México, Distrito Federal, a 19 de junio de 2014.
11:54 de la noche.
Elizabeth Arvizu, de “Juntos por el Sahara Occidental” y “Asociación Mexicana de Amistad con la República Árabe Saharaui”: “Mi compromiso es con una nación entera, con el pueblo saharaui”
“Viaje a los campamentos saharauis hace poco, en noviembre del 2013, y no sabía realmente que eso cambiaría mi vida por completo, y para siempre”. Es una joven mexicana, en la que, tal como su comentario lo dice, viajo a los campamentos de refugiados saharauis hace poco, y su objetivo ahora es lograr entrar en la zona ocupada del Aaiún, hacerle ver a la sociedad en general que lo que pasa en los Campamentos y en la zona ocupada del Sahara no es un juego, que es algo serio y se debe actuar cuanto antes, pues ella sabe que esta lucha que ahora dice considerar también suya es completamente justa, y está dispuesta a mostrarlo al mundo entero. Elizabeth Arvizu, miembro de la Asociación Mexicana de Amistad con la República Árabe Saharaui (AMARAS), y recientemente también de “Dales Voz a las Victimas”, en México, es estudiante universitaria y activista en pro de la causa del pueblo saharaui, con lo cual, mediante diversos eventos, tales como conferencias, exposiciones y algunos otros en los que participa como organizadora o voluntaria, le expone y le denuncia a su pueblo la situación tan terrible que vive el pueblo saharaui, la opresión marroquí bajo la que se encuentran, y la in-efectividad de las organizaciones supuestamente “encargadas” de actuar a favor del Sahara Occidental.
No obstante, ella nos cuenta sobre el lado negativo de su viaje al Sahara, hace la denuncia de las minas anti-persona, de esas malditas minas que sin ser suficiente el hecho de que superan el costo de 1.000.000 de euros diarios (financiado por Marruecos, Francia, y Estados Unidos), cada día siguen cobrando la vida de miles de saharauis, tanto de aquellos que representan la sabiduría del desierto, tal y como son los ancianos nómadas que van en busca de alimento para su familia y sus camellos, como de los más inocentes y vulnerables de la población de los campamentos, de los niños, de esos pequeños que sin saber lo que realmente significa que territorio que es suyo está completamente minado, pasan los límites establecidos para jugar inocentemente, para coger una pelota o algún juguete pequeño que es colocado vilmente por los marroquíes, con el fin preciso de que los pequeños inocentes lo cojan y la mina haga “lo suyo”, explota!, y mata o mutila a quienes pasan sobre ellas, a los pequeños, a los jóvenes, a los ancianos, los viejos beduinos ven sus camellos “volar por los aires” al explotarles una mina, y van por ellos, sin importarles en ese momento que ellos pueden no sobrevivir a la explosión de una mina, pero yendo por lo que muy seguramente es su sustento y el de su familia.
Joven mexicana, activista y solidaria por y para con el pueblo saharaui, expresa en un escrito, precisamente para los saharauis a su vuelta a México, lo que siente generalmente para la población saharaui y también sobre el muro de la vergüenza marroquí:
El desierto escondió tantos secretos
que llegue a creer que me revelaría uno pasando mil años.
Los saharauis reclaman lo que les pertenece…
Su tierra los llama,
su gente los espera,
su patria los reclama,
su familia los añora.
¿Quién o quiénes son esos seres tan despreciables que privan a mis hermanos de lo que anhelan?
¿Quién es responsable de que más de una generación del pueblo saharaui se encuentre luchando por lo que es suyo de nacimiento?
Diez días fueron los que pasaron,
Esos días fueron suficientes para quererlos,
Pues ellos te quieren desde el primer momento,
Y es imposible no quererlos a ellos aún más
Sahara, me has enamorado,
Tu sol, tus dunas, tu siroco, tu gente,
Pero fueron tus niños, esos pequeños llenos de esperanza y amor,
Quienes robaron mi corazón…
Hermoso desierto, hermosas personas,
¿Qué fue lo que hicieron con mi corazón?
Sé que nunca volverá a ser mío, sé que ahora le pertenece al desierto,
Al desierto del Sahara y a todos aquellos saharauis que se convirtieron en mis hermanos…
De ahora en adelante esta lucha ya no es solo suya,
Si no nuestra, nuestra lucha,
Cambiaron mi vida para siempre,
Y yo prometo cambiar las suyas también.
Seguiremos adelante, seguiremos con ustedes,
Y pronto, más de lo que parece,
Nos veremos en el Sahara Occidental,
Festejaremos la caída del muro de la vergüenza, del muro marroquí,
De ese maldito muro que los separa de sus seres amados,
Pronto hermanos, muy pronto:
Incha’Allah por un Sahara Libre! Incha’Allah!
“Comencé a saber sobre el pueblo y la causa saharaui hace ya casi dos años, gracias a una profesora que agradezco haya aparecido en mi vida, Laura Bermúdez, porque gracias a ellas conocí esta nación y esta sociedad maravillosa que ahora son parte de mi vida. Ella me hablaba con una emoción sobre el Sahara y lo que se vive allí, que fue inevitable engancharme en cuerpo y alma desde el primer momento, y así comenzó mi activismo por la causa, inicie trabajos de investigación, conferencias, entrevistas, eventos, sin imaginar siquiera que realmente fuese a viajar a los Campamentos de Refugiados en Tindouf, y de cómo se vería marcada mi vida desde ese momento y para siempre”- Es lo que nos dice Elizabeth sobre el comienzo de cómo se fue involucrando poco a poco en esta justa causa.
Nos habló también sobre su estancia en Madrid, y sobre su asistencia a una conferencia de mujeres saharauis antes de su partida a los Campamentos, en la cual, tuvo la oportunidad de cuestionar al gobierno español sobre su responsabilidad para con el Sahara, sobre el papel que juega la ONU, sobre el muro de la vergüenza marroquí, sobre los millones de minas anti-persona, sobre esa gran aberración contra el pueblo saharaui, pero el gobierno español no respondió ni a sus cuestionamientos ni a los de ningún otro reportero que se encontraba allí (¿será temor acaso?, ¿será que temen que descubramos algo que no se deba descubrir?).
Algo de lo que desafortunadamente y a la fecha no me puedo olvidar y de lo cual no puedo evitar estremecerme cada vez que lo recuerdo es sobre mis días posteriores en los Campamentos, sobre lo que sucedía cada uno de ellos, sobre cómo continuaban marcándome día a día. Mi asistencia al centro de los Campamentos del “27 de febrero”, el descubrimiento que hice sobre un centro en el cual se proporciona la ayuda básica a una persona que sufre ante la explosión de una mina antipersona, ver como los niños jugaban, unos de una forma totalmente inocente, sin ninguna pretensión, otros, jugando a la guerra, otros tantos cantando por la libertad de su país: -Abajo Mohamed VI!-, coreaban algunos, mi visita a casa de algunos saharauis que sufrieron las consecuencias de una mina marroquí, escuchar lo que narraban tras tan atroz suceso, una visita más a la escuela de discapacitados de Auserd, en el cual afortunadamente me lleve una gran sorpresa, y mi corazón se volvió a tornar lleno de esperanza, pues fui testigo sobre lo sorprendente que nunca dejara de ser tanto el pueblo como la sociedad saharaui en general, que cada uno de los pequeños que se encuentran allí, son tratados por igual, sin distinción de la capacidad diferente que cada uno de ellos posee. Pero el que más me marco, y que siempre recordare y repetiré tal vez una y mil veces más, será sobre lo cerca que estuve del “Muro de la Vergüenza Marroquí”, sentir la presencia de uno de los actos más inhumanos, crueles y despiadados contra la sociedad saharaui, saber que ese muro y las personas que están implicadas para con él, son los causantes de que una nación entera se encuentre dividida, de que los seres amados se encuentren tan alejados. Sentí el muro y lo que las minas implican (posteriormente, espero escribir otro artículo en el que pueda dar más importancia a mi presencia frente al muro marroquí, las minas, y la manifestación).
No obstante, fuera del muro, y todo lo demás que igualmente es relevante, al menos desde mi punto de vista, lo que siempre me perturbara, para más mal que para bien, es recordar a los pequeños, a los niños saharauis, aquellos niños de mi corazón que tomándome de la mano me llevaban a pasear por el desierto, entre las escuelas, los camellos y contra el siroco, que sosteniendo fuertemente mi mano pedían que no me fuera, que no me marchara nunca más; creo que se engancharon a mí, o mejor dicho, yo a ellos, pues es que son una de mis principales causas para estar cada día más comprometida para con la causa del pueblo saharaui, recordar sus abrazos, sus sonrisas, recordarlos todos ellos, enseñándome que pase lo que pase debo aprender a ser feliz, pues ellos, a pesar de las circunstancias lo son, y vaya que la llevan más difícil que cualquiera de nosotros. Y es por cada uno de ellos que sigo presente, luchando a mi manera para que los saharauis obtengan lo que les pertenece, aquello que nunca tuvo que haberles sido arrebatado… ¡¡Su libertad!!
Son algunas palabras de nuestra joven activista mexicana. Ella comparte como es que el Sahara y todo lo que vivió allí le ha marcado para siempre, pues es que dice, su alma y su corazón se llenan de tanta emoción y tanta pasión al hablar sobre el pueblo saharaui y lo saharauis, que siente más fuerte el compromiso que pacto hace ya tiempo en el desierto, de cambiar la realidad al menos un poco para aquellos que cambiaron su vida…
Que Marruecos al fin se vaya, que comprenda que el Sahara no es suyo, y que no le pertenece a nadie más que a su gente, que todo, absolutamente todo cuanto hay allí, es de los saharauis, y que ni ellos ni nadie tienen derecho a arrebatárselos.
¡Viva el Sahara Libre!, fuera Marruecos del Sahara Occidental… ¡¡Ya!!
Elizabeth Arvizu. ©