Navidad no la tenía nerviosa. Ni siquiera registraba del todo que la festividad se acercaba. Tenía demasiadas cosas qué procesar en tan poco tiempo que se sentía mareada y no era culpa de la bebé.
La bebé. Era lo que más preocupada la tenía. Nada de eso lo había planeado, sucedió por lo que solo podía describir como un descuido y ahora, en el transcurso de unos meses iba a convertirse en la madre de alguien, se había casado y además tenía bajo su cuidado a un pequeño que apenas cumpliría un año. Eran una cadena de cosas que creyó jamás pasarían. La pésima relación que tenía con su madre la había llevado a decidir que no quería saber nada sobre formar su propia familia pero ahí estaba ahora, tratando de construir algo sobre los cimientos de lo que se suponía debía ser otra familia.
No era necesario que hablaran al respecto, lo sabía perfectamente. Desde que llegó a esa casa con el lago frente a ella se había sentido como una intrusa. Aunque había sido adquirida unos meses atrás, se encontraba completamente amueblada y decorada. No hacía falta preguntar quién había decidido en dónde iría cada cosa, de qué color serían las paredes y cómo ordenarían las habitaciones. Había elegido una de las habitaciones disponibles para la bebé, que aunque había sido ya pintada y amueblada, se sentía vacía a comparación de la habitación de Fabian que había sido pintada a mano al igual que la cuna. Pintada por alguien que definitivamente no había sido Albus pues no era la clase de habilidades que él tenía.
Entrar a la habitación de Fabian siempre se sentía un tanto extraño. No terminaba de entender cómo es que después del evidente esmero que había puesto en la habitación del pequeño, le había sido tan fácil dejarlo atrás, separándolo de su hermana como parte de una clase de venganza contra Albus. Lo que pasó debió ser tan terrible que ni siquiera se mencionaba su nombre dentro de la familia. No conocía realmente a Longbottom y realmente nunca creyó que fuera la clase de persona que podía hacer algo así pero las apariencias engañan y ahora tenía bajo su cuidado a un pequeño niño al que no sabía cómo le explicarían la ausencia de su gemela, o si es que algún día lo harían y de ser así, eso ahora implicaba el explicarle a su propia hija el por qué su media hermana se encontraba lejos.
Había un sin fin de temas que no tenía idea de cómo los abordarían, pero de lo único que estaba segura era que pondría todo de su parte para hacerlo funcionar. Que no importaba qué tan frío era el invierno, trataría que eso no llegara hasta los niños. Incluso si eso implicaba hacer uso de sus nulas habilidades creativas para poner un árbol de Navidad un tanto improvisado en la sala, buscar botas para la chimenea y asegurarse que hubiera regalos listos y envueltos. Harriet no llegaría hasta después de las fiestas, pero no siempre se tenía una primera Navidad como familia, incluso si aún no se sentía del todo como una.















