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— ¿Qué diablos? — Dijo el castaño mientras esperaba en la fila de la pastelería, sin embargo desde hacían tres minutos no tenía una de sus donas mañaneras, pensando que quizá pretender ser una persona normal no valía tanto la pena, pero como había aprendido simplemente respiró, resopló y siguió esperando.
No tardó demasiado hasta que lo hartó un hombre. —¿Esa es de chocolate?, no, quizá esa, ¿es de chispas de menta?, oh pero mira esa, ¿de qué es? — Eso fue el colmo para caminar al inicio de la fila e intervenir. — ¡Menta, chocolate, dulce de crema francesa, rainbow glow, vino blanco!, no tengo idea de que es esa mierda pero se ve asquerosa, ¿qué le hicieron a esa pobre dona?, coco, vainilla, black berries, bubblegum, las otras no son tan buenas. Ahora, ¿¡quienes elegir tu maldita dona por el amor de Satanas!? —
El hombre que era algo tímido no supo que contestar, el Wendigo rodó los ojos y tomó una dona que mostraban encima del exhibidor. — Toma, cómela y estarás feliz. Ahora vete al carajo. — Le señaló la puerta. La gente a su alrededor le miraban perplejos, Jeffrey eligió a uno al azar y le lanzó un comentario molesto. — El pobre idiota nunca habría elegido una, además la pagaré yo, deja de mirarme antes de que…. — Bufó. — Olvídalo. — “Malditas series policíacas” pensó.
Había pasado un tiempo desde la última vez que había ido a saludar a sus antiguos compañeros de trabajo... Por lo que decidió darles una sorpresa y visitarles con un paquete de donas que fue a comprar a un local cercano. Margaret esperaba pacientemente en la cola que llegara a su turno... Hasta que de repente una voz se alzó por encima del resto. La kitsune alzó la mirada, agrandando los ojos al reconocer a Jeffrey y quedándose perpleja ante aquel discurso pronunciado por el Bathory.
Carraspeó al escuchar su comentario, pensando algún modo de relajar el ambiente tenso que había formado después de aquella escena.- No sabía que eras un experto en donas... -comentó en un intento de bromear, esbozando una tenue sonrisa amistosa.- Es que en este local hay tanta variedad y están todas tan buenas, que es difícil escoger. -añadió un poco más relajada y dejó escapar una ligera carcajada.- Creo que ni yo aún he decidido cuales pedir y eso que llevo pensándolo desde que he entrado.
Estaba sentada en una de las bancas del parque que se encontraba enfrente de la clínica médica. Recién había salido con un sobre en sus manos donde se leía ginecología. Luego de varias semanas de retraso en su regla y unos extraños malestares estomacaes a los que no estaba acostumbrada, simplemente decidió ir a hacerse los estudios pertinentes.
Lamentablemente haciendo su recuento mental desde la última vez, aproximadamente, que había estado con Liam las fechas coincidian demasiado y sus manos temblaban imaginandose la reacción del lobo si aquel papel fuera a darle una respuesta positiva a sus temores.
Se puso de pie de manera brusca queriendo alejar aquellos pensamientos de su cabeza y se giró decidiendo que lo abriría mas tarde. Se entretuvo unos segundos guardando el sobre en su cartera cuando al girar sus sentidos de werejaguar le fallaron y terminó chocando con alguien. —Fijate.— Espeta con cierta molestia que venía mas de sus propios problemas e incertidumbres que del golpe en si.
Aprovechando que aquel día tenía más horas libres ya que no tenía que trabajar, Margaret decidió salir a correr un rato en el parque para poder hacer ejercicio y compensar los días que no había podido permitírselo. Si quería saber defenderse sola, también iba a tener que estar mínimamente en forma… No podía depender solo de sus habilidades de kitsune. Había detectado a la rubia que se encontraba sentada en la banca, pero al creer que iba a seguir ahí sentada, simplemente aceleró el ritmo con intención de pasar lo más rápido que pudiera por allí (controlando su velocidad para no llamar la atención).
De repente la contraria se levantó bruscamente, chocando accidentalmente con ella al no haberle dejado tiempo a esquivarla o a detenerse si quiera. A pesar de que en un principio iba a disculparse, se quedó callada con el ceño fruncido al detectar su tono de molestia. Por mucho que hubiera tenido parte de culpa, no tenía porque echárselo todo a ella… Pero cambió ligeramente de opinión al fijarse en el sobre que llevaba, leyendo lo que había escrito. Oh, oh… A ver si había chocado con una embarazada…- ¿Te he hecho daño? -preguntó en un murmuro, mirándola a su vez con atención.
Eric le dio un gran sorbo a su bebida (nada de alcohol) mientras intentaba convencerse que aquella cita no era un completo desastre (aunque ciertamente lo era), había invitado a salir a la chica (que conoció gracias a la pagina de citas que Queen lo convenció de inscribirse ¡Gracias Queen!), parecía una cita a ciegas inofensiva, algo casual, pero Eric, no contaba con que la joven, nada más verlo, declararía que sus destinos estaban unidos de por vida, que un sueño premonitorio se lo había indicado y Eric sería su futuro esposo, la cara de horror del druida debió haber sido épica ( y eso que vivía en un mundo donde no había mucha lógica).
Pero lo que lo tenía realmente incómodo con toda la situación era que la joven, había estado llamándolo coqueto, mujeriego y que debía respetarla a ella, su futura esposa, le repetía esto, cada que miraba a la mesera, pero Leonetti solo había ordenado la comida y sonreído, ¡nada más! ¡lo juraba!.
Pero Eric con paciencia de santo, solo atinó a tomar aire y esperar a que la joven dejara de reclamarle, por quien sabe cuanta ocasión, solo por ahora haber observado a una persona que creía conocer (ojala aquella persona llegara a su rescate).
–Mira, lo siento- balbuceó Eric –Solo pensé que era alguien que conocía-
Margaret había salido con tanta prisa de casa que había olvidado guardarse algún tentempié… Por suerte en aquella zona habían bastantes cafeterías y locales donde poder algo comida, entrando al primero que le llamó más la atención para comprarse un zumo natural y un sándwich. Pero entonces, mientras se dirigía hacia la salida, una mirada de socorro la hizo detenerse. La kitsune se detuvo en seco y miró desde lejos al contrario, echando un vistazo rápido alrededor antes de volver la vista a él. ¿Se estaba dirigiendo a ella? Eso parecía… Pero no entendía muy bien porque. Se señaló a si misma confundida y dio un giro para asegurarse una vez más que no trataba de llamar la atención a otra persona.
Y ahora que se fijaba mejor, ¿no era el propietario de la Principessa eterna? (Le encantaba aquel local y el nombre le recordaba a su obra favorita). No entendía de primeras que es lo que quería, por lo que trató de afinar el oído y escuchó a la chica que le acompañaba… Comprendiendo entonces que aquel hombre estaba en un aprieto. Margo se removió nerviosa, queriendo ayudarle, pero iba a tener que actuar rápido… Debería improvisar con lo primero que se le ocurriera. Sin pensarlo demasiado, se acercó hacia ellos dando grandes zancadas… Y le lanzó todo el zumo a la muchacha.- Lo siento, se me ha caído… -murmuró, fingiendo una disculpa.
La rubia observaba el reloj de muñeca que llevaba en su zurda, había salido temprano de la universidad aquella noche y su única compañía era aquella carpeta que abrazaba contra su pecho. Ruth no era del tipo de persona que se molestaría en formar amistades en la universidad, aunque siempre era bueno conocer a quienes les rodeaba, suficiente para ella.
Tenía más tiempo del usual para comparar aquel café que tanto disfrutaba, incluso tomarlo con calma de camino a su departamento antes de meterse de lleno en sus deberes y en aquel caso que le había sido asignado, así que dio los pasos necesarios a aquel local cercano donde ya le conocían y saludaban con sonrisas amistosas en la caja.
Una vez con su café en mano, caminó a la puerta que se abrió repentinamente y que por cuestión de centímetros no chocó contra ella provocando un desastre. Casi pudo haber suspirado por ello “No sé quien de los dos debió tener más cuidado” Mencionó, no era un reclamo, por más que su voz pudo haber sonado como un regaño “Así que, ten más cuidado a la próxima” Y aligera el ambiente con un encogimiento de hombros al dar un par de pasos atrás para dar lugar a la entrada de aquella persona.
La Bowie había tenido que dirigirse aquel día a la universidad para poder arreglar papeleo. A pesar de que ya se había imaginado que aquello le llevaría un buen rato, al final se había alargado más de lo esperado entre unas cosas y otras… Margaret estaba deseando poder llegar a casa, pero aún así decidió hacer una pequeña parada por la cafetería para así llegar un poco más descansada. Caminaba un tanto perdida, con la cabeza en las nubes… Y por poco chocó de pleno con la chica que justo salía del local. La pelirroja dio un sobresalto del susto al volver a la realidad tan de sopetón, agrandando los ojos al ver que iba cargada con un café. Por los pelos que dejaba a la rubia sin su bebida.
Alzó de nuevo la mirada hacia ella al oírla, removiéndose ligeramente nerviosa en su sitio.- Fui yo la que tuvo que tener más cuidado. -admitió a la vez que le dedicaba una pequeña sonrisa de disculpa.- Lo siento… Tenía la cabeza en las nubes… -se apresuró a disculparse. Dio un par de zancadas para entrar a la cafetería y así no molestar más quedándose en medio, pero giró sobre sus talones de inmediato para quedar de cara a la mayor.- ¿Te he golpeado sin querer? -le preguntó preocupada.- No he derramado tu café, ¿verdad? Me sabría fatal haberlo hecho…
Su hermana lo iba a matar. Lo. Iba. a. Matar. Estaba seguro. Y sino lo hacía, él mismo se tiraría por un barranco. ¿Cómo había podido despistarse tanto? ¡Jamás le había pasado! Tenía demasiada energía -y él se estaba haciendo viejo(?). Tenía suerte de que podía seguir su rastro y eso lo había llevado hasta el parque… Pero su sobrina sabía esconderse bien. -¡Hope! ¡Hope! ¡Hope, no estamos jugando al escondite! Nervioso empezó a pasarse una mano por su sedosa y deslumbrante melena, despeinándose aunque quedando estupendo igual.
-¡Si sales ahora mismo, prometo quitarme la camiseta! Unos segundos de silencio… Pero nada. Al menos tenía que intentarlo. Gruñó para sus adentros sin dejar de mirar a su alrededor, empezaba a llenarse de gente y eso dificultaba más el encontrarla usando el olfato.
Margo se dirigía a una de sus clases particulares cuando se detuvo al reconocer aquella figura pequeñita que corría por el parque, arqueando una ceja confundida al ver como se escondía detrás de un cubo de la basura.- ¿Hope? -la llamó al acercarse hacia ella, sonriendo de forma fraternal al toparse con el rostro de su sobrina.- ¿Qué haces aquí escon-...? -Pero antes de poder terminar su pregunta, escuchó cierta voz familiar.- Anda, ven conmigo. Antes de que a tu tío le dé un paro cardíaco... -bromeó sin malicia al tomar a la pequeña de la mano.
El omega no andaba lejos, por lo que fue bastante fácil lograr dar con él. La pelirroja se acercó hacia su pareja sin soltar a Hope en ningún momento... Y sin poder evitar rodar los ojos al escuchar aquella promesa, sonriendo a su vez divertida.- Que no cunda el pánico, Mary Poppins. -comentó con un deje de diversión para llamar su atención.- Hope y tu pequeño despiste están a salvo conmigo.
“Día de trabajo” o lo que para Tony quería decir “Día de tortura en la peor periódico del mundo”, por suerte las horas que tenía que pasar en el periódico, habían disminuido considerablemente, su contrato había pasado a medio tiempo, gracias a que podía solventarse también con sus trabajos freelance, aun así las horas que pasaba fotografiando para el periódico, seguían siendo una completa tortura.
La misión imposible que tenía que desempeñar aquel día, era que en una de las calles principales debía preguntar acerca de ¿qué tema? Ni siquiera se acordaba (para empezar eso era trabajo del reportero, que no fue y dejó solo como siempre al inglés), así que se inventaría las respuestas sin remordimiento alguno, pero lo que si necesitaba eran las fotografías…
–¡HEY HEY HEY!- llamó el Beta de Tonyglen a nadie en concreto, solo quería que le prestaran atención, entre más se acercaran, más rápido podría irse–¿Te gustaría una fotografía? ¡Es gratis! Y si no te gusta la puedo retocar- no era muy fan de utilizar Photoshop, pero todo fuera por cumplir con su trabajo además de pagar la renta de él y su mamá –Adelante- invitó a su set imaginario, ya que no había nada donde estaba señalando, más que una simple pared típica de Detroit.
Ooops... Awkward. La kitsune consideraba a las cámaras como una de sus peores enemigas dado que estas revelaban el aura de su naturaleza, por lo que no le tocaba otro remedio que negarse en rotundo. Aunque por suerte le resultó fácil esbozar una sonrisa al reconocer al fotógrafo.- Creo que a este paso, a la próxima debería ser yo la que se ofreciera a sacar la foto. -bromeó de forma amistosa, recordando como aquella no era la primera vez que se cruzaban en una situación parecida.
Margo le saludó con un movimiento de mano y le dedicó una sonrisa de disculpa.- Gracias por el ofrecimiento... Pero me temo que deberé rechazarlo. Me gusta la fotografía pero no salir en las fotos. -comentó lo más amablemente que pudo. Lo cierto era que le sabía mal... Estaba convencida de que sería una modelo pésima, pero no le hubiera importado ofrecerse si aquello podía servirle de ayuda.- ¿Son para algún trabajo?
“I goooot a pockeeeet, got a pocketful of suuuunshine” Canturreaba Natasha Bedingfield al otro lado de la radio, como uno de los grandes clásicos de todo los tiempos (en opinión exclusiva de Beth,), lo que hizo que la pelirroja subiera a todo volumen el aparato para disfrutar al máximo. Su hija le mandó una mirada confusa, levantando la vista del libro ilustrado que había estado manoseando desde la sección infantil de la librería de su madre, con el ceño fruncido y desaprobando aquello movimientos espasmódicos que su madre consideraba el baile. -¡Baila, Hope, baila! ¡Si es una gran canción! Sonrió divertida y dio vueltas sobre sí misma, incitando a la pequeña que la imitara.
El negocio de la librería iba bien pero a últimas horas solía bajar la afluencia de gente, por lo que no era raro que se encontraran las dos solas cerca de las ocho de la tarde. Hope aprovechaba siempre para cotillear todos los libros y Beth a hacer los pedidos para el día siguiente mientras no le quitaba los ojos de encima a su hija, vigilándola.
-Taaaaaaaake meeeeee-¡ey! Se paró en seco al darse cuenta de que alguien había entrado a su tienda sobresaltándose al no esperar ver una persona conocida o no a aquellas horas. -Heyyy... Hola. ¿Necesitas material de lectura?
Margo había terminado la clase de aquella tarde antes de lo esperado, por lo que pensó en que podía aprovechar en darle una sorpresa a Oliver e ir a buscarle al trabajo. Pero antes optó por pasarse por la librería de Beth y así poder hacerle una visita a ella y a Hope. Con suerte a aquella hora el ambiente sería relajado y no sería mucha molestia para la banshee... Aunque al parecer iba medio errada. Efectivamente, no habían clientes en ese momento... Solo que la kitsune se encontró con una imagen de lo más animada.
No quiso interrumpir aquel momento entre madre e hija, por lo que la Bowie se quedó callada hasta que su amiga cayó en la cuenta de su presencia.- En realidad no. -respondió, dejando escapar una carcajada sin malicia. Ver aquello también le había producido un déjà vu de uno de sus primeros encuentros con Beth.- Venía a veros a vosotras.
Se acercó un momento a Hope para inclinarse y depositar un beso familiar en la frente de la pequeña, dirigiéndose entonces hacia la banshee para abrazarla a modo amistoso.- Supongo que hay cosas que no cambian. -comentó divertida al separarse, guiñándole el ojo con complicidad.- ¿Eso significa que aún estamos a tiempo de montar nuestro grupo de música?
Margo tiene 26 años y vive en Detroit con su pareja Oliver Baker, con quien lleva saliendo hace más de un año. Dejó su trabajo como camarera para poder disponer de más horas para trabajar como profesora particular.
❝ While there is life, there is hope. ❞
Margaret Bowie. » Aesthetic.
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