The one with OUR story, finally.
Yei, qué emoción, llegamos al meollo del asunto.
Sin embargo, no podría decir que esto se dio en las únicas 2 o 3 semanas que estuvimos juntos, no. Esto (nosotros) ya llevaba rato. Unos años, específicamente.
Regresemos al verano en donde todavía era novia de Edgar, mas nuestra relación iba en picada... al fondo del infierno, en donde yo ya no era la persona feliz de siempre cada que veía a Edgar y no sabía cómo afrontar las cosas. Sí, le doy demasiadas vueltas al asunto... espero ya no ser así, creo que he mejorado un poco mucho.
Un día de verano, Miguel, me invitaste a comer a tu casa, porque tus papás me habían invitado, según. ~Ahora, quién en su sano juicio, con una relación estable, ¿decide ir a la casa de quien fuese el amor de su vida que la ignoró todo este tiempo? Bueno al parecer, yo. Ese día me arreglé como si no hubiera mañana, y fui a la designada casa... saludé a todos... y me comí a gusto, me sentía muy feliz, sin embargo la otra parte de mí, la parte responsable, tenía una cruda moral porque... ¿qué hacía ahí? ¿por qué había aceptado? ¿por qué me sentía tan en familia? Sigh.
Obviamente, y como dije un poco arriba no es lo usual que después de 2 semanas se cuajara la relación, sí, hay antecedentes.
Después de comer, nos fuimos a la sala, sentaditos y platicando de todo lo que nos había pasado últimamente. A gusto, echando el chal, y en eso, POOF, un beso. Parte de mí estaba muy emocionada, parte de mí estaba decepcionada, y parte de mí quería quitarme de ahí porque ¡NO MANCHES TENÍA NOVIO!
Sí. No estoy orgullosa, pero mi parte emocionada, se sentía feliz, y no sentía esa magia desde hace muchísimo tiempo.
El tiempo pasó, eventualmente terminé con Edgar y pues... yo tranquilamente, en la preparatoria, con mis amigas... que por cierto, Irene apoyó más a Edgar en la ruptura que a mí (pero ese es arroz de otro costal). En ese momento, Miguel estuvo ahí, platicando conmigo cuando podía, y pues, caí.
Caí como sólo yo puedo hacerlo, tan pronto estuve tranquila en mi casa, mis pensamientos le pertenecían, te pertenecían, a ti, Miguel. Estuviste en mis momentos más oscuros y tristes porque, aunque el terminar con Edgar fue algo relativamente, equis, nadie se está completamente feliz de terminar con alguien con quien pasaste momentos buenos, y malos. Eso aprendí.
Eventualmente, seguimos “saliendo” porque, a decir verdad, tú y yo nunca tuvimos una cita real, sólamente nos veíamos en la escuela, y con amigos, nunca una cita romantica de los dos. Y pensar que decíamos que algún día tendríamos una... basofia.
Llega ese momento en donde me invitas a pasar un día con tu familia, ya en San Cristóbal de las Casas, estaba muy muy nerviosa tan solo de pedir permiso, porque jamás en la vida, jamás, me habían dejado ir a algún lugar más allá de la esquina de la cuadra en donde vivo, sola. (Es un decir, obviamente no es ~tan~ real). La cosa estuvo en que, milagrosamente, sí, me dejaron ir... ¡Sí! ¡Mi madre dijo que sí! Y tú y yo, obviamente, tan emocionados.
Pues ese día, pasaron tú y tu familia, tan lindos, por mí. Como siempre, llevaba yo miles de suéteres porque #SanCris #Frío #Friolenta
Mientras íbamos de camino, decidiste poner en auxiliar, Summer Paradise... y tus papás y hermana lo sabían, era nuestra canción. Nos tomamos de las manos, y mientras cerrábamos los ojos, cantábamos en bajito, para que sólo nos escucharámos... los dos...
En fin, llegamos al Arcotete, lugar mágico, para mí. Y ese día, más. El clima, la niebla, lo verde del bosque... carnita asada, tu familia... tú... yo. Nos fuimos a hablar a un tronquito, perdidos, y estábamos ahí, abrazados. Recuerdo que te reías porque llevaba 1 blusa de manga corta, 1 de manga larga y aparte una hoodie de bolitas de colores, me decías que qué raro que no llevaba aquél suéter rosa que siempre utilizaba para ir a la escuela... pero que aún así te encantaba. Un beso, dos besos, abrazados... viviendo nuestro momento.
Todo iba muy bien, hasta que Sophie, tu hermana, se empezó a sentir mal. Por mi parte, quería quedarme ahí, pero mi instinto de buena cuñada quería que se sintiera mejor, lo más rápido posible, obviamente. Así que, tan pronto comimos, emprendimos nuestro viaje de regreso. Tus papás me preguntaron si debían dejarme ya en mi casa, a lo que contesté:
- No, para nada, aún tengo tiempo, digo... si a Miguel no le es inconveniente en que me quede un rato con ustedes... y a ustedes no les causa conflicto verme un rato más.
...¡Miguel tus papás son maravillosos! En seguida me dijeron que por supuesto que no causaba ningún inconveniente, incluso antes de preguntarte a ti. Y siguieron su camino hacia tu casa. Al llegar, estuvimos juntos, cenamos, y subimos a tu cuarto, mientras el asunto de Sophie mejoraba.
Tienes un fanatismo bien padre hacia Dragon Ball, y Fight Club, y recuerdo que nunca había visto esa película, ni jugado el nuevo juego que había salido para Xbox, así que decidimos que, por prioridades, jugaríamos primero Dragon Ball, y luego veríamos Fight Club. Pues ni una ni otra. O sea sí, empezamos a jugar DBZ, pero nunca acabamos un juego. Así es.
Pleno 4 de noviembre de 2012, aproximadamente 7 pm, tu cama, tú y yo, juntos, peleando por quién sería el mejor en este juego, cuando pues, boom? Un beso, una caricia... y llegó la pregunta del millón...
-Sigues siendo virgen, no?
-Eh... Miguel, respecto a eso... uh...
- Sí, eh... creí que era una buena idea... sin embargo no sé por qué lo hice... no fue bueno al final... fue... raro y triste...
-Oh... no quería, de verdad, lo que menos quería era hacerte sentir mal, recordarte eso, amor, perdóname.
-Sí... no problem... sólo, let’s cuddle, ¿sí?
Cuddling, con el entonces, amor de tu vida, con un antecedente de faje y esas cosas, es sólamente un pre de lo que podría pasar... y efectivamente, no podíamos ser la excepción. Una cosa llevó a la otra, tú, sobre mí, abrazándome y queriendo cada fibra de mi ser. Estando el uno conectado con el otro, fusionándonos (fusión hah) y me sentí... vaya, realmente esa la cuento como mi primera vez, la otra fue EQUIS completamente, comparado con esto... me sentí querída, apreciada, amada.
Y después... sí, sí hubo cuddling. Y sí, fue tan bonito... y especial.
Y después, un tan mágico, 11 de noviembre de 2012, me pediste que fuera tu novia, en el parque cercano a mi casa, mientras estábamos columpiándonos, y hablando de puras tonterías... y no podía estar más feliz.
Miguel, fueron los mejores meses de mi vida, estuvimos siempre juntos disfrutando de todo lo que nos rodeaba, y si no nos rodeaba, hacíamos que lo hiciera, porque tú y yo... tú y yo Miguel, éramos relationship goals.
En diciembre de 2012, mi familia y yo teníamos contemplado ir a Guadalajara, para pasar las fiestas decembrinas con el otro lado de la familia, y obviamente, me sentía... triste. Te iba a extrañar. ¡4 AÑOS! Batallamos 4 años de nuestras vidas para estar juntos, y ahora no podríamos estarlo. Y más aún, no estaría en tu cumpleaños... 28 de diciembre...
Y con diciembre, comenzó mi momento favorito: frío, abrazos, chocolate, feria chiapas con una excelente cartelera (estaría Jesse y Joy por primera vez ahí) y mucha felicidad porque pues, estaba contigo.
Así es como fuimos, tus papás y nosotros, a ver Jesse y Joy... mi grupo favorito. Sabías que me encantaban y por eso me llevaste. Estuvimos con MILES de gentes, pero ahí, para mí, sólo existíamos nosotros 2. Te canté al oído todas las canciones que podía, y que nos quedaban... en ese momento, Miguel, sabía que te amaba.
Uno de tus regalos, de los pocos que recibí, pero demasiado importantes para mí, era una vaquita, azul, con suetercito y unos riquísimos chocolates. Me encantaban, tanto, que decidí dormir con ella todas las noches, Miguel, tenía tu aroma. Sentía que estábamos abrazados, y era mi única manera de estar junto a ti, porque pues obviamente, no podíamos pasar una noche juntos... ambos teníamos una casa y padres estrictos.
Esa vaquita... creo que sigue por aquí... fue la que me llevé para dormir con ella en Guadalajara. Te quería ahí, Miguel.
El día de tu cumpleaños, recuerdo que te marqué... y por dentro me moría por estar festejándote, mi amor. Quería hacerte un pastel y abrazarte muchísimo... al fin estábamos juntos...
Y en el año nuevo, viendo yo los fuegos artificiales en el malecón de Puerto Vallarta... lo único que pensaba era....
Me gustaría que estuvieras aquí, tomándome la mano y diciendo al unísono: feliz año nuevo, amor.