━╋ . . ˚ . eleanora salazar. '99 escorpio. economista / asesora en la bolsa de valores. ( cupo f4 ). escrita por shrek.
* biografía / tablero / conexiones.
sheepfilms
Claire Keane
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
almost home

blake kathryn

Discoholic 🪩
Cosmic Funnies
Cosimo Galluzzi

ellievsbear
$LAYYYTER
No title available

Product Placement
Alisa U Zemlji Chuda

roma★
Mike Driver

@theartofmadeline
Game of Thrones Daily
Keni
Lint Roller? I Barely Know Her

祝日 / Permanent Vacation

seen from United States
seen from Türkiye
seen from Türkiye
seen from Greece
seen from Germany
seen from T1

seen from Türkiye
seen from Germany
seen from United Kingdom
seen from Germany
seen from United States

seen from France
seen from United States

seen from United Kingdom

seen from China
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Germany

seen from United Kingdom

seen from Netherlands
@eleanxra
━╋ . . ˚ . eleanora salazar. '99 escorpio. economista / asesora en la bolsa de valores. ( cupo f4 ). escrita por shrek.
* biografía / tablero / conexiones.
# time skip
había regresado el video demasiadas veces, deteniéndose siempre en la grieta. no importaba si ya había empapado cada rincón de su memoria, la culpa sabía cómo flotar, cómo volver a la superficie como lo hizo con otis. pero esta vez era distinto; era la voz que tantas veces le había dicho que la quería, que no fuera tonta, la voz que la ausencia había ido borrando y que sólo recuperaba en la penumbra callada de la casa de sus antiguos suegros. sabía que en aquel instante era con suerte el reflejo de la persona que había expresado hacia unas horas atrás, no era la figura que había aprendido a construir para sobrevivir a la tragedia, sino la que la devolvía entera a ella, como si cada recuerdo la obligara a mirar el vacío que amelia y otis dejaron. pausó el video, y justo cuando iba a arrastrar de nuevo la línea hacia atrás, se dio cuenta de la presencia ajena ' hey ' llamó, con una voz que ya no cargaba la misma armadura que antes. ' ¿puedo pedirte algo muy patético, eleanora? ¿podrías quedarte conmigo? '
parpadea lento, como si cada pestañeo fuera intento fallido de enfocar lo que hay delante. eco de mensaje reciente aún le ronda, pero se diluye entre neblina química que anestesia aristas, igual que campana sonando en otra habitación. de todas formas, le es indiferente el rostro tras esa novedad. ladea apenas la cabeza al oír su nombre, calibrando si vale la pena responder. al final, no es respuesta verbal lo que ofrece, sino el simple acto de quedarse allí, cuerpo hundido en el mismo aire, mirada fija tras cristales, no en el vacío sino en humedad que desciende por facciones marmóreas. no hay promesas ni concesiones, solo permanencia flotante de quien está demasiado lejos para irse y demasiado cerca para desaparecer. perlados mordisquean canalillo antes de, finalmente, verbalizar : ‘ ———¿quieres algo de agua? ’
Se queda con las manos vacías cuando le arrebata el fuego, los dedos danzantes, aireados. La observa de reojo encender el porro y exhalar el humo, que con la apariencia gélida de su alrededor, pudiera parecer que es a consecuencia del clima nevado. Se levanta el cuello del abrigo en un intento de detener que el viento se escape dentro de la ropa. Después toma con cuidado, con dos dedos, el cigarrillo y se lo lleva a los labios, calando del mismo volteando hacia el lado contrario, irónicamente tratando de que no inhale lo quemado, sin realmente caer en cuenta que de todas maneras estaban fumando lo mismo. Devuelve el cilindro mientras retiene el humo en los pulmones, y un par de segundos después lo exhala con desdén. No dice mucho, mas bien se dedica a analizarla. Los ojos ámbar del muchacho cruzan con los marrones ajenos, y luego hacia sus labios: no particularmente en deseo (aunque podría darse a sugestión), solo una inspección de sus movimientos. Devuelve la mirada hacia enfrente, paisaje no era muy hermoso, estaba inundado de camiones y puertas a bodegones que daban a estudios justo como el que tenían detrás.
arquea apenas comisura al verlo tomar cilindro, gesto breve que no llega a sonrisa. recibe de vuelta el armado con un movimiento lento, como si cada segundo fuera una negociación tácita, y lo lleva de nuevo a labios pintados con el mismo cuidado que se reserva para las armas blancas. vaho se cuela en pulmones sin resistencia, tibio contra el frío que muerde manzanas, y lo exhala en una nube que parece querer unirse a bruma invernal. pantalla vibra en bolsillo, destello que no busca de inmediato, pero que termina por revisar con un solo vistazo ; notificación le arranca apenas un pestañeo antes de que terrosos vuelvan al frente, indiferentes, como si mensaje fuera polvo sobre cristal. ‘ ———increíble como la mierda no para. ’ devuelve atención al horizonte gris, donde nada invita a quedarse, y sin embargo no se mueve, como si el acto de permanecer fuera su respuesta más deliberada.
en ese momento román siente que vuelve al pasado, el retorno es violento y le sacude órgano rey. vuelve a una época en la que sentía todo demasiado fuerte— no cree haber dejado de hacerlo, después de todo, pero al menos había aprendido a manejarlo, a tener control sobre ello. no recuerda cuando fue la última vez que se sintió tan fuera de control, como si todo se le escapara como arena entre los dedos ( y si pudiese cruzarse alguna situación particular por su cabeza, la ignora, porque eso prometió ). mira a su alrededor porque, de pronto, tiene la necesidad de asegurarse donde está la salida más cercana ; por qué puerta puede huir cuando inevitablemente todo en su interior termine por derrumbarse. se recuerda a sí mismo llorando sobre la almohada, con el teléfono en la mano a la espera de una vibración que le devolviese el alma al cuerpo, y recuerda también, la nada misma. escucha su nombre, y lo siente tan lejano como cercano ; lo percibe distante en una montaña, y también acariciando canal auditivo como cuando la tenía entre sus brazos. román se lleva diestra a la mandíbula, contornea con fuerza intentando ablandar los músculos endurecidos a causa del estrés. la escucha cuestionar, y todo en su interior se revoluciona. sabe lo que aquello significa, sabe a donde los orilla esa inquisitiva, y sin embargo, no puede echarse hacia atrás. si sigue guardándoselo, va a ahogarse ; sin embargo, las palabras se quedan atoradas en su garganta. siente que no consigue una definición, que no puede interpretar verbalmente lo que su corazón siente en cada latido cuando se trata de ella. entonces, sin acobardarse más, moreno alza las manos para tomarla con cuidado del rostro, incluso si existe la posibilidad de que sea apartado con violencia. entreabre los labios para hablar, y por un instante agigantado, siente la necesidad de simplemente besarla y así hacerle entender. en su lugar, permanece allí, tembloroso y angustiado. “——— eres mi mejor amiga,” sentencia finalmente con un hilo de voz, y para él, esa es una confesión mucho más intensa que cualquier otra. quizás parezca poco, quizás sea mal interpretada por cualquiera que pudiera escucharlo, por cualquier testigo que se declarara mediador en un vínculo roto por la falta de comunicación. por tantos años, román no había sido capaz de pronunciar aquellas palabras, porque nadie nunca caló tan profundo para adueñarse de espacio tan delicado en su interior ; sitio al que le había puesto cintas amarillas, una escena de crimen que era incapaz de pisar, solo observar a la distancia mientras continuaba ardiendo eternamente. las lágrimas que intentaba contener se acumulan al borde de párpados inferiores y niega. ni siquiera cae en cuenta de lo que podría entender ella, porque a él le sale del alma. todo lo que componía a román le pertenecía a amelia melbourne: su nombre, su voz, su corazón, la sangre en sus venas y cada átomo que conformaba su cuerpo. y estaba dispuesto a extenderlo a la mujer que tenía en frente… si tan solo se lo permitiera. “yo no quería lastimarte, eleanora. no quería… dios,” exhala, traga con fuerza y arde. “te quiero tanto que es patético,” la vergüenza le pica con fuerza como la tela incómoda de un suéter que irrita el cuello, la espalda y los brazos. ¿cómo va a hacer eso cuando del otro lado el hilo no fue sostenido? se quedó solo en la pista. no es que le pese quererla, es que le destruye no haberlo hecho bien, no haberlo intentado más. pasa por alto la ambigüedad, la torpeza con la que se expresa al verse víctima de sus deseos y una oleada de emociones que se le mete por fosas nasales y lo ahoga ; que le irrita los ojos y los llena de lágrimas ; que lo arrastra por las piernas a las profundidades del mar salado. “——— no estaba jugando, ele,” reitera, allí la voz se suaviza / se quiebra, las cejas se juntan en gesto cargado de aflicción. entonces la toma de los hombros con sumo cuidado, como si fuese a lastimarla por accidente, y le pide amablemente toda su atención en dicho accionar: “por favor, dime qué pasa contigo. no puedo perderte”.
lo ve quebrarse y, contra toda voluntad, siente el propio cuerpo imitarle fractura. es un reflejo involuntario, como si óseos fuesen ecos de los de él. algo en escena la arrastra hacia ese filo que tantas veces evitó, pero que ahora se presenta inevitable. extremidades se mantienen inertes a los costados, creyente de que al no moverse pudiese conservar último reducto de control, aunque sabe que ya lo ha perdido. escucha cada palabra y siente que le rozan la piel por dentro, como si fuesen fragmentos de vidrio templado, peligrosamente suaves / peligrosamente letales. mejor amiga retumba en algún rincón íntimo que no visitaba desde hace años, lugar que había sellado bajo capas de polvo y silencio para no volver a abrirlo. frase es extraña, más amarga que dulce. le divide, como un vidrio astillado bajo la lengua. es la primera vez en años que escucha esas dos palabras dirigidas a ella, y el eco se siente tanto como caricia como jaula. ¿y el beso de hace par de meses? ¿dónde se acomoda ahora? hay un hueco entre costillas que responde antes que la mente : lo que siente por él nunca se conformó con llamarse amistad, pero el nombre que él le da encierra / etiqueta / ordena. impulso de ceder ante súbito deseo de volver a saborear sus labios, de atravesar cualquier frontera y dejarse caer, convive con lucidez amarga de saberse todavía un desastre. recuerda ( no hace días, no hace semanas, sino apenas horas ) pesadez de levantarse de la cama, silencio espeso de un episodio que la atrapó sin que pudiera advertirlo, el modo en que se volvió espectadora de su propia vida. lo había ignorado, lo había apartado. no porque quisiera, sino porque cabeza era un cuarto sin ventanas. y ahora él estaba aquí, rompiéndose delante de ella, tentación de abrazarlo hasta desaparecer tan grande que duele. algo en el timbre de su voz, en la forma en que la nombra, desarma más que cualquier reproche. siente que anatomía entera se inclina hacia él por instinto, aunque plantas de los pies no se muevan ni un centímetro. algo se contrae con una fuerza que casi la dobla. no es una súplica vacía, lo sabe. y cuando le dice "te quiero tanto que es patético" el aire duele, como si cada partícula viniera afilada. quiere creerle / devolvérselo / saltar sin paracaídas, pero también recuerda las madrugadas de llanto callado, frío de la ausencia incrementado por la idea de que él encontró calidez en brazos demasiado conocidos ; certeza de que, por mucho que le quisiera, nunca sabría quererle bien. hay un vértigo extraño en reconocer que él sigue sosteniendo hilo que ella soltó hace tiempo, y que aún así no lo dejó caer. le tiembla el mentón apenas, imperceptible para cualquiera que no lo esté mirando como ella lo mira ahora. súplica final se incrusta como aguja fría, atravesando cualquier defensa que intentó mantener en pie. toma un segundo inhalar, aunque el aire esté impregnado de perfume embriagador, y exhala con la lentitud de quien teme que palabras acaben rompiendo lo poco que queda entero. ‘ román… ’ lo dice sin artificio, arrastre suave que encierra más peso que cualquier confesión. dúo de índices se enganchan sutiles, escurridizos, en trabillas. ‘ no sé si sé explicarte qué me pasa… ni siquiera sé si lo entiendo yo... ’ suelta, y cada sílaba le sabe a exposición peligrosa. traga, porque de verdad cuesta encontrar sílabas correctas que no estén cargadas de la infección que no se ha marchado. ‘ pero sé que yo tampoco quiero perderte. ’ aunque no sepa cómo no hacerlo / si puede hacerlo.
comisuras se alzan levemente con el comentario, incapaz de controlar reacción cuando lo considera genuinamente gracioso. no cae en la trampa de otorgar respuesta y en cambio se enfoca en movimientos ajenos, cejas alzándose casi imperceptiblemente cuando distingue un destello del contenido de la bolsa. no le sorprende, por supuesto, es comportamiento que casi espera por parte de interlocutora. “ ¿sabes? es curioso como absolutamente todos desarrollaron una adicción durante los últimos dos meses. ” por su parte, lo único que había desarrollado era una rutina de ejercicio, que era prácticamente lo mismo.
arquea ceja sin apartar la mirada, como si insinuación fuese una moneda que decide no devolver. leve inclinación de cabeza parece aceptar el veredicto sin contradecirlo, aunque por dentro sepa que lo suyo no es hábito nuevo, sino fantasma que nunca dejó de rondar. ‘ las maravillas de pertenecer al círculo. ’ deja caer con sorna mientras devuelve paquetito al bolsillo original, sin molestarse en ocultar del todo lo que contiene. no le importa que lo haya visto ; parte de su juego siempre ha sido decidir qué verdades exhibir y cuáles dejar que se adivinen. tirón mínimo que dibujan comisuras es más desafío que gesto amable, recordatorio de que ella también guarda memoria. de repente, teléfono vibra en bolsillo, pero no baja la vista ; lo deja sonar, como quien posterga respuesta a propósito, convencida de que lo urgente siempre puede esperar unos segundos más. ‘ quizá deberíamos mencionarlo, seguro les encantará. ’
no se limita cuando rueda sus ojos al ver su reacción. gesto no viene cargado de molestia ni irritabilidad, es solo la manera en la que se comporta cuando se trata de eleanora. nunca sabe como actuar a su alrededor, siempre siente que están caminando sobre una línea delgada entre llevarse bien o tener una pelea y eso le causa un poco de gracia. tiene que admitir, mantiene las cosas interesantes. comienza a caminar hacia el exterior a penas la escucha. empuja una de las puertas y la detiene para que la castaña pueda salir. "¿asumo que no quieres un cigarro?" saca su cajetilla y saca un cigarro, esperando respuesta contraria antes de guardar el resto.
sigue avance de cerca, y al atravesar umbral da breve asentimiento en forma de agradecimiento por el gesto. ‘ se me descargó el vape. ’ es lo que confiesa del otro lado, no el hecho de que desde hacía semana atrás había retomado hábito. en movimiento sincronizado, diestra toma cigarro que previamente había sostenido dylan, no de manera brusca pero tampoco del todo delicada, mientras zurda viaja al bolsillo y extrae encendedor metálico. hay en manos la familiaridad de un vicio antiguo, esa cadencia ritual que ancla más que cualquier abrazo. filtro entre carnosos, enciende pequeño cilindro y da calada profunda, sintiendo cómo humo raspa y acaricia a la vez, antes de extender objeto a la contraria. teléfono vibra, pero no lo busca ; decide ignorar aquello que haya provocado la alerta, como si retrasar la mirada fuera un conjuro contra realidades que no quiere atender. ‘ ¿qué le pasó a tu cabello? ¿crisis de sobriedad? ’
facciones se contraen en expresión de clara confusión, porque eso es lo que siente al momento en que la escucha ; acusación se siente impropia, después de todo, ella lo intentó. quizás no de la mejor manera, de la que debió haberlo hecho, pero de la única que creyó posible en el momento. “te escribí, ele —varias veces. no hubo respuesta y asumí que el mensaje era claro.” no se creía en posición de hacer mucho más que ello, de invadir privacidad ajena cuando muro había sido elevado por ausencia femenina, de otra forma no hubiese cesado el contacto, pero silencio otorgó tal y como dicen que hace y escocesa comprendió. o al menos, creyó hacerlo. al notar la manera en que retrocede siente una punzada en el estómago, sensación incómoda que le retuerce, la forma en la que pareciera sentirse amenazada por su simple cercanía quiebra algo y el brillo de la angustia asoma en azules. una vez más, cree haber entendido y es por eso que deshace el paso que avanzó en su dirección, ahora lo da hacia atrás y alza las palmas a los costados como quien se declara inocente. “bien, haz lo que quieras.” el intento de dureza en su voz falla, la misma se quiebra y se transforma en hilo, pierde fuerza incluso a pesar del orgullo, que la lleva a carraspeo para evitar que contraria lo note ; más no se atreve a apartarle la mirada. no aún.
parpadea, incrédula, como si sílabas ajenas fuesen idioma que entiende pero no quiere aceptar. mención de aquellos mensajes es un recuerdo que arde, no por la tinta virtual, sino por certeza de que en esos días no podía abrir nada / no podía abrirse a nadie. pantalla era muro tanto como el silencio, y aun así, oírlo en voz de sereia sabe a sentencia. ‘ asumiste... ’ repite con un filo suave, más cercano a incredulidad que reproche frontal. no le dice que en aquel entonces cada palabra escrita pesaba como plomo, que incluso contestar estoy aquí se sentía exactamente igual a escalar sin oxígeno / fingir una presencia que no tenía. tampoco explica que ausencia no fue desdén, sino hundimiento. la ve retroceder y algo se tensa dentro, es alivio extraño, mezclado con punzada de un vacío súbito, dolor inexplicable que no esperaba sentir. gesto de palmas levantadas hiere más que cualquier frase cortante, como si distancia física se multiplicara en otras dimensiones. se clavan como distancia oficializada, renuncia tácita. ‘ ———¿haz lo que quieras? ’ y esta vez no es pregunta, sino eco que intenta retener, sin entender por qué molesta que lo diga. y lo repite por dentro, saboreando la incomodidad que deja. no avanza, pero tampoco se repliega, se limita a sostener mirada tras cristales, aferrándose a línea invisible que une y separa a la vez, sin saber si quiere repararlo o dejar que termine de romperse. ‘ ¿eso fue lo que hiciste tú? ¿lo que quisiste? ’
le sabe mal, hay sensación descompuesta en su paladar ; en estómago, unas inmensas ganas de devolver lo que tomó esa mañana, y más allá de eso, los sentimientos que aún encerraba en caja torácica, pertenecientes únicamente a la dueña de ojos marrones frente a él. quiere mirar a través de pupilas, necesita averiguar qué sucede con ella, qué le atormenta en el interior— desearía poder leerla con la facilidad con la que lo hacía meses atrás. no es ciencia espacial tampoco, román no es estúpido, pero siente la barrera en el medio y eso lo angustia de sobremanera. la ve tan pequeña, tan frágil, y el corazón se le desbarata. nota cada cosa que hace: su respiración temblorosa, la lejanía incluso en presencia, la mano limpiando sospecha que solo puede intuir con fuerza suficiente. siente que le arrancan el oxígeno de los pulmones aspirándolo con fuerza lejos de su alcance, porque ahora que se reconoce como disparador, siente que le ha fallado. quiere intervenir en palabras: "exacto, sí— sí, eleanora, eso—" qué bueno que lo creíste, porque era verdad, es lo que quiere decir, pero se corta en el medio, la desesperación invadiendo finalmente el resto de su expresión. da un paso atrás mientras exhala y su palma pasa por su rostro, llevándose consigo las gafas para apartarlas, ansiedad corriendo por toda su anatomía de manera desagradable y tormentosa. falanges se hunden en hebras azabaches, se despeina ligeramente en un tirón suave de cabello y niega con necedad. le quiebra el alma escuchar aquél hilo de voz, esa pregunta reventada. intenta aplacar respiración que se espesa, da una inspiración profunda cuando siente que la mirada se le humedece y por eso la desvía. pulgar e índice presionan donde están los lagrimales, y vuelve a sacudir la cabeza. calma, román, calma, se dice mentalmente. "no tomé una decisión, eleanora. eso lo hiciste tú," expresa una vez que recupera la capacidad de hablar sin tartamudear, sin tropezarse. devuelve el paso en su dirección, y esta vez no tiene cuidado al invadir espacio personal: "tú decidiste desaparecer, tú decidiste cortarme el paso. te escribí a diario porque te extrañaba, porque estaba preocupado—— ni siquiera esperaba que..." que fuera mutuo, supone. exhala, su respiración choca con la de ella: "mierda, porque te adoro, eleanora— ¿de verdad no lo entiendes? ¿no lo ves? no fue un puto juego, todo lo que te dije era verdad, ¿realmente crees que te mentiría? eres mi..." y se corta, difícil descifrar si es por falta de aire o de valor. mi mejor amiga, son las palabras que no dice.
siente cómo se pliegan pulmones por dentro. no es físico, no es literal, pero hay una contracción sorda en la parte del pecho que ha aprendido a ignorar con maestría — excepto ahora. no necesita detallarlo para saber que está a punto de romperse. lo percibe / lo adivina / lo anticipa. voz en su cabeza intenta advertirle que esta escena ya tuvo lugar, que afecto no alcanza, que escombros compartidos no enmiendan las fracturas que supieron infligirse. que ella no fue refugio / que nunca supo serlo. pero qué traicionera es la memoria cuando se activa, porque todo lo que alguna vez fue cálido ahora le parece demasiado lejano para odiarlo. lo ve apenas sostenerse y, por un segundo brutal, siente que va a desplomarse con él. carnoso inferior tiembla apenas, nada dramático, apenas perceptible, pero pulso delator traiciona sin redención posible. aprovecha desenfoque para colar manos por detrás del cristal y, con el borde de la manga, ejercer presión sobre párpados. tela absorbe cualquier vestigio de humedad que pudo haber amenazado con brotar, y ruega porque maquillaje resista sin delatarla. escucha cada palabra como si le lamiera la piel con salmuera — duele. ella lo dejó solo. no fue premeditado, pero ocurrió. no contestó llamadas / no abrió mensajes / no desatrancó la puerta ni para él ni para sí misma. hubo días enteros en los que cuerpo pesaba como un bloque de cemento, no por desidia, sino porque existía apenas. hubo mañanas sin mañana, noches que tragaban cualquier idea de después. y mientras tanto, román insistía. ella lo sabe. aún recuerda más de la mitad de sus mensajes en los breves claros donde la mente no se le disolvía del todo. y lo percibe en esa curva vencida de sus hombros, en la manera de pararse como si hubiese aguardado demasiado por alguien que nunca volvió. se desprecia por haberse convertido en esa ausencia, por no haber podido siquiera explicarle que no era él, que a veces psique se transforma en sótano sin luz, sin aire, sin salida. le encantaría responder con algo a la altura, que no implique confesar que el hueco que dejó sigue exactamente igual aunque se hayan mellado los bordes de la herida, en lugar de eso : ‘ román… ’ no es una súplica, ni una disculpa, ni un reproche. es su nombre, simplemente, arrastrado con una emoción demasiado grande para caber en cuatro sílabas. al sentirlo tan cerca, asfixian ganas de aferrarse a prenda azul con esas uñas rotas. pero no lo hace. no porque no quiera, sino porque sabe que si lo toca ahora, no va a querer soltarlo nunca más. y la verdad, verdad desnuda, es que aún no ha aprendido a quererlo bien. respira hondo, como si con eso pudiera volver a tener treinta segundos de cordura / como si el aire no viniera contaminado de su perfume. palmas se empuñan a los costados, nudillos no tardan en tonarse blancos debido a la presión. traga saliva, garganta cerrándose sobre palabras que no sabe si permitirse decir. ‘ ¿tu qué? ———— ¿qué soy? ’
Claro que Einar lo capta y aunque le causa satisfacción se abstiene de mostrarla en el rostro. Toma el encendedor en las manos, enciende su cigarro y mientras toma una gran calada lo examina: nada especial. “ Hmm. ” Responde sin querer la cosa, volteando a ver al frente, desinteresado hasta que otro tipo de propuesta se hace presente. La voltea a ver de reojo, puede notar su mirada de complicidad, y sin querer, Einar se la devuelve justo igual. “ Salir con los ojos irritados en el documental, que brillante idea. ” Primero se burla, pero no tarda mucho en contrarrestar: “ Te estás tardando, Ele. ” Se atreve a acortar su nombre.
risa que emerge no tiene festín ni eco, apenas rumor rasposo. no cruza miradas al instante, pero algo en pulso se quiebra — ese tambor sutil que se agita cuando cercanía se vuelve lenguaje no hablado. ele. siempre le ha parecido un apodo demasiado íntimo, demasiado permisivo. no lo refuta. ‘ si vamos a mentir frente a las cámaras, al menos que sea con estilo. ’ diestra se desliza al abrigo, extrae con maña el rollo ilícito ya armado. sin pedir permiso ( nunca lo ha hecho bien ) arrebata el encendedor, ese artefacto anodino que aún conserva el calor de otra palma. prende cilindro con precisión aprendida en madrugadas sucias, da calada honda, y aunque el humo arde hasta el pecho, no lo deja escapar. cuando extiende el gesto hacia él, ofrecimiento se convierte en gesto pactado, casi tribal, como quien comparte no vicio, sino un secreto.
siente que todo su interior arde en llamarada helada ; contraste de sensaciones completamente opuestas entre sí superponiéndose una con la otra. la ausencia que percibe en contraria le causa un vacío en el tórax, como si de pronto realmente desapareciera por completo frente a sus ojos. no parece ser la misma persona que se fundió en sus brazos meses atrás, entre la calidez de las cobijas y prendas compartidas, en el espacio en su pecho que quiso dedicarle a ella nada más. músculos se vuelven piedra cuando la escucha hablar, cuando inquisitivas llegan a sus oídos y entonces entiende que no estaba siendo arrogante. entiende que entrelazar los hechos ( la distancia, los rumores, el tiempo ) no era soberbia sino pura realidad. escucha el nombre de sereia, la ironía latente en vocablos, y román siente una punzada en la sien, otra en el pecho ; las manos le hormiguean como si se adormecieran, y tiene que apretar los párpados un segundo para poder enfocarse de nueva cuenta. mientras más se aleja, más siente que la pierde, y lo peor es que pensaba que ya había llegado al límite. se da cuenta de que puede agravarse, que puede deshilarse cada vez más. aprieta los puños en un torpe intento de hacer que la sangre helada se mueva de forma correcta. la escucha perfectamente, procesa el reclamo en español, entiende todo, y sin embargo, román demora en ser capaz de articular. "nosotros..." es lo único para lo que su lengua coopera inicialmente, y con ceño fruncido avanza una vez más. "¿puedes dejar de huir de mí?" aunque intenta sonar severo, lo cierto es que la voz le tambalea. "—— ¿qué piensas que pasó en ese apartamento, eleanora?" pero es retórico, porque no espera por una respuesta. "¿crees que estuvimos jugando a la casita o algo así?" allí es él quien empieza a hablar en lengua materna, el acento marcándose cuando la frustración se vuelve tangible. "sereia me dejó quedarme con ella para no tener que buscar un hotel," porque la compañía le venía bien, porque estaba cansado de sentirse completamente incomprendido, y porque complicidad otorgaba calidez, tranquilidad. el pecho se le encoge cuando traga con fuerza intentando desanudar su garganta. si bien es cierto, hay algo que no le está diciendo. se siente en encrucijada, porque no quiere corromper la privacidad de esocesa, pero de pronto siente que le debe las explicaciones a eleanora, incluso si estas no van a gustarle. especialmente porque estas van mucho más allá de lo que aparentan. finalmente, le busca la mirada una vez más, hace un intento por encontrar algo de lo que existía entre ellos antes ; inclina el rostro en su dirección. "mírame a los ojos y dímelo," le pide en menor volumen. "dime que no me conoces, que no me crees. dime que me quieres lejos y realmente piensas que lo que pasó con nosotros no significó nada," parece que la alienta, e ignora por completo el temblor en sus propias manos, la palidez que siente en sus propias mejillas ante la posibilidad de realmente recibir aquellas palabras ; porque conoce a eleanora, y sabe que él mismo puso la pistola en sus manos desde el inicio, ella solo tiene que tirar del gatillo. "porque para mí lo fue todo, eleanora".
todo en ella tambalea, aunque nada lo delate. pestañeos espaciados, aliento contenido, mandíbula rígida — no es calma lo que la sostiene, sino terror disimulado. no tiembla como tal, pero solo porque hielo en torrente sanguíneo lleva tiempo petrificándola. cada palabra que él pronuncia desgarra sin estruendo, como guantes de terciopelo que mutilan sin dejar sangre, solo ruinas. no interrumpe, no por falta de voluntad, sino porque hay algo en ese modo de quebrarse que la deja sin voz. le recuerda a su reflejo más íntimo, eco de lo que fue, versión que ya no sabe si puede volver a habitar. fija la vista en un punto sin forma detrás de hombros musculosos, justo donde alguna vez creyó ver un porvenir. no observa con ternura, tampoco con rencor : contempla como si ya estuviera enterrado y aun así doliera / como si ese cadáver no dejara de susurrarle. cuando por fin habla, lo hace en un susurro que apenas sostiene su propio peso. ‘ no estoy huyendo de ti. ’ parece antesala de una defensa, pero ninguna frase acude en auxilio. sílabas se astillan en garganta, incapaces de surgir sin exhibir infección que supura tras herida abierta. baja la mirada, como si eso bastara para blindarse contra sí misma. nunca supo ser frágil frente a nadie. había aprendido desde pequeña que mostrarse era invitar al golpe, que llorar era un lujo para quienes no temían las consecuencias. incluso ahora, después de todo, primera reacción es esconderse. ni siquiera de él, de ella misma. no es desprecio lo que la impulsa, sino puro instinto de protección. y solo cuando él la busca de frente, lo mira. hay en opacos esa mezcla inevitable de ternura rota y resignación absoluta. por un instante, la idea cruza mente como un rayo torcido : devolverle la agonía, mentirle con la misma frialdad con la que él ha dicho otras verdades, escupirle lo que tanto teme. sería más fácil. destruir siempre ha sido más simple que cuidar. leve tensión cruza el puente nasal, tirando de la piel circundante, y aunque pétalos temblorosos se entreabren, solo emerge una exhalación trabada, como si el alma necesitara salir también. no puede hacerlo. en su lugar, alza la mano con sospechosa rapidez, borrando lágrima antes de que cristal oscuro deje que el mundo la vea. ‘ ¿qué es todo, román? ¿todo lo que necesitabas para decidir que no era yo? ’ traga con dificultad, sintiendo que nudo apenas empieza a aflojarse. ‘ te creí. todo lo que dijiste —— en el lodge, en el aeropuerto… de verdad te creí. ’ y por eso me odio más, pero eso no lo dice. lo que sí le sigue es un silencio tenso, el tipo que antecede a los naufragios. y por primera vez, permite que voz suene como cristal roto : ‘ ————¿por qué? ’
Eboza una gran sonrisa cuando ella lo desafía, un hábito espantoso que arrastra en su personalidad, como si la única forma en que la gente puede ganar el respeto de Einar es siendo insolente. “ Siéntate, carajo. ” La voltea a ver con un gesto complemente distinto al que tenía hace tan solo cinco segundos. “ Sería muy poco educado de mi parte considerando que ahora somos amigos. ” La provoca. Saca sus propios cigarros, odiaría que ella le ofrezca uno que no sea de su preferencia, pero extiende la mano buscando fuego. “ ¿Dónde dejaste el vape? ”
todo en ella se tensa — no por amenaza, sino por reflejo : la palabra amigos en boca ajena siempre le ha sonado a amenaza velada. se acomoda, no por obediencia, se dice ; cada movimiento parece declaración muda, advertencia de que está atenta incluso cuando parece distraída. elige el silencio, al principio. no por falta de respuesta, sino porque le fascina el efecto que produce. ‘ ———no somos amigos. ’ dice al final, apenas audible. extiende encendedor ( clásico, metálico, de esos que hacen clic al abrirse ) sin buscar mirada. ‘ por ahí. sin batería. ’ pausa. y ese brillo en irises que siempre aparece cuando está a punto de meterse en problemas. ‘ tengo otro tipo de cigarro, por si te interesa. ’
chandler no supo por qué le provocó risa, una genuina, no como esas que se fabrican en la garganta con promesas de sociabilidad. fue breve, casi muda, pero viva ' qué drástica ' murmuró con una media sonrisa que no alcanzaba a contagiar nada a sus ojos. se encontraba de acuerdo, no se burlaba, pero tampoco pretendía sentirlo demasiado. ' a veces hay que tragar el veneno sin quejarnos, pero si me decepciona que no me paguen por todo... todas las molestias ' gesticula con la mano libre, como si pudiera señalar el aire rancio, el edificio carcomido por fantasmas, o las miradas que dolían más que las palabras ' al menos puedo disfrutar de tu compañía ¿o me vas a decir que soy una experta en el autoengaño? ' ya sabía que lo era, tantas cosas se había prometido a sí misma que eran verdad, cosas que no habían sucedido, que jamás acontecerían, no necesitaba que alguien más se lo diga.
criatura de contradicciones, de venenos propios y promesas vencidas — no responde con rapidez, como si risa suave de hebras otoñales, esa que no pidió permiso, la hubiese tomado por sorpresa. no porque moleste, sino porque hace demasiado que nadie ríe así cerca de ella. gira apenas, lo justo para mirar de reojo, pestañas bajas, dudando entre creerle o no. no sonríe, pero hay algo en la forma en que ladea cabeza que se siente como un casi. ‘ estoy muy segura de que no les interesa si te decepcionas o no. ’ pausa, leve, afilada como aguja. ‘ lo eres. nadie disfruta de mi compañía. ’ sentencia, y acerca bebida a resecos, dando un sorbo que provoca reacción inmediata, nariz tensándose con disgusto. ‘ qué asco de café. ’
se atreve a soltar una risa, corta, sarcástica, carente de cualquier tipo de gracia. "se estarían haciendo la vida más fácil ellos mismos también." no sabe quien estará detrás de la cámara, pero está segura que debe de ser alguien que no quiere escucharlos hablar por horas. expresión se tensa ligeramente y solo rueda sus ojos para después asentir un par de veces. "lo sé." incluso se había dado por vencida en preguntar cuánto faltaba para su turno. "¿quieres ir afuera? necesito un cigarro." y eso es lo más cercano a un ofrecimiento de paz que va a presentar.
risa arranca parpadeo lento, no por molestia, sino porque no esperaba que viniera de ahí — como si un chispazo de sarcasmo pudiera iluminar, aunque fuese por error, ese cuarto denso de silencios y cámaras apagadas. no sonríe, pero comisura izquierda apenas se curva, imperceptible, gesto que se parece más a un suspiro interno que a algo genuinamente alegre. observa, como si intentara medir si ese ofrecimiento ( tan a medio camino entre tregua y rutina ) es real o sólo un resabio. finalmente asiente, pero no de forma entusiasta. ‘ pensé que nunca ibas a pedirlo. ’ murmura, más por costumbre que por provocación, lista para seguirla.
"hablo del espejo, eleanora. no parejas." no hay mala intención en vocablos, es que el filtro que usualmente le permite manejarse hace rato dejó de estar presente alrededor de azabache. finaliza con el delineado, para luego encararla. "pareces un muerto." admite, frunciendo ligeramente el ceño. "¿qué te pasó?" se apoya ligeramente en el tocador. "es inusual verte con otro color."
no responde de inmediato, de hecho, elije ignorar comentario inicial. sigue ahí, inmóvil, frente al espejo que tan cruelmente devuelve imagen que ya no reconoce. y por un instante, parece que no ha escuchado. pero sí. cada palabra se ha incrustado bajo dermis como astilla invisible, y duele, no porque sea mentira — sino porque es demasiada verdad. ‘ ———me pasé. ’ no especifica con qué. quizás con el delineador, quizás con el insomnio, quizás con líneas que cruzó antes de partir sin pensarlo demasiado. o quizás con todo a la vez. ‘ será problema del equipo de maquillaje. ’
primero, se siente herido. es lo que viene acarreando hace semanas / hace ya más de un mes, pero sin duda las palabras cayendo de labios que alguna vez besó con dulzura se sienten como un puñetazo adentrándose en herida abierta y sangrante. siente la fractura, el desgarre, la forma en que el aire parece empezar a escasear. luego, un ápice de furia se asoma en su mirada. es una reacción que nunca se había presentado en dirección a morena— podría haberlo presenciado durante la universidad, espectadora de un román que tenía poca paciencia y una facilidad para explotar en discusiones que no tenía intenciones de perder. puede que algo de eso se remueva ahora, mas lo mantiene bajo la piel momentáneamente. “¿lo fue?” le devuelve la pregunta con un timbre estúpidamente estoico para lo desesperante que le resulta escucharla hablar de aquél modo, mientras la incredulidad le clava las garras en los músculos, en el estómago, en los pulmones. si de verdad ella cree que no ha importado... el mentón flaquea cuando intenta hablar y es ella quien se quiebra, y entonces moreno avanza y acorta más la distancia incluso si esto representa un riesgo. si no contestó sus mensajes (salvo uno), quizás acercarse no es lo más inteligente. “oye, mírame,” disfraza exigencia de petición y la misma brilla envolviendo la otra. "necesito que hables conmigo. no puedo... no entiendo qué carajo pasó," ahí es sincero, incluso si puede hacerse una idea ( los tabloides ), una parte de sí siente que se está dando demasiado crédito. "te busqué, eleanora. ¿o me vas a decir que no recibiste ninguno de mis mensajes y todo fue un mal entendido?" sacude la cabeza, la mira con una incredulidad que roza lo juicioso sin verdaderas intenciones. no quiere ser grosero con ella, de verdad intenta ser cuidadoso, pero está exasperado. "estuve esperándote todo este tiempo, estuve preocupado. lo sigo estando, joder," la mira de pies a cabeza, intenta inspeccionar como solía hacerlo, pero marrones terminan aterrizando nuevamente en su rostro, el malestar evidenciándose en el par de almendrados: "¿qué hice para que me cerraras la puerta?"
no se inmuta al instante, como si músculos aún se aferraran a esa última forma de resistencia — quietud. pero hay un cambio sutil, apenas perceptible, cuando voz se eleva con ese matiz que mezcla desesperación con incredulidad. temblor leve en mano zurda, ese que no logra contener aunque todo lo demás permanezca firme. no es miedo, ni rabia lo que la cruza. es agotamiento, ese desvelo emocional que deja la culpa cuando ya no cabe más dentro. el "mírame" la perfora, pero no obedece. no todavía, solo emite gesto reflejo en cuello y espalda como quien se prepara para un golpe que nunca llega. petición disfrazada de exigencia le recuerda demasiadas cosas que prefiere enterrar, pero también la arrastra de vuelta a ese punto débil donde la voz de román aún resuena entre jaula de costillas. se mantiene de pie, apenas, como si suelo ya no estuviese tan firme bajo las botas. cuando él menciona mensajes, carnosos resecos se aprietan — no por culpa, sino por esa clase de dolor que se siente más allá del hueso. claro que los leyó. uno por uno. algunos los memorizó sin querer, otros los releyó con dedos temblorosos. pero no dice nada. no intenta justificarse, porque ya es tarde para excusas, y en el fondo, aún cree que fue lo correcto. aunque duela. aunque la haya partido. solo reacciona de verdad cuando lo escucha decir que estuvo esperándola, que sigue preocupado. es entonces que lo mira. no porque él lo pidiera, no porque deba — lo mira porque su nombre dicho en ese tono le desarma algo que juró no volver a mostrar. y al hacerlo, hay un destello de lo que fue : esa tonta que se creyó suficiente, ese intento torpe de amar como si el amor no devorara. cafeinados brillan, no por ternura, sino por la fuerza brutal del dolor contenido. lo observa un segundo, otro más, y luego suelta el aire como quien renuncia a la última defensa. ‘ ¿esperándome? ’ dice al fin, soprano apenas audible, no porque le falte fuerza, sino porque no quiere gritarlo. ‘ ¿entonces eso hacías en el apartamento de sereia? ¿me esperabas? ’ pestañea, y al hacerlo, lágrima se asoma sin llegar a caer. queda atrapada justo en la orilla, como todo lo que siente por él, indecisa entre derramarse o evaporarse. de nuevo da paso atrás, lejos de cercanía que duele, e intenta un segundo, pero no encuentra distancia. hay un traspié torpe al dar con la pared del pasillo. ‘ sí que debiste de preocuparte por mí con ella… ’ es lengua madre la que brota. traga saliva, otra vez. esta vez no tiemblan las cuerdas — tiembla el alma. ‘ seguro estaban tan preocupados que no hicieron otra cosa... ’
de todas las resoluciones que se le pudieron ocurrir en los días en que solo podía pensar en buscarla, aquella no había pasado por su mente. al menos, no con esa claridad con la que lo hace ahora. román nunca ha tenido miedo a enfrentar emociones, incluso si estas pudieran asustarlo un poco, siempre ha dado el paso al frente mirándolas a los ojos. mierda, ni siquiera dudó en ir tras ella cuando la oportunidad se le presentó. sin embargo llegan la ausencia de matiz que tanto le gustaba y las palabras que se escuchan como una tela rasgándose en seco en medio de un silencio espeso: no te conozco. algo se fractura en el interior, román siente el crujido sonoro y doloroso que abre paso a la sangre a borbotones sin que él pueda hacer nada. la incredulidad está presente en su mirada que se apaga de inmediato, él mismo dando un paso hacia atrás. no la suelta, pero afloja el agarre por inercia. “¿qué…?” no puede formular inquisitiva porque el sonido flaquea, y ella lo hace también. él niega varias veces, no le quita la mirada de encima. considera simplemente dejarla ir, porque si puede mirarlo directamente (o eso asume) y desconocerlo, entonces no hay nada que hablar. si prefiere huir, si no siente la necesidad de plantarse ahí cuando lo enfrenta, entonces ¿para qué insistir? ya está más que claro, por si el extenso silencio no había hecho el trabajo ya. entonces, la suelta. cuando el agarre se afloja, siente que una parte de él se va impregnada en la piel de su muñeca. escucha la ruptura en su voz, las palabras incompletas ; considera pedir disculpas por invadir su espacio y simplemente cumplir con lo que le pide, dejarla ir. pero no está en su corazón verla de aquél modo y pretender que no le importa, así que vuelve a estirar la mano para atrapar su muñeca una vez más, vuelve a acercarse el paso que había retrocedido. "——— no," sentencia, y aunque eleanora se oculte, él busca mirarla igual. busca adoptar una firmeza que no había tenido antes con ella. "no, no vas a irte así. puedes ignorar mis mensajes, pero no vas a huir de mí así," frunce el ceño, avanza un paso más y niega. "¿de verdad vas a sostener eso? ¿que no me conoces?" aquello lo pronuncia en volumen menor, casi como si le faltara el aire y las fuerzas para poder articular con mayor fuerza. "es pura mierda".
no lo mira. no es cobardía — es autopreservación. porque si se permite ver cómo voz se parte, o cómo irises la acusan incluso a través de la pena, se va a quebrar. y no quiere romperse, no enfrente de él. pero cuerpo es traidor : hombros se encojen, espalda se mantiene erguida por reflejo, mandíbula tensa, bomba a punto de estallar. segundo agarre, muñeca otra vez atrapada, esa negativa cargada de todo lo que jamás han sabido decirse y mirada que insiste, que escarba entre restos como si aún creyera encontrar algo. eso es lo que más duele. porque sí, es pura mierda. pero también es cierto que hay días en que no se reconoce ni a sí misma, mucho menos a alguien que hizo latir músculo rey con tanta fuerza y después se volvió ausencia. no interrumpe, ni siquiera cuando la llama mentirosa con otras palabras. quiere responder con filo y escamas, arrancarse esa sensación que la aprieta desde dentro, pero no halla defensa. quizá se debe al adormecimiento de la psique, quizá es que sencillamente ya se rindió. solo reacciona al final, cuando alambre invisible que la sostiene cede con un chasquido sordo. él no suelta, no del todo, y eso desarma más que cualquier retirada. tampoco es ella que intentara apartarse, pese a petición anterior. da un paso atrás, leve, casi imperceptible. no se retira del contacto, pero mensaje es claro : está retrocediendo por dentro. inhala por la nariz y no le alcanza el aire. temblor se instala en la garganta justo antes del derrumbe. ‘ todo lo fue, ¿no? ’ entonación baja, firme, como si necesitara creérselo antes de que él lo confirme. traga saliva. ‘ ojalá me lo hubieras dicho. ’ no hay reproche, solo una pena densa, de esas que se hunden en óseos y no se disuelven ni con ácido del tiempo. se queda ahí, suspendida entre deseo de quedarse e impulso de desvanecerse. terrosos, opacos tras coraza, se alzan por fin. lo miran como si buscaran algo que hace mucho se le escapó. ‘ ———pero supongo que fue mi culpa el creer que por un momento… ’ y justo al final, soprano se resquebraja como cristal fracturado desde el borde. no llora / no implora / no se justifica. respira de nuevo, a través de pétalos temblorosos. no hay reclamo, solo una línea recta entre lo que fue y lo que se desliza como arena. pero en el fondo, donde palabras ya no alcanzan, hay una súplica muda. porque esta vez, si él la suelta, no va a saber cómo volver a armarse.
"algo de razón tienen en eso." por su parte lo último que quiere hacer es hablar sobre lo que pasó en los últimos meses, mucho menos interés tiene en pronunciar palabra alguna respecto a los sucesos del 2019. y si tuviera que apostar, apostaría que es un tema que no se van a atrever a mencionar. la observa con detenimiento, nota como su pierna parece no estar quieta, pero no comenta algo al respecto, no es su lugar. "¿crees que vayamos a durar mucho tiempo aquí?" pregunta sin saber muy bien como continuar la conversación. "deberían de darnos un guión y hacer todo esto más sencillo."
hay un deje de media luna que no llega a materializarse — vibra apenas en la comisura, como fantasma de ironía más que gesto real. no responde de inmediato, no porque dude, porque cada palabra es terreno minado. traga saliva, como quien mastica el tiempo para evitar que pasado se cuele por los bordes. ‘ ¿y hacernos la vida más fácil? sí, claro... ’ tono es sardónico, cargado con algo que sabe a dinamita húmeda. baja enfoque un segundo, exhala suave por fosas nasales, y luego la mira — no desafiante, sino como quien mide si aún es posible hablar sin incendiar. ‘ yo que tú me pondría cómoda. por lo que pinta, estaremos acá todo el día. ’