Ninguna persona verdaderamente realizada se comporta así. Ninguno de ellos creció. No lograron lo que querían de jóvenes. Ninguno de ellos tiene la vida que deseaba disfrutar. Ninguno de ellos recibe el respeto que esperaban tener a estas alturas de la vida. No cumplieron sus expectativas. Están frustrados.
Entonces, en lugar de esforzarse e instruirse, deciden usar un atajo: desafiar a la inteligencia. Cuando pones en juicio la inteligencia, te sientes inteligente. Como si estuvieras a la par con ella, al mismo nivel.
El problema con retar a la inteligencia es que no va a ninguna parte y caduca rápidamente. Racionalizar solo llega hasta cierto punto. Y cuando construyes toda tu identidad y apoyas la credibilidad de tu intelecto en torno a tus teorías y deducciones al azar, cuestionarlas no se debe sentir muy bien. Entonces, ¿Qué es lo más fácil de hacer? ¿Cambiar de opinión? No, obviamente. No, no. La respuesta son las teorías conspiratorias.
Las teorías conspiratorias son el pegamento que lo mantiene todo unido. Es cíclico y cumple sus propias profecías. - "¡No quiero que me impongan su criterio! ¡¡Solo quiero los datos para poder tomar mis propias decisiones!!" - "Pero su criterio es el punto. No estás calificado para analizar datos ..." - "¡No! ¡Tienen una agenda política! ¡Tienen una agenda personal! ¡Son corruptos! ¡¿Qué pasa con esto ?! ¡¿Qué pasa con aquello?!".
Ahora estás comprometido, todo tiene sentido para ti, te crees tus propias deducciones. El problema es que los demás no lo hacen. Todavía no te respetan. Entonces decides buscar otros como tú. Buscas a personas tan fáciles de engañar como tú, a otros que buscan justificar sus racionalizaciones disparatadas. Y los encuentras. Desde luego que sí. Todos los que pululan con su ciencia inventada y sus estadísticas sin contexto, tomando prestado temas y argumentos cíclicos, revistiendo sus cinismos y estupidez con vocabulario técnico y pseudo-axiomas. Todo suena inteligente, todo se siente inteligente y, lo mejor de todo, te valida. Obtienes lo que muchos otros no obtienen. Ellos no lo ven, pero solo unos pocos lo ven y eso te hace especial. Eres uno de los "pensadores críticos". No dejas que otros piensen por ti, piensas por ti mismo. Ahora estás equipado. Ahora estás preparado. Ahora eres inteligente.
Así que te diriges al mundo, listo para obtener finalmente el respeto que te merecías desde el principio. Excepto que nadie está prestando atención. Nadie quiere escuchar tu educación pseudo-intelectual de redes sociales y tu auto-validación. Les importa un carajo cómo relacionaste las teorías o conectaste los puntos. Nadie piensa que eres inteligente. ¿Qué puedes hacer? Tu discurso se convierte en gritos, tu posición se convierte en pantomima. Has trabajado duro y nadie te reconoce, nadie te aprecia. Y, seamos sinceros, es su validación lo que has estado buscando desde el principio. ¡Pues que se jodan! No son tu publico, son tu enemigo. Tu discurso es tóxico ahora. Sarcasmo, insultos, quimeras e ironías. No estás aquí para demostrar tus opiniones o apoyar tus teorías, ahora solo quieres destruir las de los demás.
Y te hace feliz. Bueno, no, no lo hace. Pero te distrae de tu propia infelicidad. Te distrae del hecho de que no has logrado realmente nada, no has conseguido nada y que en el fondo no eres nadie. Pero ahora tienes un propósito. Te sientes inteligente. Sientes que has logrado algo; lo has conseguido, has abandonado al rebaño y eres un de los pocos iluminados. Tus estúpidas teorías forjan toda tu identidad y no permitirás que nadie te las arrebate.
Felicitaciones. Pasaste por una metamorfosis. Pasaste de estar frustrado a ser un consparanoico insoportable.