‘ ¿y qué podrías hacer tú contra... un desequilibrado, joybells? ’ inquirió bajito, siendo su voz víctima de aquello que de pronto golpeó repetidas veces contra pecho. una inquietud que presionaba, que le hundía la carne y le borraba sentido a cualquier promesa que hoffman podría ofrecerle. entonces tacto sobre dorso de su mano se tornó en algo más, porque martin había anhelado demasiado el amparó de su amiga, quiso que dedos se enredaran con foráneos, tornar su presencia en algo tangible. por el contrario, ella no pidió permiso porque esas cosas no eran costumbre con aquellos que su corazón entendía como reflejo — y es que, sin importar el tiempo, o daño provocado, en hoffman solo veía a la misma chica que la había hecho reír hasta que su estómago doliera y a quién le entregó su primer beso. agachó entonces su cabeza, sobre suelo halló silencio y una nueva reflexiva. ‘ tampoco quiero que nos pasé algo, pero es tan complicado y yo... ’ se atragantó con su confesión, la que se apresuró a ser pronunciada e hizo de sus palabras algo extraño. elevó su mirada por lo tanto, buscando sobre ojos dulces ( los contrarios ) algo de dónde sostenerse. ‘ lo más sencillo sería irse, ¿no crees? pero no sé cómo quererlo. el irme. y no lo digo porque quiera arriesgarme a ser el próximo titular asociado a una lápida, si no porque no quiero que te suceda nada malo, ’ « ni a ti, ni a holden. ni a love. o rumi. o holden. o evelyn. o taylor. o hezel. o holden. o natalia — diablos, incluso me importa blake y el infeliz de malleck » ‘ pero tampoco sé cómo evitarlo. no espero que tú tampoco. no creo que nadie lo sepa, joybells... y eso hace que solo nos quede... ’ desvió su mirada hacía propias manos sobre almohadón cielo, como si alusión de enlace significará aún más de lo que prosas resguardadas podrían haber expresado : la certeza del presente, del tenerse en el. ‘ esto, esto es todo ’