Breton Brother and Sister, 1871, William-Adolphe Bouguereau
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Breton Brother and Sister, 1871, William-Adolphe Bouguereau
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Benedict's Voicework
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Cabin Pressure Series One : [1][2][3][4][5][6]
Cabin Pressure Series Two : [1][2][3][4][5][6][7]
Cabin Pressure Series Three : [1][2][3][4][5][6]
Cabin Pressure Series Four :[1][2][3][4][5][6]
BBC Casanova : [1][2][3][4]
The Pillow Book : [1][2][3][4][5]
Metamorphosis :[1][2][3][4]
Neil Gaiman’s Neverwhere : [1][2][3][4][5][6]
Blake 7 : The Early Years : [1][2]
Red Rail Mysteries of Sherlock Holmes : [1][2][3][4]
Rumpole : [1][2][3][4][5][6][7][8][9][10]
Odyssey : [1][2][3]
Fame and Fortune : [1][2][3][4][5][6]
At War With Wellington: [1][2]
Flat Of Angles : [1][2][3][4] (Coming Soon)
The Possessed
The Cocktail Party
The Biggest Secret
Good Evening
Death In White Tie
Kubla Khan
Ode to Nightingale
Artists In Crime
Last Days of Grace
Chatterton : The Allington Solution
The Recruiting Officer
Seven Women
Scales of Justice
Spellbound
Silverwing: [1][2][3][4][5][6][7][8][9][10]
Copenhagen (Coming Soon)
Mr. Noris Changes Trains: [1][2][3]
Rainy Season
Self-enucleation, also called Oedipism (the act of destroying one or both eyes), is a rare form of extreme self-harm.
There is no specific cause for people to enucleate their own eyes. The majority of the reported cases occur in those with psychotic illness, most commonly due to schizophrenia, drug-induced psychosis, manic phases of bipolar disorder, obsessive-compulsive neuroses, post-traumatic stress disorder, and depression. The psychotic patients frequently have delusions with religious and sexual content.
A majority of cases have been associated with other self-injurious behaviours such as autocastration and hand mutilation after enucleation.
(Source: nature.com)
Mandy (2018) dir. Panos Cosmatos
I’m your God now.
El último baile
El segundo semestre de 2017 fue como una gran nebulosa para mi. A mi papa le diagnosticaron cancer en la ultima etapa. A partir de ahí, entré en un estadio casi somnífero, en el que dejé que todas las decisiones de mi vida sean tomadas por un impulso. Decidí pasar, en lo posible, las 24 horas del dia con él. Pasé de hijo ausente a acompañante terapéutico, enfermero, chofer, cocinero y programador de películas.
Fueron dias agobiantes, que se convirtieron en meses, en 4 meses y despues 2 mas. Hoy, a 24 dias de su muerte, todavia no puedo ver nuestras fotos. Por más tiempo que tengas, no existe tal cosa como la preparación ante la muerte inminente, de eso me di cuenta en su ultima internación. Solo pude decirle todo lo que quería decirle cuando ya estaba inconsciente.
La habitación del hospital era lúgubre, casi como si hubiera sido preparada, como una escenografia, para que la gente se muera. Habia dos camas, una de las cuales estaba vacia y que nos servia de asiento a nosotros, sus dos hijos, junto a su esposa y su hermano, reunidos como en un ritual antiquísimo de espera de la muerte, como si cada uno de nosotros representara un aspecto diferente de su vida y en la que cada uno cuenta una historia o una anécdota con el enfermo.
Siempre creí que iba a recordar el número de la habitación por la cantidad de veces que tuve que decirlo ese día. Pero ese es otro de los recuerdos que desaparecieron y que no creo que vayan a volver. El único recuerdo del que estoy seguro que no va a desaparecer nunca va a ser el del sonido de la ultima bocanada y la visión de túnel en la que de repente me vi inmerso. Lo único que podía pensar en ese momento era cómo podía ser que mi cuerpo haga esto con mi mente. El tiempo se hizo mas lento, la habitación que estaba teñida por una luz amarilla de repente se veía a través de un filtro azul oscuro. Tampoco voy a olvidar la huida de esa habitación, la fuga que tuve que improvisar con mi hermana en mis brazos, y el pasillo. Ese puto pasillo.
La vida es un pasillo eterno que conduce a la salida de un hospital.
Un pasillo del que quería salir, pero que a la vez esperaba que no termine nunca, como si fuera un espacio infinito, maldito, en el que la vida todavía no sigue. Un limbo entre la vida y la muerte, o la muerte y la vida, que alarga el tiempo y el espacio para no sufrir ningún tipo de consecuencia. Pero el pasillo, como era real, quizás mas real que ningun otro pasillo, terminó. El tipo de seguridad no dudo en abrirnos la puerta sin siquiera emitir sonido, la expresión de nuestros rostros seguro decía mas de lo que imaginábamos. Salimos al hall de un hospital público de la Provincia de Buenos Aires a las 2 de la mañana de un sábado. Los enfermos y accidentados, los vagos y los perros nos miraban de la misma manera, como si algo primitivo muy dentro de ellos les dijera «no los jodas». Y así, invisibles, fuimos a sentarnos en la vereda, al lado del auto.
«Quiero un cigarrillo» fue lo primero que me dijo Ro y así fue como nos fumamos nuestro primer cigarrillo sin papá.
No quiero mirar atrás y que el atardecer se pase sin atrapar con la mano (como haría Flash) la última bala rosa
es impar, podemos salir
Si me dieran los huevos para dibujar,
dibujaria tu panza traspirada
la marca de los anillos en tus dedos
la forma en que tu pera se adelanta
cuando querés controlar la ira,
tu espalda arqueada con el solcito de la mañana.
ensayo por si es necesario
Soy Juan Sylvaner, escritor, poeta e investigador cultural de Ranelagh, Buenos Aires, preparo una antología de mi obra poética -1993, 2013- Premio Nacional de Poesía en 1993, he auto publicado el cuadernillo de poesía La Luna Roja, con más de 50.000 ejemplares, publicado con otros autores el libro Umbria de lunas, 1992, los cuadernillos de poesía El Silencio de la princesa, Ilex Paraguarensis y Repercusiones del cajón peruano, los libros de poesía Leyenda de Girona y Okonomiyaki, segunda edición.
En estos momentos de pandemia solicito comedidamente a las personas de buen corazón una ayuda económica para afrontar la cuarentena decretada por el gobierno en todo el país. Como es de saberse en Argentina el Estado no tiene claridad sobre la importancia del arte y la cultura para el desarrollo integral de los pueblos, por tal motivo no somos beneficiados con el auxilio estatal.
Además, aquí en Argentina se programan actividades de entrega de mercados, más con el fin de realizar actos de corrupción que ayudar verdaderamente a la población vulnerable.
Avenida Milazzo
Es difícil descansar
cuando uno se pregunta
¿Por qué hay guardias en el cementerio?
Dorama
Sus hombros estaban al descubierto El resto tapado de fina tela negra, una instrucción rítmica, cinética, me dejó afuera, me dejé afuera como un inválido. Y en la frenética transición de sueño-vigilia, qué digo no hay transición: sus hombros eran reales el ritmo aún lo siento en mis nervios, que son un ecosistema un ecosistema ficticio es decir el más real con sus propias redes oscuras o fugaces. Nombres y apellidos por todos lados, ya no puedo ver una pared y pensar solo en una pared.
“Portrait of Its Immanence the Absolute,” from the Christmas 1901 issue of Mind magazine.
From cat gods to death gods, electrical gods to serpent gods, here’s my pantheon of vintage deities.
Shiver in wonderment: Weblog ◆ Books ◆ Videos ◆ Music ◆ Etsy
La cuarentena es mucho lavar platos y barrer. Cocinar algo rico, despacio, con una copa de vino o cocinar emperrado, rápido, como si la comandera estuviera prendida. Mirar como atardece con un café y un pucho y darse cuenta que de repente, ya hace frío. A veces la cuarentena es quedarse en la cama y mirar muchos capítulos de una serie hasta que uno se olvide de la cuarentena al menos por un rato. También es mirarnos y que nuestros ojos sean los únicos que veamos en mañanas buenas y mañanas malas.
Un titular del 2020: El problema son los camiones de mudanza llenos de cuerpos.
Si me veo obligado, solo haría una reflexión: La incertidumbre nos está volviendo mas apáticos de lo que eramos. No hay evidencia de cambio, sino de metamorfosis. Una metamorfosis en la que no adoptamos la forma del insecto, sino que para nuestro horror nos convertimos en la cama.
Plutón ya no es un planeta
Abro los ojos y tengo nueve años, miro un afiche con todas las especies de ballenas, ese es mio, veo un afiche con el sistema solar, ese es de Mariano, veo un afiche con los 151 pokemones, ese es de Ro y mio. Escucho el grito de mi mamá que dice mi nombre y que venga a saludar. Estoy recién despierto pero entiendo que ese vení a saludar significa que hay alguien más. Odio a las visitas, pero más odio tener que presentarme en público a saludar, pero si tengo que hacerlo, prefiero investigar un poco para ver quién es y que no me tome por sorpresa. Camino en patas hasta la puerta que va al living. Está cerrada pero la mitad de arriba es de vidrio repartido y amarillo. Me asomo y puedo distinguir a mi mamá y a Rocío, paradas, y una mujer sentada.
Es una vieja, me doy cuenta por la voz rasgada y amable. Cuando habla me parece que canta, puedo escuchar su sonrisa desde el otro lado de la puerta. Carulo, mi gato, se acerca, se sienta al lado mío, mira un rato la puerta y empieza a maullar para que le abran. Es curioso igual que yo, pero más valiente. Las tres se callan al mismo tiempo y miran a la puerta, solo se escucha la voz de González Oro en la radio de la cocina. Se cagan de risa, se agarran la panza mientras me señalan, pueden ver mi silueta a través del vidrio lo que, gracias al sol que entra a mis espaldas por la claraboya, me convierte en el peor espía de la historia. Cuando mi mama abre la puerta para hacer pasar al gato yo ya estoy en la cama de vuelta. Siento vergüenza y mi cara esta roja. Odio cuando se me pone la cara roja cuando tengo vergüenza, me pasa mucho en el colegio pero en casa nunca, quiero desaparecer y aparecer en Puerto Madryn, ahí hay ballenas todos los años.
Abro los ojos y es de noche, tengo miedo, me tapo hasta la cabeza y dejo un hueco para la boca y la nariz, así ninguna de las sombras que se mueven en el piso me pueden lastimar. No puedo dormir y después de un rato que paso imaginando que una compañera del colegio duerme conmigo se me va el miedo. Escucho ruido en el living. Salto de la cama y voy hasta la puerta del living que está entreabierta. Puedo ver el brillo del monitor que ilumina el vidrio de la puerta y que genera un efecto dorado en el pasillo. Me asomo y veo a mi papa frente a la computadora, un vaso de vino en una mano y un cigarrillo en la otra. Tiene puesto una malla de baño y puedo ver como se le escapa un huevo por el costado. Se ríe y dice no que hijo de puta, en la pantalla hay una chica arrodillada y un tipo con un pito enorme le pega en la cara con la punta del pito. Carulo entra por la ventanita por donde entran y salen los gatos y mi papá le revolea una zapatilla, le erra y pega en la pared, dejando una marca marrón. Le dice a Carulo que es un gato de mierda que ahora Claudia lo va a matar y cuando atina a levantarse de la silla Carulo sale disparando y corre. Escapa por mi puerta entreabierta y corre hasta mi cama pero él no lo sigue, por suerte, porque si le pasa algo a Carulo yo me muero. Otra vez tengo la cara roja pero no siento vergüenza, es raro, nunca me puse rojo porque me dé vergüenza algo que haga alguien más. Menos mal que Carulo vino a la cama porque cuando él duerme en la pieza nunca aparecen las sombras en el piso y puedo dormir mucho más tranquilo.
El suicidio de Alejandro Cynik
Por un momento pensé que Alejando Cynik se quería matar. Había algo en el aire de la Avenida Santa Fe que me lo decía. Decidí invitarlo una noche a mi casa para que se asome al balcón y si quisiera tirarse que lo haga. ¿Quién más que yo para ser el único que tenga que ver su cuerpo hecho mierda?
Apenas llegó le di un vermouth con soda, se lo tomó con tres cigarrillos. Se lo quise preguntar más veces que la cantidad de pitadas que dio. ¿En serio te querés matar, boludo? No pude, tuve que comprar una pizza, dejarlo solo en el balcón cada vez que iba al baño, mear y fantasear que volvía con un porro en la mano y no lo encontraba, me asomaba, miraba para abajo y me daba cuenta como la distancia entre nosotros (que dicho sea de paso, siempre fue la justa y necesaria) era ahora de trece pisos.
Cuando pude juntar los huevos necesarios para preguntarle qué carajo estaba pasando (porque si bien uno puede reírse de la muerte y su humor, como se ríe cualquier ex-estudiante de la Universidad de La Plata, hasta el verdugo más experimentado nunca pudo ver una yugular y pensar solo en una yugular), se quedó callado, miró al edificio enorme de enfrente y se rió. -”Parece de la Unión Soviética”- me dijo con los ojos entornados y siguió: -”Tengo que dejar de citar a Heidegger adelante de Carolina, me parece que me está tomando muy en serio. No sabe distinguir mis ataques de histrionismo kantiano del simple deseo de suicidarse.”
La princesa sirena interrumpió la escena, recién volvía de una cena con una colega y estaba apenas borracha. “Los dejo con sus cosas, me voy a pintar las uñas”- nos dijo después de abrazarnos a los dos y oler en el aire que ahora mismo no era el momento para hacer sociales con mis amigos. Cuando nos quedamos sin nada para hablar nos acordamos de nuestra etapa romántica, cuando nunca nos quedamos sin nada para hablar y justo después de eso Alejandro Cynik anunció su partida con un “Me voy a la mierda antes de que dejen de pasar los colectivos.”
Nos abrazamos en la puerta del edificio, lo sentí flaco y me dieron ganas de decirle que venga a vivir con nosotros, que siempre hay queso y vino en la heladera, que yo también a veces me tiento en el balcón, que no hacía falta esto, que lo quiero desde que andábamos en skate por la misma avenida que vimos toda la noche desde el trece, cuando lo único que nos preocupaba era encontrar algún pan en la calle para poder masticarlo con nuestros dientes oscuros manchados de tabaco barato y fernet con coca.
¿trajiste las llaves?
la escalera no es solo una escalera para nosotros se convirtió en escenario de risas y llantos el decorado ideal para una sirena amputada de su cola de pez e injertada con unas piernas humanas todas moroteneadas
Saccharomyces boulardii
¿Sabés qué es lo que le está preocupando a Alejandro Cynik? Me cuenta que está mal porque se dio cuenta de que la yerba se le termina cada vez más rápido. Está tomando mucho mate. Dice que tomar mucho mate es síntoma de únicamente dos cosas: tener muy poco que hacer, o tener mucho que hacer.