Noah Centineo photographed by Jorden Keith (2018)
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Noah Centineo photographed by Jorden Keith (2018)
— Destrozame a fin de cuentas es lo único que sabes hacer bien.
12.
Mi misión es matar el tiempo
y la de éste matarme a su vez.
Se está bien entre asesinos.
“La tentación de tener algo más siempre estará presente.”
— Narciso
“Una persona que no ve sus propios errores nunca va a cambiar.”
— Señorita A.
mucha droga, mucho escabio
pero al final de la fiesta
terminás en tu cama
triste
y solo.
Estas líneas fabrican mi existencia, son lo que yo he sido.
Darío Jaramillo Agudelo
Ojos llenos de lágrimas.
Miraba un reflejo, pero no un reflejo cualquier, observaba mi pasado y en como esa noche mis ojos no paraban de llorar, en como me sentía tan sola y tan vacía, mi mente solo pedía a gritos regresa, vuelve a mi, no te vayas; pero cuanto más pensaba mas ganas me entraban por continuar llorando sin parar, recordé el momento en que te vi por última vez y en como pensar que ya no podría repetirlo en como mi vida tomaría un giro de 180 grados, en como mi alegria tornaria a ser tristeza, no soportaba la idea de que ya te habías ido de que ya no regresarías a mí. Madre si me estás viendo, si ves mi dolor, compréndeme que me haces mucha falta y que daria todo por que estuvieras aquí, justo a mi lado.
Sonaisali Island, Fiji. 17:58 Tuesday 20 February 2018. iPhone 7, edited with VSCO.
“Tengo el vicio de enamorarme de la piedra antes que del camino. Ir aprendiendo con los ojos cerrados que ir despistado encontrando mis errores a lo largo de él. Ir recolectando cicatrices, que sonrisas. He tenido que acostumbrarme a la deriva de un corazón roto e ir descubriendo miradas tristes en cada atardecer en el que me voy. Quemar página cada año no significa que todo el libro estará bien, sino que decidiste borrar la mancha del lugar del crimen. Que todos tus errores quedaron en el pasado y que cada vez que te das vuelta a ver, hay alguien que aún no ha cerrado los brazos. Hay alguien esperando. Pero luego te das cuenta de que no puedes regresar. Que todo depende de las circunstancias que te empujaron a donde estás el día de hoy. Y él piensa que le estás dando la espalda, cuando en realidad te estás yendo. Cada vez más lejos. No sabes adónde, pero lejos. Se queda quieto. Esperando una bala que le atraviese la tristeza y acabe con el dolor que provoca lo que nunca pasó y nunca será. “Ojalá algún día me ame como yo vivo recordándola”, se dice a sí mismo cuando, mirando el atardecer, se resigna y entiende que hay personas que no son como quieres que sean. Igual las cosas. Igual la vida. Igual todo. Y, mientras camina pisando las hojas del frío otoño, pensando de si lo ama o no, sus lágrimas empiezan a teñir la tarde con la negrura de una noche infinita. De pronto, oscurece. Hay grillos cantando. Lagos calmados que suenan con la suave brisa de un soplo de viento enamorado. Y se envuelve con aquella sonrisa que le cobijó más de alguna noche. Con aquella voz que calmó hasta el más fuerte de sus fantasmas. Con aquellas manos que calmaron el infierno de una piel necesitada de una caricia. Con aquella mirada que le hizo temblar y sentir que era el dueño de algún mundo. Entonces comprende la dura realidad: de que el amor que das, podría no ser devuelto con la misma medida y calidad. De que el amor jamás se mendiga: ni los besos bien dados ni el buen sexo, ni los abrazos salvavidas ni las llamadas cuando sientes que todo carece de sentido, ni siquiera la estancia del otro en la vida de uno: quien quiera estar, siempre estará, aunque ambos estén a distancias abismales y los demás piensen que son unos ilusos por creer en ello. A veces el amor nos salva. Otras veces, nos deja echando de menos un imposible. Y, cada noche, caemos en él. Como un vicio que te termina carcomiendo los huesos. Y la ve irse por el mismo camino por el que vino algún día, mientras él espera volver a creer. En alguien. En algo. O en sí mismo. No lo sé. Pero volver a creer.”
— “Un amor no correspondido”, Benjamín Griss