arthur:
Oh, Arthur estaba en verdad alterado. Desde ese día su mente en un estado preocupante. Vio cosas terribles y reaccionó tan rápido como pudo. Había ciertas cosas que su cerebro prefirió desvanecer, como la figura grotesca de aquellas criaturas que no deseaba pronunciar. Sin embargo, ahora al abrazar a Molly, esa molestia continua se había despejado. De alguna manera, le hizo sentirse aliviado.—Estoy bien, Molly. Lo estoy ahora. Sólo tuve algunos golpes, pero la verdad es que no me di cuenta de ello hasta San Mungo—contó brevemente, deseando ser sincero con la pelirroja, pero sin animarle más a acrecentar a su preocupación—. ¿Tú estás bien?—Agregó a sus labios, no le importaba sólo verla bien, Arthur necesitaba asegurarse de ello. Sus brazos volvieron a rodearla, mientras soltaba un respiro de alivio. Su cabeza descansó ligeramente sobre la suya. El enorme peso que había estado cargando en sus hombros se fue aligerando.
Percibía el malestar de Arthur, la alteración que se abría paso en sus pupilas y el tono que empleaba para hablar, ella quería ayudarlo a calmarse, necesitaba hacerlo porque solo así el nudo que apretaba su estomago con fuerza se soltaría un poco— Yo estoy bien —afirmó mirándolo fijamente a los ojos hallando la compostura que minutos antes creyó no poseer. Se dejó envolver de nuevo por los brazos de Arthur y respiró profundo ¿Había alguna forma de mantenerlo a salvo siempre?— Fui a buscarte al Ministerio pero no pude avanzar demasiado…— contó contra su pecho. No sabía si aquel dato lo tranquilizaría, pero desde la fiesta de halloween, Molly juró ser sincera con absolutamente todo, incluso le contaría cada paso que daba si era necesario, creyó pertinente hacerle saber que había estado en aquel lugar— ¿Quieres ir a algún lugar? ¿Alejarte de todo este revuelo un rato? —preguntó subiendo la mirada para encontrar las orbes claras de su novio. Sus hermanos estaban bien y acompañados, y Molly solo quería desaparecer a cualquier lugar con Arthur.














