La generación Atari
La generación Atari, no tenía celulares. Los más afortunados tenían una línea telefónica en casa (Que en algunos casos era asegurada con una caja para no exceder su uso). No había internet. Por ende, no Facebook, no Twitter, no Youtube, no Google. El televisor no era un artículo de primera necesidad, más bien un lujo de algunos. Aun así, quien tenía uno, solo podía elegir entre 5 y 8 canales para mirar. No había cable. Para escuchar música en cualquier parte, debía usarse un walk-man. No había Ipods, Ipads ni Iphones. Y aunque parece que estoy hablando de épocas primitivas, la generación Atari, a la que me estoy refiriendo, data de hace 20 años atrás.
La generación Atari (con sus excepciones) sabía tener respeto por los mayores. Cuando entrábamos a la casa de un amigo, saludábamos con un apretón de manos al padre y con un beso a la mamá. La generación Atari, sabía respetar a los adultos. Aunque éramos malos, al menos respetábamos. La generación Atari, temblaba cuando papá y mamá decían algo. La generación Atari, nunca vio dos homosexuales o lesbianas besándose en la calle. La generación Atari sabía ponerse de pie y cederle su asiento a una dama, anciano o adulto en general. La generación Atari casi siempre cenaba en familia junta por las noches.
La generación Atari tenía un profundo respeto por los padres (aun cuando no estábamos de acuerdo). La generación Atari salía a botar la basura sin ningún tipo de reclamo. La generación Atari lavaba los platos que ensuciaba. Los hombres de la generación Atari se ubicaba del lado exterior de la acera, cuando caminaba con una dama. La generación Atari abría la puerta para que las damas pasaran primero. La generación Atari, no era la más santa, pero tenía un sentido de moral que dista mucho de lo que vemos en estos días.
Cuando la generación Atari iba a la iglesia, guardábamos un profundo respeto por ese lugar. Como si hubiéramos entrado a una zona santa. Silencio. Reverencia. Pasos lentos. No estábamos en cualquier lugar. Era la iglesia. Estábamos en una casa que representaba algo de Dios, a pesar del escaso conocimiento que teníamos de las cosas espirituales.(De esto tenemos que aprender los cristianos)
Por eso, si pertenezco a la generación Atari, debo recordar que teníamos un sentido de decencia y de pudor, que no debe exceder la conducta que hoy exhibo como creyente. No puede ser que siendo un incrédulo, tengamos un sentido mayor por la moral.Recordamos esos años, y más que añoranza, es la responsabilidad de conducirnos como gente de Dios en todo lugar y en todo momento. Que nunca se nos olvide el respeto por la gente. La santidad. La justicia. La piedad.
Pablo dijo “…os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Efesios 4:1). Y el apóstol lo exigía, porque el mismo testificó diciendo “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:10).
Tenemos que conducirnos dignamente. Tenemos que comportarnos como lo que somos: Hijos de Dios, llamados a vivir una vida santa, justa y piadosa. Y esto es demandado de nosotros, porque tenemos la nueva naturaleza que es capaz de hacerlo y de encontrar deleite mientras lo practicamos.
Sin duda, los creyentes que fuimos parte de la generación Atari, tenemos una mayor demanda y responsabilidad delante de Dios: Vivir dignamente.
Pregunta, ¿Tú eres de la generación Atari?











