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Ian Harding photographed by Sophia Hart for Odd Birds
[ &. Margo ]
Margaret había salido con tanta prisa de casa que había olvidado guardarse algún tentempié… Por suerte en aquella zona habían bastantes cafeterías y locales donde poder algo comida, entrando al primero que le llamó más la atención para comprarse un zumo natural y un sándwich. Pero entonces, mientras se dirigía hacia la salida, una mirada de socorro la hizo detenerse. La kitsune se detuvo en seco y miró desde lejos al contrario, echando un vistazo rápido alrededor antes de volver la vista a él. ¿Se estaba dirigiendo a ella? Eso parecía… Pero no entendía muy bien porque. Se señaló a si misma confundida y dio un giro para asegurarse una vez más que no trataba de llamar la atención a otra persona.
Y ahora que se fijaba mejor, ¿no era el propietario de la Principessa eterna? (Le encantaba aquel local y el nombre le recordaba a su obra favorita). No entendía de primeras que es lo que quería, por lo que trató de afinar el oído y escuchó a la chica que le acompañaba… Comprendiendo entonces que aquel hombre estaba en un aprieto. Margo se removió nerviosa, queriendo ayudarle, pero iba a tener que actuar rápido… Debería improvisar con lo primero que se le ocurriera. Sin pensarlo demasiado, se acercó hacia ellos dando grandes zancadas… Y le lanzó todo el zumo a la muchacha.- Lo siento, se me ha caído… -murmuró, fingiendo una disculpa.
El chiquillido que se escuchó en esos momentos casi pudo dejar sordo a Eric y a la persona que se había acercado (gracias a Dios a su rescate), pero el tremendo berrinche que se avecinaba ese nadie se lo hubiera podido comentar y Eric no lo hubiera creído, le dedicó una larga mirada de disculpa a la persona, mientras su cita empezaba a despotricar por lo ocurrido.
–Basta- pidió Eric, que si bien, su paciencia era enorme (no por nada era el druida de Queen), no podía soportar situaciones como esas y cuando las personas se comportaban de esa forma tan grosera como Marie lo estaba haciendo –Fue un accidente- ¿verdad? –Deja de gritarle así- pidió poniéndose de pie y colocando una mano sobre el hombro de su cita.
–Creo que será mejor que la cena termine- anunció dejando una cantidad de dinero sobre la mesa (después de tremenda grosería a la otra joven, ya no le importó irse sin más) –Gracias por la noche- se despidió y tomó del codo a la chica pelirroja, por si Marie se lanzaba sobre ella por lo ocurrido –Gracias- le murmuró Leonetti, que podía imaginarse que no había sido precisamente un accidente.
[ &. Fred ]
Es un lugar que no conoce. Se pone nervioso en las novedades porque le hacen ver como alguien necesitado de ayuda. Uno de los profesores le acompaña a la mesa y le ayuda a sortear a cada una de ellas para no chocar y derramar las bebidas del resto de los comensales. No ha logrado rebatir el argumento de ir a merendar fuera del recinto universitario para así debatir los problemas a abordar con el resto de profesores. Fred prefiere ser imparcial y solo acude a modo de oyente, ha dejado claro que permanecerá neutral ante todo conflicto profesional que no le incumba directamente.
La reunión se alarga más de lo preciso. Los otros profesores están tan ofuscados en discutir que ninguno va a dejar su posición para ayudarlo a cruzar de nuevo el camino hasta la puerta de salida. Toma aire, deja de preocuparse… Está seguro de que logrará avanzar sin ningún percance. Cree recordar los pasos que han hecho hasta la mesa.
Se levanta despidiéndose, espera pero ninguno de ellos se percata de su problema… Así que sigue adelante. Va con cuidado y cautela… Pero no logra esquivar una de las mesas (si pudiera ver, vería que está ocupada por una pareja y que él tiene mirada de socorro). -Lo lamento… He chocado. ¿Está todo bien? Pregunta preocupado de haber derramado alguna de las bebidas.
Podría ser que una persona no se había acercado a ayudarlo, no a quien creía haber visto, sin embargo, alguien (casi como caído el cielo), terminó por interrumpir la velada (horrible) que estaba pasando Eric junto a su cita.
Leonetti se puso inmediatamente de pie, al percatarse de la situación (y para ser sinceros, también para despejarse de su espantosa cita) –Sí, está todo bien- respondió el druida con amabilidad.
–¿Tú estás bien?- preguntó, aun con su marcado acento italiano, ignorando la mirada impregnada de molestia que Marie, su cita le estaba dedicando sin pena alguna ¡Eso era el colmo! Para ser sinceros.
–¿Necesitas ayuda?- cuestionó el italiano, ignorando nuevamente con toda la intención la clara protesta de la chica que lo acompañaba, y que se quejaba por su falta de atención en esos momentos.
[ &. Cassy ]
Si, a Cassandra también le daba gusto ver a Eric. No por nada iba constantemente al café para poder charlar con él, le preguntaba por sus clases, le ayudaba con el orden de sus cosas, se preocupaba de que no escondiera ninguna botella en la casa, que sus fotografías persistieran en su hogar solamente si no le causaban un dolor emocional. Pero incluso en una situación tan patética como esta, era doloroso ver su incomodidad. Suspira.
— Un gusto, Marie. — La banshee es cortés, no tiene por qué no serlo si la situación lo amerita. Etiqueta es algo que se le enseñó en el templo aunque sólo la utiliza automáticamente de forma superficial. Pero eso no evita que rápidamente pierda interés en la mujer y vuelva su mirada al druida, quien forzosamente intentaba establecer una conversación trivial con ella. Pobre, seguro estaba haciendo un gran esfuerzo. La griega hace su mejor esfuerzo para parecer alguien sociable para aminorar la tensión del momento. — Mis compañeras de la morgue querían un momento de recreación, supuse que eso estaba ¿bien? —Ni ella sabía que clase de calificativo utilizar. Además; ¿qué tanta normalidad puedes proyectar si admites que trabajar en un lugar como ese?
Ah, pero la cortesía se acaba de terminar cuando la otra persona interrumpió con un escándalo, situaciones que Cassandra no estaba acostumbrada a lidiar. El griterío y la exageración de tal Marie hace corto circuito en la poca tolerancia a la estupidez que tiene ella al respecto de los otros. Respira profundo para mantener su compostura, cuando se siente preparada gira su rostro y la mitad del cuerpo en dirección a la cita del italiano.
— ¿Disculpa? ¿Compromiso…?
…Si realmente estás interesada en un compromiso; primero deberías estar interesada en conocerle. En saber cuales son sus sueños y sus expectativas, en que trabaja, que ama y detesta de lo que hace, que es lo que piensa o al menos intentar imaginarlo al menos. En preguntarle si está bien, si está mal, o al menos preocuparte de que se sienta cómodo si va a pasar tiempo contigo, es cortesía mínima en una primera cita o en cada encuentro en su defecto. —
Oh, porque Cassy no soporta este tipo de personas: egocéntricas, narcisistas, delusionales y sobre todos; aquellos/as que esperan que Eric sea su paño de lágrimas, porque él es comprensivo, es paciente, es demasiado bueno y la gente debería dejar de aprovecharse de eso. Si, a Cassandra le molesta profundamente que la gente abuse de la confianza de Eric. (Te piensa Queen).
“¡Oh, no!” fue lo primero que pasó por la cabeza del druida ante las quejas de su cita en ese momento, se sentía profundamente avergonzado de la situación y sobre todo, que Cassy, precisamente Cassy, tuviera que presenciar una escena tan incómoda como esa, Leonetti conocía muy bien, que tan poco paciencia tenía su mejor amiga y en ese momento tendría toda la razón en perderla.
Por tal razón, no le extrañó cuando la cortesía fue dejada de lado y Cassy replicó las quejas que Marie había estado lanzándole.
Incómodo (y al mismo tiempo sorprendido además de agradecido), escuchó cada una de las palabras de Paspala, que no hacía más que confirmarle porque ella era tan especial para él; su forma de ver la vida se lo confirmaba, por eso y más la apreciaba tanto ( además de pensar, sentir algo más por ella).
Eric carraspeó cuando el discurso de Cassy había concluido, la hubiera tomado de la mano y le hubiera dado las gracias, sino hubiera sido porque el ruido de la silla de Marie y el estruendo de esta, lo hizo girar su rostro para verla partir, no sin antes gritarle alguna que otra cosa que Leonetti prefería olvidar…
Soltando un largo suspiro de alivio para ser sinceros, Eric puso su atención en la griega –Gracias- dijo mientras esbozaba una sonrisa, aun estando ligeramente avergonzado por lo ocurrido –Me acabas de librar de un claro divorcio- bromeó el druida, dedicándole una sonrisa más a Cassy –Siento mucho que hayas tenido que ver algo así- se disculpó Eric que le pesaba que la banshee se hubiera alejado de sus amigas para encontrarse con tremenda situación.
–Creo que lo mejor que puedo hacer, es pedir la cuenta y no seguir arruinando tu reunión con amigas- agregó con una mueca en su rostro.
[ &. Andie ]
Andie había detectado aquella mirada de socorro. De casualidad, en realidad, pues había dirigido sus ojos hacia la entrada por si acudía la persona que estaba esperando.
Arqueó una ceja, ¿y no podía ocuparse él mismo de sus problemas? La verdad es que tenía la certeza de que había coincidido alguna vez con aquel chico… ¿No era el dueño de una cafetería? Mientras trataba de hacer memoria, aquella cita memorable seguía y seguía… A juzgar por su expresión, el moreno la estaba disfrutando mucho.
Por un momento se planteó ayudar… Hasta se había levantado del sitio y se dirigía a esa mesa. -Hola. Lo saludó ya que había escuchado como balbuceaba que era una persona conocida. -Lo siento, pero no he podido evitar acercarme… Sonrió, divertida. -Hacéis una pareja adorable. ¡Ja!
El rostro de Eric debió haber sido un poema pero de horror, al escuchar las palabras de la castaña, que si bien Leonetti tenía paciencia de santo, en ese momento quería salir corriendo, pero no se atrevía a tremenda descortesía.
Y que la chica dijera tal cosa, solo alentaba a su cita a continuar con todo aquello “¿De verdad? ¡Gracias!” dijo emocionada Mary, la cita del druida, Leonetti no sabía donde meter la cabeza “¿Ves? ¡Te lo dije! Somos la pareja ideal” y una gran sonrisa apareció en el rostro de la joven.
A diferencia de la sonrisa de Mary, en el rostro de Eric apareció una mueca, mientras seguía deseando salir de ahí –Gracias…- atinó a decir a la chica recién llegada –¿Nos conocemos?- preguntó, tratando de desviar la conversación de la no feliz supuesta pareja.
[ &. Queen ]
Queen había mantenido la mirada en el menú, pero pronto esta se alzó al escuchar las palabras de Eric. Su semblante había mantenido una sonrisa que poco a poco fue haciéndose leve hasta finalmente volverse neutra. Entonces cerró el menú sin decidirse por algo y cruzó los brazos por encima de la superficie de la mesa “Creo que no es lo tuyo porque estás negado a que lo sea” Insistía la Alfa aunque de estar en su lugar ella seguramente ya se habría fastidiado.
Pero aquella última pregunta interrumpió el hilo de sus pensamientos, por lo que entrecerró sus ojos y se inclinó sobre la mesa levemente, como si su solo lenguaje corporal estuviese interrogando al druida “¿Alguien cercano a ti?” Aquello no le daba buena espina.
La rubia tomó la copa de agua que estaba sobre la mesa y se apoyó en el respaldo de su silla, jugaba con la copa, moviéndola levemente aunque si mirada se mantuviera en el druida de su manada y amigo “¿Acaso estás interesado en alguien y no lo has mencionado?” Pregunta de manera acusadora, como si estuviera en total derecho a hacer reclamos sobre aquella situación “¿A quién invitarás a salir?” Continúa cuestionando sin apartar la vista del mayor.
Algo debería decirle al druida, que se estaba metiendo en terreno peligroso, que no era la mejor idea expresar sus pensamientos en voz alta (y delante de Queen), pero Eric que confiaba en la Alfa (tanto como para haberle seguido el juego con las citas a ciegas), no tomó como alarma el interés y la postura que Queen adoptó.
–Tal vez…- respondió pestañeando en varias ocasiones y soltando un suspiro, porque mentiría si decía que no lo había estado considerando, pero no se atrevía a dar el paso porque no sabía si sería bien recibida su posible invitación o confesión.
–NO sé si podría decir que estoy interesado o me estoy interesando de esa manera- porque interesado por ella, siempre había estado, pero antes desde el vínculo de la amistad, del cariño pero… ya no parecía solo así… ¿Qué tal si el destino le había hecho otro regalo, el día que ella había llegado a su cafetería? –No sé si la invitaré a salir, porque aun tengo que pensarlo bien; pero he empezado a ver a Cassy…- y guardó silencio mientras fruncía los labios, tratando de aclarar sus pensamientos y exponer a lo que le había estado dando vueltas desde hacía tiempo atrás, a pesar de que no lo había expresado.
–He empezado a ver a Cassy como alguien a quien podría abrirle o le abrí mi corazón- esbozó una pequeña sonrisa –Tal vez por eso las citas no funcionan, porque es ella la persona a la que estaba buscando-
happyprettylittleliarsday :
Troian Bellisario and Ian Harding in the ‘Pretty Little Weekend 2’ that took place in São Paulo, Brazil. (11/02/2017)
@cassandra--p
[ &. Alyona ]
La rusa estaba allí con un único objetivo: encontrar trabajo. La habían despedido del último hacía unos pocos días por conducta inapropiada, y el cartel de necesidad de mesera en ese establecimiento llegó como una bendición… Pero la entrevista no había ido nada bien. No les convencía y le habían pedido amablemente que se marchara ya que el puesto no era para ella. Pasó de protestar y fue directa hacia la puerta…
Pero una escena llamó su atención y tuvo que detenerse. Pero si era Eric… El simpático dueño de aquella cafetería -a lo mejor podía darle trabajo si lo ayudaba con esa cita con la que parecía tener problemas. Además de que podía divertirse… mucho. -¿Eric? ¿Eres tú? Preguntó cuando él captó su mirada, parecía desesperado por un poco de ayuda.
Se acercó y fingió de repente caer en la presencia de la otra mujer. -¿Quién es esta? ¿QUIÉN? Alzó la voz y se llevó una mano al pecho teatralmente. -¿Me estás siendo infiel OTRA VEZ? ¡Y yo aquí pidiendo trabajo para mantener a nuestros DOCE hijos!
¡Alyona! Hubiera dicho su nombre, con alivio y sintiendo que sus ruegos habían sido escuchados, porque justo había aparecido la joven que había conocido gracias a la cafetería que mantenía, se hubiera sentido aliviado de mantener una conversación con ella que lo distrajera (y salvara) de la cita tan terrible que había estado teniendo. Pero ¡OH, Oh! La rusa tenía otros planes, que seguramente empeorarían las cosas… –Es… es… una amiga- respondió el italiano, aunque francamente dudaba que la rusa o su adorable cita, hubieran escuchado la respuesta dada por Eric, ya que nuevas preguntas fueron gritadas por la rubia.
Tal vez se hubiera reído de la situación y lo absurdo de lo que la joven le estaba reclamando, si no hubiera sido porque sentía las miradas curiosas de los comensales, además de que su cita estaba que echaba fuego, Eric quería hundirse en la silla, meterse bajo la mesa y no salir jamás, pero claramente no lo tendría tan fácil: “¡¿Tienes esposa y doce hijos?!” gritoneó su hasta ahora acompañante “¡Eres un asco! ¡Y además me llamaste amiga! ¡Era tu futura esposa!” (al parecer si había escuchado su respuesta) y acto seguido la mujer tomó su plato de espagueti y le tiró la pasta en el cabello al profesor y salió de la escena de forma dramática.
Eric soltó un largo suspiro, sintiendo como la vergüenza lo embargaba, con sus manos retiró parte de la pasta y la puso en su propio plato de comida; ya no pensaba comer –Gracias, Alyona- dijo el druida de forma resignada –Ya puedo mantener a nuestros doce hijos y te aseguro que en la vida volveré a tener una cita- y en eso no estaba jugando, poor Eric.
[ &. Cassandra ]
Había sido completa casualidad, absolutamente completa casualidad (¿Existiría realmente le casualdad?). Cassandra no quiere cuestionarlo pero no pensó que acabaría el el mismo lugar que Eric. Todo había empezado con el cumpleaños de una colega de trabajo, negándose a participar pensando que esta una broma y casi arrastrándola de un brazo a sociabilizar con las personas. La banshee cree que a veces requiere un mayor esfuerzo ignorarlas que seguirles el juego, por lo tanto en un suspiro cedió. A fin de cuentas esta tarde/noche no pasaría al café de Eric, sabía que el druida había ido a una de esas citas que su alfa le había arreglado por internet, no era ni la primera ni la ultima vez de aquel experimento cual ella ciertamente valió mientras al hombre le hiciera sentido, este no parecía muy convencido pero ella se lo aceptó y animó para que pudiera despejarse.
La idea de no agradaba del todo, le dolía el estomago pensar en la incomodidad del otro pero se dice a si misma de que quizás las cosas al fin le están resultando bien. Lo que no pensó es que en el mismo local miraría al druida a la distancia. Se quedó helada un momento y se dice a si misma: “No mires, no lo interrumpas, no es tu derecho, lo está intentando, merece ser feliz.”
Dispuesta a pasar de largo para avanzar hacia el otro cuarto del local donde se encontraba el bar. Pero fue la mirada en apuros (el terror, se lo puede leer pintado en todo el rostro) que vio en Eric que hizo que detuviera sus pisadas ante las miradas interrogantes de sus compañeras de trabajo. Sin cortesía alguna se separa del grupo, sus pies moviéndose sola hacia la mesa de la ‘pareja’, es un instinto protector, de resguardo y que la ha hecho actuar irracionalmente. O quizás algo de lógica tenía; ayudar a alguien que aprecia. Porque fue suficiente cuando la otra mujer lo encaraba sin argumento alguno, Eric no era nada de eso. A Cassandra le molestan ese tipo de personas, descaradas, que abusan de la buena voluntad de un otro.
Se acercó a paso sigiloso, respiró profundo haciendo un gran esfuerzo para mantener la compostura y actuar con una careta de persona sociable. — Eric, que coincidencia verte. — Intenta actuar natural, casual, cree que está fallando estrepitosamente. Que es esto de actuar normal, que es.
— ¿No me vas a presentar a tu amiga? — Resaltando el último calificativo de adrede en su intención de marcar una pauta.
Eric apretó los labios para evitar que un suspiro de alivio abandonaran estos, pero se sentía aliviado, era como si alguien hubiera escuchado sus ruegos, o alguien hubiera prestado atención a su rostro pidiendo auxilio y le hubieran enviado a la persona que más confianza le tenía.
El suspiro se quedó ahogado en sus labios, lo que menos deseaba era escuchar otra cantaleta por parte de su cita, pero el alivio era evidente en el rostro del druida italiano –Hey… Cassy- saludó como si estuviera viendo la mejor de las apariciones (en cierta forma, así era) –Que gusto verte- las palabras sinceras abandonaron sus labios, además que siempre era verdad aquella afirmación, pero en ese momento cobraba definitivamente otro sentido.
–Eh… Si, claro, claro, mi amiga- balbuceó un nervioso Eric, que viendo la dinámica que había estado teniendo con la joven que tenía frente a él, casi podía sentir como la tormenta (en un vaso de agua) se precipitaba –Cassy ella es mi amiga, Marie- dijo señalando a las aludidas –Marie ella es mi mejor amiga Cassy- finalizó, haciendo las presentaciones correspondientes y observando de reojo que Marie no estaba precisamente feliz con la situación y posiblemente tampoco con él.
Le dedicó una sonrisa nerviosa a la Banshee, pero aun así se decidió a preguntar –¿Qué te ha traído por aquí? ¿Vienes con amigos?- y sí, su atención estaba puesta en la castaña (siempre la estaba si Cassy estaba cerca) y ahora con más razón que había llegado como salvación (casi divina), pero no contaba con las acciones y reacciones de su cita; que preguntó sin filtro alguno “¿Quieres que te deje solo con ella o qué? ¿No te conformas solo con negar nuestro compromiso, ahora también me ignoras?”
[ &. Queen ]
Le habría gustado contener sus carcajadas en realidad no, pero había sido imposible cuando el vino golpeó el rostro de Eric y el nombre “Elías” había sido pronunciado. La alfa continuó riendo incluso después de tomar el asiento que antes había estado ocupado frente al druida y le observó divertida justo antes de que las palabras del contrario se dejaran escuchar.
Rodó los ojos en un gesto fastidiado que no logró nublar la diversión y se encogió de hombros, pasandole la servilleta que acompañaba su lugar para que también la utilizara “Oh, vamos, no puedes decirme que esto no es divertido”
El rostro de Eric reflejaba su clara vergüenza al estar sonrojado, mientras que Queen se sentía cómoda con las miradas ajenas sobre ellos “Podrías intentar con una más” Menciona la rubia a la vez que toma el menú, esta vez para echarle una verdadera ojeada “Quien sabe si llegas a encontrar a alguien que esté menos demente” Y aquello claramente lo decía con sinceridad “Y termine valiendo la pena”
Eric Leonetti era un romántico, un enamorado del romance y de las historias en las que el destino hacía sus jugadas y unía a las personas; siempre había creído que Erica había sido su destino, que ese momento en el que la conoció el mundo o lo que fuera se había alineado; había conocido al amor de su vida (o de la vida de Conrado) y casi podría haber dicho que había sido amor a primera vista.
Así que al ser un romántico empedernido, toda esa dinámica; internet, un sitio de citas y una cita a ciegas con una desconocida le parecía tan impersonal y tan lejano a lo que había creído antes, por lo que en definitiva creía que esa dinámica tenía todo tipo de adjetivos, menos el ser divertida, sobre todo cuando seguía cayendo en citas desastrosas, había tenido algunas peores que la de ese día y eso era mucho decir.
–Si quieres que responda con la verdad; no es divertido- respondió Leonetti tomando la servilleta que Queen le estaba extendiendo. Limpió su rostro, aun avergonzado y la sensación no disminuía al seguir sintiendo miradas curiosas sobre ellos –Tengo algunos días pensando- dijo Eric, mientras sus labios se entreabrían ligeramente –Que tal vez lo estoy haciendo de la manera incorrecta, esto de las citas a ciegas, no, no es lo mío- tal vez solo era cuestión de que prestara atención –¿Qué tal si solo debo invitar a salir a alguien cercano a mí?- preguntó frunciendo ligeramente los labios, al expresar su duda.
[ &. Queen ]
No es que Queen fuera entrometida, o algún tipo de stalker… No, tenía la excusa perfecta para estar en aquel restaurante a unas cuantas mesas de druida y tapándose con el menú que recientemente le habían colocado sobre la mesa, observando con cuidado por encima de este.
Solo estaba preocupada, solo quería saber que tan bien o mal podría estarla pasando Eric, después de todo esto había sido su idea, pero desde su lugar escuchaba perfectamente las cosas ilógicas que la chica estaba mencionando. Queen rodó los ojos y bufó, bajando el menú sobre la mesa y poniéndose de pie de forma ruidosa.
Camino a través de las mesas, el golpe de sus tacones resonando en el suelo hasta que alcanzó la mesa del druida “¡Eric!” Saludó, pareciendo eufórica por encontrarle “¿Quién es ella?” Preguntó, señalando a la extraña desconocida y haciendo un movimiento de su mano en dirección a la misma con la intención que se moviera de su sitio “Estás ocupando un lugar que no te corresponde, así que es hora de que te largues” Su voz no había sonado en lo absoluto amable y aquello había sido con toda intención de ofender a la loca para finalmente librar a Leonetti de un nuevo intento fallido.
Posiblemente aquella voz la reconocería en cualquier parte del mundo y posiblemente una expresión de alarma apareció en su rostro al escuchar la voz de la Alfa de Polmadie.
¿Le habían dicho una vez que no deseara las cosas porque se le podían cumplir? Pues ahí estaba un claro ejemplo; había deseado que alguien lo rescatara, pero no de aquella forma; Leonetti se hundió en la silla, mientras escuchaba la pregunta realizada por la rubia en una clara dramatización.
Lo siguiente dicho por Queen hizo que el rostro del druida se sintiera caliente por la vergüenza, seguramente el rojo había teñido sus mejillas, ya que medio restaurante estaba observando tremenda escena; como acto final de aquella tragicomedia, la chica se levantó indignada, no si antes lanzarle la copa de vino en la cara “Eres un asco Elías, nuestro compromiso ha terminado” y se fue hecha una furia.
–Queen- llamó el druida, mientras con la servilleta que estaba en su regazo se limpiaba el rostro –Creo que hemos terminado con las citas a ciegas-
Eric le dio un gran sorbo a su bebida (nada de alcohol) mientras intentaba convencerse que aquella cita no era un completo desastre (aunque ciertamente lo era), había invitado a salir a la chica (que conoció gracias a la pagina de citas que Queen lo convenció de inscribirse ¡Gracias Queen!), parecía una cita a ciegas inofensiva, algo casual, pero Eric, no contaba con que la joven, nada más verlo, declararía que sus destinos estaban unidos de por vida, que un sueño premonitorio se lo había indicado y Eric sería su futuro esposo, la cara de horror del druida debió haber sido épica ( y eso que vivía en un mundo donde no había mucha lógica).
Pero lo que lo tenía realmente incómodo con toda la situación era que la joven, había estado llamándolo coqueto, mujeriego y que debía respetarla a ella, su futura esposa, le repetía esto, cada que miraba a la mesera, pero Leonetti solo había ordenado la comida y sonreído, ¡nada más! ¡lo juraba!.
Pero Eric con paciencia de santo, solo atinó a tomar aire y esperar a que la joven dejara de reclamarle, por quien sabe cuanta ocasión, solo por ahora haber observado a una persona que creía conocer (ojala aquella persona llegara a su rescate).
–Mira, lo siento- balbuceó Eric –Solo pensé que era alguien que conocía-
Nombres y significados → Manada Polmadie
@armstronghunter, @ericleonetti, @lightthewhole-sky
@queenof-detroit, @liamgray-queensbeta
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thewrap: @ianmharding of #PrettyLittleLiars photographed by @corinamariephoto at #TheWrap studios.
seudomainmontreal :
Nombre Completo: Eric Leonetti
Edad: 31 años
Ocupación: Profesor de literatura y dueño de una cafetería
Fecha de nacimiento: 17 diciembre 1984
Faceclaim: Ian Harding
Historia de vida
Nacido bajo el nombre de Conrado que tiene como significado “Sabio consejero”, Eric se convirtió en el hijo mayor de la familia Dal La Benetta, una familia Italiana- Portuguesa que se encontraba en tierras germanas, Eric nació en Berlín, su nacimiento no hubiera tenido absolutamente nada de extraordinario sino hubiera sido por la razón que sus padres se encontraban en la ciudad germánica a causa de sus obligaciones como consejeros de una manada italiana, el propio Alfa, convenció a los padres de Eric llamarlo “Conrado” por el significado del nombre y el futuro que lo esperaba al hijo de los druidas Dal La Benetta.
Una niñez rodeada de personas que iban y venían de su casa, de escuchar aullidos, gritos por las noches, de ayudar a curar heridas, de ver personas a las que les brillaban los ojos y que dejaban salir sus garras cuando su padre los curaba, por supuesto los eventos despertaron la curiosidad del menor que hacía preguntas pero nunca obtenía respuestas, por lo menos no de sus padres, pero si de los libros de su padre, cuando cumplió seis años comenzó su preparación, aunque no tenía idea de que era lo que estaban haciendo sus padres.
Con el paso de los años fue del día a día ver licántropos ir y venir de su casa, tener largas charlas con su padre acerca de lo que los rodeaba en el mundo, pronto debía elegir una profesión, sus padres le repetían una y otra vez que debía pensar no solo en él, sino también en el futuro, en su destino porque algún día se convertiría en un “sabio consejero” como su nombre lo decía pero Eric sabía la verdad, sus padres no eran ningunos sabios consejeros, lo había ido descubriendo a lo largo de los años por lo que nunca tuvo la intención en realidad de formar parte de una manada, de convertirse en un “druida”, como sus padres se hacían llamar así mismos y algunas criaturas lo llamaban a él, cuando sabían que era un Dal La Benetta, pero el no quería serlo, el no quería formar parte de una manada de sádicos, ansiosos de poder.
La elección llegó y Eric eligió literatura en lugar de veterinaria o medicina, la discusión fue increíble por parte de sus padres, lo peor fue cuando anunció que dejaría de vivir en Florencia y su nuevo hogar se convertiría Verona, huyendo de su familia, se rompió todo lazo y ayuda económica, hasta ese momento Eric había gozado de completa estabilidad económica ya que sus padres contaban con una buena fortuna, nada de eso fue suficiente para que éste permaneciera con su familia, a los dieciocho años salió de su casa y no miró atrás.
Los primeros meses fueron complicados, trabajar y estudiar era difícil pero todo era mejor a vender su vida a una manada en la que no creía y jamás compartiría sus ideales, llevaba tres años en Verona cuando la conoció; conoció a Erica Fabrianni, desde que la vio, no pudo quitar sus ojos de ella, tuvo la suerte de encontrársela una y otra vez en el campus de la universidad, ella estudiaba Filosofía por lo que podía verla en algunas de sus clases, para Eric era la chica más hermosa que había visto en su vida.
La magia ocurrió cuando leyendo un libro en la cafetería donde Erica visitaba con frecuencia Erica se sentó a su lado en la mesa, Eric pudo sentir que le sudaban las manos con solo verla, ella le preguntó por el libro y ahí fue cuando todo comenzó… su vida cambió a partir de ese momento. Enamorarse de ella fue sencillo, tan sencillo que cuando menos se dio cuenta ella era lo más importante para él, cuando se quedaba dormida en sus brazos, cuando podía abrazarla por las noches, sabía que su vida no sería jamás la misma sin ella, ella era el amor de su vida.
Pero la vida da vueltas y juega con los planes de las personas; Eric supo en una noche de luna llena que aquella hermosa mujer, la persona que más le había importado no era una simple chica sino que se trataba de una loba, tuvo unos días de dudas, de pensar acerca de ella pero con solo volverla a ver supo que eso no había cambiado nada, la seguía queriendo igual, ella podía ser lo que fuera, él la amaría con cada parte de él. Noches de frío, las noches de verano; de grandes conversaciones, los dos tendidos en la pequeña cama del departamento de éste y Eric fue capaz finalmente de abrirse, de decirle lo que él también era, Erica comprendió su silencio y sus decisiones, esa noche fue cuando él supo que quería compartir su vida con ella, pasara lo que pasara.
Una noche de lluvia, Erica llegó a su departamento, pero no llegó sola, llegó con uno de los betas de su manada herido, Eric hizo todo lo posible por salvarlo, no lo logró pero los betas siguieron acercándose a él y no solo los Betas de aquella manada, sino también el Alfa, Eric se negó a formar parte de la manada pero prometió ayudarlos en lo que fuera posible, Erica le sonrió cuando hizo aquella promesa. Otra noche de insomnio y lluvia torrencial y el resto de la manada fue en su búsqueda, el Alfa había muerto y no sabían a quien recurrir, Eric prometió ayudarlos; una larga noche de debate y finalmente los ojos de Erica brillaron de color rojo; ella se convirtió en el Alfa y Eric en el druida de la manada.
“¿Quieres casarte conmigo?” esa fue la pregunta qué le costó más trabajo a Eric pero la que le trajo mayor felicidad en su vida al escuchar la respuesta de Erica, muchos podrían decir que con tan solo veinticinco años, habían sido jóvenes al decidir casarse, el druida pensó que si había encontrado al amor de su vida ¿por qué esperar?.
Los años pasaron muy rápido, cuando menos se dio cuenta habían pasado cinco años de matrimonio y seis años siendo un druida, algo en lo que jamás pensó que se convertiría, la tranquilidad era grande pero él sabía que cuando existía tal tranquilidad, las cosas podían buscar equilibrar las situaciones.
La primera vez que un grupo de cazadores se acercó a él supo que aquello no podría terminar bien, lo habían abordado saliendo de su trabajo como profesor en la preparatoria de Verona, fue el primer secreto que en años le guardó a Erica, la segunda vez que lo encontraron, las cosas no fueron bien, lo amenazaron pero Eric volvió a guardar silencio tanto a los cazadores como a Erica, la tercera vez, fue la que definiría todo; ellos sabían quien era su esposa y lo qué era… le prometieron que si revelaba la identidad de los betas y donde se encontraban, dejarían tranquila a Erica, que no le harían nada en absoluto y que debía huir con ella sino quería un fatal destino para su esposa.
Ese día fue en el que Eric cometió el acto más egoísta de su vida; el recuerdo de Erica, lo que ella significaba para él, el hecho de ser su esposa y el amor de su vida, nubló el juicio de Eric que después de haber sido torturado por horas, tomó su decisión; entregó a los Betas de la manada si dejaban tranquila a Erica, lo dejaron ir…
El grito desgarrador del druida se escuchó en su casa, Erica estaba muerta, ni siquiera había podido llegar con ella, le habían arrebatado la vida y con ello una parte de la de Eric, permaneció horas abrazando el cadáver, hasta que la madre de Erica llegó a su lado, pidiéndole explicaciones y haciéndolo regresar en sí. Las cosas empeoraron cuando Eric recibió la noticia de que ningún miembro de la manada había sobrevivido, cada uno había tenido el mismo fin que Erica. Los había entregado, traicionado por nada, jamás se podría perdonar por lo que había hecho, por haber cometido ese error y haberse dejado engañar: cuando hizo aquel acuerdo, Erica ya estaba muerta, había cometido el error más grande de su vida.
Noches de insomnio, días largos sin fin, el tiempo pasaba entre sueños intranquilos y horas despierto sin saber que hacer con su vida; perdió su trabajo y la bebida lo estaba consumiendo, hubiera permanecido por mucho más tiempo así, se hubiera dejado vencer, sino hubiera sido por la madre de Erica que no lo dejó solo. Una larga caminata en compañía de la madre de Erica y la única persona que le quedaba y un rumor llegó a sus oídos dos manadas… dos manadas en Verona pero originarias de Detroit, Detroit Michigan, un lugar lejano a Verona, un lugar a donde huir, la idea comenzó a maquinarse en su cabeza, pero no era capaz de tomar la decisión, no aún.
Eric supo que el momento de salir de Verona había llegado cuando nuevamente aquellos cazadores fueron en su búsqueda en busca de información de otras manadas, Eric contaba con esa información pero no volvería a traicionar a los suyos, porque es como había empezado a ver a los licántropos, lo pudieron haber matado a golpes, pero sobrevivió a tal ataque, así que fue cuando decidió que era momento de seguir; debía huir y sabía a donde.
Se fue una noche de Verona directo a Detroit, Michigan, no miró atrás, era momento de remediar sus errores o por lo menos lo más cercano a ello, un nuevo destino, un nuevo lugar, un nuevo nombre, una nueva vida y el momento de ser un “sabio consejero”.
Personalidad
Rasgos positivos:
Honesto
Amable
Centrado
Maduro
Inteligente
Rasgos negativos:
Inseguro
Ansioso
Explosivo
Testarudo
Reservado
Extras
Para ocultar su identidad tomó el nombre de Erica “Eric” y el apellido de la madre de Erica “Leonetti”
Erica, su esposa, murió el 25 de febrero de 2015
Llegó a Detroit al saber de las manadas pero no tiene intención en formar parte de una de ellas ya que no se siente digno después de su error.
Intenta no beber, ya que después de la muerte de su esposa se dejó caer en la bebida.
Erica le dejó parte de sus bienes, por eso fue capaz de comprar una cafetería.
Por las mañanas da clases en preparatoria y por las tardes trabaja en la cafetería “principessa eterna” llamada así en honor a Erica.
Intenta mantenerse ocupado y es por eso que tiene dos trabajos.
No duerme bien después de lo ocurrido.
Su intención es ayudar a las manadas o los diversos licántropos en un intento de remediar su error
Se encuentra en búsqueda de licántropos que necesiten su ayuda.
El sentimiento de culpa no lo ha abandonado.
Gracias al tour que tuvieron diferentes ciudadanos de Detroit supo de las manadas en la ciudad, una de las ciudades que visitaron fue Verona, donde vivía.
Habla italiano, alemán, portugués e inglés.
Aún utiliza su argolla de matrimonio.