca y aleja la cara como diciendo "¡por favor, sacame eso de acá!" y no hay caso, no come.
Supongo que habrá que ser mas paciente, engañarlo con algunas técnicas para disuadirlo, o hacer como con la fruta de mezclarlo con el yogur que le gusta. Pero claro, anda vos a mezclarle el pure de zapallo o calabaza con el danonino.
Evidentemente, ahora empieza la parte más complicada de ser padre, cuando tu hijo empieza a conocer más cosas y te das cuenta que no va a ser facil que él haga siempre lo que vos querés, y tratar de encontrar la manera para que todo resulte. Por lo pronto, tendremos que seguir intentando, aunque a él no le guste. Quizá en algún momento le haga click y empiece a gustarle. ¿Por qué no? No hay que perder las esperanzas.
En pocos días M cumple 7 meses. ¿Cambiará algo?