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@elysiakallisto
(...)
La rubia estaba en la sala de estar de la institución, que también funcionaba como cuarto de juegos. Estaba en un sofá, con una manta toda tapada y con varios tipos de platos llenos de dulces y chocolates a su alrededor, ella estaba entretenida leyendo un libro —¿Por qué no hay chicos así?— se preguntó a si misma en voz alta mientras seguía leyendo y comiendo de sus dulces.
—He vivido la peor experiencia de toda mi vida, de verdad, no vuelvo a meterme en un baño cualquiera sin mirar antes si es para chicos o para chicas.
¡Me ha pasado! Y vaya error, fue bastante vergonzoso.
Nithael se había ganado el corazón de las cocineras y por ésa razón se encontraba en la cafetería, que ya había cerrado, comiendo un gran tazón de nachos con queso preparados especialmente para él.— Les han salido deliciosos, cocinan de maravilla. —Asintió varias veces, sin poder dejar de consumir la comida que le prepararon aquella tarde.
Elysia entró a la cocina, realmente se encontraba hambrienta, últimamente comía mucho, bueno, siempre comía mucho pero ahora más que nada. Al llegar vio a Nithael y se acercó a él cuando vio lo que comía —Me vas a dar... ¿No?— dijo mientras alzaba una ceja.
Sad Beautiful Tragic || Max & Elysia.
La espera era eterna y cada segundo que pasaba Maximillian se sentía más a la defensiva, podía sentir como su piel se erizaba en su nuca y sus nudillos se tensaban, el silencio de Elysia no podía significar nada bueno y debía estar listo para atacar. ¿Qué más daba si todos los humanos que estaban en el establecimiento veían como atacaba a la rubia? Igual podría acabar con todos en un abrir y cerrar de ojos. Pasaron por su mente un millón de formas de acabar con la existencia de la chica, después de todo tenía entendido que podía morir de nuevo al adoptar una forma humana y, seguramente, esta vez iría al infierno por lo que había sucedido entre ellos en las últimas semanas. No podía arriesgarse a perder, Maximillian nunca perdía.
Cuando estaba a punto de atacarle, Elysia habló y ante sus palabras Maximillian esbozó una amplia sonrisa que no podía ser reprimida. Sí, tenía la victoria asegurada, Elysia se había creído todas y cada una de sus mentiras. Todo el estrés que había experimentado por al rededor de 20 horas había servido de algo y ahora le tenía justo donde quería.
La reticencia que la chica presentaba a enfrascarse en una relación con él no era un obstáculo en lo absoluto para las habilidades que Max había desarrollado para enamorar a chiquillas inocentes. Al segundo siguiente ya se encontraba lo más cerca posible de la chica, acariciando su mejilla con suavidad y mirándola a los ojos. —Se supone que Dios desea la felicidad de todos nosotros, no creo que tú seas la excepción— Mencionó, para al segundo siguiente besar los labios de la chica con suavidad. Si correspondía a ese beso, sería el inicio de la catástrofe para el cielo, sin duda.
Elysia ya se había perdido, pero no por completo. Tenía sus dudas sobre lo que estaba haciendo pero en verdad le quería. Tal vez su mayor preocupación era el simple hecho de que eran hermanos, después de todo y era incorrecto. Comenzó a sentir el tacto de él en su mejilla y le mantuvo la mirada directa. Oh, Señor. Claro que Dios le deseaba la felicidad a todos pero estaba segura que no se la deseaba a ella con un demonio. La rubia estaba apunto de separarse, su instinto le decía que lo hiciera ahora, que corriera y no mirara atrás hasta estar en el instituto de nuevo con los demás ángeles, pero aquellos pensamientos desaparecieron en el momento que sintió aquél beso. Seguro le tendrían el infierno asegurado después de esto, pero no pensaba en eso, ya no, correspondió el beso sin preocuparse por nada más. Claramente, tendría que haberlo pensado mejor, pero ni siquiera podían culparla, era probablemente uno de los ángeles más inocentes y sobre todo puros. ¿Cómo ella podría imaginar lo que realmente pasaba? Pasó cuatrocientos años en el cielo rodeada de gente buena, claro que le advirtieron sobre éste tipo de gente pero nunca la acostumbraron a los engaños, por lo que aquél trabajo para el demonio seguro se le había hecho fácil.
La rubia al separarse le dedicó una ligera sonrisa y con su mano atrapó la de él de manera delicada e incluso, lenta. La pequeña Elysia, tan inocente e ingenua como siempre, ahora hasta sentía aquellas cosquillas en el estomago como todas las películas habían dicho que lo haría cuando estuviera junto aquella persona especial. El ángel sabía que él era un demonio, por su naturaleza, era mentiroso y malo, pero ella aún no lo creía. Lo que ella creía era que él estaba allí por ella, que la había buscado ya que estaba enamorado, no quería dudar de él. Cualquiera que los mirara ahora podría decir que eran como cualquier pareja juvenil, llenos de vida y rebosando de felicidad en aquél momento y por lo menos, así estaba ella. ¿Quién lo diría? El ángel había llegado tan decidido a terminar con todo y sólo había que mirarla ahora para darse cuenta que lo único que quería ya, era estar junto a él. —Te quiero, Max— le dijo a su hermano en un tono bajo pero audible para él mientras con sus dedos acariciaba la mano de él.
¿Y a dónde se fueron todos? ¿acaso han muerto antes de tiempo? —preguntó al aire probablemente mientras caminaba por los pasillos casi desiertos e intentaba encender su cigarrillo—.
¿Antes de tiempo? —preguntó ahora ella, saliendo de un salón—. No creo que nadie vaya a morir aquí, al menos no en un buen tiempo y esperemos que por causas naturales.
Explotación estudiantil.
—Así es cómo le llamo a tanta tarea con problemas de física junta.
Si te hace sentir mejor, no eres al único que la universidad lo está matando con tanto que hacer —bufó el ángel mientras se acercaba al chico y se sentaba a su lado—. ¿Cansado?
Me he perdido demasiado por estar ocupado con las tareas y el trabajo. ¿Alguien puede actualizarme un poco? Oh… también creo que gabé dos citas en la subasta, ¿no? O algo así.
¿La universidad también te está consumiendo? —bufó la rubia—. Ya somos dos entonces —apretó los labios y asintió mientras se acercaba a él—. No ha pasado mucho... Sólo te subastaron y tienes dos citas, pero sinceramente no sé quienes son.
—Okay, okay. Tu no eres nadie para decirme tonto, no fue mi culpa que tu globo se haya reventado.— Bufó cruzándose de brazos y dirigiéndose a un niño que esta discutiendo con el.— Definitivamente tu eres el tonto por pasar ese globo por arbustos.—
El ángel apareció por atrás, mirando la escena de manera divertida —¿Pero cómo te atreviste a romperle el globo, Jeremy? ¿Por qué has hecho eso?— preguntó, haciendo un poco más de drama.
Sad Beautiful Tragic || Max & Elysia.
Asintió a cada una de las palabras de la chica, para que se diera cuenta de que le estaba poniendo atención y cuando se disponía a hablar una nueva palabra salía de la boca de Elysia y le impedía dar alguna explicación. Lucía realmente molesta y al mismo tiempo nervios, con justa razón, claro está. Sería tan fácil en ese mismo momento aniquilarla, estrangularla y ahorrarse explicaciones estúpidas y mentiras innecesarias, pero no, no podía irse por el camino fácil, al menos no aún.
Ruspiró un momento y después miró a la chica, como esperando a ver si no volvía a hablar, para darle todas esas explicaciones que exigía y, ciertamente, merecía. —Primero que nada, cálmate—Pidió, arqueando un instante las cejas. —Segundo, necesito hablar de los últimos 400 años, sino no entenderás nada—— Asintió y espero a ver si la chica decía algo, pero ante su silencio volvió a hablar —He estado más de 400 años en el inframundo, créeme, créeme que es peor a como lo pintan. —Pasó una mano por su cabello— He tenido tiempo, tiempo para pensar y... —Resopló, para después musitar “No puedo creer lo que estoy a punto de decir”, en un tono bajo, pero asegurándose de que Elysia escuchara sus palabras— Y me di cuenta de que siempre estuve enamorado de ti— Esperó por la reacción de Elysia, pero la misma nunca llegó.
Al segundo siguiente, la camarera apareció con los platillos que cada chico había pedido, lo cual fue un cierto alivio para el silencio incómodo que se acababa de formar y un respiro conveniente en lo que Maximillian pensaba como plantearía sus siguientes palabras. Esperó a que la camarera se retirara y estuviera lo suficientemente lejos par no oír. Suspiró y cerró sus ojos con fuerza, fingiendo que por un instante quería llorar. —Fui un idiota, lo sé. Pero es que no sabía comportarme de otra forma. Nuestros padres nos educaron así y Ezequiel se encargó de convertirme en un hijo de puta igual o peor que él— Pasó una mano por su cabello— Y-yo… No sabía que hacer. Tenía que seguir la tradición familiar y te hice daño, lo sé— Desvió su mirada por un momento, dándole tiempo a Elysia de procesar las palabras antes dichas y dandose tiempo a él mismo de pensar como continuaría con semejante mentira.
Me enteré de este proyecto y supuse que vendrías, tu alma noble siempre estuvo dispuesta a ayudar a los demás y sabía que estarías aquí… —Vale, aquello ya era demasiado, ni siquiera sabía que podía llegar a ser tan buen mentiroso.— Si desde un principio te decía que era yo, Maximillian, tu hermano, me negarías cualquier oportunidad que tuviese de estar cerca de ti, me rechazarías y la guerra demonios-ángeles sería instantánea e inevitable. Necesitaba demostrarte que he cambiado, sólo quería una oportunidad. —Pasó su mano por su cabello, en un gesto de desesperación. Aquello estaba saliendo mejor de lo que jamás hubiese imaginado.
Cuando por fin pudo callarse y sus dedos por debajo de la mesa incluso se movieron más rápido, quería controlarse pero simplemente no pudo, sacó una de las manos de debajo de la mesa y recargó su codo en la mesa para acercar su dedo pulgar a su boca para morder la punta, era algo que también hacía cuando tenía nervios. Y cada vez sentía más nervios, cada vez le costaba más controlarse a sí misma. Tenía miedo, y no de él, de sus propias acciones. Al escuchar que él pedía que se calmara, ella trató de tomar aire, respirar tranquilamente y de alguna manera, eso aligeró el ambiente. Volvió a escuchar la voz de su hermano y rodó los ojos ante eso. ¿Para qué la había hecho escoger si al final le iba a decir éso? Ahora había frustración en ella. Debía estar jugando con ella. Hacía muchísimo tiempo que Elysia no sentía tantas cosas juntas y de tal magnitud, y así era como comenzaba a ver el poder de aquél demonio en ella.
Empezó a poner completa atención a lo que él decía. ¿Qué ganaba con contarle todo eso? ¿Quería que le tuviera lástima? Aunque, no podía negar que debió ser horrible quedar encerrado allí abajo. Le habían contado de ese lugar y por lo que había escuchado, no era nada bonito, todo lo contrario, a decir verdad. Se decía que todos allá la pasaban mal, y a pesar de todo, vamos, él era su hermano, nunca hubiera deseado que algo así le pasara, por más daño que le hubiera hecho. Siguió prestándole atención y al escuchar lo último, de cierta manera acabó con ella. Se quedó sin palabras, no dijo nada y hasta dejó de respirar, incluso sus dedos dejaron de moverse. ¿Qué había dicho? ¿Había escuchado bien? Dijo exactamente 'Y me di cuenta de que siempre he estado enamorado de ti'. ¿Ahora que debía hacer ella? ¿Y qué si ahora salía corriendo? Sería un muy buen momento para correr. Como esas películas que había visto en donde siempre que uno declaraba su amor a alguien más, ellos salían con una estúpida excusa para irse. Elysia siempre pensó que eso era absurdo, pero ahora no le parecía mala idea ¿Eh?
"Pero Elysia... ¿Qué no era justo esto lo que querías? Que él se enamorara de ti." Aquella bendita voz estaba allí de nuevo. ¿Qué no se podía mantener callada esa 'débil-por-Max' Elysia interior? No le servía de nada, aunque de nuevo la hizo pensar. ¿Qué no le gustaba Daniel? Sí y Max es Daniel, por ende, le gustaba Max, le gustaba su hermano. Si alguna vez había soñado con tener aquél cuanto de hadas con él, ahora estaba teniendo un pase libre a éste. La rubia mordió su labio inferior y sólo pudo volver a respirar cuando la mesera llegó con su comida. Realmente todo su apetito había desaparecido ya, junto con todas sus palabras. Cuando la chica se fue, la rubia llevó la mano que estaba arriba de la mesa hacia su agua de naranja y la acercó para tomar un poco de ésta y no sentir su garganta tan seca. Volvió su mirada al demonio y se arrepintió cuando lo vio cerrar los ojos, debía estar jugando con ella, vamos, esto no podía ser real, ni en sus más profundos sueños esto podía pasar ¿Cómo explicaban que estuviera pasando en la vida real? Se dedicó a escucharlo y es que todo sonaba tan convincente que le fue imposible dudar. Todos aquellos recuerdos de su vida humana volvieron una vez más a ella. No, no, no. Odiaba tanto pensar en ello. Todas esas escenas pasaban como el típico flashback. El ángel sintió como sus ojos se cristalizaban, estaba luchando por no dejar las lágrimas caer, pero su pasado era un tema muy delicado, siempre se le hizo un tema muy duro, nunca pudo hablar de eso.
Más palabras salían de la boca de su acompañante y eso significaba que el ángel cada vez iba cediendo más. ¿Desde cuándo hablaba así de ella? 'Tal vez desde que se dio cuenta que estaba enamorado de ti.' De nuevo esa voz. Oh, Dios, Elysia estaba cayendo bajo, estaba cayendo directo a donde él quería sin siquiera darse cuenta. Max tenía razón, si él aparecía de la nada así como así, ella nunca le hubiera dado la oportunidad de hablar, de explicarse, la guerra entre demonios y ángeles hubiera comenzado y probablemente todo hubiera acabado allí. La rubia se quedó callada, todavía procesando todo lo que acababa de escuchar, era demasiado y más que nada el hecho que le había confesado que estaba enamorado de ella. Si hace horas apenas pudo con un 'Te quiero', ahora se estaba volviendo loca con el 'Estoy enamorado de ti'. Pero ahora que sus pensamientos se aclaraban, le gustaba, le gustaba que él estuviera enamorado de ella, le gustaba él... Le gustaba su hermano y le gustaba mucho, de nada le servía negarlo ahora. —Tú me gustas, bastante— por fin admitió la rubia después de tanto silencio, pero todavía quedaba algo de razón en ella —Pero... Santo Dios, Maximillian. Somos hermanos, no es correcto— tomó un mechón de su rubio cabello y empezó a jugar con éste, era una de sus miles de manías.
A ver, a ver...
—¿Esta misma noche? —Humedeció sus labios con discreción, regalándole una sutil sonrisa a la preciosa rubia. —Me agrada, y ya tengo curiosidad. Mientras no me hagas escalar una torre… Creo que no me quejaré.
—¡Hasta yo me quejaría de escalar una torre!— exclamó la rubia y luego rió. —Te veré en un par de horas, entonces. Pasaré por ti a tu habitación, como buena princesa— bromeó el ángel.
A ver, a ver...
—Uh, a ver, deja revisar mi agenda, —bromeó, sonriendo de costado— cuando quieras, siempre estaré disponible para mi Rapunzel.
—Oh, chico ocupado, entiendo— La rubia rió ante su comentario —Sé que es algo pronto, pero... ¿Qué te parece ésta noche?— ladeó el rostro ligeramente para sonreír. —Soy buena planeando cosas y créeme que ya sé que voy a preparar para usted, dulce salvador—.
A ver, a ver...
—Bueno, para mí, especial puede ser entregarte un anillo; mientras que para ti puede significar una cena bajo la luz de las estrellas. —Respondió, curvando sus labios en una ligera, pero coqueta sonrisa. —Así que deberías planearlo tú para que sea tan bonita y especial como desees, Rapunzel.
La rubia hizo su sonrisa aún más amplia y asintió —La planearé yo, entendido— apretó los labios, reprimiendo aún su sonrisa —¿Cuándo tendremos esa cita, dulce salvador?—.
Está bien, ya, me rindo.
—¡Eso! —Sonrió al mismo tiempo que daba un par de aplausos por el aire. —Y puedes hacer todo lo que te propongas, lo sé.
—Que lindura eres— ella rió por lo bajo —Soy Elysia—.
—Nop, no soy— Sonrió y luego volvió a reír —Oh no, ¿debería tener miedo? ¿qué harás? ¿le contarás a tus amiguitos, no es así? Linda, ya vas tarde, muchos saben que estamos aquí— Cruzó sus brazos —Gracias por lo de chico bonito, ya lo sabía de todas formas, ángel—
—Sí, bueno, no estoy muy segura de eso— le sonrió nuevamente. —¿Y quién dijo que voy a contarle a mis amiguitos? Lo que yo pienso es que tú subestimas a los ángeles, pero tienes suerte que por ahora no me conviene mucho que los demonios estén tan expuestos— bufó y era verdad, ni siquiera ella quería una batalla ahora, incluso con las probabilidades de que los ángeles ganen gracias a la cantidad —Soy Elysia, no tienes que llamarme... Ángel, demonio—.