“Adiós amigo perro… “Un amigo te da consejos, te dice Ve o No vayas, Has o No hagas. Pero un mejor amigo, decidas lo que decidas y vayas a donde vayas, siempre querrá acompañarte” …No hablabas mi lenguaje, y yo no hablaba el tuyo. Solíamos coincidir poco y cuando estábamos juntos tú seguramente no entendías mis palabras ni yo tus ladridos. Tal vez no sabias el nombre que yo te puse -cómo saberlo, si venías con cualquier palabra que yo dijera- yo tampoco supe mi nombre, el nombre que tú seguramente me pusiste. Ese lenguaje que tú usabas y que yo hasta ahora –tal vez demasiado tarde- comprendo, era el lenguaje genuino del amor incondicional y desinteresado. Es una locura pensar que alguien pueda dar todo su amor por alguien todo el tiempo, todos los días, toda su vida. Amigo, tú lo hiciste, estabas loco. Sabias vivir en el ahora. Yo no conozco el verdadero significado de esa palabra tan rara, me ato al pasado y sus recuerdos tristes y al futuro y sus problemas que aun no existen; vivo preocupado, todo en mí es añoranza. Se me ha olvidado distinguir el ahora. Se me ha olvidado quedarme quieto e intentar percibirlo. A decir verdad tuve poco tiempo para ti, mucho menos del que sin duda merecías. Yo en verdad te quería, pero como ya he dicho antes, soy un ser confundido y ensimismado. Ahora que pienso con un poco más de claridad las cosas, sé que me bastaba un momento contigo para que me sumergieras en ese mundo tuyo por breves instantes. Si jugaba contigo, todos los problemas me eran ajenos, desaparecían… …contigo era feliz, no falsamente feliz, ¡Era feliz de verdad! ¿Por qué hasta ahora lo sé? ¿Por qué tenías que irte para que lo descubriera? Jugábamos rara vez y muy brevemente. Al terminar yo volvía a mi pequeño mundo y tú te quedabas en el tuyo. Recuerdo haberte visto jugando solo cuando yo me iba. Ahora cuando llego a mi casa me sorprende la misteriosa sensación de tu ausencia. Es extraño saber que ya no volveré a verte sentado frente a la puerta intentando seguirme cuando salgo a la calle, o verte seguir ahí, cuando regreso a casa, sentado estoicamente y emocionado con tus orejas paradas y moviendo la cola entusiasmado, esperando esas palabras mágicas: Hoy si quiero jugar contigo, amigo. … Esto es la vida real, no una simple historia. Por supuesto que te fuiste, todo lo bueno se va, se extingue. Y no sé si exista el cielo, amigo, pero si existe sé que nadie lo merece más que tú.”