“Puto quien lo lea”
Rasco con las uñas esa frase en el baño, y se sintió extraño.
–Mamá, ¿qué es un puto?
–Una persona muy enferma, que ha perdido control sobre sus deseos.
No entendía, a sus quince años, aún como alguien podía burlarse así de la gente que es un puto.
–Esas personas sufren mucho– Le decía su madre, – Jamás seas como ellos.
Él aún no entendía.
Fue a sus dieciséis, aún lo recuerda y no recuerda exactamente la razón que llevó a esa conversación, pero recuerda la sensación de un vacío recorrerle.
– Güey, no seas maricón, ya date.
Probablemente había alcohol o mujeres de por medio.
Un maricón era peor que un puto y él lo sabía. Recordó de pronto a su padre, gritarle aquella vez que le vio usar rosa.
– Prefiero un hijo muerto que maricón.
(Quemó la playera, que no era rosa, era morado pastel, ¿quién se sabe los colores? Ciertamente no su padre).
Era la segunda vez que usaban la palabra maricón en su contra.
¿Si era maricón? ¿Si era puto?
Eran preguntas que siempre que cruzaba su mente, las arrojaba hacia alguna parte de su cerebro.
Pasó años reprimiendo esa parte de él, una parte que le daba miedo probar. ¿Qué diría su madre? ¿Tener pensamientos de puto? Dios nos libre a los tres, a mi padre, a mi madre y a mi.
Siguió con su vida, y se casó como todo hombre no puto debe hacer. La sensación nunca era perfección. Sentía un desapego extraño esas noches, sentía un desapego cuando la besaba y cuando en la noche de bodas pasaron horas hablando en lugar de hacer lo que se espera hacer.
– Amor, – le dijo un día su esposa, – Creo que necesitamos hablar.
La volteo a ver, porque era algo que él siempre hacía. Verla a los ojos directamente y jamás desviar la mirada de sus ojos cafés.
– Quiero el divorcio.–
No peleó. No había niños, después de todo. Solo dos gatos que ni se llevaban bien, y se la pasaban en cuartos distintos evitándose.
El divorcio fue más tranquilo de lo que él esperaba. Fue firmado e incluso se tomaron una selfie de despedida.
– Si te amo, – Le dijo mientras ella guardaba el celular con una sonrisa, – solo, había un desapego, que nunca he podido llenar.
Ella le miro, sonrío y le dijo.
– Probablemente no sea la persona indicada para ti, y está bien.
– Nunca había conocido una mujer como tú.
Le miro con una sonrisa, – Tal vez no estés buscando a la persona correcta.
Y esa frase fue la que desencadenó toda esa ola de recuerdos y pensamientos, sentado en una baño público tocando con la punta de sus dedos un:
“Puto el que lo lea”.
Sonrió de forma ácida, ¿qué diría mamá? ¿y papá?
(Que los dos, se vayan a la mismísima mierda)
Salió con un poco más de confianza que jamás había sentido en su vida. Se lavó las manos y se miró al espejo...
– Creo que soy puto.–
Cuatro palabras. Cuatro sencillas palabras que le hicieron sentir de pronto mil veces más ligero.
Fue mucho tiempo después, con el gato en sus piernas que le escribió a su exesposa.
"Creo que soy gay.”
Y dentro del miedo combinado de una sensación de vacío en el estómago, que de pronto se sintió liberado.
Se rió a carcajadas cuando recibió la respuesta de ella.
"💜”











